Mi dulce recuerdo 23

Fic TOLL de ZenTortugaHua

Capítulo Final

Aquel día, Andreas murió en su cama mientras dormía con una sonrisa serena que nadie ni él supo.

El médico diría después que había sido un final tranquilo, sin sufrimiento, como si el cuerpo simplemente hubiera decidido descansar después de haber resistido todo lo que pudo.

Quienes lo conocían jamás supieron que unas horas antes, había vivido exactamente aquello que más había deseado desde que recibió el diagnóstico.

Había ido al hospital. Conoció a Nick y a Nikki. Los sostuvo con el cuidado y amor de un tío, temiendo romperlos por lo pequeños que eran. Había visto a Bill convertido en madre y había contemplado la felicidad más grande que jamás había visto en el rostro de su hermano menor.

Se marchó con el corazón lleno como si la vida le hubiera concedido, antes del final, el último regalo que llevaba meses esperando.

Cuando la noticia de su muerte llegó al hospital, Bill simplemente no lo creyó.

Durante unos segundos, las palabras dejaron de tener significado, como si alguien las hubiera pronunciado en un idioma desconocido.

Andreas no podía haber muerto. Lo había visto unas horas antes. Lo había visto sonreír. Cargó a sus sobrinos. Y prometió volver a verlos. Todo eso seguía demasiado presente como para aceptar que ya pertenecía al pasado. Pero la realidad terminó alcanzándolo con una violencia imposible de contener.

El llanto escapó de su pecho con una fuerza desesperada, quebrándolo por completo.

Sin pensar en el dolor de su propio cuerpo ni en el parto tan reciente, intentó levantarse de la cama de inmediato, movido únicamente por la necesidad irracional de llegar hasta su hermano, como si todavía existiera algo que pudiera cambiar.

No importó el cansancio ni las recomendaciones médicas. Solo existía ese vacío insoportable que acababa de abrirse dentro de él.

Thomas consiguió sostenerlo antes que pudiera hacerse daño. Lo abrazó con toda la fuerza que fue capaz de reunir, resistiendo cada intento desesperado de Bill por soltarse mientras el llanto seguía desbordándose sin control.

Era un dolor demasiado grande para las palabras, demasiado reciente para encontrar consuelo.

Poco a poco el agotamiento terminó imponiéndose sobre la desesperación.

El cuerpo del azabache dejó de luchar y simplemente se desplomó entre los brazos de su esposo, completamente vencido por el cansancio físico y por una tristeza que parecía no tener fondo.

Se quedó dormido aferrado a Thomas, con el rostro húmedo por las lágrimas.

Los médicos decidieron prolongar su estancia en el hospital algunos días más. Su recuperación ya no dependía únicamente del parto, sino también del estado en el que aquella pérdida lo había dejado.

Los bebés permanecieron bajo el cuidado del personal y de su padre durante el tiempo necesario, mientras su madre intentaba encontrar la fuerza para levantarse de nuevo.

Había recibido a sus hijos el mismo día en el que la vida comenzaba a despedir para siempre la persona que más había amado después de ellos.

Bill no había podido asistir al velorio. Su cuerpo todavía estaba recuperándose del parto y los médicos no habían permitido que abandonara el hospital. Thomas había ido solo. Había permanecido allí durante horas, en silencio, cumpliendo la promesa que nadie le pidió hacer.

Pero al entierro, definitivamente sí llegó aunque no estuviera del todo bien.

Ese día el cielo estaba cubierto por una capa de nubes grises que apagaban los colores del cementerio.

El viento recorría los senderos con una suavidad constante, levantando apenas el velo negro que cubría el rostro del azabache.

Bajo aquella tela fina, las lágrimas no habían dejado de caer desde que comenzó la ceremonia.

Las dos carreolas descansaban una junto a la otra.

Los gemelos dormían ajenos a todo.

Envuelto cada uno en su pequeña manta, respiraban con la tranquilidad absoluta de quienes acababan de llegar al mundo.

Su madre mantenía una mano apoyada sobre las dos carreolas, como si necesitara sentir que seguían allí.

Thomas permanecía a su lado. Tom, al otro. Ninguno decía una sola palabra.

Y Bill no podía dejar de mirar el ataúd. Las preguntas regresaban una y otra vez sin encontrar respuesta.

¿Por qué?

¿Por qué él?

¿Por qué no le había dicho que estaba tan mal?

¿Por qué había preferido escuchar los planes de los bebés antes que hablar de sí mismo?

¿Por qué había cargado a Nick y a Nikki como si todavía les quedara todo el tiempo del mundo?

El viento volvió a mover el velo. Las lágrimas continuaban cayendo en silencio.

Tom observaba la escena con una expresión serena, alejada de la frialdad con la que tantas veces enfrentaba el mundo, pero también distinta al llanto de los demás. Permanecía inmóvil, con las manos unidas frente a él y la mirada fija en la tumba.

Su padre tampoco lloraba.

Su rostro estaba tenso, sus ojos enrojecidos por noches sin dormir y por una pérdida que también sentía profundamente.

Permanecía junto a Bill sin apartarse ni un instante, atento incluso a su respiración.

La primera pala de tierra cayó sobre el ataúd. El sonido fue seco. Después cayó otra. Consecutivamente.

Cada golpe parecía romper algo dentro del pelinegro. Sentía que el aire desaparecía de sus pulmones.

Negó con la cabeza una y otra vez, incapaz de seguir mirando.

No pudo más; se giró de inmediato, buscando a Thomas con la desesperación de un niño que acababa de perder el único lugar seguro que conocía.

Su esposo reaccionó antes que llegara a él.

Lo atrajo con firmeza hacia su pecho y lo sostuvo con ambos brazos.

Su chico terminó de derrumbarse allí.

El llanto que había intentado contener desde que salió del hospital volvió con toda su fuerza. Sus manos se aferraron a la ropa de Thomas mientras su cuerpo temblaba sin control.

El mayor lo abrazó todavía más fuerte.

Con una infinita delicadeza, inclinó la cabeza y depositó un beso sobre su cabello oscuro.

—Todo va a estar bien…— Susurró

Pero Bill siguió llorando, abrazado a él, mientras el viento continuaba moviendo su velo y, detrás de él, la tierra terminaba de cubrir para siempre la tumba de Andreas.

F I N

Gracias por la visita. Te invitamos a leer el epílogo.

por ZenTortugaHua

Escritora del Fandom

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