Fic de Majestrix. Traducción de lurdez & MizukyChan

Capítulo 10: ¿Es desaparecer realmente la respuesta?

Oh, no debió molestarse —Razonó Tom, entregándole uno a Bill. Estando de acuerdo, aceptó el de glaseado azul con entusiasmo. Amaban los cupcakes y estaban encantados de encontrar un plato lleno de estos en la mesa de la cocina cuando llegaron a casa esa tarde. Bill apartaba lentamente el papel del pastelito, con la intención de quitarlo todo. —Mamá y Gordon dicen que vendrán tarde esta noche. Tienen esa cosa en la galería.


—¿Es esta noche? —preguntó Bill, volviendo al cupcake en su mano para continuar su trabajo.


—Supongo que sí. Dios, el ensayo fue agotador —Tom sacó una silla y se sentó al lado de los cupcakes, tirando la envoltura de su primer cupcake para después alcanzar otro. —Los tiempos en los coros suenan raro.


—Lo solucionarás —Bill le contestó distraídamente, liberando por fin a esta delicia de su prisión. Tom sólo gruñó y apartó el papel rápidamente antes de comérselo. —¿Cómo lo haces?


—¿Hacer qué? —preguntó Tom con la boca llena de cupcake.


—Sólo… comerlo.


—Es solo un cupcake, no un cohete. No necesito pensar en ello.


—Deberías tratar de saborearlo —Bill hizo una mueca, lamiendo un poco del glaseado colgado en un lado.


—Sólo debes comerlo y disfrutarlo. Te obsesionas con las cosas más extrañas… —Tom miró a su hermano extrañamente, y antes de que Bill pudiera replicar, su gemelo le empujó el cupcake sobre su boca, que rápidamente cerró. El glaseado azul estaba embarrado en sus labios y en su barbilla, y Bill jadeó airadamente mientras retrocedía en conmoción.


—¿Qué mierda, Tom? —preguntó, con los ojos abiertos mientras su gemelo se doblaba de la risa. —¡Iba a comer eso!


—¡Parece que ya empezaste! —Tom jadeó, su risa cortándose cuando casi se le cae su cupcake.


—Ven aquí, Tom… —Bill sonrió malignamente, sin molestarse en limpiarse el glaseado y trozos de pastel de sus labios. Tom se calmó, mirándolo con una expresión curiosa. Bill se acercó a él, sorprendido de que no haya huido. —Voy a mancharte con glaseado por todos lados… —Esperaba que la persecución comenzara, pero su gemelo aún no se movía. —¿Por qué no corres?


Tom estaba mirando sus labios y se inclinó hacia adelante, lamiendo un poco de glaseado de ellos. Los ojos de Bill se abrieron y jadeó. —Quizá, no quiera hacerlo —dijo en voz baja, mirando los ojos de Bill. Bill abrió la boca y la cerró, incapaz de encontrar algo que valiera la pena decir.


—¿Qué…? —Sus palabras fueron cortadas cuando la boca de Tom chocó contra la suya, ensuciándose con el glaseado. Cuando finalmente se separaron, Bill estaba sin aliento y había una mirada en los ojos de Tom que no le permitía apartarse.


—He querido hacer eso por un tiempo —Tom se encogió de hombros nuevamente. Ahora él también tenía una mancha azul en la cara, y Bill se preguntó si eso lo marcaba como suyo. —Sé que tú también lo has pensado.


—Tú no sabes todo sobre mí —Bill dijo rápidamente, ruborizándose ante la declaración.


—Sí que lo sé —Tom sonrió.


—Creí que pensabas que era raro —Admitió.


—Bill, nada de lo que hagas o digas será tan raro como para no amarte, ¿de acuerdo?

Se despertó con lágrimas corriendo por su rostro, incapaz de recordar la última vez que ese recuerdo surgió en su mente de manera espontánea. Bill gimió y se sentó sobre la cama, frotando su rostro con sus manos tratando de deshacerse de la humedad. Una mirada al reloj le hizo saber que era medianoche y su estómago gruñía. El servicio de habitación había terminado hace una hora y no había nada en el minibar que fuera comestible. Alcanzando su teléfono, llamó a Saki y esperó. —Hola Bill. ¿Qué puedo hacer por ti?


—Tengo que ir a una tienda, si no te importa —Bill se sacaba una bola de pelusa del pantalón de pijama y frunció el ceño ante el silencio en el otro extremo.


—¿No puedes pedir algo del servicio de habitaciones?


—Está cerrado por la noche.


—¿Puedes estar listo en cinco minutos?


—Sí —La llamada se cortó y Bill apartó el teléfono para mirarlo brevemente. Saki parecía que no tenía idea de lo que era una despedida en una conversación telefónica. Se levantó y se abalanzó sobre sus maletas para vestir algo, poniéndose un pantalón vaquero. Se lo deslizó por las piernas y cuando Bill fue a cerrar la cremallera se encontró con una resistencia. —Me tienes que estar bromeando… —Bill miró su estómago con incredulidad. Respiró profundo y metió su estómago, consiguió que se cerrara la cremallera y ajustó su pantalón con una correa, pero por primera vez lo sentía demasiado apretado.

Se sentía incómodo así que deshizo el broche rápidamente, suspiró de alivio al ser liberado. Esto no iba a funcionar ¿Cómo iba a salir de la habitación cuando no se podía ni cerrar los pantalones? —Mierda, no puedo lidiar con esto ahora mismo —dijo a la vacía habitación, pateando una de sus maletas con rabia. No le dio pelea y eso hizo enojar aún más a Bill. Buscó en otra maleta y estaba agradecido de encontrar una de las sudaderas con capucha de Tom que había estado llevando consigo quién sabe cuánto tiempo. Era simple, negra y grande. Perfecta.


Bill se la puso y se miró en el espejo. Le caía hasta los muslos, ocultando completamente su estómago y el desafortunado hecho de que sus pantalones no le cerraban. De hecho, prácticamente nadaba en la sudadera. Tuvo el tiempo suficiente para agarrar su bolso y atarse los zapatos cuando oyó un golpe en la puerta. Bill abrió la puerta y sonrió. —Hola, gracias por llevarme.


Saki asintió para luego mirar al cantante. Estaba ligeramente pálido y parecía que había estado llorando. Frunció el ceño. —¿Está todo bien, Bill?


—¿Qué? Por supuesto —Bill asintió, poniéndose las gafas de sol aunque estuviera en medio de la noche. Saki frunció el ceño de nuevo y cerró la puerta de la habitación del hotel, siguiendo al pelinegro a los ascensores. Él podía reconocer un mecanismo de defensa apenas lo veía y Bill, bueno no era muy bueno fingiendo.


&

Tom, con ojos cansados, le daba una mirada a la ciudad de Oslo. No podía dormir, cada vez que cerraba los ojos, se sentía perdido y claustrofóbico. Después de que dejó la habitación de Bill, Tom había intentado tomar una ducha pero tuvo un ataque de pánico. Se había golpeado la cabeza contra la pared, perdiendo ligeramente la conciencia, despertó unos segundos más tarde, abriendo la manija de la ducha lo más que pudo, haciendo que el agua corriera desesperadamente. Estaba allí recostado contra la pared, tratando de recuperarse, pero tuvo que encogerse a un rincón de la ducha, aferrándose así mismo, el miedo se adueñaba de todo su cuerpo, Tom sabía que no podía seguir así.


El sueño no era una opción. Su cerebro estaba saltando por todo el lugar y no podía dormir. Estaba en su cuarto cigarrillo, en apenas media hora, la nicotina ya no aliviaba sus nervios. Tom lo lanzó en el cenicero con enojo, preguntándose por qué nada lo aliviaba.


Tal vez esto era lo que se sentía cuando estás a punto de volverte loco. Las paredes se cerraban y no había nadie con quien pudiera hablar. Gustav y Georg no sabían que el bebé era suyo y si intentaba hablar con ellos sin revelar su secreto le dirían que está exagerando. Decirles algo no iba a ser posible y pedirle a sus amigos que mantengan otro secreto estaba fuera de discusión.


Tom se levantó, se vistió y se puso un par de zapatos al azar. Tenía que irse, ahora mismo. Agarró una gorra y se la puso en su cabeza, tomó su llave – tarjeta y prácticamente huyó de la habitación vacía. No sabía de qué estaba huyendo, pero sabía que tenía que irse.


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—Te vas a quedar en el coche, ¿verdad? —preguntó Bill, intentando de tomar el control como Georg lo había hecho. Saki lo miró impasible, guardando silencio. —Bien, puedo ir solo. No voy a tardar —Advirtió y salió del coche, gimiendo por adentro mientras el guardaespaldas lo seguía hacia la tienda. Bien. Trató de ignorarlo mientras compraba, cogió un carrito y empezó a mirar a su alrededor.


El diseño de la tienda era un poco extraño, pero Bill se acostumbró a él cuando de pronto llegó a la sección de dulces. Lanzó un par de gomitas de gusanos en el carrito y un paquete miniatura de Twix que llamó su atención. Esos también se venían con él.


Mientras caminaba, abrió un paquete gomitas y masticó felizmente, su estómago se calmó y su humor mejoro. Tomó más budín y un paquete de café instantáneo. No le gustaba esta cosa, pero su cuerpo estaba pasando por una escasez de cafeína, eso era todo. Tom podía molestarse y recriminarle si quería.


—¿Ya estás listo? —Saki le murmuró mientras Bill saltaba por la sorpresa. Casi había olvidado que estaba allí. Estaba tan sumergido en sus cosas que perdió la noción del tiempo. Miró hacia su carrito y pensó un momento.


—Necesito tomates, luego de conseguirlos podemos irnos.

&

Gustav bostezó y se estremeció cuando un escalofrío recorrió su cuerpo inesperadamente. Hoy era su día libre y todos habían planeado pasar el rato juntos y relajarse. Sí que lo necesitaban y estaba ansioso de patear culos de derecha a izquierda en los videojuegos. Esta vez no dejaría ganar a Tom forzando a todos a jugar Guitar Hero. Golpeó su puerta de nuevo y frunció el ceño. Era ya mediodía y el guitarrista debería estar despierto ya que no salieron la noche anterior. —Vamos, Tom… —Golpeó de nuevo, esta vez más fuerte. No hubo respuesta alguna.

No creo que esté allí —Se volteó para mirar a Georg frunciendo el ceño detrás de él —Lo intenté hace rato, íbamos a ir desayunar al restaurante del hotel pero no contesta el teléfono y no abre la puerta, eso fue hace una hora y media.


—¿Has revisado la habitación de Bill? —preguntó Gustav, caminando por el pasillo hacia la puerta del cantante. Georg sacudió la cabeza mientras lo seguía.


—Sabes que no me gusta despertar a la Diva antes de las tres. Me sacaría la cabeza de una mordida, especialmente ahora —Bromeó, obteniendo una risa del otro chico. El baterista sacudió la cabeza y tocó la puerta con tanta suavidad como pudo.


—Bill —Volvió a llamar y miró hacia la puerta abierta. Bill los miró a los dos con sueño, bostezando enormemente.


—¿Qué carajos quieren? —preguntó, apoyándose en la puerta. Los ojos de Gustav se abrieron de par en par mientras lo miraba. Bill había olvidado cerrar su bata, y podía ver una curva distinta en su pecho, una curvatura que acentuaban un par de senos, y más la hinchazón de su abdomen, finalmente le golpeó el hecho que Bill estaba embarazado. Bill miró hacia abajo a lo que estaba mirando con la boca abierta y cerró su bata, parecía avergonzado. —¿Han venido a mirar o querían algo?


Georg le dio un codazo en el costado y sonrió. —Estamos buscando a Tom, ¿está contigo?


Bill bostezó y sacudió la cabeza, riendo sin alegría. —No, no está aquí —Parecía un poco apenado antes de que apareciera la indiferencia en su rostro.


—No está en su habitación —Finalmente, Gustav logró reavivar su cerebro.


—¿Lo llamaron?


—Por supuesto que lo llamamos, no contesta —El bajista tenía un mal presentimiento en el estómago. Bill se encogió de hombros de nuevo y los invitó a entrar, yendo a su cama y buscando su teléfono entre las mantas.


La mesa estaba llena vasitos de budín y un tomate partido en cuatro. —Uh… Bill, ¿Qué has estado comiendo? —preguntó Gustav, haciendo una mueca.


—Nada —Respondió apresuradamente, cogiendo el edredón y sacudiéndolo para poder encontrar su teléfono.


—Amigo, parece tomate y… —Georg cogió una caja rota del piso y leyó la etiqueta. —¿Budín de fresa?


—¿Si y qué? —Bill bufó y agarró el teléfono una vez lo encontró, irritado ante los comentarios de sus amigos.


—Eso es…


—Entonces no lo comas —Bill contestó con impaciencia, molesto a la vez por el tono de llamada de Samy Deluxe. Normalmente no le importaba, pero le estaba poniendo nervioso. Pensando en ello y, que lo despertaran tan rudamente, le había irritado. No hubo respuesta. —No contesta —Sacó una llave-tarjeta de la mesita de noche y se la entregó a Georg. —Pueden ir y buscarlo a su habitación, voy a volver a dormir.


—Bill —Gustav intentó, pero el cantante levantó la mano.


—Tengo que volver a dormir, salgan de mi habitación —Georg rodó los ojos e hizo un gesto para que el baterista lo siguiera, ambos haciendo una mueca ante la fuerza con que fue cerrada la puerta tras ellos.


—Wow.


—Sí. Esas hormonas realmente deben estar haciendo efecto —Georg dijo mientras regresaban a la habitación de Tom.


—¿Viste eso? —dijo Gustav en voz baja.


—¿Las tetas?


—Sí —Se estremeció. —Fue raro.


—¿Viste la expresión de su rostro? —preguntó Georg mientras pasaba la tarjeta y abría la puerta. La habitación estaba oscura y la cama estaba deshecha, pero era obvio que Tom ya no estaba allí. Gustav miró alrededor de la habitación y meneó la cabeza.


—No, no lo hice.


—Lo estabas haciendo sentir extraño.


—Era Bill con pechos, ahora mismo, en la escala de la rareza, eso merece un cinco —Georg se dio una vuelta por la habitación por última vez y se rió.


—Supongo que tienes… —Se interrumpió, señalando la mesita de noche.


—Mierda.

&

Por primera vez a Tom le gustó el hecho de no saber dónde estaba. Había algo relajante en el hecho de estar sentado en algún parque, no teniendo idea del nombre de este. Las horas pasaron volando mientras miraba como el sol salía, hasta que estuvo casi encima suyo, viendo a la gente pasar durante las horas de almuerzo. Se preguntó sobre sus vidas, si disfrutaban de sus trabajos tanto como él disfrutaba del suyo. Si tenían familias, si las amaban y si correspondían su amor.


El viento aumentó brevemente y se cerró la sudadera para no agarrar un resfriado. Tom dejó que su mente vagara y disfrutara de su propia burbuja de silencio. Dentro de su burbuja no había Tokio Hotel, ni Jost gritando por su irresponsabilidad. No había esos ojos que él sentía que lo miraban constantemente, juzgándole por amar a su propio hermano, por follárselo y por mantenerlo como un amante. No había un Bill con una expresión de decepción y con un estómago cada vez más grande, testimonio de las actividades ilegales e ilícitas que hacían juntos…


Si tan sólo su vida fuera esta burbuja. Si tan sólo su vida volviera a la normalidad.


Tal vez no se sentiría como si estuviera ahogándose.

&

—Juro que los mataré a los dos… —Bill se detuvo ante la mirada en los rostros de sus amigos. —¿Qué pasa? —Georg le tendió el teléfono de Tom, lo tomó y lo miró con extrañeza. —Tom no va a ninguna parte sin esto —Susurró Bill. Se sentía extraño ver el teléfono y no a su propietario. Su gemelo nunca lo dejaba fuera de su vista.


—Lo sabemos. Tom no está en su habitación y Jost tampoco lo ha visto. Vamos a tener que decirles que no podemos encontrar a Tom —Georg dijo humildemente, apoyándose contra la puerta.


—Quizás solo esta haciendo turismo —dijo Bill, tratando de calmar sus nervios y el malestar en su estómago.


—¿Sin su teléfono, Bill? ¿Sin decirle a Saki?


—¿Que dijo Saki? ¿Sabe dónde está Tom?


—Aún no le hemos preguntado. Cuando lo hagamos, él irá a buscarlo. Saki le dijo un millón de veces que no saliera del recinto sin decírselo. Y ahora ni siquiera tiene su teléfono… —Gustav sacudió la cabeza. —Esto no es bueno.


Bill no pudo apartarse del teléfono en su mano. Si pudiera hacer lo mismo con su hermano lo haría. ¿Y si Tom se metió en problemas o se perdió? No conocían la ciudad, cualquier cosa podía pasarle. Suspiró y trató de mantener la calma. —Déjame vestirme, iré contigo.

& Continuará &

Te invitamos a seguir leyendo.

por lurdez_geisterfahrer

Traductora del fandom

2 comentario en “Makes Three 10”

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