Fic original de Buyyouadrank. Traducción de JJ Carpe / Twincestoxa

Capítulo 6: ¿Qué sucede?

—¿Te gusta? —Bill se dio la vuelta sosteniendo sus brazos fuera de su cuerpo, con sus cejas arqueadas.

Tom le echó una mirada y se echó a reír, haciendo que el otro chico gimiera y lanzara una almohada hacia él.

—¡Basta! —Bill chilló ruborizado y se sacó la corbata del cuello y se la lanzó a Tom.

Bill se estaba preparando para una cita a ciegas. Después de la mini-crisis con el dedo plástico, Tom había sido invadido por un nuevo sentido de urgencia y estaba decidido a encontrarle a Bill su verdadero amor. Así que allí estaban el viernes por la noche, en la habitación de Tom. Bill vestía un buen traje de primera cita, y había intentado ponerse una corbata. Intentado.

—Aquí —negando con la cabeza lentamente, Tom se levantó de su silla y cogió la corbata que había caído al suelo cerca de sus pies. Estaba atada en un nudo extraño mostrando el pobre intento de Bill. Se tomó un tiempo para desanudarla y obtener de nuevo su forma regular.

—Yo no creo que seas del tipo que lleva corbata —Bill murmuró mientras Tom se paró frente a él. Pasó la tela alrededor de su cuello y debajo de la camisa.

—No lo soy —Tom respondió con suavidad—. Pero hay mucho más en mí de lo que crees.

Los labios de Bill se abrieron y cerró los ojos ante la sensación de calor del aliento de Tom hacia su cuello mientras el otro se inclinaba hacia delante para ajustar la corbata. Claro, estaba desigual y torpemente hecha, pero cuando Bill abrió los ojos y vio su reflejo, su rostro se iluminó.

—¿Tom? —Bill comenzó a meterse con su pelo, agarrando un cepillo de la mesita de noche antes de peinar su cabello negro y largo.

—¿Hmm?

—¿Qué aspecto tiene? ¿Es bonita? —el cepillo se enredó en una maraña y Bill frunció el ceño, sintiendo un mechón de pelo hecho nudo mientras obligaba al cepillo a pasar a través de él de todas formas.

—Estoy seguro de que te gustará.

—¿Iremos al parque?

—No, van a ir a cenar. Te voy a recoger en el parque después, ¿recuerdas? —Tom negó con la cabeza, mirando a Bill en el espejo—. Voy a estar esperando en uno de los bancos, así que apenas termines te vas para allá y me encuentras. Y aquí —abrió un cajón y sacó su billetera buscando en ella— paga por ella —añadió, colocando varios billetes en la mano de Bill.

Bill miró el fajo de billetes y le sonrió.

—Gracias —dijo en voz baja—. ¿Cómo puedo pagarte?

Tom hizo un gesto con la mano en el aire.

—No te preocupes por eso. Sólo céntrate en la cita, ¿de acuerdo? No te olvides de todo lo que te he enseñado.

Bill frunció el ceño, sintiendo el papel arrugándose ligeramente en su mano.

—Yo he sido una carga tan pesada, Tom… Me siento mal, teniendo más dinero tuyo.

Tom suspiró.

Bill, por favor. No hay precio que valga para hacer que te quedes.

Un rubor bastante obvio cruzó el rostro pálido de Bill y asintió con la cabeza en señal de agradecimiento, empujando el dinero en su bolsillo. Pasó el cepillo por el pelo un par de veces más, paseando los ojos de vez en cuando en Tom a través del espejo, y a continuación, dejó el cepillo sobre el buró y se dio la vuelta.

—Estoy listo.

.

Bill llegó al restaurante temprano y jugueteó con anticipación, mordiéndose el labio mientras se paseaba alrededor de la entrada. La anfitriona le miraba con una expresión extraña en su rostro, con ganas de decirle que se quedara quieto durante unos minutos.

—… ¿Bill?

Bill se volvió cuando una voz familiar llegó a sus oídos. Sus labios se abrieron mientras sonreía ampliamente.

—Corina.

—Hey —le echó los brazos delgados alrededor de su cuello, presionando un beso en la mejilla—. No pensé que serías tú.

—Tom tampoco me- me lo dijo —Bill movió el pie nervioso, mirando brevemente por encima del hombro como si estuviera esperando que el adolescente de rastas estuviera allí.

—Bueno, ¡te ves adorable! —ella se rio, tirando de la corbata.

Bill sintió la tela apretándose alrededor de su cuello y forzó una sonrisa en su rostro. Había tenido mariposas antes de la cita, la mayoría por nervios, pero ahora todo su entusiasmo se desvaneció. En los últimos días, Bill había llegado a confiar en Tom cada vez más y recordó lo que había dicho acerca de Corina. Algo en su ser no era tan agradable…

—Bill, ¿estás bien?

—¿Eh? —Bill parpadeó.

—Has estado mirando afuera por unos minutos… ¿estás enfermo?

—Estoy bien —Bill tragó. Se aclaró la garganta, recordando lo que Tom le había enseñado—. Te ves bien —dijo con frialdad, señalando el bonito vestido negro de Corina. Él la miró a la cara esperando su reacción, contento de ver que estaba sonriendo ante el cumplido. Pero sus labios retrocedieron hacia el ceño fruncido cuando realmente miró su cara.

Ella había sido generosa con su maquillaje y su piel estaba apelmazada con polvo en un tono que era más ligero que su tono de piel real. Su rubor se encontraba en un color frambuesa feo, y la sombra de ojos brillaba en sus párpados de manera extraña. La parte más repugnante era su brillo de labios. No es que sus labios no fueran gruesos, pero se había excedido y untado más sobre el labio superior creando un efecto horrible de un labio más regordete. Lo peor es que la mayoría de su labial se encontraba en las comisuras de la boca.

Una vez que se sentaron a la mesa y pidieron aperitivos, Bill vio con asombro y espanto como Corina delicadamente cogió el tenedor, pinchó un poco de ensalada, y lo dirigió hacia la boca. Él observaba, esperando a que ella se ahogara con su brillo labial pero se sorprendió un poco cuando tal cosa no sucedió.

—Veo que estás mirando mis labios —dijo ella tímidamente, dándole un pequeño guiño—. Yo no beso en la primera cita.

Bill casi se atragantó con la lechuga que había estado tragando. No quería pensar en su boca estando cerca de sus labios, aquellos labios que se ahogaban en una capa de gel brillante, llenos de colágeno.

Tal idea no se le ocurrió a Bill, pero la verdad era que Corina en realidad parecía bastante bonita. Pero a medida que la belleza está en el ojo de quien la mira, Bill, que en realidad no quería estar en la cita, sólo se podía fijar en los peores detalles. En algún momento de la noche, una vez que estaban en el postre, Bill comenzó a darse cuenta de lo horrible que había sido. Corina era absolutamente perfecta, bonita, elegante, ingeniosa, y le hizo sonreír. Pero aun así no quería estar allí.

¿Qué hay de malo en mí?, pensó, mirando el mantel de seda mientras Corina hablaba de su viaje al Caribe el verano pasado. Por unos momentos, Bill se preguntó por qué no podía gustarle Corina de la forma en que debería. Él sabía que no era ella, ya que seguramente era el sueño de algún otro chico, quizás más, y llegó a la terrible conclusión de que estaba destinado a una vida sin amor, y quedarse como un maniquí.

—Bill, ¿estás bien? —Corina se había dado cuenta de que su cita estaba contrayendo una mirada sombría en su rostro.

—Estoy bien —Bill gruñó, tirando de su mano cuando Corina puso la suya encima. Suspiró y miró a su alrededor en busca de algún tipo de excusa— Acabo de recordar… que tenía que reunirme con Tom hace unos quince minutos.

Corina se sintió un poco rechazada, sobre todo después de que Bill había retirado la mano. Ella suspiró y se enderezó.

—Entonces supongo que no deberías hacerlo esperar —sonrió tranquilizadoramente.

Bill se despidió de ella sacando el dinero de su bolsillo. Lo dejó caer sobre la mesa y prácticamente salió corriendo del restaurante ignorando las miradas que recibía. Le preocupaba que si se hubiera quedado en esa cita por más tiempo, podría haberse asfixiado.

La verdad era que Tom no iba a reunirse con él sino dentro de una hora entera, así que Bill caminó lentamente hacia el parque preguntándose cómo iba a pasar el tiempo. Suspirando, miró a sus pies mientras lo guiaban a través del camino de ladrillo y árboles.

Esta parte del parque era la más bonita. Había árboles por todas partes y se cernían sobre él, pero no en una especie de manera amenazante. Inclinó la mandíbula hacia arriba mirando el cielo nocturno. Por alguna razón esperaba ver una luna llena, pero la luna era un simple trozo de esta noche, y dejó escapar un suspiro de alivio. Miró la luna que cayó sobre él en los últimos rayos de hojas gruesas.

—¡Bill!

Bill jadeó y saltó, girando alrededor.

—¡T-Tom! —corrió hacia la voz viendo las rastas familiares y abrazó a Tom. Tantas emociones corrían a través de él, se sentía como si fuera a salir volando si no se agarraba de algo.

—No ha ido mal, ¿verdad? —Tom curvó un brazo alrededor del otro chico, con su mano libre para tirar suavemente del pelo de Bill que le obligó a mirarlo—. ¿Estás bien?

—La cita estuvo bien —Bill suspiró poniendo sus manos sobre el pecho de Tom, aún en sus brazos—. Yo sólo… Yo no la amo, Tomi. No la amo y no puedo hacerlo.

Tom hizo una mueca de simpatía y acarició lentamente la melena de Bill.

—Te encontraremos a alguien, Bill. Sólo… no hay que forzarlo.

—No puedo hacer esto, Tom —Bill negó con la cabeza, mirando hacia abajo a sus pies que estaban en medio de Tom—. No es posible encontrar el amor verdadero en un mes. Espera… ¿Tom?

—¿Sí? —la frente de Tom se frunció con preocupación, con las manos en los hombros del otro chico.

—¿Qué haces aquí tan temprano? —Bill alzó una ceja, tirando un poco hacia atrás para ver la cara de Tom bajo la luz de la luna delgada. Si no hubiera sido por las farolas, no habría sido capaz de ver el rostro del otro en absoluto. Pero bajo todas las sombras, había una cierta oscuridad, cierta sombra proyectada hacia el rostro del rubio que era muy halagadora. Bill no podía apartar los ojos de él.

—Sólo paseaba por el parque —Tom sonrió, deslizando una mano hasta la cadera de Bill, apretándolo.

—¿En la oscuridad? ¿Sólo tú?

—No estoy solo ahora, ¿verdad?

Bill se rio de eso. Había salido de los brazos de Tom y sin decir palabra comenzaron a caminar por el camino estrecho de lado a lado.

Cuando Bill se quedó inmóvil y silbó, agachándose y agarrando su cuello, el corazón de Tom comenzó a latir con fuerza.

—¿Bill? ¿Qué te sucede? —se arrodilló frente al otro chico, sosteniendo sus hombros.

—Es… mi cuello —dijo Bill entre dientes, gimiendo.

Tom frunció el ceño, tiró rápidamente la corbata aflojándola y se apresuró a desabrochar los botones de la parte superior de la camisa de Bill. Sacó el cuello hacia abajo, abriendo mucho los ojos al ver la piel de la base del cuello de Bill que se extendía por encima de su clavícula. La piel ahora era un parche de plástico, frío, duro y brillante bajo la luz tenue.

—Duele —Bill susurró, cerrando los ojos con fuerza—. Nunca me había lastimado antes —sus dedos tanteaban por la piel afectada y se quejó en voz alta cuando Tom le agarró la mano, apartándola.

—Cálmate —dijo el hombre con rastas en voz baja, tratando de calmar a ambos en el suelo. Estaba débil y su corazón se sentía como si se hubiera partido en dos, Bill atrapado entre dos seres físicos—. Vas a estar bien.

—No —Bill negó con la cabeza, aspirando con fuerza—. Es que… me duele tanto. Ojalá pudiera irme ahora, irme de una vez.

—No digas esas cosas —Tom gruñó, apretando la mano de Bill más de lo previsto. Al ver que estaba haciendo daño al otro chico aún más, soltó su mano y en su lugar le acarició la parte intacta de su cuello, pasando lentamente su dedo pulgar sobre la piel caliente—. Relájate. Ya se irá, pasó lo mismo con el dedo.

Como Bill no dejaba de lloriquear, Tom cerró el espacio entre sus cuerpos presionando su cara en el hueco del cuello de Bill, poniendo sus brazos detrás de él. Bill se tensó por un momento antes de dejar escapar un pequeño sollozo y devolverle el abrazo. Lentamente se meció adelante y atrás, envuelto uno con el otro.

—¿Por qué haces esto? —la voz de Bill era apagada, con la boca apretada contra el hombro de Tom.

—¿Hacer qué?

—Tratarme tan bien. Ni siquiera me conoces.

Tom frunció el ceño ante la pregunta. La verdad no estaba seguro de cómo responder.

—Yo… no lo sé. No quiero que te lastimen. Ver que sufres me hace daño, también. Ni siquiera sé por qué coño.

Suena como si estuvieras enamorado, una voz en el fondo de la mente de Bill le animó para que pronunciara las palabras en voz alta, pero no se atrevió. Tragó saliva y apretó su agarre. Abrió la boca y se echó hacia atrás bruscamente, extendiendo su mano contra su cuello. El dolor había disminuido.

—Se ha ido —dijo con cuidado, evitando la mirada de Tom. Su cara se sentía caliente, especialmente por el último pensamiento que había tenido.

Tom tiró suavemente de la camisa de Bill de nuevo y negó con la cabeza mirando la piel.

—¿Pero no te duele?

—No.

—Entonces tal vez no… se propagará más. Tal vez se te pasará —Tom tragó saliva, consciente de que se estaba dirigiendo al plástico como si fuera algún tipo de enfermedad. En cierto sentido lo era. Dejando escapar un suspiro pesado, Tom se puso de pie con las manos hacia Bill—. ¿Quieres ir a casa?

—¿Podemos quedarnos aquí por un rato más? —Bill apretó su brazo—. Es tan hermoso.

—No hay problema —Tom sonrió débilmente, un poco sorprendido cuando Bill enlazó sus brazos juntos, entrelazando sus manos. Sin embargo al mismo tiempo, el gesto parecía natural. No pudo evitar echar un vistazo más al plástico en el cuello de Bill y suspiró tristemente, chocando su hombro con el de Bill conforme fueron caminando.

Continúa.

por Twincestoxa

Escritora del Fandom

Un comentario en «Maniquí 6»

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