Fic original de Buyyouadrank. Traducción de JJ Carpe / Twincestoxa
Capítulo 5: Una semana
Bill gritó alegremente mientras salpicaba en el agua. Se zambulló bajo la superficie y volvió a aparecer, tomando a la niña por la cintura y elevándola por encima de sus hombros.
Tom se echó a reír al ver a Bill jugando en el agua con su hermana de diez años, Giselle. Simone había llamado a Tom para pedirle que cuidara a su hermanita durante el día, él se había quejado siendo aprensivo y quejumbroso, pero Bill había sonado emocionado por poder conocer a alguien más de la vida de Tom.
Tom pensó que como Bill actúa como un niño, y los niños pequeños aman nadar, sin duda le encantaría nadar también. No se equivocó. Así que allí estaban, en la piscina divirtiéndose. Tom estaba sentado en una silla tomando el sol, mientras que Giselle y Bill jugaban en el agua, tanto que parecían llevarse perfectamente.
—Billa, vamos a jugar un juego —Giselle salpicó mucha agua, agitando los pies hacia fuera cuando Bill la levantó en el aire.
—¿Qué juego? —Bill le preguntó con impaciencia.
—¡El mono en el centro!
—Oooh, ¡suena divertido! ¿Cómo se juega?
—Se necesitan tres jugadores —Giselle respondió, levantando tres dedos—. Pidámosle a Tom que juegue también.
—¡Tomi!
Tom se hundió más en su silla cuando dos voces infantiles lo llamaron por su nombre al mismo tiempo.
—Lo siento, chicos. Yo no tengo ganas de mojarme hoy —dijo, ajustando sus gafas de sol.
—¿Por favor? —Bill sacó el labio inferior, arrugó la frente y puso los ojos como platos inocentemente. Tom suspiró. No había manera de que pudiera decir ‘no’ a eso.
—Está bien. Pero sólo por unos minutos —Tom se quitó las gafas y se dirigió hacia el borde de la piscina, metiendo los pies. Odiaba los preliminares de entrar en las piscinas. Siempre se tenía que tomar un tiempo para que su cuerpo se adaptara a la nueva temperatura.
—Aquí —Giselle se retorció fuera de los brazos de Bill y se movió hasta la orilla de la piscina, quitándole la pelota inflable. Regresó con Bill junto con Tom, y le entregó la pelota— Tomi puede ser el mono. Tú y yo necesitamos asegurarnos que no reciba la pelota.
—¿Eso es todo? —Bill se movió para que Tom quedara entre él y Giselle.
—¡Vamos a empezar! —Giselle lanzó la pelota en el aire, con Bill de objetivo. Sin embargo, cuando estaba a apenas cinco metros de altura, la pelota no estuvo lo suficientemente alto y Tom fácilmente la atrapó.
—Ponte en el centro, mono —sonrió. Giselle le sacó la lengua y nadó hasta quedar entre los dos hombres.
Tom y Bill arrojaron el balón hacia atrás y adelante por un tiempo, tan infinitamente divertidos como Giselle seguía nadando en medio de ellos, tratando desesperadamente de atrapar la pelota.
—¡Vamos! —gritó, alzó una pequeña mano hasta el hombro de Bill mientras él sostenía la pelota por encima de su cabeza. Bill se rio y tiró la pelota hacia Tom, provocando pucheros en Giselle mientras nadaba hacia su hermano.
Una vez que Tom se lo devolvió, Bill perdió a propósito, muy consciente de que la pelota cayó en el agua junto a él. Sin embargo, fingió estar completamente desorientado y miró a su alrededor con una expresión de confusión en su rostro. Giselle aprovechó la oportunidad y agarró la pelota, agitándola encima de su cabeza triunfante.
—¡Gané! —rebotó hacia arriba y hacia abajo.
—Wow, ¡perdí totalmente esa pelota! —Bill mantuvo la mirada de sorpresa en su rostro, pero le devolvió la sonrisa a la niña—. Eres demasiado rápida para mí.
—¡Así es! —Giselle le sacó la lengua de nuevo y sus ojos se agrandaron mientras miraba por encima del hombro de Bill, a las afueras de la piscina—. ¡Mira, el hombre de los helados está aquí!
En efecto, la camioneta blanca se estacionó fuera de la piscina y un anciano estaba entregando a los niños emocionados helado cuando sus padres le entregaban dinero.
—Tomi, ¿podemos tomar un helado? —Giselle soltó la pelota, perdiendo por completo el interés en el juego y nadó hacia su hermano tirando de su brazo—. Por favor, por favor, por favor…
—Está bien —Tom rodó los ojos. Le dio un golpecito en la frente—. Ve por tu toalla y corre a buscar lo que quieras. Estaré ahí en un segundo para pagar, ¿de acuerdo?
—¡Gracias! —Giselle saltó para plantarle un beso húmedo en la mejilla antes de salir de la piscina, obediente, envolviendo su colorida toalla alrededor de su pequeño cuerpo antes de correr hacia el camión de helados.
—¿Tú también quieres helado, Bill? —Tom miró al hombre de pelo negro.
—¿Helado? Suena delicioso —Bill asintió.
Tom se rio de la emoción en la voz de Bill y tomó su mano tirando de él fuera del agua. Bill cerró los dedos en torno a Tom y le sonrió a la mirada inquisitiva que le brindó. Tom bajó la mirada hacia sus manos entrelazadas por un momento antes de encogerse de hombros y llevar a Bill hacia el camión.
—Ese fue un bonito gesto —dijo después de unos momentos.
—¿Qué?
—Dejarla ganar. Fue muy lindo.
—¿Soy lindo? —Bill se rio—. Ella es un amor. Tienes suerte de tenerla como hermana.
—Ella es perfecta —respondió Tom, haciendo caso omiso de la primera parte de lo que dijo Bill.
—¿Qué debo pedir? —Bill entrecerró los ojos sobre las cabezas de los niños y miró a los diversos helados fotografiados. Todo lucía delicioso—. ¿Un sándwich de helado?
—Suena bien —murmuró Tom. Vio la oscura y rubia cabeza de Giselle y le puso una mano en el hombro, tomando su atención—. Dale a Bill un sándwich de helado y para mí una paleta de hielo —le dijo, entregándole un billete de diez euros.
—¡Espera, quiero una paleta también! —Bill dijo rápidamente.
—Uh… bien. Giselle, dos paletas de hielo —Tom se volvió para mirar a Bill—. ¿Por qué cambiaste de opinión?
—Apuesto a que una paleta es mejor. Es por eso que la pediste, ¿no? —Bill sonrió.
Tom sonrió también e instintivamente apretó la mano de Bill. Sintió algo frío y duro rosar su mano y miró hacia abajo. Con curiosidad levantó la mano de Bill, y sus ojos se agrandaron mientras miraba sus dedos. La mitad superior de su dedo meñique estaba fría y brillante en aspecto, y era más pálida que el resto de su piel. Cuando lo tocó, se dio cuenta de que el dedo no se sentía como si estuviera cubierto por la piel, lo contrario, era como si estuviera hecho de plástico.
—Bill, ¿qué es esto? —Tom preguntó en voz baja, con el ceño fruncido.
Bill miró su mano y su rostro se ensombreció.
—Oh, no —dijo suavemente. Él apartó la mano de la de Tom y sus ojos se oscurecieron con tristeza.
—¿Qué pasa? —Tom sonó alarmado. Los niños regresaron hacia la piscina, todos ellos lamiendo alegremente sus helados. Giselle se acercó a los dos hombres con un cono de helado en la boca y levantó dos paletas envueltas.
—Es que… estoy volviendo.
—¿Qué?
—¿Volviendo a dónde? —Sus ojos se desviaron hacia Giselle—. No te irás, ¿o sí Billa? —Ella lo agarró de su traje de baño y lo miró.
—No me voy todavía —le dijo amablemente, alisándole el pelo mojado de la frente. Él sonrió con aprecio y tomó las paletas, entregando una a Tom—. Yo… he estado aquí desde hace una semana. No me queda mucho tiempo.
—¡No seas ridículo! —Tom rio incómodamente—. Tienes un montón de tiempo. Falta mucho para luna llena. —Bill sonrió con tristeza—. Entonces qué, ¿vas a… dar marcha atrás? —Tom le preguntó con cautela, mirando a su hermana para asegurarse de que no entendiera.
—Esto sólo ha ocurrido un par de veces antes, así que realmente no lo sé —murmuró Bill, curiosamente frotando su dedo pulgar hacia arriba y hacia abajo con su dedo meñique izquierdo—. Pero sí, lentamente, estoy volviendo. No sucede demasiado, por lo general sólo un dedo o un trozo de piel… pero nunca he visto que esto suceda tan pronto. Cuando ocurrió antes, pasó cuando sólo me quedaban dos días para que termine.
Tom tragó saliva. Un sentido de urgencia invadió su cuerpo y apretó la mano de Bill tranquilizador. En realidad se había acostumbrado a tenerlo a su alrededor; Bill le hizo ver el mundo desde una perspectiva totalmente nueva, y el corazón de Tom le dolía al imaginar la vida sin él.
—No te preocupes, Bill —susurró— No vas a volver. No voy a dejarte.
Giselle estaba mirando con curiosidad, sus ojos se encogieron y frunció los labios inadvertida por los dos. Estaba pensativa masticando su cono de helado, preguntándose si ella estaba imaginando cosas, ya que nunca había visto a su hermano actuando tan tierno con nadie, ni siquiera con antiguas novias que había tenido. Además de eso, Tom miraba a Bill de la misma manera que su padre, Gordon, miraba a Simone.
—Voy a la piscina —Giselle interrumpió el silencio mientras tragaba el último bocado de su helado y se volvió sobre sus talones.
—Estaremos allí en un segundo —Tom murmuró mientras se iba. Volvió a mirar a Bill, que estaba mirando al suelo con los ojos brillando ligeramente—. Hey —posó una mano sobre la mejilla de Bill que le obligó a mirar hacia arriba. Bill resopló.
—Este es el mejor momento que he tenido. Casi olvido que tengo que irme —Bill dijo en voz baja, inclinando la cabeza para rozar el toque de Tom—. No quiero irme.
—No te irás —afirmó Tom.
—Tom… —Bill se cortó cuando su cabeza fue presionada contra el pecho de Tom. Él parpadeó, confundido por un momento, pero suspiró y llevó sus brazos alrededor de la espalda de Tom, devolviendo el abrazo—. Entonces tengo que encontrar a mi verdadero amor. Pero… tal vez tienes razón. Tal vez un mes no es suficiente tiempo para enamorarse. Tal vez voy estar maldito para siempre.
—Eso es mentira —susurró Tom— vas a encontrar a alguien.
Bill asintió con la cabeza, aunque se mostró escéptico. Apoyó la barbilla en el hombro de Tom, cerrando los ojos. Sintió las manos de Tom a lo largo de su espalda baja y se relajó aún más, respirando suavemente mientras trazaba patrones al azar a lo largo de la piel del otro chico. Sintió a Tom estremecerse mientras su dedo plástico se arrastró por encima de su hombro.
Tom pareció darse cuenta de que él y Bill se habían envuelto en los brazos del otro durante un buen rato y se aclaró la garganta, tirando hacia atrás con la cara roja.
—Tenemos que volver. Si se ahoga Giselle, mi mamá me va a matar —se quejó Tom.
Bill asintió con la cabeza y lentamente siguió a Tom hacia la piscina. Con un sentimiento de temor, volvió a mirar hacia abajo justo a su lado, y sus cejas se elevaron.
Estaba viendo cosas, ¿o en realidad su dedo meñique había vuelto a la normalidad? Podría haber jurado que antes estaba cubierto de plástico hasta el nudillo, pero ahora había piel otra vez. Tragó saliva con su corazón golpeando en su cabeza. Miró a Tom abriendo los labios. Se sacudió el pelo mojado de la cara y se estremeció cuando una brisa acarició su piel mojada.
—¿Eres tú, Tom? —preguntó a nadie en particular.
—¿Has dicho algo? —Tom miró por encima del hombro.
—… No —respondió Bill vacilante, sus labios apretados en una fina línea. Miró su mano y luego de vuelta a Tom. Se envolvió lentamente con sus brazos deseando que en lugar de los suyos fueran los de Tom.
Sus pensamientos cambiaron poco a poco hacia Corina, pero no pasó mucho tiempo para que su rostro fuera reemplazado por el de Tom.
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Tom cortó cuidadosamente las orillas del sándwich antes de ponerlo en un plato y empujarlo hacia Giselle. Estaba sentada en el mostrador, de vuelta en el apartamento de Andreas, balanceando sus piernas sobre la silla. Ella agarró con impaciencia su sándwich de pavo y de inmediato empezó a comer.
—La natación hace hambre, ¿eh? —Tom se rio de su manera descuidada de comer y recogió las orillas, tirándolas a la basura.
—Uh-huh —dijo Giselle distraídamente. La ducha estaba en marcha con Bill dentro de ella deshaciéndose de todo el cloro de su pelo. Ella podía oír el golpeteo del agua contra el azulejo—. Tomi, ¿te gusta Bill?
—¿Eh? Claro que me agrada.
—No, quiero decir, ¿te gusta de verdad?
Tom se rio un poco.
—Giselle, es un chico.
—¿Y? —Giselle dio otro mordisco a su sándwich— Mamá tiene amigos que son una pareja gay.
Tom dejó de reír y le dio una mirada extraña, levantando una ceja.
—Bueno, lo conozco desde hace una semana. Incluso si yo fuera gay, que no lo soy por cierto, ¿cómo voy a ser capaz de enamorarme de él en tan sólo una semana?
Giselle se burló.
—¿Por qué es importante el tiempo? ¡En las películas se enamoran en un día!
—La vida real es diferente.
—Creo que lo amas —dijo tercamente—. Vi cómo lo mirabas.
Tom rodó los ojos.
—¿Y cómo lo miraba, señorita?
Giselle puso el sándwich en el plato y se enderezó poniendo los codos sobre el mostrador acercándose más. Ella pegó sus labios y sus ojos se agrandaron brillando en una expresión de ojos saltones. Su expresión fue claramente exagerada y ella se rio cuando el dedo de Tom se asomó en su cara.
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—Sé que definitivamente no se veía de esa manera —se echó a reír.
—¡Pero aun así —Insistió Giselle—. Me recordó mucho a como papá mira a mamá.
Tom negó con la cabeza y tiró de uno de los rizos rubios de Giselle.
—Eres un poco romántica, ¿no crees?
—¡Te vi abrazándolo! —Giselle ignoró su pregunta. Ella sonrió mientras Tom enmudeció como un muerto— Tomi y Billa sentados en un coche. Están desnudos, oh sí, lo están —cantó.
Tom gimió.
—Giselle, ni siquiera sabes lo que las personas hacen cuando están desnudos. Así que tranquila y termina tu sándwich.
Giselle puso mala cara. Era cierto que ella realmente no sabía mucho sobre eso, lo que era perfectamente normal en un niño de diez años de edad. Así que se calló y volvió a su sándwich, lamiendo sus dedos una vez que terminó.
—Entonces, ¿a dónde irá Bill? —Ella preguntó, saltando de su silla para llevar su plato vacío al fregadero.
—Bill no irá a ninguna parte —dijo Tom con firmeza—. Estoy seguro de ello.
Oyó que el agua en el baño terminó y tragó ante la imagen mental de Bill pisando las baldosas del suelo, desnudo, con el cuerpo chorreando. Sacudió la cabeza y golpeó con los dedos sobre el mostrador, mirando los rizos de Giselle rebotando mientras se dirigía a la sala y se dejó caer en el sofá.
En el baño, Bill estaba envolviendo una toalla alrededor de su cuerpo mientras se peinaba su largo y oscuro cabello con los dedos, exprimiendo el exceso de agua. Una vez que terminó, miró sus manos cuidadosamente, asegurándose que el plástico de su dedo había desaparecido por completo. No entendía mucho sobre la magia maniquí, pero supuso que su pequeña transformación le estaba diciendo algo importante. Su verdadero amor estaba cerca.
El corazón de Bill se llenó de esperanza y sonrió a su reflejo, delicadamente cepillando de su pelo. Tal vez las cosas podrían resultar diferente esta vez. Tal vez por fin iba a encontrar a la persona que rompería el ciclo. Simplemente no podía figurarse quién podría ser.
Continúa.