Fic original de Buyyouadrank. Traducción de JJ Carpe / Twincestoxa

Capítulo 4: Las cosas más simples

Las siguientes par de horas estuvieron bastante tranquilas. Algunos clientes iban y venían y había algunas compras, pero por lo demás, Tom y Bill pasaron la mañana hablando. A decir verdad, Tom hizo la mayor parte de la conversación mientras que Bill le hacía un montón de preguntas.

—Y… ¿qué es esto? —Bill cogió una tanga de encaje de la sección de ropa interior. La sostuvo en el aire, cruzando sus ojos mientras seguía mirando la peculiar prenda.

Eso es ropa interior —Tom rodó los ojos.

—No… No se parece en nada a ninguna ropa interior que haya visto jamás —Bill frunció el ceño, dejando la prenda de nuevo en la canasta en donde la había encontrado—. ¿Qué es esto? —esta vez levantó un sujetador.

—Bill —se quejó Tom.

Bill miró el sujetador antes de que sus ojos se agrandaran y su boca formara una “O”. Notó la forma e inmediatamente lo relacionó con el pecho de una mujer. Le dio la vuelta en sus manos, sintiendo la textura de encaje antes de sacarlo del gancho.

—Bill, ¿qué estás haciendo? —Tom frunció las cejas cuando Bill deslizó sus brazos por las correas.

—Tengo curiosidad —murmuró Bill, ajustando el sujetador en su pecho. Miró hacia abajo mientras movía sus brazos arriba y abajo detrás de su espalda, tratando de abrocharlo.

—¡Dame eso! —rio Tom. Ahora que Bill llevaba un busto improvisado, lucía más como una chica—. Vamos Bill, ¡eso es para las mujeres!

Bill rio histéricamente cuando Tom lo atrajo hacia él.

—¡Oblígame! —Bill le sacó la lengua. Tom sonrió y se abalanzó sobre el niño más pequeño, formando una fortaleza con los brazos en Bill, dándose paso hasta los ganchos del sujetador. Tom tenía mucha experiencia en cómo quitar sostenes así que pronto fue deslizando las correas por los brazos de Bill.

Justo en ese momento, un cliente entró en la tienda. Ella echó un vistazo a la posición de los chicos, el de rastas tenía sus brazos alrededor de Bill, mientras que un sujetador estaba a la mitad del pecho del pelinegro. La mujer se dio la vuelta y caminó de vuelta hacia fuera.

—Ahí va un cliente —Tom gruñó, apartándose del otro chico. Bill frunció el ceño mientras el calor de Tom dejaba su piel. Se ruborizó dejando caer el sujetador de vuelta donde lo encontró. Tom levantó la vista y vio la expresión triste de Bill— Hey, no estés tan triste —la única respuesta que obtuvo fue un puchero y un poco de ruido quejumbroso— No estoy enojado. Sé que estabas jugando —Tom sonrió y extendió una mano para rizar cariñosamente el pelo de Bill.

—¡Deja de hacer eso! —Bill chilló. La sonrisa de Tom se amplió e hizo todo lo contrario de lo que se le exigió, agarrando a Bill en una llave completa para frotar la parte superior de la cabeza con un puño— ¡Tom! —Bill gimió, tratando de alejar al otro chico. Intentó zafarse pero terminó con la cabeza apretada contra el pecho de Tom.

Tom rio y dejó libre a Bill, infinitamente divertido por lo mal que Bill lucía con el cabello despeinado. Echando un vistazo al reloj, Tom vio que era casi mediodía.

—Hey, ¿quieres tomar un descanso para nuestro almuerzo? —Tom empujó un mechón de pelo negro al lado de la frente de Bill.

—Está bien —contestó Bill efusivamente, todavía tratando de arreglar su cabello, pasando desesperadamente sus manos sobre él.

—Vamos —Tom empujó a Bill suavemente hacia delante, guiándolo hacia la puerta. Una vez que Bill estuvo en la calle, se dio la vuelta y sonrió a Tom, esperando mientras él colocaba un letrero en la ventana que decía “cerrado”.

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—¿Qué te parece este lugar? —Preguntó Tom por encima del hombro— ¿Bill?

Como no recibió una respuesta, frunció el ceño y giró buscando a la enorme mata de pelo negro. Casi con pánico, Tom finalmente encontró a Bill de pie sobre un banco cerca del parque, mirando con asombro.

—Bill ¿qué demonios estás haciendo? —Tom corrió hacia la banca— No te puedes ir de esa manera, ¡podrías perderte!

Bill no respondió. Siguió mirando con la boca abierta hacia el parque. Tom siguió su línea de visión y arqueó una ceja mientras miraba alrededor del parque. Algunas personas yacían bajo el sol sobre mantas… desnudos.

—¡Están desnudos! —Bill jadeó— No están ellos… No sé, ¿preocupados?

—A quién le importa si están desnudos —Tom rodó los ojos. Levantó una mano y tomó la muñeca de Bill— Vamos, pensé que habías dicho que tenías hambre.

—Todavía no lo puedo creer —Bill murmuró mientras seguía su camino— Es indecente, pero la idea es… emocionante. —Se sonrojó cuando Tom empezó a reír— Tom, tú no haces eso, ¿o sí?

—¿Hacer qué?

—Ya sabes. Acostarte por ahí… desnudo.

—Claro que sí —Tom hizo un guiño, riendo mientras Bill se volvió hacia él dándole otra mirada de asombro. ¿Bill se estaba poniendo rojo?— Ya hablando en serio, menos charla sobre mí estando desnudo, y más caminata hacia algún alimento. Me muero de hambre.

.

Era un hermoso día de verano. La agradable brisa mantenía la temperatura nivelada. Bill estaba comiendo un Hot-dog con Tom a su lado, mientras caminaban lentamente por el parque. Por suerte, todas las personas desnudas se habían ido.

—Oh, wow —Bill se tragó el último bocado de su Hot-dog y sus ojos se agrandaron mientras miraba un rosal. Se arrodilló frente a la planta gentilmente, quedando frente a una rosa roja especialmente brillante. Bajó su nariz, aspirando el aroma dulce.

Tom observó a Bill en silencio con una pequeña sonrisa tirando de sus labios. Todo sobre Bill era tan divertido. El pelinegro estaba experimentando la vida de nuevo, y encontraba la belleza en las cosas más simples. Estaba lleno de inocencia y estar con él era refrescante, Tom nunca había conocido a nadie como él.

—¡Oops! —Bill sacó rápidamente los dedos hacia atrás y puso mala cara cuando una espina penetró su piel. Dejó escapar un gemido y se llevó el dedo a la boca, chupándolo mientras se levantaba de nuevo en busca de algo que lo divierta. En ese momento vio un collar de gema azul celeste enredado en las espinas que lo acababan de picar. Con cuidado, se enredó entre las flores y sacó el collar, manteniéndolo hasta su rostro— ¿No es bonito? —Bill se volvió hacia el hombre con rastas. El viento volvió a subir y la cadena de plata fina le hizo cosquillas en la nariz, lo que le hizo estornudar.

—Sí, algo —Tom se encogió de hombros. En realidad, nunca se había preocupado por los accesorios femeninos.

—¡Oh, mi collar! —Bill y Tom se voltearon al mismo tiempo cuando una chica bonita corrió hacia ellos. Tenía el pelo castaño y largo que se balanceó sobre sus hombros cuando ella se detuvo frente a Bill, sonriéndole— Lo siento —ella comenzó— perdí eso hace una hora y he estado buscándolo.

Bill le devolvió la sonrisa y le tendió el collar, notando que su piedra preciosa hacía juego con sus ojos.

—¿Te conozco? —Tom arqueó una ceja a la chica, mirándola. Ella le devolvió la mirada, una mirada amable cruzando su rostro desconcertado antes de que Tom le sonriera ampliamente—. Corina, ¿verdad?

—Uh… sí —la chica parpadeó interrogante hasta que su boca formó una «O»— ¡Tom, eres tú! Has cambiado tanto —y con eso le echó los brazos delgados alrededor de su cuello.

—Corina era mi vecina cuando yo era un niño —dijo Tom a Bill sobre el hombro de la joven— No la he visto desde que me mudé a Austria.

—Lo sé —ella se apartó, pero mantuvo sus manos sobre su cuello— Tu pelo… wow —cogió una de sus rastas y tiró juguetonamente— ¿Por qué no me dijiste que estabas de vuelta en Alemania?

—Llegué ayer —explicó Tom.

—¿Y quién es él? —Corina sonrió cálidamente a Bill—. Siento que te he visto antes…

—Él es Bill. Es… un viejo amigo —Tom se aclaró la garganta— pero bueno, dime todo lo que ha pasado.

—Estoy segura de que tienes más historias que contar —le guiñó un ojo—. Tengo que irme. Tengo que ir por la cena. Pero, hey, te vas a quedar todo el verano, ¿no?

—Sí.

—Mi fiesta de cumpleaños 18 será el 21. Eres totalmente bienvenido. Así como tú, Bill.

El 21, a tan sólo unas semanas. Tom miró a Bill, preguntándose si la fecha le había provocado algo, pero al no ver respuesta, volvió a Corina.

—Vamos a estar allí —sonrió.

—Muy bien. Nos vemos más tarde entonces. Ven a visitarme, nunca me mudé. Gracias de nuevo por encontrar mi collar, Bill. —Ella le dio al brazo de Bill un apretón agradable y un último adiós a Tom antes de abrirse paso por la vía, dejando el parque.

—¿Corina? —Bill miró a Tom.

—Sí.

—Ella es bonita —dijo Bill distraídamente, cavando su dedo del pie en el suelo en la parte inferior del rosal—. Parecen muy cercanos.

Tom se rio un poco, chocando con el hombro de Bill.

—No la he visto en diez años, ¿qué tan cercanos podríamos ser?

—Estaba siendo un poco quisquilloso —Bill murmuró, girando ligeramente ruborizado.

—¿Celoso? —guiñó Tom. Bill miró a sus pies, pero rápidamente se volvió cuando Tom dijo— no te preocupes. Tarde o temprano, tendrás una chica sexy colgando de tu cuello, también.

Bill apretó los labios en una delgada línea y asintió lentamente. No sentía la necesidad de decirle que si no se tratara de Tom no se habría puesto celoso.

.

Habían regresado a la tienda poco después de eso, y el cielo se oscureció. Tom gimió, mirando el reloj. Lo había estado mirando cada cinco minutos en las últimas tres horas y parecía como si el tiempo no pudiera avanzar más lento. ¿Cómo diablos Jost manejaba esto día a día?

El timbre de la puerta sonó cuando alguien entró.

—Bienvenida a… —Tom comenzó monótonamente. Se detuvo cuando vio quién era—. Corina.

—¡Oh, Tom! Wow, dos veces en un día —se rio—. No tenía idea de que trabajaras en esta tienda.

—En realidad no, —Tom murmuró, rodando los ojos— es sólo por dos semanas hasta que el verdadero dueño regrese. Solía ser un buen amigo de mi mamá, así que lo conozco bastante bien.

—No tienes que ser tan tímido —le dio un codazo—. Creo que es bueno que los hombres se interesen por la moda.

Tom resistió el impulso de gemir.

—¿Sabes una cosa? —Corina insistió— He estado pasando por esta tienda casi todos los días, pero nunca he comprado aquí antes. De hecho, por alguna razón, parece… vacío. —Sus ojos se posaron en la repisa de la ventana vacía—. ¡Oh, eso es! Antes había un maniquí, ¿verdad?

—Realmente no sé nada de eso —Tom se rascó la nuca, fingiendo perplejidad—. Supongo que Jost lo bajó.

—Tomi, ¿dónde quieres esto…? ¡Oh, Corina! Hola —Bill se detuvo delante de los dos, con una gran caja llena de ropa.

—Hola, Bill —Corina sonrió brevemente antes de arrugar la frente. Por alguna razón, no podía evitar la sensación de que Bill le resultaba familiar. Sentía como si ella lo hubiera visto toda su vida, pero era la primera vez que lo veía. Era como si fuera un extraño de su pasado.

—Me quedo con eso —Tom cogió la caja de los brazos de Bill—. Ahorita regreso.

—Está bien —Corina jugó con el mango de su bolso antes de que sus ojos azules se posaran en los ojos caramelo de Bill.

Bill, recordando la amabilidad adecuada que se emplea en la tienda aprendida por Tom, de inmediato se puso en acción.

—¿Puedo ayudarte a encontrar algo?

—Eso sería bueno, en realidad. Estoy buscando un vestido lindo para mi fiesta.

—Bueno, los vestidos están justo sobre… —Bill volvió su cabeza de lado a lado, en busca de los bastidores llenos de vestidos.

—¿Ahí? —Corina señaló en la parte trasera de la tienda.

—Ahí —dijo Bill, sonriendo.

—Ya que estoy aquí, tal vez pueda buscar un traje de baño. Vendes eso también ¿verdad?

—Humm…

—Oh, ahí, ya los vi.

Bill asintió, sintiéndose un poco nervioso. Se alegró de que Tom no hubiera estado allí, no habría querido que se decepcionara por su falta de conocimiento sobre la tienda.

—Necesito algo realmente agradable. Mi fiesta va a ser en la piscina ya que mi padre la acaba de colocar en el patio de la casa el año pasado —Corina empezó a hablar mientras buscaba entre los bastidores— Tengo que buscar el mejor que haya. Necesito algo elegante y sexy, pero no quiero parecer una vulgar tampoco.

—Uh-huh —Bill asintió con la cabeza sin decir nada. Corina siguió hablando sin cesar y pronto, Bill pudo sentir un latido sordo detrás de sus ojos lo que le indicaba un dolor de cabeza aproximándose. Cuando no pudo soportarlo más, se inclinó hacia delante, agarró lo primero que encontró y lo sostuvo en el aire cortando la chica locuaz.

—¿Qué te parece esto?

—Oh, Dios mío… es hermoso —los ojos de Corina se abrieron con asombro mientras miraba el traje de baño estilo monokini color oro brillante en manos de Bill—. ¡Bill, tienes todo un ojo!

—Oh… gracias —Bill se sonrojó, sonriendo nerviosamente. Ya podía decir que el traje de baño se vería increíble en Corina.

—¿Puedes ayudarme a encontrar un vestido también? Quiero llevar un vestido sobre el traje de baño durante la fiesta cuando no esté nadando.

—Claro —Bill metió el traje de baño bajo el brazo y siguió a Corina hasta los vestidos. Hizo una pausa y miró al hombre de pelo negro con expectación.

—¿Podrías tomar algo para mí? Siento que puedo confiar en tu juicio —dijo Corina finalmente después de unos momentos de silencio incómodo.

Bill rápidamente comenzó a hacer a un lado los vestidos, en busca de algo. Honestamente pensaba que cualquier cosa se vería bien en Corina, ella tenía una de esas figuras esbeltas, pero su espíritu crítico le recordó que tenía que encontrar algo que complementara el tono de piel bronceado de Corina, así como el traje de baño de oro.

Salió unos minutos más tarde, llevando un ramo de vestidos en diversos estilos y colores.

—¡Grandioso! Vamos —le tiró de la muñeca.

—¿A dónde vamos?

—A los vestidores, tontito.

—… Oh. No te importa que yo, eh… —Bill se sonrojó.

—¿Importarme qué? —Corina lo miró inquisitivamente. Habían entrado al vestidor y Corina abrió la puerta a la primera parada— Déjame probarme el traje de baño primero, ¿de acuerdo?

El traje de baño fue arrebatado de las manos de Bill y la puerta del vestidor se cerró. Bill no podía dejar de sentir alivio. Bajó la mirada hacia el suelo y, debajo de la puerta, podía ver los pies delgados de Corina que se deslizaron fuera de sus zapatos antes de deshacerse de sus jeans ajustados y dejarlos caer a sus pies. Bill tragó saliva y miró hacia la puerta.

A medida que el sonido suave de la ropa golpeaba el suelo parecía hacer eco a través del pequeño vestidor, Bill quería que Tom estuviera allí con él. Por alguna razón, no se sentía tan cómodo a solas con otra persona.

—Dime lo que piensas.

Bill hizo espacio y parpadeó, sus ojos se centraron en la niña frente a él. Tragó saliva, dándose cuenta de que ella estaba bastante cerca, y llevaba muy poco encima. Tal como había predicho, el traje de baño se veía perfecto en Corina que iluminaba su piel y sus ojos parecían brillar aún más.

Se dio cuenta en ese momento del collar que había encontrado en el rosal. La cadena de plata colgaba del cuello delgado de Corina, la gema caía en el hueco de su cuello colgando sobre su escote.

—En realidad no pude atarlo de atrás… ¿crees que podrías…? —Corina se dio la vuelta y de hecho, Bill pudo ver que las dos cuerdas elásticas estaban desatadas colgando en la suave piel de su espalda. De este lado, Corina parecía que estaba en top, toda la espalda al descubierto. Los ojos de Bill se movieron por la suave pendiente de su pequeña cintura hasta el redondeo suave de sus caderas y su trasero.

—No hay problema —dijo Bill con voz ronca, llegando a rasparse las cuerdas. Él meticulosamente las ató en una cinta que cayó en medio de los omóplatos de Corina. Sin pensarlo, resbaló el dedo pasando por encima de la curva de su trasero.

Corina volvió la cabeza para mirar por encima de su hombro, su brillante mirada azul penetrante en Bill. No parecía nerviosa o enojada, sino más bien enarcó las cejas por un momento antes de que sus labios se volvieran de peluche en una sonrisa coqueta. Con sólo la curvatura de los labios de color rosa suave, el corazón de Bill se aceleró. Dio un paso atrás, con la piel ardiente donde la había tocado.

—Um…

Por suerte, se evitaron las explicaciones embarazosas cuando la voz de Tom sonó en los vestidores.

—¡Bill! ¿Dónde estás?

—Aquí —Bill volvió a llamar, dando otro paso lejos de Corina. Ella todavía lo miraba, con los ojos ardiendo. El estómago de Bill giró y sin decir una palabra, se dio media vuelta y salió del camerino, sin detenerse hasta que se encontró con Tom.

—¿Estás bien? Te ves muy rojo —Tom miró a Bill. Puso la palma de su mano contra la mejilla de Bill—. Te sientes muy caliente también.

—Estoy bien —Bill se aclaró la garganta, sin mirar a Tom. Su mente corrió de nuevo a Corina, su bonita piel dorada, la cortina de pelo castaño oscuro, ojos azul celeste, las suaves curvas de su cuerpo—. Hum, ¿Tom? ¿Cómo puedes saber si estás enamorado?

Tom no parecía demasiado sorprendido, después de todo, había estado tratando con preguntas improvisadas de Bill en los últimos dos días.

—No lo sé. ¿Chispas volando?

—¿Y? Eso no puede ser —Bill miró nerviosamente en dirección a los vestidores. Sin duda hubo algunas chispas de nuevo allí.

—Puede que no sea el mejor juez —Tom ajustó una de sus gorras— pero siempre he pensado que tienes que ser atraído hacia la otra persona antes de que algo más se pueda desarrollar.

—Oh —Bill dejó escapar un profundo suspiro. Sin duda fue atraído hacia Corina. ¿Era eso? ¿Iba a ser su verdadero amor, la que lo podría liberar del hechizo del maniquí? Sus labios lentamente se arquearon al pensar en las posibilidades.

Tom parecía captarlo cuando se dio cuenta de que los ojos caramelo de Bill se lanzaban de ida y vuelta hacia los vestidores.

—Bill, no quiero llover en tu desfile —Tom le puso una mano en el hombro, asegurándose de que tenía toda su atención— Pero Corina es… No creo que sea adecuada para ti.

Los hombros de Bill cayeron y él frunció el ceño.

—¿Cómo lo sabes? ¿No dijiste que no la habías visto en diez años?

—Bueno, sí —murmuró Tom— pero ella no era exactamente la persona más agradable cuando éramos vecinos.

—¿Ah, sí? ¿Qué es lo que te hizo? —Bill resopló, haciendo estallar su cadera a cabo mientras cruzaba los brazos sobre el pecho.

Tom rodó los ojos.

—No te pongas a la defensiva. La conozco mejor que tú.

Bill frunció los labios y miró desafiante en la dirección opuesta. Tom frunció las cejas antes de negar con la cabeza y se acercó a la caja registradora. Unos minutos más tarde, Corina salió del camerino, llevando el traje de baño y uno de los vestidos. Le lanzó una mirada cómplice a Bill, sus labios gruesos ligeramente empujados hacia arriba antes de entregarle la ropa a Tom. Bill se sonrojó y le devolvió la sonrisa.

Tom observó el intercambio, sintiendo un poco de náuseas. Pero él no quería detenerlo. Bill estaba siendo terco y simplemente estúpido. Su exceso de entusiasmo ahora parecía molesto, y Tom sabía que Bill tendría que alejarse de su forma de pensar tan optimista si iba a seguir siendo humano. Sólo necesitaba encontrar la manera más dura.

Continúa.

por Twincestoxa

Escritora del Fandom

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