Mi madrastra 12

Fic TOLL de ZenTortugaHua

Capítulo 12

Los golpes contra la puerta principal resonaron con fuerza. La puerta se abrió de golpe, arrancada de sus bisagras por el ariete policial. Cuatro oficiales irrumpieron con las armas desenfundadas, llegando hasta la sala.

Lo que encontraron los hizo detenerse en seco.

La sala era un desastre. Muebles volcados. Vidrios rotos esparcidos por todas partes. Manchas de sangre en el suelo, las paredes, los muebles.

Y en medio de todo: Bill en el suelo. Tom arrodillado junto a él, cubierto de sangre. Thomas de pie a unos metros, también sangrando, con expresión de disociación absoluta.

Cerca de ellos, dos niños pequeños llorando, aferrados el uno al otro, aterrorizados.

Uno de los vecinos había llamado al 911 después de escuchar los gritos y los golpes. Había reportado violencia doméstica.

El oficial Gordon entró último. Sus ojos se agrandaron al ver la escena.

—Dios mío…— Murmuró

Thomas reaccionó primero, señalando a Tom con mano temblorosa.

—¡Arréstenlo!— Gritó con voz ronca, dañada del casi estrangulamiento.

Los oficiales miraron entre Thomas y Tom, cubierto de sangre y arrodillado junto a Bill.

—¡Es una orden!— Dijo con más fuerza.

Dos oficiales se movieron inmediatamente hacia Tom.

—Kaulitz, apártate del herido— Uno de los oficiales ordenó con voz firme.

—No voy a dejarlo— Su mirada, dura y afilada, cayó sobre el oficial como una cuchilla: fría, fija, mortal.

—¡Arréstenlo ya!— Thomas gritó, con autoridad absoluta que hizo que los oficiales actuaran sin más preguntas.

Dos de ellos se lanzaron sobre Tom, agarrándolo de los brazos con fuerza. Tom se resistió violentamente, intentando zafarse.

—¡Los voy a matar con mis manos, pedazos de mierda!— Gritaba a los oficiales mientras luchaba.— ¡Y tú, hijo de puta!— Tom gritó hacia Thomas, luchando contra los oficiales que lo sostenían.— ¡Cobarde! ¡Maldito cobarde!

—¡Que alguien lo calle!— Ordenó Thomas.

Los oficiales forzaron a Tom al suelo, inmovilizándolo mientras le ponían las esposas. Tom seguía luchando, gritando obscenidades, intentando liberarse.

Estos no eran oficiales comunes. Eran hombres entrenados, fuertes, preparados para someter a personas violentas.

Aun así, Tom era más fuerte de lo que esperaban.

Con un rugido de furia pura, Tom giró bruscamente, liberando un brazo. Su puño conectó con la mandíbula de uno de los oficiales, enviándolo hacia atrás.

Al otro, Tom le metió un codazo directo al estómago, dejándolo sin aire.

No les dio ni un segundo: se lanzó sobre el primero, lo agarró del uniforme y lo tiró al suelo, descargando varios golpes rápidos que lo dejaron completamente mareado.

El otro oficial apenas levantó la cabeza cuando Tom ya estaba encima, conectándole otro puñetazo que lo dejó doblado.

En menos de lo que tardaron en pedir refuerzos, Tom los tenía a ambos en el suelo, respirando fuerte, con esa mirada fría que decía que todavía podía seguir si lo provocaban.

Pero entonces los oficiales regresaron con refuerzos. Más hombres esta vez, agarrándolo con fuerza brutal, jalándolo mientras Tom luchaba como un animal enjaulado

Sus ojos encontraron a Thomas, quien observaba la escena con expresión indescifrable.

Y Tom perdió todo control.

Con fuerza sobrehumana nacida de la furia, logró zafar un brazo nuevamente. Antes de que pudieran detenerlo, se lanzó hacia su padre.

Su puño conectó directamente en el rostro de Thomas, con un sonido seco y satisfactorio. La cabeza de Thomas giró, y la sangre brotó de su nariz.

—¡Te voy a matar!— Dijo con furia y odio mezclados, intentando llegar a él otra vez.— ¿¡Me escuchas, pedazo de mierda!? ¡Te voy a arrancar la cabeza con mis propias manos!

Los oficiales lo jalaron hacia atrás con fuerza, pero Tom seguía luchando, gritando.

—¡Contrólelo!— Thomas gritó, tocándose la nariz sangrante.

—¡Oficial Gordon!— Uno de los oficiales más jóvenes gritó.— ¡Ayúdenos!

Gordon, quien había estado observando todo sin poder moverse, finalmente se movió. Se acercó a Tom con pasos que trataban de ser calmados.

—Tom…— Habló— Cálmate

—¡No me voy a calmar!— Tom seguía luchando— ¡Ese hijo de puta lastimó a Bill!

—Por favor, hijo… Tienes que calmarte ahora.

—¿¡Calmarme!?— Tom lo miró con ojos salvajes.— ¡Deja que lo mate primero!

—Tom— Gordon habló otra vez, con voz más suave.— Por favor. Deja de pelear. Estás empeorando las cosas.

—¡Entonces haz algo, Gordon!

Gordon se tensó, y había algo en sus ojos.

—No puedo, Tom— Admitió con voz apenas audible.— Aunque quisiera, no puedo.

—¿Por qué?— Tom demandó— ¡Eres oficial! ¡Tienes autoridad!

—Tengo autoridad— Gordon asintió amargamente.— Pero hay oficiales superiores a mí. Y tu padre…— Miró a Thomas

Thomas sonrió con satisfacción, limpiándose la sangre de la nariz.

—Así es como funciona el mundo real, Gordon— Dijo con tono condescendiente— Algo que tú nunca entendiste.

La mandíbula de Gordon se apretó dolorosamente.

Había historia entre estos dos hombres. Historia antigua. Historia dolorosa.

No podía hacer nada. No cuando Thomas era quien tenía el poder.

—Haré lo que pueda— Gordon prometió en voz baja.— Pero ahora tienes que calmarte.

Tom miró a Bill una última vez. Bill en el suelo, rodeado de paramédicos, llorando, con los gemelos aferrándose a él.

Dejó de luchar. Su cuerpo se volvió flácido en el agarre de los oficiales.

—Bien— Murmuró

Los oficiales, cautelosos, lo inmovilizaron, poniendo las esposas con manos expertas. Esta vez, Tom no resistió.

Mientras lo sacaban, Tom mantuvo los ojos en Bill.

&

Bill estaba en la camilla de una habitación privada. Los doctores ya lo habían examinado completamente. Las noticias eran… complicadas.

La espalda tenía una contusión seria. Dolorosa. Pero no había daño permanente. Con reposo y medicación, sanaría.

El feto seguía vivo. Contra todo pronóstico, su pequeño corazón latía fuerte y constante.

Pero había un problema más.

El embarazo estaba oficialmente en riesgo. Las contracciones involuntarias, el estrés, el golpe… todo sumaba. Los doctores recomendaron vigilancia 24/7. Nada de moverse demasiado. Nada de volver a casa todavía.

Los gemelos estaban en la sala de espera con una trabajadora social que Thomas había llamado. Alguien de confianza. Alguien leal a él.

Y ahora, Bill estaba solo con Thomas.

Thomas había sido atendido. Se había cambiado de ropa. Parecía casi presentable como siempre, si no fuera por los moretones formándose en su rostro y el labio partido.

Se acercó a la camilla lentamente, mirando a Bill con expresión que mezclaba dolor, furia y asco.

—Nunca pensé esto de ti— Dijo finalmente, con voz baja pero cargada de veneno.

Bill cerró los ojos con lágrimas rodando silenciosamente.

—Nunca— Repitió— Nunca pensé que serías capaz de… de acostarte con mi hijo.

—Thomas…

—¿Qué?— Lo interrumpió— ¿Qué vas a decirme, Bill? ¿Que no fue tu culpa? ¿Que Tom te obligó?

Bill abrió la boca, pero no salieron palabras.

—Porque si te obligó— Thomas continuó, acercándose más.— Si realmente te violó, podrías haberlo denunciado. Podrías haberme llamado. Podrías haber hecho algo.

—Yo…

—Pero no lo hiciste— Demandó Thomas— Porque no fue violación, ¿verdad? Lo quisiste.

Se sentó cerca de Bill. Su rostros a centímetros.

—Dime, ¿cómo fue?— Su voz tomó un tono morboso, enfermo.— ¿Te gustó más que conmigo? ¿Es más joven, más fuerte? ¿Te hizo sentir cosas que yo no pude?

—¡Basta…!— Bill sollozó— ¡No fue así!

—¿No?— Thomas se rió sin humor— ¿Entonces cómo fue, Bill? ¿Cómo terminaste embarazado sin saber si el bebé es mío o de mi hijo de dieciocho años?

El rostro de Bill se empapaba más de lágrimas, sin forma de responder.

—El doctor dice que estás bien… más o menos. Que el bebé está bien. Pero que tu embarazo está delicado— Thomas cambió de tema abruptamente.— Necesitarás supervisión constante— Añadió

Se enderezó, mirándolo desde arriba.

—Por lo que ordené que te quedarás en el hospital hasta que nazca ese niño. También ordené pruebas de paternidad— Anunció— En unas semanas, sabremos de quién es.

—Thomas…

—No importa de quién sea, Bill— Sonrió— Porque de cualquier forma, vas a volver a casa conmigo.

Bill lo miró con horror.

—Si el bebé es mío— Prosiguió con voz fría.— Entonces lo criarás como a los gemelos. Si el bebé es de Tom…

Sonrió, pero fue una sonrisa horrible.

—Igualmente volverás a casa mientras Tom se pudre en la cárcel por lo que hizo.

—¡No puedes!— Bill gritó— ¡Tom es tu hijo!

—¡Hijo que me traicionó!— Thomas escupió— ¡Que arruinó mi familia! ¡Así que sí, puedo, y lo haré!

—Thomas, por favor…— Bill suplicaba ahora— Tom tiene futuro. Tiene toda su vida por delante. No puedes arruinársela por esto…

—¿Lo estás defendiendo?— Preguntó con incredulidad.— ¿Después de lo que me hizo?

—Es tu hijo…

—¡Exacto!— Gritó— ¡Es mi hijo! ¡Y tú lo sedujiste! ¡Lo corrompiste!

—¡Yo no lo seduje!— Bill protestó

—¿No?— Thomas se acercó otra vez, agarrando las mejillas de Bill con una mano, apretándolas con fuerza.— ¿Entonces cómo explicas esto? ¿Cómo explicas que un muchacho de dieciocho años decidiera acostarse con su madrastra?

Sus dedos se clavaban en la piel de Bill, apretando dolorosamente.

—Te paseabas por la casa con esas prendas— Thomas siseó— Provocándolo. Tentándolo. Y cuando finalmente cayó, cuando hizo lo que querías…

Apretó más fuerte.

—Ahora pretendes ser la víctima.

Bill intentaba apartar su mano, pero Thomas lo sostenía con fuerza brutal.

—Thomas… me lastimas…

—¿Te lastimo?— Thomas lo soltó abruptamente, solo para jalarlo hacia adelante, capturando sus labios en un beso.

No fue un beso amoroso. Fue desesperado, violento, posesivo. Sus labios se estrellaban contra los de Bill con fuerza que dolía, su lengua forzando entrada, reclamándolo, marcándolo como propiedad.

El de rastas bicolores intentaba apartarlo, empujando contra su pecho, girando la cabeza, pero Thomas lo sostenía con fuerza, con una mano en su nuca, obligándolo a quedarse quieto.

Cuando finalmente se separó, Bill jadeaba, con los labios hinchados y los ojos llenos de lágrimas.

Su estómago se revolvió; la náusea llegó con fuerza incontrolable.

Se giró apenas a tiempo, vomitando fuera de la camilla, vaciando su estómago con arcadas violentas.

Thomas retrocedió, mirando con expresión de disgusto absoluto.

Cuando finalmente se detuvo, su cabello cubrió una parte de su rostro. Seguía temblando, con lágrimas y sudor mezclándose.

Thomas lo observaba con expresión fría, calculadora.

—Dime la verdad— Ordenó— Sobre tú y Tom. ¿Te violó?

Bill cerró los ojos. Esta era su oportunidad. Podía decir que sí. Podía acusar a Tom. Podía salvarse a sí mismo.

Pero…

Abrió los ojos, mirando a Thomas directamente.

—No— Dijo con voz apenas audible.— No me violó.

Thomas se quedó completamente inmóvil.

—Yo…— Bill tragó saliva— Yo quise. Yo… consentí.

La mentira sabía a ceniza en su boca. Pero era la única forma de proteger a Tom de cargos de violación.

Porque si decía la verdad, que Tom lo había coaccionado, lo había amenazado, que había usado a los gemelos como amenaza…

Tom quedaría en prisión el resto de su vida.

Así que mintió.

Mintió para proteger a Tom.

Incluso cuando sabía que esa mentira lo condenaría a él mismo.

El silencio que siguió fue absoluto. Thomas lo miraba como si nunca lo hubiera visto antes. Como si Bill se hubiera transformado en un extraño completamente.

Su mano se movió. La cachetada resonó en la habitación como un disparo.

El dolor explotó en su mejilla. No la misma, sino la otra.

—Puta— Thomas escupió la palabra con desprecio absoluto.— Eso es lo que eres. Una puta que se acostó con mi hijo.

Bill se tocó la mejilla, y se sentía débil por llorar en todo momento. No dijo nada.

Porque no había nada que decir.

Thomas caminó hacia la puerta, deteniéndose justo antes de salir.

—Cuando el bebé nazca— Declaró sin voltear.— Todo volverá a ser como antes. Te mantendré vigilado. Así nunca más volverás a traicionarme.

—¿Y Tom?— Bill preguntó con voz quebrada.

—Tom se pudrirá donde está— Thomas respondió.— Donde pertenece.

—Thomas, por favor…

—Debiste pensar en eso antes de abrirle las piernas— Thomas lo interrumpió con crueldad.— Ahora vive con las consecuencias.

Thomas ya estaba por salir cuando se detuvo otra vez, como si algo le hubiera cruzado la mente. Giró apenas el rostro, mostrando una sonrisa tan fina que no podía significar nada bueno.

—Ah, casi lo olvido— Dijo con falsa ligereza— Sobre Tom.

Levantó la mirada, temblando.

—Voy a liberarlo— Thomas lo dijo con un aire casual.— Después de todo, tú afirmaste que consentiste. Así que… sí. Saldrá hoy mismo.

El corazón de Bill se apretó con una mezcla brutal de alivio y miedo.

Pero Thomas siguió hablando.

—Claro que eso no cambia nada— Su voz bajó, más peligrosa— Porque independientemente de quién sea el padre del bebé… Tom igual va a ir a la cárcel.

El de rastas bicolores se quedó helado.

—¿Qué…? Pero dijiste…

—Dije que lo liberaría. Por ahora— Thomas lo cortó con dureza— ¿Y sabes por qué? Porque quiero que entienda quién manda. Quiero que respire un poquito de aire libre, que crea que «se salvó»— Se rió suavemente— Y luego voy a arrebatárselo todo.

Bill sintió que el estómago se le hundía.

—Thomas, no… no puedes…

—Puedo— Respondió con una calma que asfixiaba— Y voy a hacerlo. Si el bebé es mío, Tom irá preso por destruir a mi familia. Si el bebé no es mío, irá preso por acostarse contigo.

Hizo una pausa leve.

—Lo gracioso es que no existe ningún escenario donde él quede libre.

Intentó hablar, pero como siempre, su voz falló.

Thomas se acercó un paso más, solo para decir lo último en un tono casi suave, como una caricia venenosa:

—Lo estoy liberando solo para que sepa que su padre puede levantarlo… y tirarlo otra vez cuando quiera. Para que aprenda su lugar.

Y salió, cerrando la puerta detrás de él. El silencio cayó como un peso insoportable.

Tom sería libre hoy… solo para que Thomas jugara con él como un gato con un ratón.

Bajó la cabeza. Sus lágrimas caían sin ruido. Tocó la mejilla que ardía, con el sabor de vómito todavía en su boca, sintiendo cómo su mundo se desmoronaba completamente.

Había perdido todo.

Su libertad. Su dignidad. Su futuro.

Y Tom… Tom estaba en una celda, odiando a su padre, sin saber que Bill había mentido para protegerlo.

Sin saber que Bill había admitido algo que no era completamente cierto.

Sin saber que Bill…

Un sollozo escapó, fuerte y desgarrador.

Porque se dio cuenta de algo terrible.

Se dio cuenta que en su intento de proteger a Tom, había sellado su propio destino.

Había admitido infidelidad voluntaria.

Y ahora Thomas tenía todo el poder.

Todo el control.

Por lo que ahora entendía: no había elección, ni siquiera destino, nada. Menos salvación.

Solo Thomas moviendo las piezas. Y ellos atrapados en su tablero.

&

La celda olía a humedad y a desinfectante barato. Tom estaba sentado en la esquina del catre de metal, con los codos apoyados en las rodillas y la mirada fija en el suelo de concreto manchado.

Todavía llevaba la misma ropa de la pelea. La misma manchada de sangre seca. Suya y de su padre. Los nudillos hinchados y partidos. Un ojo comenzando a amoratarse. El labio partido igualmente.

No se había movido en horas. Ni siquiera cuando trajeron la bandeja con comida que ahora se enfriaba junto a la puerta, sin tocar.

Los otros presos ya lo conocían de años. Sin atreverse a hablarle.

El sonido de pasos acercándose se escuchó por el pasillo. Muy familiares.

Tom no levantó la vista.

—Tom

La voz de Gordon. Calmada como siempre, pero con algo más debajo. Algo que sonaba a cansancio del alma.

No hubo respuesta suya. Ni siquiera parpadeó.

Gordon suspiró, sacando una silla plegable que había traído y colocándola frente a los barrotes. Se sentó lentamente, como si sus huesos dolieran, y observó al joven por un largo momento.

—Necesito que me cuentes qué pasó— Dijo finalmente, sacando una pequeña libreta aunque sabía que probablemente no escribiría nada.— Todo. Desde el principio.

Silencio

El tic-tac de un reloj invisible marcaba los segundos.

—Tom, por favor— Gordon continuó con voz más suave.— Necesito tu versión. Necesito entender…

—¿Para qué?— La voz de Tom salió rasposa, como si no la hubiera usado en siglos.— Ya conoces la versión de mi padre. Esa es la única que importa.

—Tu versión me importa a mí.

Tom soltó una risa seca, amarga, sin humor.

—Claro. Tu preocupación me conmueve profundamente, Gordon.

El oficial apretó la mandíbula ante el sarcasmo cortante, pero no respondió al tono. Conocía a Tom lo suficiente para saber que la hostilidad era su primera línea de defensa.

—Cuéntame qué pasó con Bill— Insistió— ¿Cómo empezó todo esto?

Tom finalmente levantó la vista. Sus ojos, tan llenos de ese fuego desafiante.

—¿Quieres los detalles sórdidos?— Preguntó con voz burlona— ¿Quieres que te diga exactamente cómo me cogí al esposo de mi padre?

Gordon se estremeció ante la crudeza de las palabras, pero mantuvo la compostura.

—Quiero la verdad.

—La verdad…— Repitió, como si probara la palabra en su lengua.— La verdad es que soy exactamente el monstruo que todos creen que soy.

—No creo que seas un monstruo.

—Deberías

Se quedaron en silencio otra vez. Gordon podía ver cómo Tom luchaba internamente, cómo las palabras se acumulaban detrás de sus dientes, empujando para salir pero siendo contenidas por algo.

—Él no quería— Dijo finalmente— Bill. Nunca quiso. Nunca… nunca consintió realmente.

El aire pareció abandonar la habitación.

Gordon se inclinó hacia adelante, con el corazón latiéndole dolorosamente en el pecho.

—Tom… ¿qué estás diciendo?

No esperó más.

—Lo violé.

Las palabras cayeron como piedras en agua inmóvil, creando ondas que se expandían, imparables.

—Dios mío…

—Durante dos semanas— Continuó, y ahora las palabras salían como confesión, como purga, como si una vez comenzadas no pudieran detenerse.— Cada noche. A veces durante el día. Lo amenacé. Usé a los gemelos como amenaza. Le dije que si no hacía lo que yo quería, ellos sufrirían las consecuencias.

Su voz se mantuvo.

—Y él… él cedió. Para protegerlos. Porque es bueno. Porque siempre ha sido demasiado bueno. Demasiado puro para este mundo de mierda.

El oficial se había puesto pálido. Sus manos temblaban sobre la libreta que había olvidado abrir.

—Tom… hijo… ¿por qué? ¿Por qué harías algo así?

—Porque soy un monstruo— Respondió simplemente, mientras seguía viéndolo directamente.

—Hijo, no digas eso…

—¿No?— Tom se rió con amargura— Acabo de confesar violación. ¿Cómo llamarías a alguien así?

Gordon no tenía respuesta. Se quedó sentado, procesando, intentando reconciliar al muchacho que había conocido durante años. Problemático sí, violento sí, pero nunca eso.

—Merezco estar aquí— Habló— Merezco pudrirme en esta celda. Merezco algo mucho peor. Pero…

Sus manos se cerraron en puños sobre sus rodillas.

—Mi padre también merece estar aquí. Él empujó a Bill. Él causó que Bill se lastimara. Él pudo haber matado a ese bebé. Él es tan monstruo como yo. Más, porque él se esconde detrás de su dinero y poder mientras hace exactamente lo mismo que yo.

La rabia en su voz era palpable, vibrando en el aire entre ellos.

—Los años con él, Bill ha sido golpeado, controlado, manipulado, convertido en menos que una persona. Y todos miran para otro lado porque Thomas Kaulitz tiene dinero. Porque tiene influencia. Porque él cree que manda todo Stuttgart.

Se inclinó hacia adelante. Sus ojos ardiendo con ese fuego.

—Así que sí, enciérrame. Pero no dejes que él se salga con la suya. No dejes que siga lastimando a Bill.

El oficial se quedó en silencio por un largo momento, procesando todo. Finalmente habló:

—Bill negó todo.

—¿Qué?

—La violación— Aclaró, mirándolo directamente.— Bill dice que fue consensual. Que él… que él quiso.

El shock en el rostro de Tom fue absoluto. Se quedó completamente inmóvil, como si las palabras no tuvieran sentido, como si Gordon estuviera hablando un idioma extraño.

—No…— Murmuró finalmente.— No, él no… ¿por qué haría eso?

—Para protegerte— Respondió— Porque si admite la violación… Tu padre…

Tom apretó más los puños, dándose cuenta que Bill había perdido todo.

Gordon observó al joven frente a él. Porque seguía siendo joven. Técnicamente un adolescente a pesar de todo lo que había hecho. Y sintió algo quebrarse en su pecho.

—Tu padre ha ordenado tu liberación.

Tom lo miró con desconfianza.

—¿Qué mierda dices?

—Sin cargos de violación, sin testimonio de Bill, sin evidencia concreta más allá de admisión de adulterio consensual…— Gordon suspiró— Tu padre tiene suficiente poder para hacer que esto desaparezca. Al menos legalmente. Es control. Te deja salir ahora. Para que sepas que puede encerrarte cuando quiera. Cuando sepa de quién es ese bebé. Es otra forma de poder sobre ti.

Tom apretó los puños con tanta fuerza que sus nudillos ya lastimados comenzaron a sangrar otra vez.

Gordon se puso de pie, guardando la libreta que nunca había abierto.

—Antes que te vayas…— Comenzó, y había algo diferente en su voz ahora. Algo personal.— Hay algo que necesito decirte.

El de rastas frunció el ceño.

—Conocí a tu madre— Declaró, y las palabras salieron como si las hubiera estado guardando durante años.— Antes que conociera a tu padre.

La expresión de Tom cambió. Dio paso a algo más suave. Curiosidad. Dolor.

Gordon, en los años de su juventud había estado enamorado. Profundamente, completamente enamorado de una mujer increíble. Una mujer con ojos brillantes y risa contagiosa. Una mujer que lo hacía sentir completo.

La madre de Tom.

Habían estado juntos. Habían hablado de matrimonio. De una vida juntos. De futuro.

Y entonces Thomas Kaulitz había entrado en sus vidas.

Thomas con su dinero, su influencia, su encanto superficial, su capacidad de prometer el mundo… Logró conquistarla. Entonces ella también se enamoró de él.

Gordon nunca la culpó. No podía. Porque cuando ella terminó su relación, lo hizo con honestidad, con lágrimas en los ojos, con dolor evidente.

«Te amo, Gordon», le había dicho. «Pero mereces a alguien que te ame completamente, sin dividir su corazón».

Y se había ido. Con Thomas.

Se había casado con él. Había tenido a Tom.

Y Gordon se había quedado solo. Completamente devastado y roto.

Nunca se había recuperado completamente. Nunca había encontrado a alguien más.

Cómo podría, cuando ella había sido perfecta.

Cuando ella murió años después, Gordon había asistido al funeral desde lejos, observando a Tom, un niño pequeño llorando la pérdida de su madre.

Y desde entonces, había sentido una conexión extraña con el niño. Como si cuidar de Tom de alguna manera lo mantuviera conectado con ella.

Y ahora, su odio hacia ese hombre se volvía más grande. Odio hacia ese hombre que le había quitado al amor de su vida. Y ahora estaba destruyendo a su hijo.

—Estuvimos juntos— Caminó lentamente hacia los barrotes, como si acercarse físicamente hiciera más fácil compartir eso.— Durante dos años. Hablamos de matrimonio. De futuro. De…

Su voz se quebró ligeramente.

—De hijos. Queríamos tres. Ella siempre decía tres. Porque había sido hija única y había sido solitario. Quería una casa llena de ruido, risas y caos.

Tom escuchaba en silencio absoluto, sin el sarcasmo habitual, sin las defensas levantadas. Solo escuchando.

—Y entonces tu padre apareció— No había rencor en su voz, solo tristeza.— Y ella… ella se enamoró de él.

Su voz entrecortada hizo que hiciera una pausa.

—Intenté… intenté todo para que volviera conmigo— Dijo con una sonrisa triste.— Dios sabe que intenté. Pero ella fue honesta conmigo. Me miró a los ojos y me dijo la verdad. No me mintió. No me engañó. Simplemente… eligió a alguien más.

Se quedó en silencio por un momento.

—Y tú naciste.

Tom lo miraba con expresión indescifrable.

—Vi a tu padre cargarte cuando eras un bebe. Vi su sonrisa. Y vi la de ella, mirándolos a ambos con tanto amor…— Confesó

Su voz se quebró completamente.

—Y me rompió. Porque debí ser yo. Debiste ser mi hijo. Esa debió ser mi familia.

—Oye…

—Pero después— Se limpió los ojos con el dorso de la mano.— Después que ella murió. Te vi crecer. Te vi convertirte en este muchacho problemático, este delincuente juvenil que todos en la estación conocían por nombre. Y cada vez que te traía, cada vez que tenía que regañarte, cada vez que veía ese fuego en tus ojos…

Miró directamente a Tom.

—Veía a tu madre. Su mismo espíritu. Su misma intensidad. Su misma incapacidad de rendirse ante nada.— El rostro del oficial seguía siendo empapado por lágrimas contenidas de años.— Y me di cuenta… que aunque no eras mi hijo biológicamente… te había adoptado en mi corazón de todas formas. Porque eras lo único que me quedaba de ella.

El silencio que siguió fue pesado con emoción.

—Te miro como un hijo— Confesó, con voz firme a pesar de las lágrimas.— No como el oficial que tiene que arrestarte. No como el que cumple con su deber. Sino, Como un hijo.

Tom se puso de pie lentamente. Caminó hacia los barrotes, quedando frente a Gordon con apenas el metal entre ellos.

El oficial sacó las llaves, y con manos que temblaban ligeramente, abrió la celda.

El metal chirrió al abrirse.

Tom salió despacio, caminando hacia la salida, Gordon quedándose atrás. Dio tres pasos antes de detenerse.

—Gordon

El oficial que limpiaba sus lágrimas, volvió a verlo.

Tom no lo miró. Mantenía los ojos fijos adelante, pero su voz cuando habló era completamente honesta. Vulnerable de una forma que Gordon nunca había escuchado.

—Estoy seguro que hubieras sido un mejor padre.

Y entonces siguió caminando. Sus pasos desapareciendo por el pasillo vacío hasta llegar a la puerta.

Gordon se quedó ahí, en medio del pasillo de la prisión. Y lloró más.

Por la mujer que había amado y perdido.

Lágrimas por el hijo que nunca tuvo.

Lágrimas por el muchacho roto que acababa de salir, cargando con pecados que nadie de dieciocho años debería cargar.

Se dejó caer en la silla que había traído, enterrando el rostro en sus manos. Por fin permitiéndose llorar como debía.

&

El oficial Gordon en un funeral. Llueve. Está lloviendo, pero no hay lluvia.

Ve a un niño pequeño, de apenas once años, parado junto a su padre. El niño llora silenciosamente, junto a su padre. Sus ojos, los mismos ojos de su madre, están perdidos.

Gordon quiere acercarse. Quiere decirle que todo estará bien. Que su madre era maravillosa. Que fue amada.

Pero no puede.

Porque no es su lugar.

Y nunca lo será.

Continúa… 

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por ZenTortugaHua

Escritora del Fandom

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