
Fic TOLL de ZenTortugaHua
Capítulo 7
Tom abrió los ojos cuando la luz de la mañana se filtraba por las cortinas. Había dormido profundamente, sin pesadillas, sin remordimientos. Se levantó con calma, caminando hacia el baño. Después de ocuparse de sus necesidades matutinas, bajó las gradas y se dirigió a la cocina.
En la cocina, los gemelos ya estaban sentados en la mesa. Nick comía cereal con marshmallows y trozos de chocolate, casi rebosando de leche. Nikki, por su parte, tenía frente a él un sándwich de jamón con lo que parecían ser varias capas de ingredientes cuidadosamente preparados.
Cuando Tom entró, ambos niños levantaron la vista. Nick bajó la mirada inmediatamente a su cereal. Nikki se encogió ligeramente en su silla.
Tom arqueó una ceja, casi divertido por el miedo evidente en sus rostros. Se dejó caer en su silla habitual, recostándose con una postura relajada.
Bill estaba de espaldas junto a la estufa, sirviendo leche en un vaso pequeño. Llevaba un camisón completamente diferente a los que solía usar. Este era largo, hasta los tobillos, de manga larga, cuello alto. Parecía sacado de otra época, diseñado específicamente para ocultar cada centímetro de piel.
Cuando se giró para llevarle la leche a Nikki, sus ojos se encontraron brevemente con los de Tom. Inmediatamente desvió la mirada, colocando el vaso frente a su hijo con manos temblorosas.
—Buenos días— Dijo Bill con voz apenas audible, sin mirar a nadie en particular.
Volvió rápidamente hacia la estufa, dándole la espalda a la mesa.
—¿Desayunarás?— Preguntó, y Tom notó cómo su voz sonaba forzadamente normal.
—Sí— Respondió Tom simplemente.
Bill asintió, sus hombros tensándose visiblemente.
—He hecho huevos revueltos con tocino, y hay pan tostado con…
—No quiero eso— Interrumpió Tom, de forma cortante.
Bill se detuvo, y sus manos apretaron ligeramente el borde de la estufa.
—Está bien— Murmuró— ¿Qué… qué quisieras?
—Sorpréndeme— Dijo Tom con una sonrisa que Bill no podía ver pero definitivamente podía sentir.
Bill comenzó a preparar algo diferente, moviéndose con eficiencia nerviosa. Tom lo observaba descaradamente. Sus ojos recorrían la figura cubierta, recordando exactamente qué había debajo de toda esa tela. La prenda no hacía nada para disminuir su interés. Solo lo hacía más interesante.
Los gemelos comían en silencio, intercambiando miradas ocasionales, sintiendo la tensión en el aire sin entender su origen.
El teléfono de Tom vibró en su bolsillo. Lo sacó, viendo el nombre en la pantalla. Una sonrisa lenta se dibujó en sus labios.
—Es tu esposo— Dijo, y contestó sin apartar los ojos de la espalda de Bill.
—Tom— La voz de Thomas sonaba cansada pero firme.— ¿Por qué no has contestado mis llamadas?
—He estado ocupado— Respondió Tom con tono casual, casi aburrido.
—¿Ocupado con qué?— Exigió Thomas.
Tom miró directamente a Bill, quien se había tensado completamente al escuchar la voz de Thomas a través del teléfono.
—Tirándome a alguien— Dijo Tom con total descaro.
Bill dejó caer la espátula que sostenía. El sonido resonó en la cocina. Los gemelos levantaron la vista, confundidos por la palabra que no terminaban de comprender pero que claramente había afectado a su madre.
—Por Dios, hijo…— Se mantuvo tranquilo.— No hables así. ¿Qué demonios te pasa?
Tom se rió suavemente, disfrutando la reacción.
—Tranquilo, viejo. Solo es una expresión.
—No importa. Estás en casa con tus hermanos y con Bill. Quiero que te comportes. ¿Me entiendes?
—Perfectamente— Respondió Tom, todavía mirando a Bill, quien había recogido la espátula con manos temblorosas y seguía cocinando sin voltear.
—Cuida a tus hermanos— Continuó Thomas— Y cuida de Bill. Asegúrate que estén bien. Que no les falte nada.
—Oh, no te preocupes— Tom sonrió ampliamente.— Estoy cuidando muy bien de Bill.
—Bien. También quiero que te quedes en casa. Nada de salir tarde. Y hay una parte del techo del garaje que necesita reparación. Quiero que lo arregles mientras no estoy.
—¿Trabajo manual?— Tom fingió fastidio.
—Sí, trabajo manual. Eres un adulto viviendo bajo mi techo. Tendrás que ganarte tu espacio. Y prohibido salir tan de noche como acostumbras. Mis reglas.
Tom rodó los ojos pero respondió:
—Como digas.
—Bien. Tengo que regresar al trabajo. Los extraño a todos. Cuídense.
—Nos cuidaremos— Dijo Tom, y la forma en que lo dijo hizo que Bill cerrara los ojos brevemente.— De hecho, me quedaré en casa estos días.
—Me alegra escuchar eso— Thomas sonaba genuinamente complacido.— Nos vemos pronto.
La llamada terminó. Tom guardó el teléfono, y su sonrisa permaneció mientras observaba cómo Bill terminaba de preparar su desayuno.
Finalmente se giró hacia los gemelos, quienes lo miraban con curiosidad y temor.
—¿Y ustedes qué?— Preguntó Tom, con un tono no exactamente amable pero tampoco hostil.— ¿Qué hacen todo el día cuando no están molestando?
Los gemelos se miraron entre sí, inseguros de responder.
—Jugamos…— Dijo Nikki finalmente, con voz pequeña.
—¿Jugamos qué?— Insistió Tom, recostándose en su silla.
—Con… con nuestros juguetes— Añadió Nick.— Y vemos televisión a veces.
—¿Qué ven?— Tom arqueó una ceja.
—Caricaturas…— Respondió Nikki.— Pero a veces no podemos porque tú…— Se detuvo, dándose cuenta que quizás no debía terminar esa frase.
—¿Porque yo qué?
—Porque… porque estás viendo otras cosas— Terminó Nick rápidamente.
—Ah— Tom asintió— Bueno, si piden con amabilidad las cosas en lugar de gritar como salvajes, quizás considere compartir la televisión.
Los gemelos parpadearon, sorprendidos. ¿Tom estaba siendo casi razonable?
—¿¡En serio!?— Dijeron al unísono, aunque sus voces todavía temblaban.
—Sí, sí. Claro.
Bill llegó a la mesa con el plato de Tom, colocándolo frente a él sin hacer contacto visual. Era un omelette perfectamente doblado con queso derretido, acompañado de fruta fresca y pan tostado.
—Gracias…— Tom hizo una pausa deliberada.— Madrastra.
Bill se estremeció visiblemente ante el título, rápidamente regresando hacia el fregadero.
Comieron en un silencio tenso. Los gemelos terminaron primero, pidiendo permiso en susurros antes de salir corriendo hacia la sala.
Tom comió despacio, saboreando cada bocado, sabiendo que Bill podía sentir su mirada sobre él mientras lavaba los platos con movimientos mecánicos.
Cuando terminó, dejó el plato en la mesa y se levantó, caminando hacia la sala sin decir alguna palabra por el momento.
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Una hora después, Tom estaba recostado en el sofá, viendo algún programa de acción en la televisión. Los gemelos estaban en el suelo, sobre la alfombra, jugando inicialmente con sus carritos. Pero poco a poco, el programa captó su atención.
Nikki fue el primero en dejar sus juguetes, girándose para ver la pantalla. Nick lo siguió momentos después.
—¿Qué es eso?— Preguntó Nikki, señalando la pantalla.
—Un helicóptero— Respondió Tom sin apartar la vista del televisor.
—¿Y por qué está cayendo?— Insistió Nick.
—Porque le dispararon— Explicó Tom cortantemente.
—Aaah…— Ambos gemelos abrieron los ojos con fascinación.
—¿Y ese señor es bueno o malo?— Preguntó Nikki.
—Malo— Respondió Tom.
—¿Y ese?— Nick señaló a otro personaje.
—También malo— Tom suspiró.— Todos son malos menos el protagonista.
—¿Cuál es el protago… prota…?— Nikki frunció el ceño, luchando con la palabra.
—Protagonista— Corrigió Tom.— El tipo con la camisa blanca.
—Aaah…— Dijeron los gemelos al unísono, ahora completamente absortos en la película.
En la cocina, Bill trapeaba, moviéndose rítmicamente sobre el piso. Estaba completamente distraído, perdido en sus pensamientos, tratando de no pensar, de no sentir, de simplemente existir en el momento presente sin recordar.
El teléfono de la cocina sonó, haciéndolo saltar. Lo miró con aprensión antes de acercarse.
—¿Hola?— Contestó con voz temblorosa.
—Bill— La voz de Thomas lo inundó con una calidez que casi lo hace llorar.— Mi amor, finalmente tengo un descanso.
—Thomas…— Bill cerró los ojos, aferrándose al teléfono como si fuera un salvavidas.
—Te extraño tanto— Thomas suspiró— A ti, a los niños. Este hotel es horrible. La cama es incómoda y fría, y no huele a ti.
Una lágrima rodó por la mejilla de Bill.
—Yo también te extraño— Susurró, y era la verdad más honesta que había dicho en días.
—¿Cómo están los niños?— Preguntó Thomas.
—Bien— Dijo— Jugando. Comiendo bien.
—¿Y Tom?— Thomas hizo una pausa.— ¿Se está comportando?
Bill miró hacia la sala, donde Tom estaba con los gemelos, aparentemente tranquilo.
—Sí…— Mintió— Ha estado… más tranquilo.
—Me alegra— Thomas sonaba genuinamente aliviado.— Mira, amor, necesito que le digas algo. Hay una parte del techo del garaje que necesita reparación. ¿Puedes pedirle que lo arregle? Ya se lo he dicho. Pero necesito que se lo recuerdes. Tiene que empezar a hacer algo productivo en lugar de estar de holgazán todo el día.
—Sí, amor…
—Y otra cosa:— Thomas bajó la voz.— No dejes que salga tan tarde por las noches. Es adulto, sí, pero vive bajo nuestro techo. Necesita seguir algunas reglas. Si se pone difícil, dímelo.
—Está bien— Bill se limpió las lágrimas rápidamente.— Se lo diré.
—Gracias, mi amor. Eres tan paciente con él. Sé que no es fácil— Thomas hizo una pausa.— Te amo tanto, mi Bill. Cada día lejos de ti es una tortura.
—Yo también te amo— Bill sollozó suavemente.— Vuelve pronto… por favor…
—Lo haré. Te lo prometo. Solo una semana más y estaré en casa. Contigo. Donde debo estar.
Hablaron unos minutos más. Thomas le contó sobre su día, Bill intentó hablar con normalidad en su voz, pretendiendo que todo estaba bien, que nada se estaba desmoronando por dentro.
Cuando colgaron, Bill se quedó ahí, sosteniendo el teléfono, respirando profundamente. Luego, con pasos lentos, caminó hacia la sala.
Tom seguía en el sofá. Los gemelos estaban completamente absortos en la película.
—Tom…— Llamó Bill suavemente.
—¿Mmm…?— Emitió, enfocado en la película.
—Tu padre llamó— Continuó Bill— Dice que hay una parte del techo del garaje que necesita reparación. Quiere que lo arregles.
Tom finalmente lo observó por un largo momento antes de responder:
—Está bien— Dijo simplemente, volviendo su atención a la televisión.
—Y también…— Bill tragó saliva.— Dijo que…
—Ya lo escuché la primera vez— Tom sonrió levemente.— Cuando habló conmigo.
Bill asintió, regresando hacia la cocina, sintiendo los ojos de Tom siguiéndolo incluso cuando ya no podía verlo.
El resto de la mañana pasó en una relativa calma. La película terminó, y Tom, sorprendentemente, se levantó y salió hacia el garaje para evaluar el trabajo que su padre había pedido.
Los gemelos, con energía diaria, corrieron hacia Bill.
—¡Mami, mami!— Gritó Nikki, tirando de su camisón.— ¡Vamos a jugar al patio!
—¡Sí, por favor!— Añadió Nick.— ¡Los tres!
Bill miró hacia el patio a través de la ventana. El sol brillaba, los pájaros cantaban. Todo parecía tan normal.
—Está bien— Aceptó, forzando una sonrisa.— Vamos
Salieron al patio. Los gemelos corrieron inmediatamente hacia sus juguetes, una pelota, algunos carritos. Bill se sentó en el pasto, observándolos jugar, intentando absorber esa normalidad, ese momento de paz.
Por unos minutos, Bill pudo olvidar. Pudo simplemente ser madre, jugando con sus hijos bajo el sol, riendo ante sus travesuras, sintiendo algo parecido a la felicidad.
Hasta que escuchó su voz.
—Bill
Se giró. Tom estaba en la entrada del garaje, con herramientas en mano, mirándolo con esa expresión que Bill ya había aprendido a temer.
—Jueguen ustedes— Le dijo a Nikki y Nick, levantándose.— Mami ya vuelve.
—¿A dónde vas?— Preguntó Nick.
—Solo… un momento— Bill forzó otra sonrisa.— Jueguen, ya regreso.
Caminó hacia donde estaba Tom, sus piernas sintiéndose pesadas con cada paso. Tom volvió hacia el interior del garaje, un espacio medio oscuro, lleno de herramientas y cajas, fuera de la vista de los niños en el jardín.
Bill entró, y antes que pudiera decir algo, Tom lo empujó suavemente contra la pared.
—Tom… No es…— Bill comenzó, pero fue interrumpido por los labios de Tom sobre los suyos.
El beso fue posesivo, demandante. Las manos de Tom recorrieron su cuerpo sobre el camisón, tocándolo, explorándolo, reclamándolo.
Bill intentó apartarlo, empujando débilmente contra su pecho.
—Los niños…— Susurró contra sus labios.— Los niños están afuera…
—Lo sé— Tom sonrió, sus manos deslizándose bajo el camisón, encontrando piel.— Por eso será rápido.
—No… Tom, por favor…— Bill suplicó, pero Tom solo profundizó el beso, una de sus manos se paseó entre las piernas de Bill, tocándolo de forma que no tenía derecho.
Bill cerró los ojos. Lágrimas escapando, sintiéndose completamente impotente. Afuera, podía escuchar las risas de sus hijos, tan inocentes, tan ajenos a lo que pasaba a metros de distancia.
Tom se separó apenas lo suficiente para susurrar contra su oído:
—Esta noche— Prometió con voz oscura.— Cuando ellos estén durmiendo, vendrás a mi habitación.
Bill tembló, sabiendo que era una afirmación.
Tom le dio un último beso, más suave esta vez, casi tierno de una forma perturbadora, antes de soltarlo.
—Ve con tus hijos— Dijo Tom, retrocediendo.— Te están esperando.
Bill salió del garaje con piernas temblorosas, limpiándose las lágrimas rápidamente antes de regresar al patio donde los gemelos jugaban, felices y despreocupados.
Se sentó en el pasto otra vez, pero esta vez no pudo sonreír. Solo observó a sus hijos jugar mientras las palabras de Tom resonaban en su mente.
Y Bill supo, con una certeza desgarradora, que no había escape.
Que esto se repetiría.
Una y otra vez.
Hasta que Thomas regresara.
Si es que regresar a casa cambiaba algo.
Continúa…
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