
Fic TOLL de ZenTortugaHua
Capítulo 4
Thomas estaba en su oficina revisando unos documentos cuando su teléfono sonó. Al ver el nombre en la pantalla, frunció el ceño ligeramente.
No había hablado con él desde la cena en su casa desde hacía dos semanas. Dos semanas en las que Thomas ya había besado a Bill dos veces y no había podido dejar de pensar en él ni un solo segundo.
Contestó con cierta cautela.
—¿Andreas?
—Thomas Kaulitz— La voz de Andreas sonaba seria, pero había un tono juguetón debajo.— Tenemos que hablar.
El estómago de Thomas se hundió.
—¿Sobre qué?
—Oh, no te hagas el tonto conmigo, amigo— Andreas soltó una risa.— Sé todo.
Thomas se quedó paralizado.
¿Cómo? ¿Bill le había contado?
—Andreas, yo…
—Bill me lo contó— Confirmó Andreas, y Thomas pudo escuchar cómo encendía un cigarrillo al otro lado.— Me dijo que se besaron. Dos veces.
—Andy, yo puedo explicar…
—No necesitas explicar nada— Interrumpió Andreas, y su tono se volvió más serio.— Mira, Thomas. Bill es mi hermano menor. Mi único hermano. Lo he cuidado toda su vida. Y no voy a mentirte, cuando me lo contó, mi primera reacción fue querer partirte la cara.
Thomas tragó saliva.
—Pero…— Continuó Andreas.— También sé que eres un buen hombre. Te conozco desde hace años. Sé que has pasado por mucho. Y… vi cómo mirabas a Bill. Y cómo él te miraba a ti.
—Andreas…
—Lo que quiero decir es…— Andreas hizo una pausa.— Te doy mi bendición. Puedes salir con mi hermano. Aunque…— Otra pausa— verdaderamente sí eres muy viejo para él y yo estoy loco al permitirte esto.
Thomas sintió un alivio inmenso recorrerle el pecho. No se ofendió por lo último cuando sabía que era cierto.
—¿En serio?
—Sí. Pero con condiciones— La voz de Andreas se volvió amenazante.— Me cuidas a mi hermano, ¿entiendes? Lo tratas bien, lo respetas. Y cuidadito y le hagas algo indebido sin su consentimiento o te juro por Dios que te rompo las piernas, viejo amigo o no.
Thomas no pudo evitar sonreír ante la protección feroz de Andreas hacia Bill.
—Te lo prometo, Andy. Lo cuidaré.
—Más te vale— Gruñó Andreas.— Y otra cosa: ya que están saliendo, ve a traerlo a la universidad. No quiero que mi hermanito ande en autobús cuando tiene un novio rico con auto.
Thomas se rió.
—Está bien. Iré por él.
—Bien. Nos vemos, Thomas. Y recuerda: lo cuidas o te las verás conmigo.
La llamada terminó y Thomas se recostó en su silla, con una sonrisa enorme en el rostro. Tenía la bendición de Andreas. Podía ver a Bill sin culpa.
&
A las cuatro en punto, Thomas estacionó su auto frente a la universidad. Su corazón latía con anticipación mientras esperaba, y sus dedos tamborileaban nerviosamente sobre el volante.
Bill salió, y Thomas sintió que se le cortaba la respiración.
Vestía completamente de negro, como siempre, pero esta vez era… diferente. Llevaba un abrigo corto que le llegaba apenas a medio muslo, dejando al descubierto unas piernas enfundadas en medias negras semi—transparentes que se perdían dentro de unas botas altas con hebillas plateadas. Debajo del abrigo apenas se adivinaba una falda negra corta.
Thomas sintió su pantalón apretarse incómodamente. Una erección comenzaba a formarse solo de ver a Bill caminar hacia el auto con ese andar delicado.
Bill lo vio y sonrió, acercándose rápidamente. Thomas salió del auto para abrirle la puerta, intentando disimular su estado.
—Hola— Saludó Bill con voz suave, deslizándose dentro del auto.
—Hola…— Respondió Thomas con voz ligeramente ronca, cerrando la puerta y volviendo a su lugar.
Cuando se sentó, no pudo evitar mirar nuevamente a Bill. Las medias transparentes dejaban ver la piel pálida debajo, y las botas… Dios, esas botas.
—¿Estás bien?— Preguntó Bill, notando cómo Thomas lo miraba.
—Sí… solo que…— Thomas carraspeó.— Te ves… Hermoso.
Bill se sonrojó, bajando la mirada hacia sus manos.
—Gracias…
Thomas arrancó el motor, intentando concentrarse en la carretera y no en cómo las piernas de Bill se veían con esas medias.
—Andreas me llamó— Dijo Thomas mientras conducía.
Bill levantó la vista rápidamente, con los ojos muy abiertos.
—¿Sí?
—Sí. Me dijo que le contaste… sobre nosotros.
—Yo… lo siento— Murmuró Bill.— No pude ocultárselo. Andy siempre sabe cuando algo me pasa.
—No te disculpes— Thomas sonrió.— Me dio su bendición. Dijo que puedo… que podemos vernos.
Los ojos de Bill se iluminaron.
—¿En serio?
—Sí. Aunque también amenazó con romperme las piernas si te hago algo malo.
Bill se rio suavemente, y el sonido hizo que el corazón de Thomas se acelerara.
—Eso suena como Andy.
Llegaron a un semáforo en rojo y Thomas se detuvo. Giró su cabeza hacia Bill, y sus miradas se encontraron. Sin decir nada, Thomas se inclinó y capturó los labios de Bill en un beso suave pero urgente.
Bill respondió de inmediato. Su mano se dirigió hacia la mejilla de Thomas, sosteniéndolo mientras sus labios se movían juntos. Cuando se separaron, ambos estaban sin aliento.
—Te extrañé— Susurró Thomas contra sus labios.
—Yo también…— Respondió Bill.
La luz cambió a verde y Thomas tuvo que apartarse para seguir conduciendo, pero su mano encontró la de Bill, entrelazando sus dedos.
—Eres tan hermoso— Dijo Thomas de pronto, viéndolo, sin poder contenerse.— No puedo dejar de mirarte.
Bill se sonrojó intensamente, apretando la mano de Thomas.
—Tú también eres muy guapo…
Thomas sonrió, sintiendo mariposas en el estómago como un adolescente enamorado.
Llegaron a otro semáforo y se repitió la escena. Beso suave, urgente, lleno de deseo contenido. Las manos de Thomas se movieron hacia la cintura de Bill, atrayéndolo más cerca en el espacio limitado, mientras Bill suspiraba contra sus labios.
—Thomas…— Murmuró Bill cuando se separaron.
—¿Sí?
—¿A dónde vamos?
Thomas sonrió.
—¿Quieres ir a cenar? Solos. Solo tú y yo.
Los ojos de Bill brillaron con emoción.
—Sí… me gustaría mucho.
&
Thomas llevó a Bill a un restaurante elegante pero discreto en el centro de Stuttgart. No era demasiado ostentoso, pero tampoco era cualquier lugar. Quería que Bill se sintiera especial.
Se sentaron en una mesa apartada, cerca de la ventana. Bill miraba el menú con los ojos muy abiertos, claramente impresionado por los precios y la elegancia del lugar.
—Thomas, esto es muy caro…
—No te preocupes por eso— Respondió Thomas con una sonrisa.— Pide lo que quieras.
Bill lo miró con gratitud y finalmente eligió algo simple. Thomas pidió lo mismo, más interesado en observar a Bill que la comida.
Hablaron de todo y nada. Bill le contó sobre sus clases. Thomas le habló sobre su trabajo, aunque omitió muchos detalles aburridos, más enfocado en hacer reír a Bill con anécdotas graciosas.
—¿Y cuándo supiste que querías ser maestro?— Preguntó Thomas, tomando un sorbo de su vino.
—Desde pequeño— Respondió Bill con una sonrisa nostálgica.— Siempre me gustaron los niños. Son tan… puros. Tan honestos…
Thomas sonrió, imaginándose a Bill rodeado de niños pequeños. A él y a Bill… Con niños… Suyos…
—Serás increíble en eso.
—Espero…— Bill bajó la mirada.— A veces me preocupa no ser lo suficientemente bueno.
—Lo serás— Afirmó Thomas con convicción.— Eres amable, paciente, inteligente. Los niños te amarán.
Bill se sonrojó ante los cumplidos.
La comida llegó y comieron entre conversaciones ligeras y miradas prolongadas. Cada vez que sus ojos se encontraban, el aire entre ellos se cargaba de electricidad.
Entonces el teléfono de Thomas sonó. Miró la pantalla y frunció el ceño. Tom.
—Disculpa— Se disculpó con Bill antes de contestar.— ¿Tom?
—Papá… ¿Por qué no has venido a casa?
Thomas miró su reloj. Las ocho de la noche. Normalmente ya estaría en casa a esta hora.
—Estoy… cenando, Tom. Tenía una reunión de trabajo.
Mintió, y la culpa lo golpeó inmediatamente.
—Oh…— Tom se quedó en silencio por un momento.— ¿A qué hora vendrás?
—Pronto. En una hora más o menos. ¿Estás bien?
—Sí…
—¿Cenaste?
—Mn
—Está bien. Llego pronto, ¿sí?
—Sí… Adiós, papá.
—Adiós, Tom.
La llamada terminó y Thomas dejó el teléfono sobre la mesa, suspirando pesadamente. Bill lo miraba con expresión comprensiva.
—¿Tu hijo?
—Sí…
—Deberías ir— Dijo Bill suavemente.— Te necesita.
—Lo sé…— Thomas tomó la mano de Bill sobre la mesa.— Pero también quiero estar aquí contigo.
Bill sonrió tristemente.
—Yo también quiero que estés aquí. Pero Tom es tu prioridad. Y está bien.
Thomas apretó su mano, sintiendo una mezcla de gratitud y culpa.
—Eres demasiado comprensivo.
—Es porque entiendo— Respondió Bill.— Los niños necesitan a sus padres. Especialmente cuando están pasando por algo difícil.
Thomas sonrió, admirando una vez más la madurez de Bill.
Terminaron de cenar y Thomas pagó la cuenta a pesar de las protestas de Bill. Salieron del restaurante y caminaron hacia el auto bajo la luz de las farolas.
Durante el trayecto, siguieron conversando. Thomas le contó más sobre Tom, sobre cómo era antes de que su madre muriera: alegre, risueño, lleno de energía.
—Suena como un niño increíble— Comentó Bill.
—Lo es. O lo era…— Thomas suspiró.— Ahora es solo… silencio y distancia.
—Volverá a serlo— Aseguró Bill.— Solo necesita tiempo. Y saber que lo amas.
Thomas lo miró, sintiendo su pecho apretarse con emoción.
—¿Cómo es que tienes solo dieciocho años y hablas como si tuvieras cincuenta?
Bill se rió.
—Andy dice lo mismo.
Finalmente llegaron a la casa de Andreas y Bill. Thomas se estacionó y ambos bajaron del auto. Antes que tocaran la puerta, esta se abrió.
Andreas apareció en el umbral, con un cigarrillo colgando de sus labios y una expresión burlona en el rostro.
—Vaya, vaya…— Dijo, exhalando humo.— Miren quién llegó.
—Andy…— Murmuró Bill, sonrojándose inmediatamente.
Andreas los examinó de arriba a abajo con una sonrisa traviesa.
—¿Se divirtieron en su cita?
—Andreas…— Advirtió Thomas, pero no pudo evitar sonreír.
—¿Qué? Solo pregunto— Andreas se encogió de hombros.— Bill, ¿te trató bien?
—Sí…— Respondió Bill en voz baja.
—¿Te compró cosas caras?
—¡Andy!— Bill lo regañó, completamente rojo.
Andreas se rió y le dio una palmada en el hombro a Thomas.
—Está bien, está bien. Los dejo solos— Antes de entrar se detuvo.— Pero nada de cochinadas en mi puerta, ¿eh?
—¡Andreas!— Gritó Bill, mortificado.
Andreas entró a la casa riendo, dejándolos solos.
Thomas y Bill se miraron, y ambos se rieron suavemente.
—Lo siento por él…— Se disculpó Bill.
—No te preocupes— Thomas dio un paso más cerca.— Es protector. Me gusta eso.
—Yo… la pasé muy bien esta noche.
—Yo también…— Thomas levantó su mano y acarició la mejilla de Bill.— ¿Puedo besarte?
—Sí…— Susurró Bill.
Thomas se inclinó y capturó los labios de Bill en un beso profundo, mucho más intenso que los anteriores. Su lengua rozó el labio inferior de Bill, pidiendo permiso, y Bill abrió la boca, dejándolo entrar.
El beso se volvió hambriento, casi desesperado. Las manos de Thomas bajaron hacia la cintura de Bill, atrayéndolo completamente contra su cuerpo. Bill emitió un gemido suave que hizo que Thomas perdiera un poco el control.
Sus manos subieron por debajo del abrigo, sintiendo la tela de la falda, la suavidad de las medias en sus muslos. Bill tembló bajo su toque, aferrándose a los hombros de Thomas para mantenerse de pie.
—Thomas…— Jadeó Bill cuando se separaron apenas para respirar.
—Eres tan perfecto…— Murmuró Thomas contra sus labios, y sus manos exploraron con más atrevimiento.— Tan hermoso…
Volvieron a besarse, y esta vez Thomas presionó ligeramente sus caderas contra las de Bill, dejándole sentir su erección. Bill jadeó contra su boca, sorprendido pero no asustado.
—Lo siento…— Murmuró Thomas.— Es que… me vuelves loco.
—No… no te disculpes…— Bill estaba completamente sonrojado.— Yo también… yo también siento cosas…
Thomas gruñó suavemente y volvió a besarlo. Sus manos apretaron las caderas de Bill, queriendo más, pero sabiendo que tenían que detenerse.
Finalmente se separaron, ambos sin aliento y con los labios hinchados.
—Debería irme…— Dijo Thomas, aunque no quería.
—Sí…— Bill asintió, aunque tampoco quería que se fuera.
Se miraron un momento más, y Thomas le dio un último beso suave en los labios.
—¿Te veo mañana?
—Sí…— Bill sonrió— Mañana.
Thomas se apartó lentamente, caminando hacia su auto mientras Bill se quedaba ahí, mirándolo con una sonrisa tímida en el rostro.
Cuando Thomas arrancó el motor, Bill agitó la mano en despedida y finalmente entró a la casa.
Thomas condujo de regreso a casa con una sonrisa enorme. Sentía su cuerpo vibrar todavía por los besos. Su mente llena de Bill.
Cuando llegó, Tom ya estaba dormido en el sofá frente al televisor. Thomas lo observó un momento, sintiendo culpa nuevamente, pero la apartó.
Ya hablaría con él.
Continúa…
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