

Fic de Majestrix. Traducción de lurdez & MizukyChan
2: ¿Es la negación realmente la respuesta? (P.1)
Bill escupió en el inodoro y frunció el ceño, jalo la cadena rápidamente y se limpió su boca de nuevo. Esto se estaba convirtiendo en una broma. Apoyó la cabeza contra la puerta del pequeño baño y suspiró, deseando que su estómago se calmara de nuevo. Ni siquiera la idea de un budín podría conseguir que se relajara y nuevamente terminó inclinándose sobre el inodoro, preguntándose si aún tenía algo en su estómago por botar. Cuando el último ataque de arcadas finalmente terminó gimió miserablemente, sintiendo lástima por sí mismo.
—¿Bill? —Se sacudió y se limpió la boca de nuevo, lanzando el pedazo de papel en el tacho y jalo por ultima vez la cadena.
—¿Sí? —contesto con voz ronca, aclarándose la garganta y haciendo una mueca ante el sabor de la bilis. Honestamente debería acostumbrarse a ella.
—¿Estás bien?
—Sí, Georg. ¿Qué pasa?
—Que estas metido ahí, eso es lo que pasa —Bill suspiró y se frotó la cara, sin importarle que estaba arruinando su maquillaje. Abrió la puerta y salió, mirando brevemente a su compañero de banda antes de ir a los lavabos. —¿Que ha estado pasando contigo últimamente?
—No lo sé.
—Bill… —Georg odiaba ver enfermo a alguien que amaba y Bill no era la excepción. Sabía que algo estaba sucediendo pero no quería inmiscuirse en los asuntos personales de los demás a menos que estos los afectaran de manera preocupante. —¿Cuándo vas a ir al médico?
Bill gimió y abrió el grifo, tirándose agua fría en la cara y escupiendo mientras miraba alrededor en busca de toallas de papel. —¡Maldita sea! —dijo al encontrar vacío el contenedor. —¿Qué puto tipo de baño es este, sin papel higiénico? ¡No me jodan!
—Cálmate, espera —Georg se apartó de la pared y se fue a otro contenedor más pequeño y le trajo un poco de papel higiénico, sonriendo mientras Bill se limpiaba la cara con impaciencia. —¿Mejor?
—Sí —Confesó mientras lanzaba el papel a la distancia y se dirigía a la puerta de salida del cuarto de baño pero Georg lo detuvo, empujándolo hacia atrás y mirándolo a los ojos.
—No has contestado a mi pregunta.
—Lo hice. Te dije que ya estaba mejor —Bill no podía mirar a Georg porque sabía cuál era la verdadera pregunta.
—Sí, inténtalo de nuevo —dijo, tratando de ser lo más severo posible. Bill lo miró y se quebró, no pudo evitar sincerarse. —Bien, no soy de actuar el rol del “padre preocupado”, pero si lo estoy. ¿Cuándo vas a ir al médico?
—No voy a ir, Georg. No tenemos tiempo —Bill no quería tener esta conversación ahora mismo o en ninguna oportunidad realmente.
—Puras mierdas, Bill. Si algo está mal con cualquiera de nosotros David dijo que se ocuparía de ello. Sólo tienes que decirle que no te sientes bien y él va a parar para llevarte al doctor sin dudarlo.
—Sabes que no me gustan los doctores.
—Lo que estás haciendo ¿Está ayudando en algo? —Bill abrió la boca para replicar pero no tenía ningún recurso. —Lo digo en serio Bill, has estado cansado todo el tiempo y has estado comiendo raro. Primero el budín y ¿ahora patatas fritas con mantequilla? —palideció.
—Hey, es mejor de lo que piensas —dijo Bill a la defensiva, preguntándose por que tantas ganas de comer papas fritas antes de llegar al hotel. Acababan de terminar de tocar en una arena llena en Lisboa, y estaba esperando ansiosamente por los dos días libres que tendrían. Todo lo que tenía que hacer era llegar al hotel.
—Okey, te tomare la palabra. Pero en serio Bill, tienes que hacer algo, no es normal.
—Yo sé que no es normal —dijo apenas hablando. —¿Qué te parece si busco mis síntomas en Internet? y si es realmente grave, voy a ir al médico ¿de acuerdo?
—¿Me dirás que es lo que tienes? —preguntó Georg, frunciendo el ceño. La definición de Bill de «grave» era muy diferente a la de las personas normales.
—Puede ser. Si es lo suficientemente grave.
—Bill…
—Georg… —Le sonrió y se encogió de hombros. —¿Qué es lo que quieres de mí?
—Que te sientas mejor —dijo Georg seriamente. Bill suspiró y sonrió.
—Gracias Georg.
—Sí, como sea. No podemos tener a nuestro cantante lider enfermo, ¿verdad? Sino Gustav y yo tendremos que ir a dar entrevistas y nadie quiere eso —Georg rodo sus ojos y abrió la puerta del baño. Bill se rió y lo siguió, sorprendido de encontrar a Tom apoyado contra la pared de enfrente.
—¿Qué paso? —preguntó, inclinándose hacia adelante mientras descruzaba sus brazos y se acercaba a Bill. —Tu maquillaje esta corrido.
—Le estaba contando sobre el final del Titanic y se puso todo sentimental—Georg dijo suavemente, pasando del rubio. Tom rodo sus ojos.
—No otra vez…
Bill puso mala cara y se encogió de hombros. —Es una película triste
—Sí, es una película muy triste —Tom rodó sus ojos y sonrió. —Vamos, Saki está en la camioneta —Bill lo siguió, capturando brevemente los ojos de Georg y uniéndosele al caminar mientras Tom caminaba delante.
—Gracias —Le susurró, y Georg se encogió de hombros.
—Sí, pensé que podrías necesitar un poco de libertad de Tom y de su modo sobreprotector —Bill se echó a reír.
—No tienes ni idea. ¿Qué van a hacer esta noche?
—Iremos a arrasar con los clubes —Georg gritó e inmediatamente se disculpó mientras Bill se estremecía. —Lo siento, estoy entusiasmado. Necesito un poco de acción, y mientras que somos potencialmente guapos, quiero ganarme con algunas bellezas femeninas por un rato.
—Mmm… ¿Tom va a ir con ustedes? —Bill preguntó vacilante, sacando su plumón y preparándose para salir.
—Me dijo que quizás —Se encogió de hombros, buscando en sus bolsillos. —¿Tienes otro?
—Por supuesto —Bill sacó uno extra de su bolsillo trasero y volvió a suspirar. —¿Georg?
—¿Hmm?
—¿Te importaría si le pregunto a Tom si puede quedarse conmigo esta noche? —Georg levantó la mirada y le asintió a Saki, mientras los llevaba hacia la puerta. Gustav y Tom ya los estaban esperando, hablando animadamente sobre la noche que venía.
—Bueno, supongo que no. Quiero decir, él está muy entusiasmado con la salida, sin embargo le diré que estas enfermo y él se quedará, estoy seguro.
—¡No! —Gustav y Tom voltearon para mirarlo, acción que provoco un leve sonrojó en Bill, apresuradamente sacudiendo la cabeza. —No, no quiero que hagas eso. ¿Sabes qué? Está bien. Sólo estaba siendo tonto por un segundo. Ya sabes cómo me pongo a veces.
—Está bien, Bill si estas enfermo… —Georg levantó las manos al ver la mirada que estaba recibiendo y sonrió. —Bien, no digo más.
—Gracias —Saki dio señas a otros dos hombres en su equipo de seguridad y las puertas se abrieron. Y que comience el alboroto…
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Bill levanto su mirada y sonrió. —Hey.
—Hey —Tom le devolvió la sonrisa y cerró la puerta tras suyo. Odiaba estas habitaciones conectadas, ya que había una puerta de comunicación que era muy práctica. —¿Que vas a hacer esta noche?
—Ya me voy a dormir —Bill bostezó como si estuviera ilustrando el hecho. —Y tú, diviértete —Le dijo mientras Tom se sentaba junto a él en la cama. Bill rió mientras Tom tiraba de él a su regazo y enterraba su nariz en el cuello de Bill.
—¿Estás bien? —Estaba preocupado, pero Bill lo entendía.
—Solo cansado…
—Bueno. ¿Quieres que me quede aquí? —Bill negó con la cabeza, pasando sus manos a lo largo de las mejillas de Tom. —Sabes que lo haría, ¿verdad?
—Por supuesto —dijo seriamente, inclinándose y besándolo brevemente. —Pero sabes lo que dijimos sobre nuestro acuerdo.
—Sí… —Tom miró hacia otro lado mientras frotaba sus manos cariñosamente los lados de Bill. —Si lo sé.
—Okey, bien. Ahora ve, antes de que cambie de opinión —Volteó el rostro de Tom de nuevo hacia él y lo besó de nuevo.
—No tardaré mucho. Creo que estoy un poco cansado —Bill miró a su gemelo sospechosamente mientras lo colocaba suavemente sobre la cama.
—… En serio.
—Tu nunca lo sabes —dijo Tom por encima del hombro mientras se despedía, sin dar una mirada hacia atrás. Bill se echó a reír, pero luego la puerta hizo clic y ya no estaba de buen humor. Echándose hacia atrás, miró al techo, preguntándose por qué, de repente, no podía dormir. Antes de que pudiera levantarse y vestirse, alguien llamaba a su puerta y Bill miró hacia ella, con el ceño fruncido. Tom no llamaba y tampoco lo hacía Gustav aun si sabía que Bill estaba despierto.
—¡Adelante! —Gritó, esperando que fuera lo suficientemente alto como para que la persona en el otro lado pudiera oírlo. La puerta se abrió y Georg asomó su cabeza, vestido para salir. —Hey.
—Hey. ¿Lo hiciste? —Bill frunció el ceño.
—¿Qué?
—¿Buscaste tus síntomas?
—Oh… —Bill hizo una mueca y sacudió la cabeza. —No, dejé mi laptop en el bus. Y no, no voy a ir a traerla —dijo. Georg sonrió y dio un paso más en la habitación con su laptop en las manos. —¿Estás llevando eso al club? —Bill preguntó directamente, atrapado entre el deseo de reír y sentirse irritado.
—Sí, porque eso es lo que me gusta hacer, revisar mi correo electrónico, mientras que chicas sexys susurran en mi oído —Agarro una silla y se sentó.— Lo prometiste, Bill.
—¿Yo que? —Hizo un mohín, recogiendo el edredón debajo de él.
—Si, lo hiciste. Además, ese mohín sólo funciona con Tom y el resto del mundo —Georg se rió y se fue, dejando a Bill con un puchero una vez más. Se dio la vuelta y miro el aparato en su escritorio, preguntándose por qué no se levantaba y acababa de una vez con todo eso. Georg podría ser un tipo reacio cuando tenía una causa… Además, sería bueno ponerle un nombre a lo que estaba sintiendo.
—Bien… —dijo al aire, rodando hasta ponerse de pie y estirarse. Lo iba a hacer y hacerlo ahora, antes de que Los ángeles de Charlie vinieran y se quedara dormido. Bill abrió y prendió el portátil de forma rápida y se dirigió a un sitio web de medicina. Se levanto para cepillarse los dientes y su cabello antes de sentarse de nuevo, doblando sus piernas y colocando el aparato sobre estas. Bien, ahora que pasa… —No puede ser que quiera ir al baño otra vez —Rodo sus ojos y movió el aparato fuera del camino mientras corría al baño. Cuando Bill regresó la primera cosa que escribió fue…
—Náuseas…. vómitos… sensibilidad a los olores… dolores de cabeza… micción frecuentemente… —Bill hablaba en voz alta mientras escribía. —¿Qué es eso? —Gimió y se frotó el estómago hasta que le dio una pelea inesperada de náuseas. —Ugh, ¿No es esto suficiente? —Presionó enter y esperó a que el sitio web hago el resto. Hizo clic en los resultados y una ceja se levantó.
Una risa temblorosa salió por sí sola mientras miraba la pantalla. Esto no podía ser real. Algo se tuvo que haber cruzado, debió haber salido el resultado de otra persona.
Pero sabía que no era así cómo funcionaban los sitios web. Un fuerte dolor de cabeza salió de la nada y cerró la laptop, empujándola fuera de su regazo y fue a acurrucarse en su cama. Se rio de nuevo y sacudió la cabeza, debería estar loco para siquiera darle un momento de reflexión. Fue un error, un estúpido error.
Bill cerró los ojos y se debatió sobre meterse bajo las sábanas cuando alguien llamó a su puerta una vez más. —¡¿Sí ?! —preguntó, tratando de no sonar tan irritado como se sentía.
—¡Servicio de habitaciones! —Su estómago gruño y prácticamente se lanzó hacia la puerta.
—¡Hola! ¡Olvidé que había pedido algo! —Bill sonrió mientras abría la puerta, saliendo del camino para que el carrito pudiera entrar.
—¿Todavía lo quiere, señor? —preguntó el hombre, revelando la comida debajo de la tapa en forma de cúpula. Bill sonrió al ver un cerrito de papas fritas y un cuenco lleno de salsa de mantequilla derretida al lado.
—Oh, sí —Respiró, tratando de no bailar alrededor. El hombre se rió y giró la bandeja a la pequeña mesa cerca del balcón. Ahora si Bill bailando, saco un billete de 10 euros de su bolsillo y se lo entrego al hombre. Si hubiera tenido un centenar de billetes con él probablemente le habría dado todo. El hombre asintió con la cabeza y le dio las gracias mientras salía rápidamente. Bill puso la mantequilla en las patatas fritas y estaba felizmente masticando cuando se detuvo y miró lo que estaba comiendo.
El sitio web que obviamente le había dado un resultado, mencionó algo acerca de los antojos de alimentos extraños.
Miró a la cama y frunció el ceño. La laptop estaba donde la dejó. Rellenando con unas patatas fritas más en su boca. Bill regresó y la recogió, abriendo el aparato y atreviéndose a ver lo mismo. La puso en la mesa y leyó mientras comía, parándosele los pelitos posteriores de su cuello. Esto era una locura y no podía ser cierto y… ¿tenía que ir al baño otra vez? Bill limpió su boca con una servilleta y corrió al baño.
Cuando salió del baño corrió a su bolso y sacó su celular, marco el número de Saki, sonó dos veces y Bill tuvo que tragar rápidamente porque se había metido más patatas fritas en la boca mientras esperaba. —Saki, tengo que ir a una farmacia. No, no pasa nada. Sólo necesito más removedor de maquillaje. No, quiero ir yo mismo.
Está bien, estaré listo —Colgó la llamada y asintió con la cabeza a la laptop. —Esto es estúpido y sólo estoy haciendo esto para demostrarte que estas equivocada —Bill le dijo al aparato. Se sentía inexplicablemente mejor, porque por alguna razón mientras miraba la laptop se imaginó que esta se sentía ofendida.
& Continuará &
Gracias por la visita.