

Fic de Majestrix. Traducción de lurdez & MizukyChan
Capítulo 9: ¿Es malinterpretar realmente la respuesta?
—Estamos muy felices de estar ahora en Oslo. La ciudad es tan hermosa —Bill sonrió, llevando su encanto a niveles peligrosos. Los anfitriones estaban comiendo de la palma de su mano y él sólo sonreía y bebía de su limonada, haciendo bromas y sonriendo como si estuviera en la televisión. Él sabía como deslumbrar a la gente, dentro y fuera de la radio, y su objetivo era maravillarlos a todos.
—Estamos muy felices de tenerte, tus fans son muy leales y muy… muy… —el hombre buscaba la palabra.
—¿Intensas? —Sugirió Bill con gracia.
—¡Exactamente! —El DJ chasqueó los dedos—. ¿Están acostumbrados a eso, o desearían que se contuvieran un poco?
—¡Por supuesto que no! ¡Nuestras fans son nuestra vida! No podríamos hacer lo que hacemos sin ellas. Tratamos de poner ese sentimientos en nuestras presentaciones en vivo, cada vez que estamos sobre el escenario. Es nuestro agradecimiento a toda la gente que nos apoya, a quienes compran nuestros CDs y se quedan por días, haciendo fila fuera de las arenas. Ellas nos enorgullecen y queremos continuar haciendo que ellas estén orgullosas de nosotros —dijo contento Bill.
—Ahí lo tienen, amigos, el cantante de Tokio Hotel, ha tenido la amabilidad de venir a visitarnos toda la mañana y ahora es tiempo de despedirnos. Lo siento por todos aquellos que intentaron contactar con la estación, pero los teléfonos han sido saturados. Considérate afortunado si has logrado comunicarte. Quédense en sintonía, esperando a Ducky a las diez. ¡Soy Forstan con al emisión AM! —Sonó la cortina del show y Bill agradeció al cielo de que por fin hubiera terminado—. Bill, gracias por venir. Has sido mejor que muchos de los músicos que hemos tenido en este show. Tú de verdad tenías una opinión sobre otros temas, aparte de tu estilo de cabello.
Bill rió y le dio un apretón de manos—. Gracias, lo aprecio. Algunas veces sentí como que estaba hablando de más, porque no tenía a mi hermano aquí para callarme.
—No. Estuvo perfecto. Mantuviste a audiencia expectante y todo eso, cosa que no debió ser fácil, porque te veo bastante cansado.
—Es por todos los viajes, ¿sabes? Además, nos enteramos a último minuto que tendríamos, quiero decir, que yo tendría que hacer este show por la mañana.
—Como dije, ha sido una buena entrevista. Tenemos que despejar, porque cuando termine la canción, el nuevo DJ debe tomar ubicación. Otra vez, fue un placer conocerte —Forstan le dio un apretón de manos una vez más y tomaron caminos separados. Bill levantó la vista y vio a David, en la cabina del director, tenía una expresión conflictiva. ¿Cuál era el problema ahora? Había dado su mejor esfuerzo.
Resignado a su destino, Bill salió del estudio hacia el corredor, dando una mirada a su celular. No tenía llamadas perdidas, ni mensajes de texto… nada. Enojado, metió a la fuerza el aparato en su bolso y giró, justo a tiempo para ver a David, saliendo de la cabina—. Bill, hiciste un gran trabajo ahí.
—Wow. ¿De verdad crees que puedo hacer un buen trabajo? —Preguntó sarcásticamente el pelinegro, sentándose en una banca junto a la pared. Jost rodó los ojos.
—Mira, no te enojes, ¿okey? La cagaste ayer, la gente jode las cosas de vez en cuando. Hoy regresaste y lo hiciste mejor de lo que he visto en mucho tiempo. Normalmente, te habrías negado a hacer algo así sin la banda, sobre todo sin Tom —se alzó de hombros—. Por tanto, estoy orgulloso de ti.
Bill lo miró con sospecha—. ¿Qué es esto? ¿Qué tienes planeado? —Preguntó con cansancio. David nunca soltaba un elogio así, a menos que quisiera algo. Su manager suspiró y negó con la cabeza, apretándose el puente de la nariz.
—No, Bill, yo sólo… —Se sentó pesadamente junto al cantante y suspiró, dejando los codos sobre las rodillas, mientras se inclinaba hacia adelante—. Me contarías si pasa algo malo, ¿verdad? —David miró a Bill con seriedad.
—David…
—No, Bill, hablo en serio. Necesito saber si me contarías si pasa algo malo.
—¿Qué te hace pensar que ocurre algo malo? —Preguntó incómodo, moviéndose en su asiento y abrazando su chaqueta de cuero, apegándola más a su cuerpo.
—Me doy cuenta cuando algo anda mal. Los conozco a todos ustedes desde hace tiempo, vivimos juntos en un bus, la mayor parte del tiempo —volvió a suspirar y se apoyó contra la pared, mirando al espacio—. Sé que piensas que soy estricto, pero tenemos obligaciones con la imagen que hemos creado durante estos años. Tenemos la responsabilidad de ser lo más rentable posible para la firma, considerando que ellos cubren los gastos del tour, cada vez que salimos. Es sólo que… no puedes perder la visión de que esto es un negocio. Pero ese no es tu problema, ese es mi problema, porque soy su manager. Sólo… no pienses en mí como el tipo malo, ¿okey? Porque sólo busco lo mejor para todos.
Bill odiaba cuando David hablaba con sentido y sonaba como un ser humano decente. Era difícil mentirle, difícil ignorar sus palabras—. Sí, lo entiendo —respondió sombríamente y se cruzó de brazos, mirando la punta de sus botas de vaquero.
—Me alegra escucharlo. ¿Estás listo para irte? Parece que necesitas una siesta antes del show de esta noche.
—Necesito comer algo primero. Otra vez me tuve que saltar el desayuno.
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Tom rodó y gruñó, porque el sol golpeaba sus ojos sin piedad. Moviéndose rígidamente, cerró las cortinas y de inmediato, lamentó el movimiento. Apenas logró sostenerse cuando la habitación comenzó a girar a su alrededor y dejó las cortinas, tan pronto se dio cuenta que la gravedad era real. Haciendo una mueca ante el sabor en su boca, Tom trastabilló hasta el baño y escupió en el fregadero, volviendo a hacer una mueca al abrir la mini botella del enjuague bucal de cortesía y se lo echó casi todo. ¿Qué demonios había bebido anoche?
Después de sacarse lo suficiente el sabor gomoso de la boca, Tom caminó de regreso a su habitación y suspiró. Dio una mirada al reloj al final de la mesa, tenían cuatro horas antes de la prueba de sonido. Alguien llamó a la puerta e hizo una mueca, sonaba tan fuerte cuando tenías resaca. Abrió y arrugó el ceño confundido. Era Georg y lucía molesto—. ¿Qué pasa contigo?
—¿Cómo está tu cabeza? —El bajista no respondió y se dio permiso para entrar, cerrado la puerta de paso.
—Viviré. ¿Qué pasa? —Volvió a preguntar el rastudo.
—Nos perdimos el programa de radio.
—… Disculpa.
—Nosotros, o sea tú, yo y Gustav, dormíamos mientras pasaba el programa de radio al que se suponía debíamos asistir —clarificó Georg. Tom negó con la cabeza.
—No. No recuerdo ningún programa de radio. De lo contrario, no habría salido anoche.
—Se supone que Bill nos diría. ¿Te dijo? —Tom negó con la cabeza.
—No, no me dijo.
—Revisa tu teléfono. David estaba tratando de gritarle a Bill por esto, pero él dijo que te llamó un par de veces.
Tom sacó su celular de la mesita de noche y lo acercó. Parpadeó ante la pantalla, donde le estalló en la cara, la evidencia de todas las veces en que su hermano trató de ponerse en contacto con él la noche anterior—. Oh, mierda…
—Sí. David probablemente vendrá pronto aquí, especialmente porque sabrá que estás despierto.
—¿Por qué? ¿Tú le vas a decir?
—¡Por supuesto que lo haré! —Georg se acomodó el cabello detrás de la oreja—. Debiste oír la maravillosa conversación que tuvimos con nuestro amado manager. Por tanto, sí, le voy a decir que estás despierto, porque ¿por qué Gustav y yo querríamos guardarnos toda la diversión sólo para nosotros? —Comenzó a retirarse cuando Tom lo detuvo.
—¿Qué pasó con el programa de radio?
—Parece que Bill lo hizo solo.
—Genial… —murmuró Tom, frotándose la frente, deseando que su migraña desapareciera. Para su inmenso alivio, Georg se fue tan silenciosamente como pudo. Bajó la mirada al teléfono en su mano y presionó el discado rápido del número de Bill, esperando con una canción pop de fondo, hasta que la voz de Bill cortó la música. Buzón de voz. Mierda—. Bill, soy yo. Llámame tan pronto sea posible —colgó la llamada mientras metía los pies en sus zapatos.
Abrió a puerta y jadeó, porque casi chocó con David—. Necesitamos hablar —dijo el hombre, empujándolo de vuelta y cerrando la puerta después.
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Gustav no podía mirar a Georg sin sonrojarse o bajar la cabeza. Para ser honesto, le estaba poniendo de los nervios. Se le pegaba la lengua al paladar cada vez que el bajista se acercaba y, por mucho que no quisiera hablar, deseaba decir algo, cualquier cosa para romper la tensión que tenía adentro. ¿Cómo pudo ser tan estúpido? Debió parecer como si lo hubiera invitado a entrar para intentar seducirlo. Y ese no era el caso.
Sus sentimientos por Georg eran un poco raros. Ellos se conocían por lo que parecía una eternidad, mucho antes de que Gustav supiera lo que era que “te gustara alguien”. Luego descubrió lo asombrosas que eran las chicas y Georg estuvo ahí para enseñarle como darles lo que ellas querían y lo, que él pensaba, ellas necesitaban. Fue Georg quien le dio su primer trago de vodka, quien le dijo que se mantuviera alejado de los cigarrillos, aunque él mismo fumaba de vez en cuando, y le enseñó cómo ser cool.
Al principio pensó que era un amor platónico a su héroe, pero muy dentro de él sabía que no era así. Pero Gustav era hetero y eso era todo. Él no tenía problema con la gente gay y algunas veces pensaba que Bill era gay, especialmente con ese jodido bolso Prada que se negaba a dejar fuera de su vista. Así que los sentimientos hacia su compañero de banda eran de algún modo confusos.
¡Y ni siquiera era afeminado! No como Bill, quien le podía dar una erección a cualquier persona viva, si no estaban preparados cuando entraba en la habitación. Él no tenía esa belleza delicada. Muy por el contrario, él tenía una contextura firme, podría beber con cualquiera y seguir sobrio, era un poco desaliñado, para nada quisquilloso y amaba jugar a darse golpes fuertes, que incluían tener que recuperarse después.
No, él se encontró cautivado por la sonrisa, el encanto y la forma en que realmente disfrutaba hablar con la gente. Gustav envidiada el hecho de que no le gustaba ser el centro de atención, pero tampoco le molestaba cuando lo era. Georg mantenía su actitud extremadamente relajada, su sonrisa serena y su temperamento imperturbable. Esa envidia pronto se encontró evolucionando a una atracción y Gustav se perdió.
Pero estaba preparado para dejar los sentimientos que tenía por Georg, encerrados en su corazón para siempre. Vodka estúpida, es el último trago el que siempre te convence de que todo estará bien. Gustav alzó la vista y se volvió a sonrojar, dándose cuenta de que Georg lo estaba mirando cuando salía de sus pensamientos. Debía odiarlo o, peor, pensar que era repulsivo. Todo este pensamiento en círculo no era bueno para su corazón, estaba seguro de eso. Y se preguntó si alguien podría morir de la vergüenza.
Gustav miró a la puerta, cuando Tom entró dando pisotones; su rostro era un nubarrón cuando fue a su lugar a revisar las correas de sus guitarras. Jost debió encontrarse con él antes de la prueba de sonido, porque estuvo lívido todo el tiempo. Ahora estaba simplemente matando el tiempo antes del show. Evitó bostezar y miró al resto de la banda. El cabello de Georg cubría su cara, mientras miraba hacia abajo, a su bajo, rasgueando unas cuerdas con intensidad. Bill estaba frente el espejo, arreglando su chaqueta, dando su mejor esfuerzo por ignorar a Tom.
Tom continuó enviando miradas con dirección a Bill, como si estuviera dispuesto a que cuando alzara la vista, lo viera de pie allí. Bill no caería en su trampa, estaba enojado y no tenía problema en dejar que todos los supieran. Jodidas hormonas… Pensar en un Kaulitz des-balanceado químicamente lo llevó a hacer una mueca. Sus nervios apenas podían con su propia vida, muchos menos con la de alguien más.
En realidad no podía culpar al cantante por estar enojado por el programa de radio, pero Bill debió ser lo suficientemente inteligente de llamarlo a él o a Georg, si no podía comunicarse con Tom. Algunas veces Bill estaba de un humor tan raro, que sólo quería hablar con Tom, pero esa pequeña idiosincrasia hizo quedar mal a toda la banda. Ahora mismo, no necesitaban llamar más atención de la necesaria.
Gustav desvió la mirada al techo y se dio cuenta que era más tranquilo allá arriba, que abajo.
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Bill mordió el pepinillo y lo metió en el pequeño bolo de azúcar, mordiéndolo de nuevo y gimiendo de gusto. Los pepinillos eran la mejor comida que se hubiera inventado, punto. Hasta mejoró su humor, mientras miraba en el espejo aquello que veía perturbador. Su vientre se había expandido, como si no lo hubiera sabido cuando se levantó de la mesa. La piel de su estómago se había vuelto tirante; podía ver las señales y hasta podía sentir las diferencias cuando frotaba su vientre. No quería admitirlo, pero extrañaba los masajes de Tom en su estómago.
Hizo una mueca al pensar en su hermano y, furioso, sacó un poco de azúcar en el pepinillo y lo mordió otra vez. Bill se movió de una y otra forma, intentando ocultar el estómago, pero nada aliviaba la hinchazón. Se estaba comenzando a notar. Miró más arriba en su torso y gruñó, inmediatamente desvió la mirada. Todo el problema con las tetas realmente se estaba saliendo de control. Tenía que usar cada vez más cinta adhesiva y estaba empezando a ser un problema. Le había empezado a picar y principalmente era incómodo. Bill no tenía idea de que algo tan placentero como el pecho de una mujer, pudiera verse tan horrible en él. ¿Acaso las mujeres se sentían así? ¿Acaso también odiaban sus tetas?
Necesitaba algo para mantenerlas quietas, algo más que la cinta y que fuera cómodo de tener bajo la ropa. ¿Qué demonios podría usar? Dio otra mordida al pepinillo con azúcar y ya nada era tan malo como parecía. Bill suspiró y se miró en el espejo. Era lo suficientemente inteligente para saber que el azúcar hablaba por él.
El concierto fue bueno, no entendía de dónde había salido toda la energía que ocupó hoy, pero Bill estaba agradecido por esos pequeños milagros. No había sentido náuseas desde que se sentó y se comió cuatro platos llenos de albóndigas, antes de detenerse para respirar. Escuchó que su puerta se abría y rápidamente se puso una camiseta, absteniéndose de la cinta esta vez. Saliendo del baño, Bill arrugó el ceño y se cruzó de brazos enojado.
—¿Cuánto tiempo vas a estar enojado conmigo? —Preguntó su huésped no deseado.
—Te lo haré saber —respondió, rodando los ojos y volviendo al baño. Cerró la puerta detrás de él.
—¡Bill! —Tom suspiró y golpeó la puerta gentilmente. No había tenido oportunidad de hablar con su gemelo en todo el día. Bill lo había estado evitando como la plaga y esto tenía que terminar.
—¡Vete! —Bill se deslizó por la puerta, hasta el suelo, suspirando mientras sujetaba la cabeza con sus manos.
—Mira, lo siento, ¿está bien? ¿Por qué estás siendo tan jodidamente sensible? —Bill se levantó y abrió la puerta de golpe, con una expresión de ira en la cara.
—Sensible. ¿Sensible? ¿Viniste aquí para hacerme enojar? —Preguntó. Tom alzó las manos, cansado.
—Mira, ¿esto es por lo de anoche? ¿Porque no respondí el teléfono?
—Si hubieras respondido, te habrías enterado del maldito programa de radio.
—Mira, lo siento, ¿está bien? Esto no es fácil para mi —Tom se sentó en la cama, mientras Bill daba pisotones por la habitación.
—¿Y es fácil para mí?
—Bill, no estoy diciendo que sea fácil para ti, pero tú estás ignorando el hecho de que para mí tampoco es fácil. Si trato de ayudarte, te asfixio. Y si te dejo en paz, no te importo y soy un idiota. ¿Cuál quieres, Bill? —Gritó, levantándose para pararse frente a su hermano—. No puedo ser las dos, me niego a ser las dos, ¡porque es demasiado agotador!
—Escucha…
—¡No! Tú escucha. Estoy haciendo mi mayor esfuerzo aquí. ¡No sé lo que estoy haciendo! Tú te lo pasas alejándome, o haciéndome quedar como un tonto cuando intento hacer algo por ti. ¿Por qué? ¿Por qué querría seguir intentándolo? Quería una noche donde pudiera ignorar toda esta situación, donde simplemente pudiera volver a ser un chico de dieciocho años, en vez de un futuro padre. Llevo esta mierda en el cerebro cada hora del día y sólo quería un jodido momento para poder respirar, para recordar la vida como solía ser, antes de… —Tom se detuvo al perder energía.
Bill simplemente estaba de pie allí, con los brazos cruzados y una expresión ilegible en la cara. Se quedaron de esa forma, Tom respirando pesadamente y Bill apenas respirando mientras se miraban el uno al otro, sin mover un músculo—. Di algo —pidió Tom con suavidad.
Bill abrió la boca y la cerró, aparentemente volviendo a pensar lo que iba a decir. Después de un minuto, lo volvió a intentar—. Lo siento. Siento no ser la personas más fácil con la que lidiar. No ha sido mi intención. Simplemente estoy asustado y la mayor parte del tiempo, me siento solo. —Tom estiró una mano para tocar a Bill, pero el pelinegro dio un paso atrás y se alejó de su alcance, caminando hacia al ventana. Abrió una de las cortinas y miró la ciudad, las luces iluminaban brillantemente el cielo. Desde donde estaba parado parecía que todo estaba bien, como debería estar, pero no lo estaba—. Quiero olvidar esto algunas veces —dijo en voz baja, Tom casi no lo escuchó, pero se sintió como mierda. Por supuesto que él también quería fingir por un rato que todo estaba normal.
—Bill…
—No, Tomi, tú ya hablaste, ahora es mi turno —respiró profundamente y se alejó de la ventana—. No puedo tomarme un trago e ignorarlo. Lo intenté una vez y me sentí culpable toda una semana. No puedo fumar un cigarrillo para calmar mis nervios. He estado luchando con esa urgencia aunque pensé que el parche se había deshecho de ella —Bill sonrió con tristeza—. Veo que esto te ha dejado mal —Tom iba a hablar, pero Bill alzó la mano—. Por favor, no creas que soy tonto. Te conozco. Puedo ver que estás sufriendo. ¿Qué quieres que haga?
—Sólo entiende —suplicó Tom, acercándose a él. Bill intentó retroceder, pero se dio cuenta que ya estaba contra la pared. Lo miró con cautela, luciendo como un venado asustado. Tom se detuvo, tratando de calmar a su gemelo. ¿Cuándo todo se volvió así?—. Es todo lo que estoy pidiendo, Bill. No es mi intención asfixiarte y tampoco quiero ignorarte, pero parece que no puedo hacer nada bien y eso me está volviendo loco.
—Yo no quiero volverte loco, pero siento que yo mismo me estoy volviendo un demente —Bill se frotó los brazos, como si pronto sintiera frío—. Mira, estoy tratando de recordar que esto es difícil para ti, de verdad lo hago… es que sólo… —se alzó de hombros—. No sé, ¿okey? ¡Simplemente no sé! —Se limpió furioso las lágrimas. ¿Lloraba otra vez? ¿Cuántas veces podías hacer eso en un maldito día?
—Bill, por favor, ¿me dejarías tocarte? ¿Por favor? —Bill negó con la cabeza, tratando de alejarse de Tom, al no mirarlo—. Bill, te extraño y sé que tú me extrañas.
—No lo sabes —Bill consideró la idea de saltar sobre el sillón y casi lo hace, pero se acordó de la pequeña vida dentro de su estómago. Un par de meses atrás habría hecho el salto sin quiera pensarlo. Miró a Tom a los ojos y las aletas de su nariz se agitaron. Todavía estaba increíblemente furioso, pero su rabia no lo estaba llevando a ninguna parte y, sin importar lo mucho que dijera lo contrario, necesitaba a Tom con todo su corazón.
Vio como su gemelo se estiraba y tomaba el borde de su camiseta, tirando gentilmente. Bill negó con la cabeza, en silencio, tratando de resistirse a Tom, pero el mayor siempre era más fuerte. Inhaló profundamente cuando Tom sujetó su muñeca con cariño, subiendo la mano por el brazo, hasta llegar a su bicep. La otra mano se quedó en algún lugar de su espalda y de pronto, se encontró envuelto en un abrazo. Bill luchó, todavía estaba furioso y no quería dejarse vencer, pero la impotencia lo mantuvo a raya. Sin embargo, los abrazos de Tom nunca le eran indiferentes y suspiró, mientras apoyaba la cabeza en el pecho de su hermano —. Esto es horrible, lo sé —Tom murmuró en su cabello, mientras su mano hacía círculos tranquilizadores en la espalda del otro—. Lograremos salir adelante, pero sólo lo haremos juntos, ¿okey?
—Okey —murmuró Bill, permitiéndose ser levantado. Pasó los brazos alrededor del cuello de Tom y cerró los ojos, sin darse cuenta lo cansado que en realidad estaba. Tom lo dejó gentilmente en la cama y sonrió ante la forma en que Bill, infantilmente, se negaba a soltarlo—. ¿Quédate conmigo? —Pidió con simpleza.
El mayor asintió y Bill se movió para darle espacio, sin soltarlo. Se quedaron recostados ahí, mirándose el uno al otro, con los brazos de Bill todavía en el cuello de Tom, y las manos del mayor pasando de arriba abajo por sus costados. Había extrañado esta cercanía, porque desde que le contó a Tom sobre su embarazo, no se había vuelto a quedar una noche completa. Apenas lo tocaba, era casi como si le tuviera miedo.
Bill se inclinó adelante para besarlo, pero Tom lo evitó, besándolo en la frente en cambio. Bill quería gritar, pero en lugar de eso, trató de ver todo según la perspectiva de su hermano. Probablemente para él todo era mucho más extraño y necesitaba más tiempo. O tal vez, ya no lo encontraba atractivo. Bill se estaba poniendo gordo y engordaría todavía más… La sola idea era deprimente, se hizo bolita, de pronto se sentía triste.
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Gustav miró a su puerta, la que estaban golpeando, y arrugó el ceño. Se ajustó mejor la toalla y abrió un poco—. ¿Georg? ¿Qué pasa?
—Dímelo tú —empujó la puerta para abrirla y la cerró tras entrar—. ¿Por qué has estado evitándome?
—No te estoy evitando —respondió con calma el rubio, contrario a la tormenta que estaba sintiendo por dentro.
—Mentira. Pensé que nunca me mentías.
Mierda. El baterista suspiró y miró a su amigo con cautela—. ¿Porque no quiero que me odies?
—Que gracioso, porque te estás comportando justo de esa forma —Georg rodó los ojos y suspiró—. ¿Qué parte de anoche te hace pensar que te odio?
—¡Te besé y salí huyendo como un niño de dos años! ¡Ni siquiera pedí permiso para besarte! —Soltó de golpe.
Georg lo miró extrañado—. ¿Usualmente le pides permiso a las mujeres para besarlas?
—¡No!
—¿Y entonces, por qué me pedirías permiso a mí?
—… es diferente.
—Tienes razón —Georg asintió, apoyándose contra la puerta, tratado de ignorar el hecho de que Gustav sólo estaba llevando una toalla—. No quiero que me trates como una mujer. Yo sólo… quiero que seas directo conmigo. Y otra cosa, tú no me besaste, yo te besé a ti.
—¿Lo hiciste? —Gustav no recordaba mucho del beso, sólo labios y le hecho de que le gustó mucho. Los detalles exactos estaban un poco difusos.
—Sí lo hice. Deja de sentirte culpable, ¿está bien? Lo quería hacer desde hace un tiempo —admitió. Gustav lo miró y se puso contento—. De verdad deberías sonreír más. Es impresionante —el baterista se puso más rojo que un tomate para gusto de Georg.
—Mira, yo… no sé qué es esto —dijo con honestidad, moviendo una mano entre ellos dos—. Creo que me había encaprichado contigo desde hace un tiempo.
—¿Un capricho? ¿Y qué es ahora?
—Creo que todavía es un capricho, pero no estoy seguro —Georg asintió y se alzó de hombros—. Bueno, no estoy pidiendo tu mano en matrimonio, así que no te sientas presionado a descubrir qué es esto. No estoy buscando nada serio, ¿okey?
—Está bien —Gustav asintió rápidamente y Georg le sonrió.
—Además, extrañaría salir a buscar mujeres contigo, ¿a menos que quieras salir del clóset?
—¡No! Quiero decir… no creo que me haya gustado otro hombre aparte de ti —Gustav pensó que se iba a derretir de la vergüenza.
—Entiendo. Soy bastante genial, ¿no crees? —Bromeó el castaño.
Gustav se lazó de hombros y bajó la mirada—. Sí, supongo —el aire se puso un poco tenso y Georg se separó de la puerta, para ponerse de frente al rubio, levantándole la barbilla con los dedos y lo miró a los ojos—. Tienes ojos muy bonitos —dijo espontáneamente.
—Gracias. Tú también —Georg sonrió y presionó su boca sobre la del hombre más bajo, moviendo gentilmente los labios para que se abrieran y meter la lengua. El beso fue lento e inseguro, pero dejó que Gustav controlara todo, resistiendo la urgencia de acercarlo y devorarlo. Se separó para poder mantener su resolución y quedó feliz de ver a su amigo, todavía con los ojos cerrados y la cabeza ladeada, justo como había estado—. Buenas noches, Gustav —El castaño usó la voz que erizaba los pelos y alejaba todas las negaciones, y salió antes que Gustav abriera los ojos.
El rubio tragó y abrió los ojos, estaba temblando. No pudo evitar preguntarse, si Georg lo había puesto duro sólo con un beso, ¿qué más podría hacer con su boca?
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Bill abrió los ojos y parpadeó. No se había dado cuenta que se había quedado dormido. Lo último que recordaba era haber estado hablando con Tom. Y cuando rodó, suspiró.
Estaba solo otra vez.
& Continuará &
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