

Fic de Majestrix. Traducción de lurdez & MizukyChan
4: ¿Es la coacción realmente la respuesta? (P.1)
—Oh Tomi —Bill gimió, golpeando su puño contra la mesa en éxtasis.
—Si no te relajas todo habrá terminado antes de empezar —Tom advirtió—. Además, tienes que respirar.
—Pero esta tan bueno…
—¿Te gusta?
—Oh dios… Eres el mejor.
—Así me dicen —Tom observó cómo Bill devoraba la hamburguesa con gusto, orgulloso de su ingenio porque fue él quien le pidió al camarero que añadiera anillos de cebolla encima de la lechuga y el tomate—. Estás muy emocionado por esta comida, ¿verdad? —preguntó, mirando a su gemelo embelesado.
—Esto es tan bueno, que ni siquiera puedo describirlo —Bill tenía salsa de tomate y mostaza en la esquina de su boca, pero no le importaba. Lo único que importaba ahora era ese pedazo de pan que tenía entre manos.
—Me alegro —Tom se recostó en la cama, mirándolo tomar un puño de papas fritas—. Realmente deberías respirar antes de meterte otro bocado, Bill.
—¿Por qué molestarse?
—¿Cómo explico que mi gemelo murió comiendo una hamburguesa y papas fritas porque no le molesto respirar? —Tom encendió la televisión de brazos cruzados. Bill se encogió de hombros y se metió mas hamburguesa en la boca.
—Teljjasaglrermas.
—… ¿Quieres intentar una vez más?
Bill trago. —Te las arreglaras —Tom sonrió y negó con la cabeza, viendo a su hermano por el rabillo del ojo. Su gemelo se veía completamente radiante mientras se tomaba una coca en tiempo récord, incluso para él y alternaba bocados de cheesecake con papas fritas en su boca. Comía como si estuviera muerto de hambre…
—Bill, uno de esos cheesecake es mío ¿de acuerdo? —dijo, esperando que no sea muy tarde.
—Um…
—… Bill… —Tom gimió y sacudió la cabeza.
—Podemos pedir el servicio a habitaciones.
—Sí, bien —Él sabía que se iba a olvidar de todos modos. Después de un rato, Bill se puso de pie, con un suspiro de felicidad mientras se limpiaba la boca.
—Eso… fue increíble —Respiró, estirándose y sintiéndose absolutamente en la cima del mundo. Tom lo miró con una sonrisa.
—¿Más increíble que yo? —Bill negó con la cabeza.
—Nop. Increíble gracias a ti —Aclaró, dirigiéndose al baño. Tom escuchó a su gemelo cepillarse los dientes, sacándole una sonrisa, porque sabía que eso significaba una cosa. Besos. Cerró los ojos y fingió estar dormido, tratando de no sonreír ante la rabieta que escuchó frente suyo—. Tomi, no puedes estar dormido.
—Podría estarlo —murmuró, sin ocultar su sonrisa mientras Bill le daba vuelta y le dio un pellizco en el costado.
—Tomi… —Bill respiró, metiéndose en la cama junto a él y poniendo su barbilla en el pecho de Tom—. Tomi…
—¿Hmm? —Bill rodó los ojos y le besó en la nariz—. Ese no es mi botón para despertar.
—¿Tu botón para despertar? —preguntó con una sonrisa. Tom asintió con los ojos todavía cerrados.
—Tienes que encontrarlo.
—Eres un bebé —dijo Bill cariñosamente, arrastrando su largo dedo por el lado derecho de la cara de Tom. Suspiró y se dio cuenta que, incluso cuando su gemelo estaba tratando de hacerse el dormido, era hermoso—. Pero eres mi bebé —Le susurró, inclinándose y dándole un beso en su perfecta mejilla.
—Nop. No es ahí —Una risa salió de sus labios mientras Bill le daba un golpecito. Tom negó con la cabeza otra vez, negándose a abrir los ojos—. Sigue buscando.
—Bien. Así que estás exigente —Bill rió mientras Tom levantaba una ceja.
—Oh, yo soy el exigente. Está bien —dijo irónicamente Tom. Bill sacudió la cabeza y se inclinó hacia delante de nuevo, presionando un beso suave en los labios de Tom —.Lo encontraste —dijo en voz baja, abriendo los ojos. Tom miró a Bill y frunció el ceño porque parecía más cansado de lo que recordaba—. ¿Estás bien?
—Sí —Bill se iba a levantar pero Tom le agarró la mano y se la besó.
—Has estado enfermo desde hace un tiempo.
—Por favor, dejémoslo —dijo Bill con cansancio, descansando su cabeza en el pecho de Tom. Tom negó con la cabeza y desplazó a Bill en sus brazos.
—¿Sigue siendo tu estómago? ¿Vomitaste hoy? —preguntó, casi en tono acusador. Bill cerró los ojos y gimió.
—¿Podemos no arruinar este momento agradable hablando de vomito? —Tom se dio la vuelta inclinándose por encima de Bill pasando su nariz por su mejilla y en su pelo, inhalando el aroma de champú de su gemelo.
—Supongo… —Actuó como si fuera un enorme sacrificio. Bill se rió e hizo una mueca, agarrándose el estómago—¿Tienes que vomitar ahora? —preguntó Tom, alarmado. No quería vomito en su polera o en él en el peor caso.
—No, sólo me duele un poco —Bill se volvió y hundió su rostro en la gran polera de Tom, tratando de ponerse cómodo.
—Tal vez esto ayude —Tom frotó el estómago de Bill suavemente, siendo recompensado por sonidos de alivio.
—Oh… Tomi, eso es maravilloso —Bill lo miró y lo acercó para darle un beso, casto al principio, pero que empezaba a profundizarse a medida que Bill recorría su lengua por los labios de Tom. Él lo dejó entrar con entusiasmo, succionando su lengua, saboreándola, lengua que aprendió a amar. Amaba los besos de Bill, los anhelaba cuando no podía tenerlos. Eran casi tan buenos como el sexo, y eso era decir mucho. Tom empezaba a excitarse, y fue él quien rompió el beso, sin aliento, para luego colocar pequeños besos a lo largo de la mandíbula de Bill y por su cuello, gimiendo por la forma en la que Bill se arqueaba con su toque—. Tomi, trae el lubricante.
Tom se apartó con los ojos muy abiertos. —¿De verdad? —Tom chilló. Dios mío, sonaba como una virgen. Bill yacía debajo de él, sonriendo graciosamente y mordiendo su mejilla, tirando de él hacia abajo para otro beso. Cuando fue liberado, Tom estaba asintiendo con la cabeza, a pesar de que fue él quien hizo la pregunta—.Está bien, vuelvo en seguida —A regañadientes liberó Bill y salió de la cama, haciendo una pausa para volver y darle un beso una vez más, cerrando la puerta mientras la risa de Bill inundaba la habitación.
Sacó la tarjeta-llave de su bolsillo pasándola por la cerradura, frunciendo el ceño mientras la luz roja se mostraba, pasó una vez más y echó un vistazo a la tarjeta, rodando sus ojos, había sacado la otra tarjeta. La luz se puso en verde y la puerta se abrió, rápidamente empezó a buscar por su neceser y a hurgar por la botellita blanca sin marca alguna. Una vez en sus manos, Tom salió casi corriendo de su habitación, para dirigirse a la habitación de Bill, una vez dentro dio dos pasos hacia adelante con la botella con todos sus espíritus levantados, para luego ver todas sus esperanzas frustradas y muertas.
Bill se encontraba acurrucado con una mano en su estómago mientras inhalaba y exhalaba de manera uniforme. Tom miraba la escena, tratando de averiguar cómo Bill podía estar dormido cuando apenas se había ido por ¿dos minutos? Conocía a su hermano lo suficientemente bien como para saber que no estaba fingiendo.
Debatiéndose entre si despertarlo o no, Bill gimió y se acurrucó con más fuerza, y Tom miró las bolsas bajo sus ojos y se sentía como un canalla. Deslizando la botella en uno de sus muchos voluminosos bolsillos, se metió en la cama detrás de Bill acercándolo y poniendo su mano sobre el estómago de Bill, frotando suavemente.
Su gemelo respiró profundamente, relajándose contra él y descansando su cabeza sobre el pecho de Tom. Las líneas de dolor en su rostro se disiparon y besó la sien de Bill, suspirando en su cabello. Sea lo que fuera, iba a darle bolas azules, sin duda.
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La mañana siguiente después del desayuno, Georg pudo convencer a Bill para ir de compras, miró su reloj y frunció el ceño. Habían quedado para las 10 y ahora Bill estaba diez minutos tarde. Levantó la mirada y frunció el ceño mientras Gustav se aparecía por la esquina. —¿Qué pasa? —preguntó, frunciendo el ceño.
—Pensé que eras Bill.
—Sí, de repente he crecido 30 centímetros y he perdido suficiente masa muscular para ser confundido por una chica —Gustav bromeo, riendo hasta que vio la mirada en la cara de Georg.
—Sabes que ha estado enfermo.
—Pero nunca ha tenido mucha masa muscular para empezar.
Georg sonrió. —Cierto.
—¿A dónde vas? —preguntó Gustav. Estaban de pie en el vestíbulo del hotel, cerca de los ascensores.
—De compras —dijo rápidamente. —¿Tú?
Gustav se encogió de hombros. —Yo sólo iba a vagar sin rumbo por la ciudad por un rato. Hay algunas iglesias muy bonitas y quiero sacar algunas fotos de estas y enviarlas a la familia y todo eso.
—Eres tan… —Georg fue diciendo con aburrimiento.
—¿Y qué? ¿Eh? ¿Solo porque me gusta enviar imágenes a mi familia? —Gustav replicó. —Por lo menos actúo como si tuviera una familia.
—Mi familia sabe que los amo.
—Y si yo no te recuerdo para que los llames, ¿lo harías?
—Tal vez —Georg arrastrando las palabras.
—Como sea. ¡Y los gemelos son peores! —Gustav exclamó.
—¿En qué somos los peores? —Bill preguntó mientras caminaba hasta el grupo. Georg sonrió mientras Gustav rodaba sus ojos.
—¿Cuándo fue la última vez que llamaste a tu madre? —Le preguntó. Bill pensó por un momento.
—¿Cuándo fue la última vez que me lo recordaste?
—Son un caso perdido. Nos vemos perras —Gustav se despidió y se alejó, perturbado. Bill se volteó hacia Georg con una ceja levantada.
—¿Qué fue todo eso?
—No tengo ni idea —Georg sonrió mientras Bill se ponía sus lentes especiales para compras. —¿Estás listo?
—Mi tarjeta de crédito está haciendo un agujero en mis pantalones.
—Entonces, eso podría significar que son demasiados apretados —Georg rió mientras Bill le daba un puñetazo en el brazo.
—¿Dónde está Saki? —preguntó, mirando a su alrededor.
—Hoy sremos sólo tú y yo.
—¿En serio? ¿Cómo lo lograste? —Bill siguió a Georg afuera del vestíbulo del hotel y ya en la calle. Georg encogió de hombros y le hizo señas a un taxi.
—Sólo lo pedí.
—Idiota —Bill bostezo, y Georg lo miró.
—¿Qué?
—Nada —Bill volvió a bostezar, tratando de ocultarlo discretamente. —¿Qué?
—Sólo me preocupa que no estés descansando lo suficiente —Georg respondió, sonriendo al ver que un taxi finalmente hizo caso a su señal.
—Siento que estoy durmiendo todo el tiempo, pero no es suficiente. Tu sabes que es algo normal en mí, podría dormir toda mi vida. Además, es nuestro último día libre por un largo tiempo, y quiero salir del hotel por lo menos una vez —Se deslizó en la cabina detrás de su amigo y cerró la puerta.
—Nos gustaría ir a esta dirección, por favor —Georg le entregó al hombre una hoja impresa, y el conductor asintió rápidamente, para ponerse en camino.
—Necesito otro cinturón y unas botas —Bill reflexionó bostezando, apoyando su cabeza contra el asiento. —¿Cuánto tiempo se tardará en llegar a esa tienda?
—Aproximadamente unos veinte minutos, quizá más con el tráfico.
—Mmm… —En dos minutos Bill estaba completamente dormido. Georg miró a su amigo con preocupación. Antes de que apareciera esta extraña enfermedad, la sola idea de ir de compras tendría a Bill rebotando con entusiasmo durante horas. Ahora, este se quedaba dormido y apenas lo había entusiasmado. Algo estaba definitivamente mal y él iba a averiguarlo.
& Continuará &
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