
Fic TOLL de ZenTortugaHua
Capítulo 5
Bill seguía en shock con las palabras de Tom. Su mente era un caos, y por más que quisiera reaccionar, su cuerpo no le respondía. Tom, en cambio, sonreía como un maniático, disfrutando cada segundo de desconcierto del mayor.
Con calma exagerada, caminó hacia Bill, y el espacio entre ellos fue diminutivo. Apartó un par de rastas que le caían frente al rostro, deslizándolas detrás de su oreja. Luego, descendió hasta su rostro, acariciando con el pulgar su labio inferior. Bill sintió un escalofrío recorrerle la espalda cuando Tom presionó apenas, obligándolo a entreabrir la boca. Sus ojos se abrieron más, incrédulos, incapaces de entender qué pretendía.
El pulgar se deslizó lentamente hasta su cuello, y en un movimiento seguro, Tom lo atrajo hacia sí y estampó un beso suave sobre sus labios. Su otra mano se posó en su cintura, pegándolo contra su cuerpo, sin darle espacio a retroceder.
Intentó apartarlo, colocando sus palmas contra el pecho de Tom. Su acción logró que Tom abriera los ojos, separándose, sin soltarlo de la cintura y marcando más sus dedos en ella. Con brusquedad, lo tomó del mentón, apretando con fuerza suficiente para obligarlo a mirarlo.
—No te resistas— Dijo con esa sonrisa enloquecida que lo hacía ver peligroso.— ¿No quieres despertar a los gemelos, o sí?
El corazón de Bill latió con frecuencia, el miedo se hacía presente. Sus manos temblaban sobre la tela de la camisa de Tom, incapaces de empujarlo, mientras su mente gritaba por alejarse y proteger a los niños.
Tom lo atrajo aún más, hasta sentir sus respiraciones mezclarse. Bill lo miraba con los ojos agrandados, helados por el pánico.
—Así que mejor coopera— Habló con una calma perturbadora.— Por tu bien y por el de ellos.
Tragó saliva. Sus labios estaban temblorosos y sus ojos brillando con miedo y confusión que hacían a Tom sonreír.
Sabía que no tenía salida. Negarse significaba arriesgarse a lo peor, y lo último que podía permitir era que los gemelos sufrieran.
No le dio tiempo de pensar. Lo atrapó de nuevo, esta vez con un beso mucho más agresivo, casi devorador. Su boca se movía con hambre y violencia.
El de rastas, paralizado, apenas reaccionó agarrándose a la tela de la camisa de Tom justo debajo de los hombros. Cerró los ojos con fuerza, sintiendo la presión de los labios de su hijastro.
Las manos de Tom subieron y tomaron su rostro, sujetándolo de las mejillas para que no pudiera apartarse ni un milímetro. El agarre era firme, posesivo, y hacía imposible cualquier escape.
De pronto, Tom mordió su labio inferior con fuerza, arrancándole un gemido corto y ahogado de dolor. Bill tembló, estremecido, sin poder contenerlo.
Tom se detuvo al instante, separándose apenas unos centímetros. Sus ojos brillaban intensos, encendidos por esa pequeña reacción que había conseguido arrancarle a Bill. Sonrió de lado, como si fuera un triunfo.
Bill bajó la mirada, avergonzado y asustado, mientras Tom no apartada su mirada de él.
Tom se inclinó un poco hacia él, manteniéndolo sujeto de las mejillas, pero dejando un espacio prudente para que Bill respirara.
—No creas que esto significa algo para mí— Añadió— Solo… mantente quieto, y todo irá bien para los tres… para los gemelos.
Bill sintió un nudo en la garganta.
Tomó a Bill de la cintura con ambas manos y bajó su rostro hacia el cuello de Bill. Bill no pudo contenerse; un par de lágrimas se escaparon mientras intentaba alejarse, empujando contra los hombros de Tom con fuerza débil.
—¡Para…!— Susurró con un hilo de voz, y su cuerpo temblando.— ¡Por favor…!
La acción solo pareció enfurecer a Tom. Con un movimiento rápido, sujetó un puñado del cabello de Bill, tirando de él hacia atrás para inmovilizarlo y dejarlo expuesto.
Luego, con una mano experta, comenzó a deshacer el nudo de la bata que Bill llevaba sobre el camisón, tirando la tela con rapidez y dejando al descubierto la mayoría de su piel llena de las marcas hechas por Thomas.
La piel de Bill quedó al alcance de Tom, quien no perdió ni un segundo en acercarse aún más, recorriendo lentamente con sus manos la cintura y las caderas de Bill, asegurándose de mantenerlo firme contra él.
Sollozó suavemente, sintiendo cómo su cuerpo reaccionaba involuntariamente, pero sin corresponder a la intención de Tom.
Él no aflojó su agarre. Sus labios seguían descendiendo por el cuello de Bill, dejando un rastro ardiente que hacía que su respiración se acelerara involuntariamente. Luego, con un movimiento seguro y deliberado, besó por encima de los pechos del mayor, sobre la tela del camisón que aún lo cubría.
Sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo. Rápidamente desvió la mirada, incapaz de observar lo que Tom hacía. Cerró los ojos con fuerza.
Sus lágrimas rodaban por sus mejillas, mezclándose con su respiración agitada.
No esperó más. Con un movimiento decidido, deslizó el camisón de Bill hacia abajo, dejando al descubierto sus pechos.
Una de sus manos recorrió uno de los senos de Bill y lo apretó suavemente, sintiendo lo pequeño y suave que era, mientras que sus labios ejercían más fuerza en cada succión a la piel de Bill con las marcas de Thomas.
El mayor dejó escapar un sollozo bajito, apretando los ojos con fuerza, intentando bloquear la sensación que lo estaba invadiendo.
—Ah…— Un gemido apenas audible se escapó de Bill cuando sintió el contacto de Tom en su pezón todavía sensible.
Los sollozos de Bill, mezclados con sus gemidos, fueron interrumpidos por un pequeño llanto.
—¡Mami!— Sollozó Nick desde su habitación, con esa vocesilla temblorosa y asustada.
El corazón de Bill se detuvo por un instante. Tom se detuvo al escuchar las voces, volteó hacia la habitación de los gemelos y se separó de Bill sin dejar de ver con furia en sus ojos.
Aún temblando y con movimientos nerviosos, subió su camisón hasta cubrirse correctamente y recogió la bata. Se la puso apresuradamente, tratando de recomponerse antes de entrar a la habitación de los gemelos. No podía ignorar su llamado.
Al abrir y cruzar la puerta, los encontró de pie, sollozando, con el pequeño Nikki detrás de su hermano mayor.
Se inclinó hacia ellos y limpió con cuidado las lágrimas de sus rostros, intentando transmitir tranquilidad aunque su propio cuerpo seguía temblando.
—Mamá ya está aquí… No lloren mis pequeños.
Los gemelos, aún temblorosos, abrazaron a su madre con los ojitos llenos de lágrimas.
—Soñamos que Tom era un monstruo…— Declaró Nick
Bill los abrazó con fuerza, diciéndoles palabras que ahora mismo dudaba.
—No, mis amores, eso no es verdad— Les dijo, tratando de mantener la voz, aunque sus propios ojos se nublaban.— Su hermano nunca les haría daño.
Mientras los consolaba, Bill miraba hacia la nada, con los ojos brillando de lágrimas que amenazaban con salir.
—¿Podemos dormir contigo, mami?—Preguntó Nikki con voz temblorosa.
Bill asintió con suavidad, abrazándolos más fuerte y guiándolos fuera de la habitación.
Cuando salió, notó que Tom ya no estaba. La sensación de alivio y desconfianza se mezclaban en su interior.
En su cuarto, Bill arropó a los gemelos con cuidado. Se sentó en la cama, mientras miraba como ellos se quedaban dormidos. Él, sin embargo, permanecía despierto. Sus lágrimas seguían bajando silenciosas por su rostro e intentaba procesar todo lo que había pasado. No entendía nada de lo que sentía ni de lo que estaba sucediendo con Tom. Y se preguntaba: ¿qué hubiera pasado si los gemelos no despertaban?
En su habitación, Tom miraba la luna desde la ventana, fumando con calma. Primero serio y pensativo, luego, lentamente, una sonrisa se dibujó en sus labios.
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El sol de la tarde caía sobre Stuttgart.
Tom había salido temprano esa mañana sin decir una sola palabra. Bill lo supo porque escuchó el rugido del motor antes que el reloj marcara las siete.
Había pasado la mañana limpiando. Lavó los platos, barrió, sacudió y volvió a ordenar todo, aunque no hiciera falta. Era la única forma de distraerse, de no pensar.
Los gemelos jugaban en el patio con algunos de sus amiguitos vecinos. Hasta que, a las tres en punto, el rugido de un Cadillac rompió la diversión de los niños.
El auto se detuvo. Tom bajó despacio. Traía una expresión serena tan extraña.
Los gemelos y los niños se quedaron quietos. Nikki soltó la pelota que tenía entre las manos, y Nick retrocedió un paso, agarrando a su hermano del brazo.
Se detuvo frente a ellos. Los observó un instante, sin decir nada. Luego, con voz firme, preguntó:
—¿Dónde está su madre?
Los dos temblaban. Pero solo Nikki se atrevió a responder.
—Está hablando con mi papi— Respondió Nikki, bajando la mirada.
Asintió lentamente. Y sin más, los dejó ahí.
Caminó hacia la casa con paso tranquilo, mientras los niños lo seguían con la mirada desde la distancia.
Adentro, todo estaba impecable, demasiado.
Tom avanzó, buscando con la mirada a Bill. Hasta que la voz de Bill lo guió hasta la cocina. Sonaba suave, y no tardó en reconocer ese tono que solo usaba cuando hablaba con Thomas.
—Los niños están bien, cielo…— Decía Bill, de espaldas, con el teléfono pegado al oído y la mirada baja, mientras volvía a limpiar la mesa cada segundo.— Te extrañan mucho, ¿sabes? Preguntan por ti todo el tiempo.
Se apoyó contra el marco de la puerta, cruzado de brazos, observando.
—Yo también te extraño…— Expresó Bill, con una voz más baja.
Hubo una pausa larga. Bill escuchaba en silencio, con una sonrisa triste apenas dibujada.
—No, no ha hecho nada malo…— Contestó después.— Solo ha salido. Casi no está en casa.
Tom ladeó la cabeza, con una sonrisa lenta apareciendo en sus labios.
Bill siguió hablando sin saber que él estaba ahí, justo detrás, escuchando.
—Yo estoy bien…— Murmuró, con una voz que no sonaba muy convincente.— Solo… a veces me preocupa. Pero todo está bien, cariño. No te preocupes por nosotros.
Tom se acercó un poco más, con pasos casi mudos sobre el piso. Se detuvo detrás, tan cerca que podía oler el aroma de Bill.
—Te amo también, cielo— Dijo Bill suavemente, sonriendo sin saber que esa sonrisa se borraría en segundos.
Fue lo último que respondió Bill antes que la llamada se cortara.
El mayor suspiró, quedándose quieto unos segundos con el teléfono aún en la mano, antes de dejarlo sobre la mesa.
Entonces, una voz detrás de él le heló la sangre.
—Veo que siguen muy unidos— Dijo Tom, sonriendo.
Bill se giró rápido. Su rostro perdió el color al verlo ahí, tan tranquilo, tan seguro de sí mismo.
—¿Le contabas que me porto bien?—Preguntó con burla, sin borrar su sonrisa.
Sus manos que aún sostenían la toalla, temblaron apenas.
—Solo… estábamos hablando de los niños—Respondió en voz baja.
Tom asintió despacio, sin apartar la vista de él.
—Claro— Murmuró— De los niños.
El ambiente se tensó. Un silencio total.
Tom se acercó un poco más, sus ojos fijos en los de Bill.
Y lo atrajo hacia sí, repitiendo lo mismo de la noche anterior. Sus labios apenas lo rozaron al principio, con delicadeza, tanteando, explorando.
Bill sintió algo raro. Cerró los ojos y dejó que su cuerpo reaccionara. Correspondió al beso sin más opción, apretando ligeramente la mesa.
El beso se hizo intenso y obsceno. Y terminó con un hilo de saliva que se formó al separarse.
Tom lo observó con deseo, sin soltar su mejilla. Bill todavía jadeante, evitaba ver a su hijastro.
Separó apenas los labios de Bill con su pulgar, con los ojos brillando y una sonrisa satisfecha, mientras Bill se quedaba con la respiración agitada y los ojos cristalinos.
Justo cuando Tom se inclinaba para besarlo de nuevo, unos pasos pequeños y apresurados interrumpieron el momento.
Bill se apartó de inmediato, volviendo a limpiar la mesa. Tom fruncía el ceño, claramente molesto por la interrupción.
Los gemelos aparecieron en la puerta, con los ojos brillando de emoción.
—¡Mami!— Gritó Nick— ¡La vecina nos invitó a su casa!
—¡Dijo que hará galletas!— Agregó el más pequeño.
Bill sonrió suavemente, como si nada hubiera pasado, ocultando a la perfección sus emociones.
Se agachó para ponerse a su altura y acomodar sus cabellos rubios con ternura.
—Está bien, pequeños. Pero portense bien, ¿sí?— Les dijo con voz calmada y sus ojos brillando de amor.
Los gemelos asintieron con entusiasmo, dándose la mano y corriendo hacia la puerta, felices por la invitación y permiso de su madre.
Tom que había estado viendo la escena sin expresión y los brazos cruzados, habló con una sonrisa que intentaba disimular su molestia.
—Igual de molestos que su padre.
Bill se enderezó, mirando la puerta de la cocina, suspirando suavemente.
Tom se acercaba de nuevo, todavía con esa expresión fastidiada, listo para retomar lo que habían dejado pendiente.
Lo tomó por detrás. Colocó sus manos en su cintura, respirando entrecortado en su oído. Y comenzó a besar con posesión las marcas en el cuello de Bill, dejando claro que quería borrar las marcas de Thomas y reemplazarlas con las suyas.
Emitió quejidos, y luego un jadeo de sorpresa cuando Tom pegó su entrepierna despierta a su trasero. Ante eso, Tom apretó sus caderas y lo atrajo más hacia su entrepierna.
Bill emitió un jadeo de sorpresa. Pero no esperó que la mano de Tom comenzará a colarse entre sus piernas.
Continúa…
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