Mi madrastra 14

Fic TOLL de ZenTortugaHua

Capítulo 14

Bill tenía a los gemelos acurrucados contra él otra vez, uno a cada lado. Su voz era apenas un murmullo suave mientras les hablaba y sus dedos acariciaban sus cabellos rubios.

—El conejito encontró el camino a su casa— Continuaba con la historia improvisada, con un tono hipnótico y calmante.— Y su mamá lo estaba esperando con un abrazo grande y calentito…

Nick bostezó, presionando más su rostro contra el pecho de Bill. Nikki tenía el pulgar firmemente plantado en su boca. Los ojos de ambos parpadeaban cada vez más lento.

Bill notó el pulgar pero no dijo nada. No esta vez.

—Porque no importa qué tan lejos vayan— Susurró, besando sus cabezas alternadamente.— Mami siempre estará esperándolos.

Los párpados de los gemelos se volvieron pesados. Sus respiraciones se hicieron más profundas, más constantes.

Tom observaba desde la silla junto a la ventana. No había dicho nada en las últimas horas. Solo observaba la escena, memorizando cada detalle. La forma en que Bill los sostenía con tanta ternura, los pequeños sonidos de satisfacción que los gemelos hacían, la paz absoluta en el rostro de Bill mientras los arrullaba.

Era hermoso. Dolorosamente hermoso.

Pasaron varios minutos más. Los gemelos parecían completamente dormidos en ese instante.

Tom finalmente habló, su voz baja y cuidadosa:

—¿Cómo están?

Bill levantó la vista hacia él.

—Tú y el bebé— Sus ojos bajando hacia el vientre de Bill.— ¿Cómo están?

Abrió la boca para responder, pero antes de que pudiera pronunciar una palabra, dos voces curiosas se escucharon:

—¿Qué bebé?

Los gemelos se incorporaron de golpe, completamente despiertos, con los ojos abiertos enormemente.

Tom maldijo mentalmente.

—Niños…— Habló Bill, pero los gemelos ya estaban bombardeándolo con preguntas.

—¿Mami va a tener un bebé?

—¿De verdad?

—¿Cuándo?

—¿Es niño o niña?

—¿Podemos escoger el nombre?

Las preguntas salían tan rápido que se atropellaban unas con otras. Bill levantó las manos con una sonrisa suave, tratando de calmarlos.

—Sí, pequeños— Dijo con ternura infinita.— Mami va a tener un bebé. Van a tener un hermanito o hermanita.

Los rostros de los gemelos se iluminaron con alegría pura.

—¡Un bebé!— Nick prácticamente gritó.

—¡Vamos a tener un hermano!— Nikki se lanzó sobre el vientre de Bill con entusiasmo.

—¡Espera!— Tom se levantó bruscamente de la silla.— ¡Cuidado!

Pero era demasiado tarde. Nikki ya había aterrizado sobre el estómago de Bill, no con fuerza pero sí con el peso suficiente para hacer que Bill jadeara.

Tom cruzó la habitación en dos zancadas, tomando a Nikki por debajo de los brazos y levantándolo del vientre de Bill.

—¿Qué demonios crees que haces?— Demandó con voz dura.— ¡Casi lastimas a tu madre!

Nikki parpadeó, sorprendido por la severidad en la voz de Tom.

—Yo… lo siento…

—Lo siento no es suficiente— Tom continuó, sosteniéndolo en el aire.— Tu madre está delicado. El bebé está delicado. No puedes simplemente lanzarte sobre él así. ¿Entiendes?

—Sí…— Nikki murmuró con lágrimas comenzando a formarse en sus ojos.

—Tom…— Bill comenzó a intervenir.

—No, Bill— Tom lo interrumpió sin mirarlo. Sus ojos fijos en Nikki.— Necesitan entender que tienen que ser cuidadosos. Si algo le pasa al bebé porque no tuvieron cuidado…

—Tom, está bien. No me lastimó. Estoy bien. El bebé está bien.

Tom bajó a Nikki, pero no lo soltó completamente.

—Tienes que ser más cuidadoso— Dijo con voz todavía seria pero más suave.— ¿Comprendes?

Nikki asintió vigorosamente, las lágrimas ahora cayendo.

—Lo siento, mami…— Sollozó— No quería lastimar al bebé…

—Lo sé, cielo— Bill extendió sus brazos.— Ven aquí.

Nikki corrió hacia él, y esta vez se acurrucó cuidadosamente contra su costado. Nick también se acercó, pero con movimientos más cautelosos ahora.

—Vamos a tener que ser muy cuidadosos con mami— Bill les explicó gentilmente.— Porque el bebé está creciendo en su pancita, y necesitamos asegurarnos que esté seguro. ¿Pueden hacer eso por mami?

—Sí…— Ambos gemelos asintieron seriamente.

De repente, la puerta de la habitación se abrió con violencia.

Thomas irrumpió en la habitación. Su rostro ya atendido por los golpes anteriores era una máscara de furia absoluta. Sus ojos se clavaron inmediatamente en Tom.

—¿Qué demonios haces aquí?— Demandó con voz que vibraba con rabia.

El ambiente cambió instantáneamente.

Tom lo enfrentó. Se quedó ahí, mirando a su padre directamente.

Eran de la misma altura. Exactamente la misma altura. Y parados así, cara a cara, la semejanza era inquietante. La misma estructura ósea: mandíbula fuerte, los mismos ojos oscuros, aunque los de Tom ardían con más odio. Dos depredadores enfrentándose.

—Tú me liberaste, papá— Había tanta burla en su tono. Una sonrisa pequeña y cruel jugaba en sus labios.— ¿Ya lo olvidaste? Sin cargos. Libre de ir donde quiera.

—Liberarte no te da derecho de estar aquí— Thomas escupió— Cerca de él.

Bill observaba la confrontación con horror creciente. Los gemelos se aferraban a él, temblando, sus ojos yendo entre su padre y su hermano mayor con miedo palpable.

—Por favor…— Bill intentó calmar las cosas, pero ninguno de los dos hombres parecía escucharlo. Estaban completamente enfocados el uno en el otro.

—Sal de esta habitación inmediatamente— Ordenó a Tom.

—No— Respondió simplemente

—Te lo estoy…

—Y yo no te estoy obedeciendo— Tom lo interrumpió.— No tienes autoridad sobre mí.

La mandíbula de Thomas se apretó tanto que sus dientes rechinaron audiblemente.

—Eres mi hijo…

—Soy tu hijo cuando te conviene— Escupió entre dientes— Cuando necesitas a alguien a quien culpar. Pero no fui tu hijo cuando necesité un padre.

—Eso no es…

—Ya por favor…— La voz de Bill cortó el enfrentamiento.

Ambos hombres se congelaron, girando para mirarlo.

Bill estaba sentado en la cama, sosteniendo a los gemelos contra él, aterrorizado y desesperado.

—¡Ya basta!— Repitió con voz más fuerte, temblando.— ¡Los dos! ¡Están asustando a los niños!

Sus ojos estaban llenos de lágrimas. Los gemelos sollozaban contra él, enterrando sus rostros en su bata de hospital.

—Miren lo que están haciendo— Les reclamó— Mis bebés están aterrorizados. Y ustedes dos están aquí actuando como animales.

La expresión de Thomas se ablandó al ver el miedo en los rostros de sus hijos. Tom también retrocedió un paso. Su postura relajándose apenas.

—Bill…— Thomas le llamó

—No— Bill lo interrumpió, limpiándose las lágrimas con una mano mientras sostenía a los gemelos con la otra.— No quiero excusas ni explicaciones. Solo… solo váyanse. Los dos… Déjennos solos.

—Bill, yo…

—Por favor— Bill suplicó, con su voz completamente rota.— Por favor, solo váyanse. Necesito… necesito estar con mis bebés. A solas. Sin… sin esto.

Thomas miró a los gemelos sollozando, luego a Bill, luego a Tom. Su mandíbula trabajaba como si quisiera decir algo, pero finalmente solo asintió.

—Está bien— Dijo con voz más calmada.— Volveré más tarde. Cuando… cuando estés más tranquilo.

Se giró hacia Tom con mirada de advertencia.

—Tú. Afuera. Ahora.

Tom miró a Bill, buscando quedarse. Pero Bill solo negó con la cabeza suavemente con sus ojos suplicantes.

Asintió una vez, girándose hacia la puerta. Ambos hombres salieron, dejando a Bill solo con los gemelos.

En el pasillo, se detuvieron. Se miraron una última vez.

—Esto no ha terminado— Dijo Thomas con voz baja y peligrosa.

—Nunca dije que terminara— Respondió de la misma manera que su padre.

Y se alejaron en direcciones opuestas.

Dejando atrás una habitación donde Bill finalmente se permitía derrumbarse, sosteniendo a sus hijos mientras los tres lloraban juntos.

&

El tiempo no esperó a nadie. Los meses pasaron en segundos y el día que Bill no quería que llegara, llegó. Sentado en la camilla, con las manos entrelazadas sobre su regazo, apretándolas tan fuerte que sus nudillos se habían puesto blancos.

Su vientre de cinco meses ya se mostraba. Suficiente para que la prueba de paternidad prenatal fuera segura.

Thomas estaba de pie junto a la ventana, mirando hacia afuera con expresión tensa. Vestía un traje impecable como siempre. Tom estaba recostado contra la pared opuesta, con los brazos cruzados sobre el pecho. Su rostro era una máscara perfecta de neutralidad. No mostraba nerviosismo, no mostraba esperanza y no mostraba miedo. No mostraba nada.

Los tres habían estado esperando por cuarenta minutos. Cuarenta minutos de silencio tan denso que se podía cortar con facilidad.

Bill miraba ocasionalmente a Tom, buscando algo. Cualquier señal de emoción. Pero Tom mantenía esa expresión neutra, esos ojos fríos que no revelaban absolutamente nada de lo que estaba pensando.

Finalmente, la puerta se abrió. El doctor entró, un hombre mayor con expresión profesional y seria. Sostenía una carpeta en sus manos.

—Señor Kaulitz— Saludó a Thomas con un asentimiento.

—Doctor— Thomas se giró inmediatamente, caminando hacia él.— ¿Ya tiene los resultados?

—Sí. ¿Prefieren hablar en privado o…?

—Aquí está bien— Thomas lo interrumpió con impaciencia.— Solo díganos. ¿De quién es el bebé?

El doctor abrió la carpeta, revisando los papeles aunque claramente ya sabía los resultados.

—Bien. Las pruebas de ADN prenatal son concluyentes.— Hizo una pausa que se sintió eterna.

Bill dejó de respirar. Sus manos apretándose más fuerte. Tom ni siquiera parpadeó, pero algo en su postura se tensó imperceptiblemente. Thomas esperaba, impaciente en ese poco tiempo.

—El padre biológico del bebé es…— El doctor miró directamente a Thomas.— Usted, señor Kaulitz.

El silencio fue absoluto. Bill dejó escapar un sollozo, cubriéndose el rostro con las manos. Lágrimas comenzaron a caer inmediatamente, empapando sus dedos.

Thomas soltó un suspiro largo y profundo. Una sonrisa lenta, triunfante, se extendió por su rostro.

—Gracias, doctor— Dijo con voz llena de satisfacción.— Eso es excelente.

Tom no se movió. No hizo un sonido. Su expresión seguía siendo exactamente la misma: neutra, fría, vacía. Pero si alguien hubiera mirado de cerca, habrían visto el ligero tic en su mandíbula.

—¿Hay algo más que necesitemos saber?— Thomas preguntó al doctor.

—El bebé está saludable. El señor Kaulitz ha estado siguiendo todas las recomendaciones. El embarazo va bien. Recomiendo continuar con los cuidados actuales.

—Perfecto. Gracias, doctor. Puede retirarse.

El doctor miró a Bill con expresión de preocupación evidente, notando cómo sollozaba en la camilla. Pero Thomas lo despidió con un gesto, y el doctor, profesional hasta el final, salió de la habitación.

Thomas caminó hacia Bill. Su sonrisa ampliándose.

—Bien— Dijo con voz llena de triunfo.— El bebé es mío. Como debía ser.

Se inclinó, besando la cabeza de Bill aunque Bill se encogió ante el contacto.

—Todo volverá a la normalidad ahora— Dijo— Tú. Yo. Los gemelos. Y este nuevo bebé. Nuestra familia.

Miró a Tom, quien seguía en la misma posición, con la misma expresión neutra.

—En cuanto a ti— Habló con voz fría.— Ya no eres necesario aquí.

El de rastas no respondió. Solo sostuvo la mirada de su padre con esos ojos vacíos. Y Thomas sonrió con satisfacción ante el silencio de su hijo.

—Voy a hacer unas llamadas— Anunció— Necesito informar unas cosas. Ustedes dos…— Miró entre Tom y Bill.— Despídanse. Porque después de hoy, Tom, no volverás a estar cerca de mi familia.

Y con eso, salió de la habitación, cerrando la puerta detrás de él, dejando a Tom y a Bill solos.

El silencio se extendió por un largo momento. Bill seguía sollozando. Tom finalmente se movió. Se apartó de la pared, caminando lentamente hacia Bill. Se sentó frente a él.

—Bill— Dijo con voz baja. No respondió, solo siguió llorando.— Bill, mírame

Lentamente, Bill bajó las manos. Su rostro estaba empapado de lágrimas.

—Ya no llores, Bill. Por lo menos…— Habló con voz calmada.— Por lo menos no es hijo de tu violador.

Bill lo miró con ojos llenos de dolor.

—Pero…— Sollozó— Pero yo…

Se detuvo, incapaz de terminar la frase.

—Dime, Bill…— Tom lo animó suavemente.

—Yo no quería que fuera de él— Confesó— Sé que está mal, que no debería sentir eso. Pero… pero quería que fuera tuyo, Tom…

Tom se quedó boquiabierto sin mostrarlo, procesando las palabras, sintiendo algo raro en su estómago. Bill había querido que el bebé fuera suyo. Después de todo lo que le hizo.

Sin pensar, sin planearlo, se inclinó hacia adelante. Y capturó los labios de Bill en un beso. Bill se quedó inmóvil por un segundo. Sorprendido. Pero entonces… respondió. No fue resignación esta vez. No fue rendirse porque no tenía opción. Fue correspondencia.

Sus labios se movieron contra los de Tom con intención, necesidad. Con algo que se sentía peligrosamente como deseo.

El beso se profundizó. Tom ahuecó el rostro de Bill con ambas manos, como si fuera algo precioso que podría romperse. Bill se inclinó hacia él, sus propias manos encontrando el cuello de Tom, jalándolo más cerca. En un beso largo y profundo.

Cuando finalmente se separaron, ambos respiraban pesadamente.

Tom abrió los ojos, mirando a Bill. Y lo que Bill vio ahí lo dejó sin aliento.

Amor.

Amor devastador, absoluto en los ojos de Tom.

No lujuria. No posesión.

Amor.

Quiso llamarlo amor. Necesitaba creer que lo era.

El mismo Bill hizo algo que ni él mismo esperaba; levantó sus manos, ahuecando el rostro de Tom entre sus palmas. Y lo besó. Él inició el beso esta vez.

Tom hizo un sonido ahogado de sorpresa, pero respondió inmediatamente. Sus brazos envolvieron la cintura de Bill, jalándolo más cerca, tan cerca como el vientre entre ellos permitía.

El beso era diferente al anterior; más lento, más deliberado. Más… Real.

Bill inclinó su cabeza, profundizando el beso. Sus dedos acariciaban las mejillas de Tom, sintiendo la textura de su piel, mientras el de rastas temblaba bajo su toque, como si no pudiera creer que esto estaba pasando, que Bill lo estaba besando voluntariamente.

Se perdieron en ese beso, en ese momento. En ese espacio donde nada más existía excepto ellos dos.

Afuera de la sala, en el pasillo, Thomas había terminado su llamada telefónica.

Guardó su teléfono en el bolsillo, sonriendo con satisfacción. Su familia estaba intacta. Su hijo venía en camino. Todo estaba perfecto.

Comenzó a caminar de regreso, pensando en cómo exactamente iba a deshacerse de Tom ahora que ya no había ambigüedad sobre la paternidad.

Llegó a la puerta. Se detuvo en seco. Porque a través de la pequeña ventana de vidrio en la puerta, vio la escena en el interior. Vio el beso. Cómo Bill ahuecaba el rostro de Tom con ternura. Cómo Tom lo sostenía como si fuera lo más precioso del mundo.

Sus manos se cerraron en puños tan apretados que sus nudillos crujieron. Su mandíbula se apretó. La rabia que sintió fue diferente a cualquier cosa que había experimentado antes.

No era solo furia por la traición; eran celos. Puros, venenosos y consumidores.

Y Thomas finalmente comprendió que había perdido algo que nunca supo que podía perder.

El corazón de Bill.

Pero no entró. No interrumpió. Se quedó ahí, mirando a través del vidrio, con los puños apretados, sintiendo cómo todo lo que había construido se desmoronaba.

Thomas Kaulitz tomó una decisión.

Se alejó de la puerta silenciosamente, caminando por el pasillo con pasos medidos.

Ya tenía un plan.

Y esta vez, no habría misericordia.

Continúa…

El «amor» mostrado en este capítulo corresponde a la percepción del personaje. La historia no justifica ni romantiza la violencia. 🙂

por ZenTortugaHua

Escritora del Fandom

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