

Fic de Majestrix. Traducción de lurdez & MizukyChan
Capítulo 8: ¿Es preocuparse realmente la respuesta?
Georg pensaba que era lindo. Gustav rodó los ojos e intentó no reírse. Bill… Bill por otro lado, pensaba que era molesto como el infierno, y por tercera vez en dos días la taza de café que sostenía fue arrebatada de su mano. —No puedes beber eso. Lo leí en Internet, no es saludable —Tom siseó, tomando la taza y bebiéndola él mismo mientras le deslizaba una botella de agua sobre la mesa. Bill lo miró sin comprender y levantó una ceja.
—Tienes que estar de coña —replicó, tomando la botella y tratando de arrancar la tapa. Era temprano y tenían una entrevista en unas horas y Bill aún estaba somnoliento. Cada dos minutos bostezaba, y eso que se había acostado temprano.
—Bill, tienes que comer más sano.
Bill asintió, pero no estaba realmente prestando atención. Había transcurrido una semana desde que le había confesado todo a Tom y no sabía qué era peor, el Tom lleno de pánico que fumaba cigarrillos casi más rápido de lo que los compraba, o el Tom preocupado que no quería que se fuera de su vista, no dejándolo hacer nada. Hizo una mueca y los ojos de Tom se abrieron.
—¿Estás bien? —preguntó rápidamente, y Bill asintió.
—Tom, por favor. Vas a darme una úlcera si sigues preguntándome eso. Estoy bien.
—Si estás bien, ¿por qué te ves cansado? —preguntó, y Bill se encogió de hombros.
—Siempre estoy cansado —Miró hacia abajo mientras su estómago gruñía. —Voy a desayunar —Se levantó justo cuando David entró en la habitación.
—¿Bill a dónde vas? —preguntó su manager, empujándolo de nuevo a la habitación con suavidad. —Les dije a todos que esperaran aquí.
—David, la entrevista es en dos horas, ¿Por qué Bill no puede ir a desayunar? —preguntó Gustav, con los brazos alrededor de la cabeza mientras descansaba sobre la larga mesa de conferencias. Georg estaba mirando hacia el espacio, medio dormido mientras giraba de un lado a otro en la cómoda silla.
—Porque he reservado otra entrevista en su itinerario. Ya que están aquí ahora, quiero que se adelanten y empiecen. Es una revista sueca muy importante, y sería una gran oportunidad —Los cuatro muchachos gimieron al darse cuenta de que el poco tiempo libre de su día había desaparecido. —Miren, ustedes ya saben cómo funciona el juego. Trabajamos duro y disfrutamos de los beneficios más adelante. Siéntate Bill —Señaló la silla que estaba al lado de Tom, quien parecía que quería decir algo.
Bill suspiró y fue a sentarse junto a su hermano, fantaseando con waffles con caramelo y crema batida y un encurtido de pepinillo crujiente de eneldo grande con azúcar en ella. El simple hecho de pensar en ello lo hacía sentirse dichoso, y soltó un suspiro de felicidad, ganándose las miradas de los miembros de su banda. —Pensando en comida —Explicó.
—Lo más probable es que sea comida extraña —Georg murmuró mientras cerraba los ojos y se recostaba en su asiento. Las puertas se abrieron y todo el mundo se levantó cuando dos mujeres entraron en la habitación; la entrevistadora que se presentó como Charlotte y su intérprete llamada Mercedes. La entrevista se llevaba con rapidez, con las típicas preguntas de “¿Si les gustaba Oslo?” y “¿Cómo se les había ocurrió el nombre de Tokio Hotel?” Bill estaba prácticamente delirando, tratando de pellizcarse en el brazo para mantenerse despierto. Tom lo empujó suavemente en el costado y se enderezó.
—Lo siento ¿Qué? —preguntó, frunciendo el ceño. Charlotte hizo una pausa en el apunte de sus notas y lo miró.
—Pregunté por los recientes rumores de que estás enfermo. ¿Qué tienes que decir al respecto?
Bill abrió la boca para refutar tal acusación cuando Tom intervino. —A Bill no le gusta hablar de eso, pero ha estado un poco enfermo por un tiempo. Es sólo que se está esforzando demasiado porque quiere dar lo mejor de sí para nuestros fans —dijo suavemente.
Ella asintió mientras la intérprete repetía las palabras de Tom en otro idioma, y garabateaba algo más en su agenda. —¿Bill, qué tal tu vida amorosa? Oímos hablar de tu hermano todo el tiempo, pero ni una palabra sobre ti. Por lo general, eso significa que estás escondiendo algo o tienes muy mala suerte en el amor. ¿Cuál de las dos es la situación?
Los ojos de Bill se agrandaron cuando Mercedes repitió las palabras de Charlotte, y él chasqueó, tratando de encontrar una respuesta. —Sólo mantengo mi vida amorosa muy privada. No hay… nadie ahora mismo, pero definitivamente no diría que tengo mala suerte en el amor.
—¿Cuándo fue la última vez que tuviste una cita? —preguntó, y Bill rodó sus ojos mientras empujaba su silla lejos de la mesa.
—Lo siento. Tengo que correr al baño —dijo mientras se levantaba, sonriendo fuertemente a la entrevistadora. En su camino a la puerta, Bill escuchó un comentario. De que seguro no quería responder la pregunta… Se giró lentamente, con la mandíbula apretada firmemente. Los ojos de Tom se abrieron de par en par y sacudió la cabeza, intentando de que su gemelo se fuera y las ignorara, pero Bill nunca había sido particularmente bueno en ignorar la estupidez de extraños. —¿Perdón? —Ambas mujeres levantaron la mirada culpablemente. —Te dije que mantenía mi vida privada tal como es, privada. Ya respondí a tu pregunta ¿ok? Y no pienses que mis funciones corporales dependen de tus palabras —Le lanzó una sonrisa deslumbrante y rápidamente salió de la habitación.
Tom se volvió hacia las mujeres con una sonrisa apretada, incapaz de encontrar algo qué decir para suavizar la repentina situación. Gustav alzó la vista y sonrió. —Así que, hermoso clima el que tienen aquí —dijo él, incómodo.
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Bill miró a David y cruzó los brazos. —No sé de qué estás hablando.
—Deja el estúpido acto, Bill. No te queda —Jost escupió, paseando de un lado a otro en la ahora vacía sala de conferencias. Su última entrevista concluyó hace unos momentos, y su manager despidió a todo el mundo excepto a Bill, expulsando decididamente a Tom a pesar de sus objeciones. —¡No puedes permitirte el lujo de alejar a la prensa!
—¡Estaban siendo unos imbéciles! —dijo, parpadeando para despejar el mareo que le estaba llegando de la nada.
—No puedes explotar cada puta vez que te de la gana ¿ok? Eres el hombre al frente, y si no vas a pensar en tu propia imagen, entonces necesitas pensar en el de la banda. Deja de ser tan egoísta, ¿de acuerdo?
Bill no podía creer que estuviera a punto de llorar. Esto no tenía sentido. Había sido reprendido mucho peor antes. —Lo siento… —dijo suavemente, tragándose las lágrimas mientras miraba hacia abajo, a su regazo.
—Ahora voy a tener que suavizar todo para que no se corra el rumor de que actúas como una diva, a pesar de que siempre sales con algo nuevo. ¿Qué va a ser después? Primero fue el tatuaje sin el permiso del staff y luego fue todo el asunto del pelo. ¿Qué sigue, Bill? ¿Me estás preparando para una nueva rabieta? Tal vez vas a aparecer con un nuevo look para las siguientes premiaciones.
—Detente, David, ¿de acuerdo? Ya dije que lo sentía. Si quieres que me disculpe con esas horribles personas entonces lo haré —Bill dijo cansado.
—Ya lo hice —dijo David fríamente, sacudiendo la cabeza. —Estoy invitando a ambas revistas a regresar y vas a ser normal y agradable, sin importar las cosas estúpidas que digan, ¿ok? —preguntó, mirando al cantante. —¿Estamos de acuerdo?
—Sí, David —Bill se sentía como una mierda, y quería arrastrarse a su cama e ignorar al mundo. El dolor de cabeza de hoy fue de mal en peor, ya que se saltó el desayuno y trabajaron durante el almuerzo. Cada vez que Tom trataba de escaparse para comer algo, le recordaban que la entrevista aún no había terminado. Toda la banda había estado encerrada en la sala de conferencias por más de ocho horas, las dos primeras entrevistas fueron las más horribles. Después de que se fueron, Bill prácticamente guardó silencio, Tom tomó la mayoría de las preguntas e hizo un esfuerzo en ser más simpático para poder apartar la atención de su gemelo.
—Bueno. Diles a los chicos que no pueden salir, ya les reservé una entrevista en un programa de radio, y tenemos que estar allí a las seis.
—¿De la mañana? —La mandíbula de Bill cayó.
—Sí, en la mañana —David salió de la sala de conferencia, rodando los ojos. El líder de Tokio Hotel era generalmente carismático y muy agradable para las entrevistas, pero últimamente… algo estaba sucediendo, y estaba decidido a terminarlo. Girando la esquina, prácticamente se chocó con Tom, y brevemente sus actitudes le fueron similares, su ira volvió a surgir. —Descubre qué está pasando con tu hermano, ¿de acuerdo?
Tom asintió, frunciendo el ceño. —Sí, está bien… —Miró a su manager acercarse a los ascensores, y se volteó para continuar su camino a la sala de conferencias. Tom no quería ver este lugar de nuevo por lo menos en un año, pero Bill aún no había vuelto y por la apariencia de cosas, él y David acababan de terminar su conversación.
Abrió la puerta de la habitación y encontró a Bill secándose los ojos furiosamente con una servilleta de la mesa. Tom no tenía el corazón para decirle que tenía que fingir —¿Bill, qué pasa? ¿Por qué estás llorando?
—Él piensa que estoy actuando como un loco, y quiere que deje de comportarme como una diva —El cantante sollozó, frotando su ojo, manchando su rostro con el maquillaje. —¡No puedo evitarlo. Mi boca ya no escucha a mi cerebro! —Bill se lamentó, dejándose llevar a un abrazo por parte de Tom.
—Bill, vas a tener que trabajar en eso. Quiero decir, sé que estás pasando por muchas cosas, pero no vamos a ser capaces de mantener esto en secreto si sigues actuando raro —Bill se apartó y lo miró a los ojos.
—¿Perdón? —preguntó, enfurecido. —¿Actuando raro? Bueno, discúlpame. Sólo estoy cargando a tu maldito bebé, lidiando con mujeres estúpidas y encima de todo nuestro estúpido manager de mierda quiere que actúe como un estúpido en esta ecuación. Bueno, ¿sabes qué? ¡Puedes irte al infierno, y nunca más volverás a tocarme! —Bill apartó las manos de Tom y se puso de pie, si su gemelo no hubiera estado allí, se hubiera ido contra el suelo. Una oleada de mareo le vino, y Bill respiró profundamente mientras cerraba los ojos y apoyaba la frente en el pecho de su hermano. —Déjame ir, estoy bien —Sus palabras fueron truncadas contra el voluminoso material de la camiseta de Tom.
—No, no estás bien. No has comido nada en todo el día. No es de extrañar que estés mareado —Tom murmuró, ignorando las palabras anteriores de Bill.
—Estoy bien —repitió Bill, encogiéndose de hombros. —Me voy a la cama.
—¿Quieres compañía? —preguntó, observando a su hermano irse. La expresión de Tom se endureció cuando su gemelo le dio la espalda y le mostró el dedo del medio, en ningún momento volteó hacia atrás. La puerta se cerró y de repente se sintió claustrofóbico. Tom intentó respirar hacia dentro y hacia a fuera, pero el pánico volvía y no podía detenerlo. Se dobló, agarró sus rodillas y se obligó a seguir respirando a través del dolor en su pecho.
¿Cómo iban a superar esto si no podía hacer nada bien? Iban de mal en peor. O no estaba prestando suficiente atención o prestaba demasiada, y cada vez Bill era el que decidía cuál era cuál. Su conducta iba a hacer que fueran atrapados, y entonces ¿Qué iban a decir? ¿Mi hermano gemelo está embarazado y el hijo que lleva es mío? Ante ese pensamiento cayó de rodillas, temblando tanto que se preguntó si se desmayaría de nuevo.
La semana pasada había sido difícil, y Tom no sabía qué hacer o cómo sentirse, cada mañana al despertar se dedicaba a pensar en cómo su vida cambiaría, en cómo podrían ser atrapados y qué harían si todos supieran que él era el padre. Los separarían, y nunca llegaría a ver a su hijo, si es que les dejaban quedárselo… ese fue el último pensamiento que tuvo cuando se desmayó por primera vez, para cuando se despertó estaba mirando el techo de la habitación del hotel en Bruselas.
Al menos no habían estado tan mal desde ese entonces, pero de vez en cuando se encontraba en situaciones donde no podía respirar, o la paranoia lo embargaba y sentía la necesidad de correr. Tom estaba encerrado en una caja sin saber a dónde ir. ¿Cuánto tiempo pasaría hasta que Bill sintiera la necesidad de decírselo a alguien? ¿Qué le dijo a Georg o a Gustav? Jadeó de nuevo y luchó contra la oscuridad que nublaba su vista. Su cuerpo lo estaba abandonando en la inconsciencia.
No podía lidiar con toda la situación, ahora ni nunca. Pero él no dejaría a Bill, y eso fue todo lo que necesitó. La respiración se le hizo más fácil y el aturdimiento empezó a desvanecerse. Tom inhaló de nuevo profundamente, y encontró que cada vez era más fácil. El teléfono en su bolsillo sonó y lo sacó, sintiendo como si sus músculos hubiesen acabado de correr una maratón. —¿Hola? —preguntó sin aliento.
—¿Quieres salir con nosotros? —Era Gustav, tratando de enmendarse por la amenaza de golpearlo en el bar. Tom no quería salir, pero si no lo hacía, tendría otro ataque de pánico.
—Sí, está bien —Tom tenía que salir de allí.
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Georg miró a Tom tomarse un vaso lleno de Jack Daniels sin miramientos. —Kaulitz, ¿Qué estás tratando de hacer? —preguntó, gritando sobre el fuerte sonido.
—Olvidar por un rato —Tom miró la pantalla de su teléfono. Cuatro llamadas perdidas, cuatro mensajes de voz y diez mensajes de texto. Desvió la mirada y le hizo un gesto a la camarera para que le sirviera otra ronda.
—Sé que quieres olvidar, pero tal vez quieras dejar algunas células cerebrales para mañana —Advirtió Gustav. —No estamos tratando de arrasar con el lugar, sólo estamos relajándonos.
—Bueno, es posible que no hayan salido a emborracharse, pero ese es definitivamente mi objetivo.
—Tom… —Comenzó Georg, pero el hombre más joven levantó la mano y sacudió la cabeza.
—No. Dejé la mierda en el hotel —dijo sonriendo mientras la camarera regresaba con más bebidas. Georg fue a decir algo más cuando Gustav agarró su muñeca y sacudió la cabeza rápidamente.
—¿Qué estás haciendo? Va a estar muriendo por la mañana —Georg siseó, señalando el modo en que el guitarrista miraba fijamente el vaso que había sido vaciado rápidamente.
—Vamos a conseguir algo de información —dijo Gustav mientras miraban a Tom cuidadosamente. Ni siquiera notó el silencio de sus compañeros de banda. Todo lo que existía para él era una urgente necesidad de estar entumecido por un tiempo. Georg se sintió incómodo y empezó a inquietarse.
—Esto no está bien.
—¿Quién dice?
—Lo digo yo, Gustav ¿En serio vamos a explotar su debilidad ahora mismo porque queremos algo de información? Me asusta lo fácil que es para ti ser capaz de hacer esto. ¿Cuántas veces me has hecho eso? —Georg se volvió hacia el baterista con una ceja levantada.
—Intencionalmente… una vez —Admitió.
—¿Se supone que debo creer eso?
—No te mentiría —dijo Gustav en voz baja. Georg fue a replicar, pero vio la expresión de su rostro.
—Oh.
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—¿No crees que ya has bebido suficiente, Tom? —preguntó Gustav, apartando el vaso de él. Él no respondió, sólo se encogió de hombros y rió miserablemente.
—¿Importa?
—Sí, importa —Georg se sintió como un voyerista observando a Gustav hacer esto. Se estremeció y dejó su propio vaso. También había bebido suficiente.
—Bueno, no me importa —La cabeza de Tom se recostó en el sillón y los miraba con una expresión vacía.
—¿Tom, sabes quién es el padre del hijo de Bill? —Gustav hizo la pregunta como si estuviera preguntando por una de las gorras de Tom. Tom asintió sombríamente, tratando de averiguar dónde estaba la camarera porque necesitaba otra bebida. Este tipo de pregunta era exactamente de lo que estaba huyendo. —¿Puedes decírnoslo? —Ahora incluso Georg se inclinaba hacia delante para poder escuchar tal declaración.
Tom meneó la cabeza. —No, no lo entenderían.
—Lo haremos, créeme —Gustav asintió con la cabeza, empujando a Georg quien inmediatamente hizo lo mismo. Tom volvió a sacudir la cabeza, limpiándose el rostro. —… ¿Está… llorando? —preguntó el rubio apenas con la comisura de su boca. Georg se inclinó hacia delante y parpadeó. Efectivamente Tom lo estaba haciendo.
—¿Qué sucede, Tom? —preguntó, ligeramente asustado. Nunca había visto a Tom actuar de esta manera.
—No puedo apagar mi cerebro. Esto va a ser horrible ¡No podemos ser padres! Estoy preocupado por Bill todo el tiempo y no puedo dejar de tener estos… —Tom se quedó quieto, mirando hacia el techo. A esta altura los dos muchachos se inclinaban hasta casi caer sobre la mesa. Unos segundos de silencio se extendieron a minutos y Gustav golpeó su vaso contra la mesa.
—¡Concéntrate, Tom! —dijo en voz alta, lo suficiente como para hacer que el mayor de los Kaulitz reaccionara. Bajó la cabeza y los miró como si los hubiera visto por primera vez. —¿Quién engendró el hijo de Bill?
—Pensé que ya lo había dicho… —Tom dijo tembloroso, agarrando la botella vacía de Jack Daniels firmemente en su mano. Georg meneó la cabeza.
—No, no nos lo dijiste.
—Oh. No puedo.
—Sí puedes. Confía en nosotros —Gustav asintió con la cabeza, tratando de mantener la paciencia para hacer esto bien.
—Confío en ustedes, pero pensaran que es asqueroso, no lo entenderán. Nadie lo entendería, no estaba destinado a suceder… —Tom susurró.
—… ¿Fue Bushido? —preguntó Gustav con cautela. Tom lo miró sorprendido.
—¿Estás fumando crack de nuevo? —preguntó con enfado. Georg resopló cuando el baterista se enojó.
—¡Te dije que era puto polvo para bebés, y prometimos que no sacaríamos el tema de nuevo! —Siseó mientras Tom reía. —¿Ahora, quién es el padre?
Tom suspiró. —¿Prometen no enfadarse?
—¿Por qué nos enfadaríamos? —preguntó Georg. Tom se encogió de hombros, mirando la botella en su mano. —Estoy seguro de que no es tan malo como crees.
—Es mucho peor… —Apoyó su cabeza en sus brazos, soltando la botella y inclinándose hacia adelante sobre la mesa. Georg miró a Gustav, quien se encogió de hombros, pinchando a Tom en el brazo. Ninguna respuesta.
—¡Tom! —Georg le dio un codazo, provocando un pesado ronquido.
—¡Mierda! —Gustav dio una palmada en la mesa y suspiró. —Estábamos tan cerca.
—No quiero hacer esto nunca más, ¿de acuerdo? —pidió Georg, sintiéndose incómodo por el asunto. —Por el momento estoy bien con la inquietud de querer saberlo. Si quieren decírnoslo, está bien. Pero hasta entonces… —Sacudió la cabeza.
—Nunca lo había visto perder la conciencia tan rápido.
—Por lo general, Tom resiste bien el alcohol claro. El alcohol oscuro es el que te jode —Observó a Gustav revisar su reloj. —¿Qué hora es?
—2:56. Tenemos que volver.
&
—Malditos bolsillos… —Georg saqueó los pantalones de Tom, tratando de encontrar la llave tarjeta de su habitación. Gustav lo sostenía, el adolescente más alto prácticamente estaba colgado de su hombro. Gracias a Dios pesaba como una pluma, de otro modo hubieran tenido que llamar a Saki y nadie quería que David se enterara dónde habían estado.
—Si no podemos encontrar su llave, entonces dormirá en tu habitación —Gustav bostezó, ajustando su agarre en Tom.
—Maldita sea… ¡Lo tengo! —Georg la levantó triunfalmente, pasando la llave tarjeta e inmediatamente la luz verde se encendió. Tom no se movió ni cuando ambos lo levantaron y, prácticamente, lo arrojaron a la cama. Se dio la vuelta, llorando suavemente. —¿Qué está diciendo? —Gustav se encogió de hombros y se acercaron, viendo como Tom buscaba el contacto de alguien que no estaba allí.
—… Bill… —Tom susurró lastimeramente, sus músculos faciales fueron relajándose mientras caía de nuevo en un sueño más profundo, borrando la agonía en su rostro. Georg suspiró y sacó los zapatos de su amigo, rodándolo para que pudiera ser empujado debajo de las cobijas y arroparlo. Gustav observó con una leve sonrisa en su rostro. Siempre le encantó el hecho de que Georg se preocupara por la gente y no tenía ningún problema en expresar su preocupación por los demás.
Se fueron lo más silenciosamente posible, apagando las luces y cerrando la puerta. —Son casi las cuatro, deberíamos ir a dormir —murmuró Gustav. Caminando lentamente a su habitación, la de Georg estaba justo al lado. —¿Quieres entrar?
—Por unos minutos —Georg sonrió, siguiendo al baterista a su habitación. —Sabes, a pesar de que me jugaras sucio, me alegro de que lo sepas. Creo que me iba a volver loco al ser el único en saberlo —Admitió, sentándose en el suelo a lado de la cama. Gustav cogió una coca-cola del minibar y la dividió en dos vasos, vertiendo el resto con vodka hasta el borde.
—Considera esto como una ofrenda de paz —Le dio a Georg un vaso y se sentó a su lado. Bebieron tranquilamente durante unos minutos, cómodos en el silencio sin necesidad de romperlo. Fue sorprendente cuando Gustav habló primero, dando la iniciativa. Siendo algo impropio en el carácter del baterista. —Lo siento —dijo, terminando su bebida mientras miraba el techo.
—¿Por qué lo sientes?
—Te emborraché para que soltaras lo de Bill.
—Ya dijiste eso, ¿recuerdas? —Georg recostó su cabeza en la cama para mirarlo. —En el armario, el otro día.
—Sí, pero de alguna manera siento que no me creíste.
Se encogió de hombros. —No creo que estuvieras mintiendo.
—Eso no es lo mismo —Gustav se volteó y lo miró. —Yo… no me gusta hablar con las personas por lo general y sabes lo tímido que soy.
—Amigo, te conozco más de lo que conozco a los gemelos. ¿Cómo puedes seguir siendo tímido conmigo? —Sonrió, mirándolo de nuevo.
Gustav se encogió de hombros con inquietud. —Porque lo que piensas de mí significa mucho.
Georg se burló. —¿De qué estás hablando? —El baterista miró hacia arriba al techo con resignación. —¿Estas borracho?
—No lo suficiente —Lo intentó de nuevo. —Georg yo… —Sus palabras fueron interrumpidas por los labios de Georg. Gustav se congeló, pero se descongeló rápidamente cuando el beso comenzó a profundizarse.
Georg tenía que admitirlo, había estado curioso por un tiempo, y no era ningún secreto que era bisexual. El problema era que Gustav estaba firmemente en la lista de «heteros», era más coherente para el pensar en que los cerdos podían volar antes de llegar si quiera a recibir tanto, tanto como un beso… y aquí estaba la lengua de su amigo luchando por el dominio. Así era Gustav, o estaba a cargo o no participaba en lo absoluto. Sabiendo esto, se sometió voluntariamente, y se encontró siendo empujado al suelo. Era cierto, las fantasías eran grandiosas, pero la realidad era mucho mejor.
Se separaron abruptamente y Georg miró al baterista, quien parecía un ciervo atrapado por los faroles de un auto, a punto de ser arrollado. Gustav rápidamente se levantó de su cuerpo y huyó fuera de la habitación. Georg miró a la puerta, aturdido. —Esta es… tu… habitación… —dijo, levantándose del suelo y frotándose la cara. —Mierda. Nunca más voy a beber.
Sin embargo el silencio de la habitación se burló de él.
& Continuará &
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