Mi dulce recuerdo 6

Fic TOLL de ZenTortugaHua

Capítulo 6

Dieron las diez de la noche cuando Thomas llegó a casa.

Tom estaba en su cuarto, despierto, con el libro de matemática abierto sobre la cama aunque hacía rato que no lo veía. Escuchó los pasos de su padre subir las gradas, más ligeros de lo normal. La puerta de su habitación se cerró con suavidad.

Esperó unos minutos. Luego se levantó.

La puerta del cuarto de su padre estaba medio abierta. Tom la empujó despacio, lo suficiente para asomarse. Thomas estaba tirado sobre la cama, todavía con la ropa puesta, con un brazo sobre los ojos. Su respiración era profunda, regular; estaba dormido.

Lo observó desde el umbral.

Ese hombre que llegaba tarde y se dormía sonriendo, que estaba presente en cuerpo pero ausente en todo lo demás, excepto que ahora había algo diferente en esa ausencia. Ya no era vacío. Era otra cosa. Lo tenía en dudas.

Acaso, ¿no era…?

La mesita de noche se iluminó. La pantalla del teléfono brilló en la oscuridad, mostrando una notificación. Tom miró a su padre que seguía dormido.

Se acercó despacio, con pasos cuidadosos sobre el suelo de madera. Tomó el teléfono con cuidado, casi sin respirar.

La pantalla mostraba un mensaje nuevo, reciente. Registrado como: »Mi amor». Y un ridículo corazón de un rojo fuerte.

Hoy fue perfecto… Buenas noches, mi amor. Descansa…

Tom se quedó quieto.

¿Su padre estaba saliendo con alguien? ¿Tan de repente? ¿Mientras él estaba solo en casa?

Pensó en su madre, y en lo triste que estaría desde el cielo. Ni siquiera estaban divorciados; para él, aquello no sería más que una infidelidad, una traición.

Volvió en sí unos segundos después. Tocó dos veces el mensaje y entró al chat.

El celular no tenía contraseña.

Los mensajes llenaban la pantalla, uno tras otro. No eran mensajes de trabajo ni de Andreas, ni de nadie que Tom conociera.

Se detuvo en los mensajes de ese día. Los leyó dos veces. Siguió bajando. Hasta que encontró dos mensajes en específico que su padre había mandado, los cuales decían:

Te extraño…

Eres lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo.

Cuando encontró esos mensajes en el celular de su padre, el estómago se le revolvió. Su madre ni siquiera llevaba tanto tiempo muerta, y ya había alguien más ocupando ese lugar en sus palabras.

Habían más mensajes. Semanas enteras de conversación. Su padre preguntando cómo habían ido las clases, la otra persona respondiendo con detalles pequeños, los dos despidiéndose cada noche con palabras que Tom nunca le había escuchado decir a nadie más que a su madre.

Cerró la conversación.

Dejó el teléfono exactamente donde estaba, con el mismo ángulo, sobre la misma esquina de la mesita.

Miró a su padre una vez más.

Thomas dormía con una expresión que Tom no le había visto desde hacía mucho tiempo. Relajada, sin el peso de siempre.

Salió de la habitación sin hacer ruido y cerró la puerta con cuidado.

No era enojo exactamente lo que sentía, aunque había algo de eso. Era más difícil. Era pensar en su madre y en cómo su padre no podía ni mencionar su nombre, y sin embargo le escribía «te extraño» a alguien que Tom no conocía.

Tardó mucho en dormirse.

&

Tom bajó las gradas con la mochila en el hombro, más temprano de lo normal.

Thomas estaba en la cocina, de espaldas, sirviendo café. Había dormido bien, demasiado bien, y se notaba.

—Buenos días— Dijo sin girarse.

El de rastas se sentó a la mesa sin responder. Miró el plato frente a él. No lo tocó.

Su padre se giró, notó el silencio distinto de su hijo y se sentó frente a él con su taza.

—¿No tienes hambre?

—¿Quién es «mi amor»?— Preguntó Tom, con voz plana, mirándolo directamente.

Su padre se quedó completamente quieto.

Tom sostuvo su mirada sin parpadear, con esa expresión seria que a veces lo hacía parecer mayor de lo que era.

—Vi tu teléfono anoche— Siguió— No tenía contraseña.

Thomas dejó la taza sobre la mesa despacio.

—Tom…

—¿Quién es?— Insistió el niño, y esta vez había algo más en su voz. Un filo pequeño.

El hombre midió sus palabras.

—Es alguien con quien estoy saliendo.

—¿Cuánto tiempo?

—Dos meses.

El niño procesó eso en silencio.

Mientras él notaba el cambio en su padre sin entenderlo, había alguien más que ya sabía la respuesta.

—¿Es bonita?— Preguntó de pronto, con una especie de desafío en la voz.— Porque mamá era la mujer más bonita del mundo. Nadie va a ser más bonita que mamá.

Thomas sintió el golpe pero no se movió.

—Lo sé, Tom.

—Entonces no entiendo para qué— Apretó la mandíbula, mirando la mesa.— Para qué si nadie va a ser como ella.

—Tom, tu madre siempre va a ser tu madre. Eso no cambia.

—Eso no es lo que te pregunté— Respondió el niño, y volvió a mirarlo.— ¿Cómo se llama?

El hombre guardó silencio antes de responderle.

—Bill.

Tom frunció el ceño.

—Bill— Repitió— ¿Bill qué?

—Bill Trümper. Es hermano menor de Andreas.

En el silencio siguiente, Tom lo miró fijamente, procesando.

—¿Andreas tiene un hermano menor?

—Sí.

—¿Es un chico…?

Thomas no respondió, pero su silencio fue suficiente para la respuesta.

La expresión de Tom cambió de golpe. Se corrió hacia atrás en la silla como si necesitara distancia.

—Papá…— Dijo, su voz sonó diferente, más pequeña.— ¿Estás saliendo con un chico?

—Sí.

—Eso es…— Tom sacudió la cabeza, arrugando la nariz.— Eso es asqueroso…

—Tom.

—¡Es asqueroso!— Repitió con más fuerza, y se levantó de la silla.— Mamá apenas lleva un año muerta y ya andas con… con un chico. ¿Qué te pasa?

—Siéntate.

—No quiero sentarme— La voz del niño temblaba ahora, entre el enojo y algo más húmedo que intentaba controlar.— Mamá era la mejor. Era perfecta. Y tú ni siquiera la mencionas. Nunca hablas de ella. Y ahora resulta que tienes un… un novio.

La última palabra la dijo como si quemara.

Thomas lo miró en silencio, dejándolo terminar.

Tom tenía los puños apretados a los costados, los ojos brillantes pero la mandíbula firme. Se parecía tanto a su madre en ese momento que Thomas tuvo que apartar la mirada un segundo.

—¿Va a vivir aquí?— Preguntó con voz tensa.

—No hemos hablado de eso.

—Que no venga aquí— Dijo Tom, y fue casi una advertencia.— Esta es la casa de mamá y de nadie más.

Se colgó la mochila al hombro y caminó hacia la puerta sin esperar respuesta.

Thomas se quedó solo en la cocina, con el café enfriándose frente a él.

&

Esa tarde, cuando fue a recoger a Bill a la universidad, no dijo nada durante los primeros minutos del trayecto.

Bill lo notó de inmediato. Lo notaba siempre.

—¿Estás bien?— Preguntó con voz suave.

Thomas suspiró, con los ojos fijos en la carretera.

—Tom sabe.

Bill se giró hacia él.

—¿Qué pasó?

—Vio mi teléfono anoche. Esta mañana me preguntó quién eras.

—¿Él está bien…?

—Se enojó— Admitió

Bill asintió despacio, sin decir nada todavía.

—Y cuando supo que eras un chico…— Thomas hizo una pausa.— No le gustó.

El silencio duró unos segundos.

—Tiene doce años— Dijo Bill finalmente, con una calma que Thomas no esperaba.— Perdió a su madre hace un año. Es normal que reaccione así.

—Lo sé, pero…

—No tienes que defenderme de él, Thomas— Interrumpió suavemente.— En serio. Tom tiene razones para estar enojado.

Thomas lo miró de reojo.

—¿No te molesta?

—Me entristece— Dijo con honestidad.— Pero no me molesta. Es un niño que extraña a su madre y que sabe que su padre ha estado distante. Eso duele mucho.

Apretó el volante.

El azabache miró por la ventana.

—Dale tiempo. No me conoce. Solo sabe que existo porque estamos saliendo. Para él, eso es todo lo que soy por ahora.

Thomas no respondió, pero su mano encontró la de Bill sobre el asiento y entrelazó sus dedos.

El pelinegro apretó su mano en silencio.

Afuera empezaba a llover otra vez.

La lluvia empezó a golpear el parabrisas con más fuerza. El limpiaparabrisas se movía de un lado a otro, marcando el ritmo del silencio dentro del auto.

Bill observó el movimiento unos segundos antes de hablar otra vez.

—Pero tú también tienes que hacer algo.

—¿A qué te refieres?

—A Tom no solo le duele que estés saliendo con alguien— Dijo con suavidad.— También le duele sentir que te está perdiendo.

—No lo estoy perdiendo.

—Tal vez él siente que sí.

El comentario quedó flotando en el aire.

—Antes de todo eso— Continuó— Tú eras su mundo. Su papá, su compañero, su héroe que siempre estaba ahí.

Apretó un poco más el volante.

—Sigo estando.

Bill negó con la cabeza con suavidad.

—No de la misma forma.

El mayor se quedó en silencio.

La lluvia seguía cayendo, más densa.

—Vuelve a ser su papá. El de antes. El que tenía tiempo para él. Si Tom siente que aún estás ahí, entonces tal vez algún día pueda aceptar que también estoy yo.

Thomas, por un momento, no dijo nada. Luego asintió apenas.

—Tienes razón.

La lluvia seguía cayendo. Pero dentro del auto, el silencio ya no pesaba tanto.

&

Esa noche, Tom tardó mucho en dormirse.

Estaba acostado boca arriba, mirando el techo de su habitación mientras la lluvia seguía cayendo afuera. La casa estaba en silencio, excepto por el golpeteo suave del agua contra las ventanas.

Su padre había llegado temprano.

Muy temprano.

Algo que casi nunca pasaba.

Incluso había tocado la puerta de su cuarto un rato después.

Tom recordaba la forma en la que se había quedado en el marco de la puerta, un tal incómodo para él.

—¿Quieres jugar un rato?— Había preguntado, señalando la consola del televisor.

Tom lo había mirado apenas desde la cama.

—No.

La respuesta había salido rápida, seca.

Thomas solo había asentido.

—Está bien. Buenas noches, Tom.

Y se había ido.

Tom frunció el ceño contra la almohada.

Era raro. Muy raro de él.

Su padre no solía proponer cosas así últimamente. Antes sí. Antes jugaban juntos, o veían películas hasta tarde los fines de semana. Pero desde que su madre había muerto, esas cosas habían desaparecido.

Y en ese momento, de repente, llegaba temprano y le preguntaba si quería jugar.

Se acomodó de lado en la cama.

Cerró los ojos.

Y el nombre volvió a su cabeza.

Bill.

Arrugó la nariz.

Seguro era horrible.

En su mente apareció la imagen de un hombre grande, con barba desordenada y cara de pocos amigos. De esos que parecen gruñir en lugar de hablar. Tal vez con una chaqueta vieja de cuero y el cabello largo, grasoso.

Frunció más el ceño.

Sí. Seguro era así.

Un tipo raro que decía cosas ridículas como «mi amor» y «te extraño».

Apretó la almohada contra su pecho.

Bill.

El nombre seguía sonando extraño en su cabeza.

Suspiró con fastidio.

Seguro también era aburrido. O peor: de esos adultos que intentan caerle bien a los niños con bromas tontas.

Tom enterró la cara en la almohada.

Definitivamente no quería conocerlo.

Y si ese tal Bill pensaba que podía venir a su casa, sentarse en la mesa de su madre y actuar como si nada… estaba muy equivocado.

Con ese último pensamiento, finalmente se quedó dormido.

Sin saber que Bill no se parecía en nada al hombre que acababa de imaginar.

&

El reloj de abajo marcó las once con un sonido bajo, casi apagado. La lluvia continuaba cayendo con paciencia, como si no tuviera prisa por terminar.

Thomas seguía despierto.

Estaba acostado de lado en su cama, con el teléfono en la mano, mirando la pantalla iluminada en la oscuridad del cuarto. El mensaje de Bill seguía abierto.

¿Ya hablaste con Tom?

El hombre había leído esas palabras varias veces sin responder.

Le dolía la cabeza.

Pensaba en Tom, en la mirada dura que le había dirigido esa mañana, en las palabras que había usado.

Suspiró y se frotó el rostro con una mano.

Sabía que Bill tenía razón. Tom estaba enojado, confundido, todavía lastimado por la pérdida de su madre. Todo eso era verdad.

Después de un momento, escribió una respuesta.

Tom todavía está enfadado.

Envió el mensaje y dejó el teléfono sobre la mesa de noche.

Apagó la luz y se acomodó.

El sonido de la lluvia lo acompañó hasta que, poco a poco, también se quedó dormido.

Continúa…

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por ZenTortugaHua

Escritora del Fandom

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