
Administración: Esta temporada es una precuela. Los hechos suceden antes de «Mi madrastra» y nos ayuda a tener una mejor comprensión de la personalidad de los chicos mientras se desarrolla «Mi madrastra»

Fic TOLL de ZenTortugaHua
Prólogo
El reloj marcaba las cuatro. Apagué el televisor. La casa estaba sumida en silencio que no era paz, sino ausencia.
Andreas me había citado esa tarde, según él, para »ayudarme a salir de la cueva».
No esperaba gran cosa, pero accedí. No por esperanza, sino por aburrimiento.
Busqué las llaves de mi coche, me puse el saco sin energía y me dirigí a la puerta. Desde las gradas, mi hijo me observaba.
—Papá…
Me detuve. No tenía fuerzas ni para mirar atrás.
—Ahora no, Tom— Respondí en un tono seco.
Me miró sin expresión en el rostro, apenas mostrando una pizca de la tristeza que también lo consumía.
Cerré la puerta y todo quedó oscuro para Tom.
Afuera, el clima estaba apagado, con compañía de una llovizna. Creí que aquella tarde sería indiferente como comenzaba a ser mi vida diaria, y que quizá, por primera vez en semanas, la ayuda podría significar palabras vacías.
Andreas ya me esperaba apoyado en el capó de su auto, con esa sonrisa de siempre, torpe pero con buenas intenciones.
—¡Thomas!— Saludó levantando la mano.— ¿Cómo estás, mi buen viejo amigo?
Bajé la ventanilla, dejando que el frío de la tarde me despejara un poco.
Mi voz sonó áspera, sin ánimos.
—De la patada, Andy… de la patada— Dije suspirando.
Andreas comenzó su discurso, como queriendo ponerme un poco de ánimo.
—Ya… Tranquilo. Ya llegará alguien que te haga compañía. Eres joven todavía. La vida sigue— Expresó con su tono de manual de autoayuda que yo ya conocía demasiado bien.
Me recosté en el volante, cerré los ojos un instante, cansado de palabras vacías, de clichés que no curaban nada.
—Sí, claro…— Respondí, con voz baja y un hilo de amargura.— La vida sigue…
Mi amigo no se detuvo.
—Y tu hijo, claro, es lo más importante, pero… quizá deberías salir más, distraerte, conocer gente, ir a algún bar, un café… ¡o quién sabe! Quizá hasta podrías ir al Gym.
Suspiré profundamente, apenas logrando mantener la paciencia. Entonces el teléfono de Andreas sonó.
Sacó el móvil de su bolsillo delantero y colgó la llamada. La ignoró.
—Y como te digo: la vida sigue. Hoy estamos, mañana no sabemos.— Fruncí el ceño.
El móvil sonó otra vez. Andreas hizo lo mismo y volvió a ignorar la llamada.
—Mi madre me dijo una vez que…
Y otra llamada. Finalmente, no la rechazó y se llevó el celular al oído, molesto por la interrupción.
—¿Qué quieres?— Miré la escena sin poder escuchar la conversación y con el ceño todavía fruncido.— No… Ahora no puedo, Bill— ¿Quién era Bill?— Estoy ocupado y tú ya estás grandecito, hermanito— ¿Andreas tenía un hermano? Me preguntaba si realmente yo era un amigo.— Bien… Pero solo por hoy, eh.
La llamada duró un momento y Andy la terminó.
—Thomas— Me llamó con una sonrisa torpe reapareciendo.— Mi hermano menor Bill quiere que lo vaya a traer. No es muy social… por eso todas esas llamadas. Es muy tímido y reservado…
Arqueé una ceja y encogí los hombros, claramente nada interesado. Con cara de »me da igual». Prendí el coche, pero Andreas no se rindió.
—Pero espera, vamos a comer juntos. Tú, yo y Bill. Lo iré a traer a la Uni, aquí cerca. Te prometo que no será incómodo…
Suspiré profundamente otra vez. Tal vez era buena idea. Quizá no estaría completamente solo.
Andreas llegó unos minutos después, con un chico detrás de él.
Algo en mi pecho se removió. Aquel joven vestía completamente de negro. La combinación de su suéter, bufanda y gorrito lo hacía ver pequeño y tierno, demasiado tierno e inocente.
Levantó la mirada, y sus ojos se cruzaron con los míos. Sus brillantes ojos avellana me miraron con curiosidad, y al entreabrir los labios, percibí un lunar debajo de su labio.
—Thomas…— Andreas rompió el silencio, con su tono torpe habitual.— Este es mi hermano, Bill. Bill, él es Thomas… Un viejo y gran amigo del instituto.
Bill asintió, apenas rozando un «hola» con voz suave y tímida.
Mis ojos no se apartaron, y no entendía por qué.
Apenas escuchaba lo que hablaba Andreas. Cada palabra era un ruido de fondo mientras mi atención estaba fija en Bill.
Andreas, ajeno a lo que pasaba, seguía parloteando, pero yo ya no escuchaba. Todo lo que necesitaba estaba frente a mí: un chico que, con una sola mirada, había logrado que mi corazón volviera a latir.
Continúa…
Gracias por la visita 😉