Fic de Majestrix. Traducción de lurdez & MizukyChan

5: ¿Es alejarse realmente la respuesta? (P.1)

Bill se sentó en una mesa y suspiró, deseando que hubiera algo que pudiera hacer para retroceder el tiempo, cualquier cosa, para que todo esto no hubiera sucedido.

Maldito David y sus estúpidas ideas. —¿Puedo tomar su orden? —Una voz agradable le preguntó, sacándole de su estupor.

¿Disculpe? —preguntó, sorprendido.

¿Su orden, señor? —preguntó de nuevo la camarera. Bill cogió el menú y lo miró rápidamente.

Voy a desear un cheesecake de fresa con chocolate blanco, por favor —Él le sonrió y le entregó el menú.

Una rebanada de cheesecake, a la orden —dijo alegremente, anotando su pedido. Bill movió la cabeza rápidamente.

No, quiero una torta completa.

¿Es para llevar?

No, quiero todo el cheesecake, en un plato, con un tenedor. Sólo un tenedor porque planeo terminarlo todo en una sola ronda. Por mí mismo —Enfatizó para que no hubiera malentendidos. Los ojos de la camarera se agrandaron, pero ella enmendó la orden, mirando la figura de Bill con duda antes de alejarse. No pudo evitar rodar los ojos detrás de sus gafas de sol, haciendo todo lo posible para no pensar. Pensar no estaba como su mayor interés en este momento.

Observó a la gente moverse a su alrededor hasta que su orden llegó y finalmente algo estaba bien con el mundo. Bill se enderezó feliz en su silla, inconsciente de las expresiones asustadas de los que estaban sentados cerca de él. No le importaba, la vida era buena porque había cheesecake delante suyo. Estaba por la mitad antes de tomar algo de aire, prácticamente pateando los pies bajo la mesa con alegría.

Su estómago había dejado de moverse y tuvo que admitir que se sentía mucho más tranquilo. Le tomó veinte minutos terminar todo el cheesecake y pasó la mayor parte de los siguientes cuarenta y cinco minutos mirando con satisfacción el tráfico, haciendo pequeñas historias en su cabeza sobre la gente que caminaba enérgicamente por la acera. Respiró hondo y lo dejó salir y Bill sabía lo que haría. Vería a otro médico, obtendría una segunda opinión, alguien de Alemania, donde todo tenía sentido y la gente no le decía a los hombres que estaban embarazados.

Porque eso era una locura.

Algo llamó su atención y su visión se dirigió hacia la calle, reconociendo su tour bus. Miró su teléfono en la mesa y maldijo. Debió haber estado arriba en su habitación, empacando hace horas. Pagó su cuenta y corrió a la habitación, pasando su tarjeta y preparándose para una sesión de empaque muy rápida. Se detuvo en seco cuando una cabeza con rastas se inclinó sobre una de sus maletas. Habían sólo dos maletas en el suelo, y Bill claramente recordaba tener seis.

Tom se dio la vuelta y lo miró antes de volver a la maleta que estaba cerrando.—Ahí tienes.

Tomi, lo siento. El tiempo se me pasó —Bill empezó a entrar en la habitación.—¿Has empacado por mí?

Sabes, lo intento. Realmente lo hago… —Tom se sentó sobre la cama y miró fijamente la maleta negra delante de él. —Te quejas de que nunca tenemos ningún tiempo a solas, pero últimamente cuando trato de pasar tiempo contigo, me siento dejado de lado.

Tomi, lo siento. Estaba con…

Sí, sé con quién estabas. Georg… de compras. Me encontré con él hace rato después de regresar de su habitación —Tom se volteó para mirar a Bill, y miró la bolsa que siempre llevaba consigo— ¿Ni siquiera compraste nada?

Lo siento —Bill no iba a decirle lo que realmente habían estado haciendo. Eso sólo complicaría la situación y él preferiría que Tom se enojara con él por ir de compras que por la otra cosa. En una fracción de segundo después, se dio cuenta de que había dejado la receta que el doctor le había dado en el restaurante de abajo. Mierda.

Un lo siento, no es suficiente. Tuve que meter todas mis cosas en mis maletas para poder tener tiempo suficiente para empacar tu mierda —Tom se levantó y se cruzó de brazos, mirando a su gemelo. —Mira, lo entiendo. Estás cansado, pero no eres la única persona cansada ¿de acuerdo? Tampoco serás la última, así que deja de intentar monopolizarlo.

Tomi…

No. Estoy cansado también, Bill, ¿okey? Yo también estoy cansado. Estoy jodidamente cansado de jalar y tirar. A veces pienso que existo sólo para estar a tu capricho, porque obviamente eso es lo que piensas, y si eso es lo que piensas es porque debes estar en lo correcto ¿cierto? Lo he comprendido ¿ahora soy lo suficientemente inteligente? —Tom estaba tan enojado que su rostro estaba rojo y ni siquiera estaba gritando. No, esto era peor porque su voz apenas estaba por encima de un susurro.

Tom estaba en un punto de quiebre.

Tom, dije que lo siento, ¿no puedes aceptar mi disculpa? —Bill trató de razonar con él. Sí, él había estado un poco exigente, quisquilloso y un poco odioso, pero eso no estaba demasiado lejos de su comportamiento normal, así que ¿cuál era el problema? Su gemelo negó con la cabeza.

No, no puedo —Tom dijo simplemente mientras se encogía de hombros y pasaba por delante de Bill, empujándolo con su hombro.—Empaca tu propia mierda, voy a ir al bus —Bill lo miró sorprendido, su mandíbula cayó de asombro. La puerta se cerró y su gemelo ni siquiera se molestó en echar otra mirada hacia atrás.

Bill miró a la puerta durante otros minutos, desafiándola a que todo fuera una mala broma o un sueño. Algo que no fuera real y que todo lo sucedido hoy fuera irreal, para luego despertar y encontrarse en el bus, riendo y bromeando con Tom sin preocupaciones más allá de lo que iba a usar para el concierto. Miró hacia abajo, sus manos temblaban.

Lanzó su bolso sobre la mesa y casi arrojó todo su contenido en busca de un cigarro. Nada. Su bolsa de aseo tampoco le dio nada y buscó en su maleta más pequeña y encontró con un cigarro maltrecho y doblado. Eso funcionaría. Sus manos no paraban de temblar y apenas podía ver por las lágrimas, pero tenía que seguir buscando un encendedor. Bill maldijo y apartó el bolso de la mesa. Había dejado de llevar su encendedor cuando dejó de fumar. La puta razón por la que todo esto estaba sucediendo en primer lugar.

Corrió al baño y buscó un encendedor de cortesía. Nada. Pateó el armario. Tom siempre los tomaba ahora que él ya no los usaba. Se miró en el espejo, con el cigarro colgando de su boca y de pronto se odió. Sacando la estúpida cosa de sus labios, lo partió por la mitad y lo tiró en el inodoro, donde pronto le siguió el contenido de su estómago.

La cabeza le daba vueltas, le dolía el estómago, le dolía la cabeza y le dolía la garganta, haciendo una sinfonía de dolor que tenía por objetivo hacerle sufrir, se hizo bolita y declaró su derrota. No tenía puto tiempo para esto ahora. Bill se arrodilló y escupió en el inodoro con su rostro rojo por el esfuerzo, dejando su histeria en el inodoro junto con su asombroso cheesecake de fresas con chocolate que no sabía nada bueno mientras salía de su boca.

Su celular sonó y lo sacó de su bolsillo trasero, limpiándose la boca y buscando su enjuague bucal. Era David, diciéndole que Saki estaba en camino por sus maletas.

Mierda. Se enjuagó su boca rápidamente, Bill se aseguró de que todos sus cosméticos estuvieran cerrados y metió todo en su bolsa de maquillaje. Siempre se tomaba el tiempo para arreglar las cosas en orden, pero ahora no tenía tiempo, y eso era su culpa, por lo que sólo tenía que culparse a sí mismo.

Corriendo a la habitación, empujó el resto de su ropa dispersa en la última maleta y presionó su rodilla en ella para cerrarla con fuerza. Cuando se dio la vuelta, un golpe en la puerta se escuchó y Bill abrió la puerta para encontrarse con Saki, con una cara estoica como siempre.—¿Estás listo? —preguntó.

Siempre —Bill se acercó y agarró su bolso del suelo, recogiendo los pocos artículos que se habían caído y los puso de vuelta rápidamente.

Hay fans afuera, David dijo que tengas listo tu plumón —Bill gimió en su interior. No quería ver a nadie, hablar con nadie ni hacer nada hasta que subiera al bus. Ahora iba a tener que poner una cara feliz y sonriente para los fans, y firmar cosas. No estaba de humor.

¿Es una gran multitud?

No tan grande —Saki respondió.

Bill quería gritar. —¿Eso qué quiere decir? ¿Qué tan grande es no tan grande?

No tan grande —La boca de Bill era una línea delgada y recta. Las fans afuera eran un poco más grande que no tan grande, pero sonrió con su sonrisa mega-watt y encontró que era más fácil si imaginaba que Tom no estaba enojado con él, de esta manera sonreía aún más. Ese pensamiento loco lo llevó a través de lo que parecían cincuenta garabatos de su nombre, y alguien tirando de su cabello. Ni siquiera le echó una ojeada a la persona que se atrevió a hacerle tal cosa, porque el bus estaba a sólo unos metros delante de él y pronto estaría lejos de todo. Con un último empujón de Saki estaba dentro. Bill miró sus manos y encontró que estaban temblando de nuevo. Desesperadamente quería un cigarro.

Desesperadamente.

¿Qué pasa? —Levantó la vista hacia el rostro cuestionable de Gustav.

Nada. Simplemente estoy cansado —Bill respondió, continuando los pasos y pasado del baterista.

Esa es tu respuesta a todo últimamente —Bill sonrió con fuerza e imaginó su litera. Eso sería celestial en este momento. Frunció el entrecejo cuando Georg bajó los escalones de la sala de estar, el recuerdo de todo su día cayendo sobre él. Genial, no necesitaba un recordatorio caminante siguiéndole todo el tiempo. Apenas cruzaron miradas, miró a otro lado, dirigiéndose a su litera, al llegar arrojó su bolso y se recostó. Todo en él se sentía pesado, especialmente su cabeza y su corazón.

Tom estaba enojado con él y eso desequilibraba su mundo entero. Y lo peor de todo era que parecía realmente enojado. Por supuesto, los gemelos peleaban, era natural. Con el tiempo, te llegabas a acostumbrar a sus peleas, ellos se entendían, era parte de su relación hasta se apretaban estrechamente el uno con el otro junto a sus otros dos amigos en un bus durante días y días. A veces se golpeaban unos a otros sólo para romper el aburrimiento.

Esto era diferente. Esto era muy diferente. Se acostó de lado, mirando hacia el pasillo y preguntándose dónde estaba Tom. ¿Podría estar en la sala de estar? Si es así, ¿por qué estaba enojado con él, pero no con Georg? ¡Todo era culpa de Georg! Como si estuviera conjurando con sus pensamientos, el bajista se acercó a su litera y lo miró con preocupación. —Bill, tenemos que hablar, en serio —Bill lo miró y cerró la cortina lentamente. Podía ver la sombra de Georg frente a él durante unos segundos antes de marcharse. Bien. No quería hablar con él.

Todo era culpa suya, arruinó todo su día. Toda su vida. Todo. Bill se encogió más fuerte, luchando contra los espasmos de su estómago mientras exhalaba ruidosamente, tratando de expulsar el dolor con su aliento. No funcionó. Se sacó sus zapatillas y apretó el botón para el aire acondicionado y suspiró con alivio cuando el aire fresco comenzó a circular en su litera, aliviando la sensación sofocante que tenía cuando cerró sus cortinas. Abrió las persianas de su ventana privada y miró el atardecer ya desapareciendo. Si no sabías la hora podrías pensar que era de noche. Bill cayó dormido antes de que si quiera el bus empezara a moverse.

&

Los ojos de Georg se abrieron en cuanto el bus se detuvo. No podía evitarlo, si el bus no se movía, entonces no podría dormir a menos que estuviera en una habitación de hotel. Abrió la cortina y miró a su alrededor, escuchando a Gustav ponerse su par de zapatos. Estaban en una parada de descanso. Al otro lado del pasillo, en la parte superior la cortina de Bill estaba abierta, su cama estaba con las sabanas agrupadas en la parte inferior. Probablemente ya estaba fuera del bus.

Georg esperó hasta que la cabeza rubia del baterista se levantara y se moviera por el pasillo antes de sentarse en su cama. Agarró sus zapatos y metió los pies en ellos, sin molestarse en atarlos mientras buscaba su billetera y salía corriendo del bus. Por como lucían las cosas no tenía ni idea de dónde estaban, pero estaba bien con eso, siempre y cuando alguien supiera la ubicación, para él era suficiente.

Estaban en una de las estaciones de servicio más grandes esta vez y tarareó mientras pensaba en qué comprar. Tendrían mejores selecciones de revistas aquí, y probablemente incluso la nueva edición de la revista playboy. Necesitaba una nueva adquisición para su banco de placer. Vio a Gustav ya dentro, abriéndose paso hacia la parte trasera de los baños, y una cabeza pelinegra se inclinaba sobre las revistas. Bien. Necesitaban hablar.

Georg empujó la puerta y sonó la típica campanita de bienvenida, frunció el ceño y puso los ojos en blanco. ¿Por qué no pueden simplemente poner puertas deslizables para que no tengan que adivinar? Bill levantó la vista y rápidamente advirtió sus ojos. No, no iba a escapar otra vez.—Bill

Georg —El adolescente se negó a mirarlo, recogiendo la misma revista que había descartado cuando caminaba.

Necesitamos hablar.

¿Hablar de qué? —Bill se volvió hacia él con los ojos muy abiertos. Si no lo conociera, Georg diría que Bill realmente no sabía la respuesta a esa pregunta. Lo bueno es que lo conocía bien. La inocencia fingida de Bill lo mantenía fuera de problemas con casi cualquier persona con quien entraba en contacto. Las únicas personas en las que no funcionaba eran Tom y Saki. Bueno, esta vez no se lo tragaría.

Oh, no sé… algo como ¿qué dijo el doctor antes? —Siseó. Bill solo parpadeó y devolvió la revista a la estantería.

Voy a ir a otro doctor —dijo en voz baja, todavía buscando en las revistas como si estuvieran hablando del tiempo.

Bueno. Vas a necesitar chequeos regulares.

Voy a tener una segunda opinión —Georg parpadeó, asintiendo lentamente.

Bueno, ese es tu derecho… Pero ¿y si el otro doctor no dice nada diferente? —Georg miró a la mandíbula de Bill apretarse.

Lo hará.

¿Y si no lo hace?

Lo hará.

Pero. Qué. Si. ¿No? —preguntó de nuevo lentamente, tratando de hacerle ver a Bill lo obvio. —No puedes ignorar esto.

Mírame —Georg se sintió transportado nuevamente al frente del hotel y sacudió la cabeza.

Lo estoy haciendo y tú estás fallando miserablemente. Tienes que contarle a Tom o a alguien sobre esto.

No —Bill encontró otra revista y miró a Georg con curiosidad. —Y es mejor que tú tampoco.

No es mi secreto para decirlo —dijo amargamente, observando al delgado cantante alejarse. A veces se sentía tan frustrado después de hablar con Bill. Se negaba a entrar en razón a veces, y ahí es donde Gustav entraría. Te haría ver la razón, era sólo tu decisión actuar sobre ella o no. Pero no podía decírselo a Gustav, porque no era su maldito secreto a decir.

¿Por qué luces como si tu tortuga hubiera muerto de nuevo? —Georg se volteó hacia Gustav con una sonrisa torcida.

Sabes que esas viejas heridas emocionales vuelven de tiempo en tiempo —Dio un falso llanto y su amigo se echó a reír

Sí, seguro. ¿Viste la nueva edición de Playboy? ¡Chick tiene unos pechos tan grandes como el porte de mi cabeza!

& Continuará &

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por lurdez_geisterfahrer

Traductora del fandom

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