Notas: Esta traducción fue publicada originalmente en thficcion por JJ Carpe.

Fic original de Buyyouadrank. Traducción de JJ Carpe / Twincestoxa
Capítulo 1: El hombre de plástico en la ventana
Tom se quedó mirando al maniquí de la vitrina en la tienda.
Era simplemente hermoso; era alto, un hombre delgado, su piel brillante de color blanca lechosa bajo las luces de la tienda, y tenía el pelo largo, negro, y elegantemente en punta. La «piel» de alrededor de sus ojos estaba cubierta de negro, sólo mejorando el resto de su cara de plástico. Sin embargo, si Tom no supiera que el hombre de pie frente a la ventana estaba hecho de plástico, podría haber jurado que era real. Su piel lucía suave y palpable a pesar de estar realmente dura, fría y brillante.
Lo que realmente traicionaba la verdadera identidad del maniquí eran sus ojos. Toda su creación era tan real que Tom pensó que podría moverse en cualquier momento, a excepción de los ojos. Los ojos eran claros caramelo, brillantes de aspecto vítreo, y carentes de vida.
—¿Tomi, cariño? —Tom saltó y se estremeció cuando se volvió para mirar a su madre con los ojos muy abiertos. Simone le sonrió amablemente. Se apartó un rizo rojo de su dulce cara ovalada y se acercó a su hijo. Ella puso una mano suave en la parte superior de su mano, acariciando suavemente su largo y sucio cabello rubio. Tom había empezado a dejarse crecer el cabello y dejó de peinarlo en un intento de hacerse rastas—. Cariño, David dice que tiene algunos comics en su oficina. ¿Te gustaría eso? —preguntó Simone a su hijo de ocho años.
Tom sacudió la cabeza en silencio, volviendo la atención hacia el hombre de plástico en la ventana. Simone siguió su mirada, levantando una ceja cuando vio a su hijo mirando al maniquí que estaba modelando los últimos diseños de Jost. Se preguntó por qué estaba tan cautivado por él, normalmente Tom se abalanzaba hacia los cómics a la primera oportunidad que tenía. Simone suspiró y se inclinó para besar la parte superior de la cabeza de Tom antes de volverse hacia Jost.
—¿Vendrá? —preguntó Jost, sacudiendo entre sus manos una vieja copia de ‘Spider-Man’.
Simone sacudió la cabeza.
—Tenemos mucho trabajo que hacer antes de irnos —Simone sonrió con tristeza.
Jost asintió.
Como un diseñador de moda de ir y venir, Jost finalmente había ahorrado suficiente dinero para abrir su propia tienda. No podría haberlo hecho sin la ayuda de Simone, que no sólo era su sastre, sino también su mejor amiga. Sin embargo, Simone había sido recientemente abandonada por su marido Jorg, y actualmente estaba embarazada de su novio Gordon. Ella y Tom se trasladarían a Austria después del nacimiento del bebé quien estaba a tan sólo unas semanas de ser concebido. Jost suspiró profundamente inclinándose para empezar a sacar toda la ropa de las cajas. Se había gastado el último centavo que tenía en la compra de la propiedad, y ahora se iba a quedar solo, sin Simone para consolarlo en sus momentos más difíciles.
Después de una hora de trabajo, Simone dejó escapar un suspiro pesado completamente agotada, y se hundió en una silla abanicándose con las manos. Jost le lanzó una sonrisa de disculpa antes de acercarse a la ventana donde se encontraba Tom de pie, todavía encantado por el maniquí.
—Hey, Tom —Jost juguetonamente acarició al niño en la cabeza, destellando una sonrisa—. ¿Qué estás haciendo? —estaba sorprendido de que un niño de ocho años de edad, en lugar de una explosión de energía, estuviera en silencio mirando a un objeto inanimado y aburrido.
—Nada —respondió Tom sin apartar los ojos del maniquí.
—¿Te gusta la ropa? —sonrió Jost—. Es parte de mi nueva colección de otoño. Te dejaré probarte algunas prendas, em… cuando estés más grande —bromeó. Tom le devolvió la sonrisa, incluso riendo en voz baja antes de negar con la cabeza—. ¿No? ¿No te gusta la ropa? —Jost hizo un puchero, fingiendo estar herido.
—¡No, tonto! —rio Tom— ¡No estoy mirando la ropa!
—Entonces, ¿qué?
—Estoy mirándolo a él.
—¿Él?
—El hombre de plástico en la ventana.
Jost parpadeó mirando a Tom por un momento, un poco desconcertado. Luego volvió a centrar su atención completamente en el maniquí, frunciendo el ceño pensativo. El maniquí no era diferente a docenas de otros, tenía los mismos ojos brillantes y muertos, la misma superficie fría y dura, y el mismo porte espeluznante. Jost nunca habría pensado que un maniquí podría ser tan interesante para nadie. Jost se rio en voz baja, recordando algo.
—¿Quieres oír algo gracioso, Tom?
Tom finalmente apartó la mirada del maniquí por un momento, con los ojos brillantes en Jost mientras asentía con rapidez.
—Bueno —comenzó Jost sentándose y cruzando las piernas para que su cabeza estuviera en el mismo nivel que el de Tom— Compré el maniquí cuando estaba en Egipto. Sabes dónde está, ¿no?
—¿En el desierto? —Tom arrugó la nariz, tratando de recordar lo que había aprendido sobre el lugar llamado Egipto cuando estaba en la escuela.
—Así es —Jost asintió—. Yo estuve ahí hace ocho años de vacaciones. Verás, este anciano estaba vendiendo todo lo que tenía porque se estaba mudando. Él me dio el maniquí de forma gratuita porque realmente quería tirarlo a la basura. Me contó una historia muy divertida sobre el maniquí antes de obsequiármelo.
—¿Cuál? —Tom le preguntó con impaciencia.
Jost se echó a reír, sacudiendo la cabeza con incredulidad.
—Me dijo que una vez cada dieciocho años, ¡el maniquí se despierta!
—Whoa —los ojos de Tom se abrieron como platos y miró al maniquí con incredulidad—. ¿Por qué no se despierta ahora? —frunció el ceño con decepción.
—Hay mucho más en la historia —añadió Jost, contento de ver que su historia era tan impresionante para alguien—. Cuenta la leyenda que este maniquí cuando se despierta, tiene hasta la luna llena para encontrar al verdadero amor. Si no lo encuentra se vuelve de plástico durante otros dieciocho años más. Sólo puede permanecer como un ser humano si encuentra un amor real. Estupendo, ¿eh?
Tom sacó la lengua, la cara arrugada.
—Ew, ¡eso es muy cursi!
—¿No crees en el amor verdadero?
Tom negó con la cabeza e hizo una mueca.
—Las niñas son estúpidas
—Créeme pequeño, existe el amor real —Jost le revolvió el pelo a Tom, quedando sus dedos atrapados en la maraña.
—Entonces, ¿cómo es que no tienes novia? —Tom arqueó las cejas al hombre mayor.
La boca de Jost estaba abierta. Él no se esperaba aquello y no estaba completamente seguro de cómo responder. Guardó silencio, echó una mirada nostálgica hacia Simone, posando sus ojos en el rebote suave de su pelo rizado de color rojo y la curva de su vientre. Él suspiró y se puso de pie, acariciando suavemente el hombro de Tom.
—¿Extrañarás Alemania? —Preguntó Jost, cambiando de tema.
Tom ya no estaba fascinado por el maniquí más, nunca había sido de los que creen en fantasías y cuentos de hadas.
—Mamá dice que hablan alemán en Austria —Tom se encogió de hombros— Y Gordon me prometió que me va a enseñar a tocar la guitarra.
—¿Quieres tocar conmigo algún día? —sonrió Jost.
Tom asintió lentamente, una sonrisa extendiéndose por su rostro mientras trataba de imaginarse a sí mismo todo crecido, como una famosa estrella de rock que podía tocar la guitarra mejor que nadie en el mundo entero.
Cuando Tom volvió a entrar en la tienda diez años más tarde, ésta lucía exactamente igual que cuando lo había dejado. Todo estaba en desorden, había un montón de cajas por todos lados, Jost estaba luchando para tener todo listo y por supuesto ahí estaba el maniquí. El hermoso hombre de plástico en la ventana.
—¿Tom? ¿Estás aquí? —la voz de Jost llamó desde una habitación en la parte trasera.
—¡Sí! —contestó Tom.
Jost se dirigió a la parte delantera de la tienda, abriendo mucho los ojos al ver al hombre alto con rastas frente a él. La última vez que había visto a Tom medía la mitad de su altura, tenía desordenado y enredado el cabello rubio y sus ojos color chocolate tenían una racha de picardía. Ahora Tom era más alto que él. Tenía los mismos ojos juguetones y el mismo pelo rubio, pero ahora llevaba sus largas rastas metidas debajo de una gorra, y había un arete atravesando su labio.
—Es increíble cómo alguien puede cambiar en diez años, ¿eh? —Jost murmuró mientras abrazaba a la ligera a Tom, quien siempre había sido como un hijo para él.
—No has cambiado —señaló Tom, sonriendo descaradamente a Jost. Era cierto; Jost tenía la misma cara, el mismo pelo, la misma ropa, todo. Sólo que ahora sus ojos brillaban de felicidad y riqueza mientras que antes estaban tan agravados por la decepción y la lucha.
—Créeme, he cambiado —Jost le guiñó un ojo, palmeando la espalda de Tom—. Así que, ¿cuánto tiempo vas a estar de visita?
—Un poco más de un mes —respondió Tom— Gordon, mamá, y Giselle se quedan con mi abuela, y yo me quedo con un amigo.
—¿Quién es Giselle?
—Mi hermana pequeña —Tom respondió cariñosamente.
—Ah… —Jost asintió lentamente, recordando que la última vez que había visto a Simone, estaba enormemente embarazada. Se había dado cuenta que tenía que dar a luz en algún momento, pero nunca había visto al bebé— Bueno, vamos al grano. Te contraté porque confío en ti, ¿de acuerdo?
—No te preocupes, no voy a quemar tu preciosa tienda —Tom rodó los ojos.
—No lo hagas—dijo Jost en serio. Suspiró, mirando alrededor de la tienda que era su bebé, su creación, y su único y verdadero amor. Si a algo le había puesto su mayor esfuerzo era a esta tienda, y ahora tenía que salir de ella durante dos semanas porque tenía que irse a París para presentar sus nuevos diseños a algunos diseñadores de moda de renombre. Él estaba emocionado como un loco, pero temía salir de su tienda. Sabía que Tom era un buen chico, pero no podía evitar sentir que algo grande estaba a punto de suceder— Saldré pronto… un chofer vendrá a buscarme —Jost suspiró unos minutos más tarde. Metió la mano en el bolsillo y sacó la llave de la tienda y se la entregó a Tom junto con un montón de responsabilidad. Jost miró a su alrededor una vez más aterrizando sus ojos en el maniquí— Antes de que se me olvide… —murmuró. Desapareció en uno de los muchos bastidores de ropa y salió sosteniendo una camisa blanca abotonada y un collar de cadena gruesa.
—¿Qué es eso? —preguntó Tom.
—Es para vestir al maniquí —dijo Jost. Se encaramó a la repisa de la ventana y le puso la camisa al maniquí de cabello negro sin molestarse con los pantalones. Se inclinó torpemente sobre el maniquí para poder colocarle la camisa blanca y enseguida la abotonó, colocándole también el collar sobre su cuello de plástico.
—Creo que realmente recuerdo eso—Tom se quedó mirando al maniquí, acariciando brevemente con el dedo la superficie fría de la espalda antes de que ésta estuviera envuelta con la ropa—. ¿No dijiste que lo conseguiste en Egipto o algo así? ¿Y había alguna leyenda al respecto?
—Ah… te acuerdas más de lo que pensaba —Jost sonrió, saltando fuera de la cornisa— ¿Cómo luce? —dio un paso atrás para admirar el traje que había diseñado. Una simple pero clásica camisa de cuello blanca sobre unos pantalones negros, y un bonito collar para completar el look.
—En realidad se parece a una chica, ahora que lo pienso —Tom murmuró, mirando por encima de la cara de plástico. Sus ojos estaban vidriosos caramelo como recordaba, y sus labios eran carnosos y rosados, debajo de la nariz elegantemente curvada y sus altos pómulos ahuecados.
—Me refiero a la ropa —dijo Jost.
—Eh. No es mi estilo —Tom tiró de su ropa enorme inspirada al estilo hip-hop.
—Por supuesto —respondió secamente Jost, observando la vestimenta de Tom— En realidad, ahora que lo pienso, he tenido este maniquí durante dieciocho años desde que empecé con la tienda —le dio unas palmaditas a su negro cabello negro como de paja cariñosamente— Tal vez la leyenda sea cierta.
Tom se burló.
—Yo no creo en esas cosas —dijo en voz baja, mirando a otro lado del maniquí.
—Su nombre es Bill, por cierto —murmuró Jost.
Tom soltó un bufido.
—¿Le pusiste un nombre a tu maniquí?
—¡Hey, no es sólo un maniquí! Este hombre ha estado aquí conmigo durante todo el viaje. Él es especial —Jost rio, acariciando el pecho del maniquí.
—No se ve como un “Bill”. Es muy normal —Tom arrugó la nariz de la misma manera que cuando era un niño pequeño.
—Es por eso que es perfecto —dijo Jost, cruzando los brazos— Es un nombre común para una cosa extraordinaria. Es coincidente, ¿sabes? Es inesperado. Las cosas son mejores cuando son inesperadas.
—… Supongo.
&
Jost se había ido hace unas horas y Tom estaba vagando sin rumbo por la tienda, mirando a través de los bastidores de ropa, pasando por los baños y familiarizarse con el lugar. Después de todo, estaba a punto de pasar una buena parte de su verano aquí. No pasó mucho tiempo antes de aburrirse, por esa misma razón sacó su teléfono celular preguntándose si debía llamar a su compañero de cuarto, Andreas. Decidió no hacerlo y en su lugar sacó su paquete de cigarrillos, colocando uno entre los labios y lo encendió. Respiró hondo y exhaló el humo, sabiendo que Jost lo habría matado si lo hubiera visto fumar en su preciosa tienda.
De repente, hubo un fuerte ruido en la parte delantera de la tienda. La frente de Tom se frunció y aspiró cuidadosamente, sabiendo que había puesto el cartel de “Cerrado” en la puerta.
—¡Está cerrado! —gritó Tom.
No hubo respuesta. En cambio, hubo otro golpe seco y luego el sonido de bastidores y ganchos que cayeron al suelo.
—¿Qué mierda? —Tom murmuró. Con impaciencia escupió el cigarrillo al suelo de linóleo, aplastándolo con el pie antes de correr a la fuente del ruido. Sus cejas se alzaron cuando vio a un chico desgarbado y pálido en el piso de la tienda, con la espalda vuelta hacia él. El chico llevaba una camisa de cuello blanco y un pantalón negro.
—Hey, ¿estás sordo? —gritó Tom apretando los puños dispuesto a golpear a este chico y enviarlo fuera— La tienda está cerrada. Y ni se te ocurra pensar en salir antes de limpiar este desastre —escupió, mirando por el lugar, ahora caótico. La ropa yacía por todas partes y la mitad de los bastidores estaban boca abajo—. Hey ¡levántate! —Tom le gritó al muchacho que seguía torpemente retorcido en el suelo.
El chico finalmente se dio la vuelta, su cara sosteniendo una expresión de inocente asombro y miraba a Tom con ojos caramelo.
La boca de Tom se dejó caer. Aquel chico era exactamente igual que el maniquí de la ventana.
Continúa…