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«Letra y Música»
Capítulo 3: Escuela especial, para niños especiales
—No olvides tu cuaderno de fotografía, Bill, cariño. —Simone asomó la cabeza por la puerta de la cocina y sonrió—. Está en la mesa.
Bill ya lo sabía, él mismo lo había puesto ahí, por el amor de Dios. El día siguiente después del desastroso ensayo de la banda, era lunes, así que tenía que levantarse temprano y de hecho, ponerse el uniforme de la escuela, el que era rígido, le molestaba y le dolía al moverse. La camisa blanca estaba pesadamente almidonada, para que quedara completamente libre de arrugas. Los pantalones grises tenían un corte, que sin importar cuánto los tiraras, siempre te apretaban las pelotas. El blazer negro era pesado y lo hacía ver más chico y no tenía suficientes bolsillos. Incluso había una corbata que se suponía debía usar, aunque la mayor parte del tiempo, Bill se la sacaba. Él solo pestañaba con los ojos muy abiertos, cuando los profesores, le decían con enojo que la volviera a poner.
El uniforme -en general, la escuela- era otra de las cosas que Bill odiaba por ser mudo. No tenía permitido ir a una escuela normal, donde iban todos los chicos de su edad. No, su madre había vetado esa posibilidad extremadamente rápido, alegando que le harían bullying, lo lastimaría, y lo harían sentir incómodo y que, por lo tanto, se sentiría miserable. Bill creyó que era porque los maestros querían ahorrase la molestia de tener que aprender lenguaje de señas.
Así que lo enviaron a St Joseph’s, que era conocida en la localidad como la “Escuela Especial”. Esas palabras eran pronunciadas con desprecio, una forma burlesca que solo los adolescentes se las arreglan para manejar. Bill la odiaba. Era totalmente obvio que él iba allí. Solo los niños especiales usaban ese uniforme. Él no podía conducir, así que debía tomar la locomoción pública y aguantar todos los gritos ofensivos y las risas mal disimuladas. Y una vez que por fin llegara allí, estaba obligado a asistir a las clases con chicos que en verdad estaban discapacitados, quienes tenían problemas de aprendizaje, quienes no podían entender los conceptos más básicos.
¡No tengo problemas mentales! —Le dijo a su madre las últimas tres semanas—.¿Por qué no puedo ir a una escuela normal? ¿Por favor? Hay mucha gente allí, que no habla a propósito. ¡Me las arreglaré!
—No seas tontito, cariño. —Cortó bruscamente Simone—. Allí nadie te cuidará. Ahora si me disculpas, tengo que crear una monstruosidad con tafetán y seda.
Y Bill se dio por vencido, pero con mucha rabia. No tenía caso en hablar con su madre, mientras estuviera ocupada con un vestido de boda (Ella era sastre y por lo mismo, estaba perpetuamente ocupada), mucho menos tenía caso hablar con su padrastro, para nada. Gordon preferiría mil veces sentarse a ver televisión, que tratar de entender el lenguaje de señas de su hijastro, porque lo confundía.
—Ve a hablar con tu madre —diría—, el juego ya empezó.
Y por lo tanto Bill tenía que ir a esa escuela una semana más o tal vez dos, hasta que Simone terminara con ese vestido, pero luego vendría otro vestido, o un traje especial, o algo, hasta que Bill llegara al punto de rendirse.
Solo Maddie lo escuchaba—. Bill, cariño, solo deja de ir si lo odias tanto. Si haces novillos por una semana, ellos comenzarán a ponerte atención.
¡No puedo hacer eso!
—Bueno, tampoco te puedes quedar mucho en ese lugar, te está robando las energías —dijo la chica y puso un poco de duda en la cara—. Si ya te están saliendo canas.
Bill rodó los ojos ante esa idea, tomó sus llaves y el condenado cuaderno, luego salió cabizbajo por la puerta. Afortunadamente, el bus partía desde el paradero fuera de su casa y así no tenía que caminar a ninguna parte para tomar la locomoción, pero aun así…
El bus siempre venía lleno de chicos de escuelas normales y todos ellos trataban de molestarlo cuanto podían. Algunas veces Georg o Gustav estaban en el bus (iban a la Universidad que estaba en el centro de la ciudad), pero mayormente, Bill tenía que aguantar el viaje por sí solo.
Aunque hoy, estaba de suerte.
—Hola, Bill. —Gustav le sonrió, desde uno de los asientos cerca de la entada—. Aquí, te guardé un lugar.
Gracias. —El rubio podía entender algunas cosas del lenguaje de señas. No muchas, pero tenía idea de lo básico y eso facilitaba las cosas para que Bill pudiera hablar con él—Odio este bus.
—Sí, no es ninguna sorpresa. —Gustav le dio una pequeña sonrisa—. ¿Por qué tu mamá insiste en que vayas a ese lugar? Podría jurar que es para chicos que ni siquiera pueden pensar. Pero no hay nada malo contigo.
Eso es lo que yo le dije. —Bill chasqueó la lengua, molesto—. Mamá no me toma en cuenta.
El rubio asintió con tristeza y luego comenzó a contarle cosas a Bill sobre el resto del fin de semana. Al pelinegro le gustaba cuando la gente hablaba sobre sí misma, porque así él no tenía que decir nada y la conversación fluía más fácilmente.
Eventualmente, el bus pasó frente a St Joseph’s y Gustav se despidió, agitando su mano. Bill suspiró y bajó, entrando por la puerta principal del edificio. Se suponía que los alumnos no debían usar esa entrada, que era solo para el personal y las visitas. Pero en realidad, a Bill no le importaba. De hecho, siempre estaba haciendo intentos para que lo descubrieran, porque mientras en más problemas se metiera, más probable sería que lo expulsaran. Y como St Joseph’s era la única Escuela Especial en el distrito, eso significaba que tendría que ir a una escuela normal.
—Bill, ya hemos pasado por esto.
El pelinegro se volvió y vio a su profesor favorito, un hombre sarcástico y un poco amargado, llamado Doctor Watson, quien estaba de pie en el corredor, mirándolo fijamente.
Oh, hola, señor. —El Dr. Watson conocía el lenguaje de señas, como si él mismo no pudiera hablar.
—Ya sabes que no tienes permiso para entrar por esa puerta. —Los ojos del Dr. Watson estaban achinados, pero estaban brillando y había una sonrisa juguetona adornando sus labios—. Le darás ideas a los otros alumnos.
Ah, bueno, eso me sacará de aquí más rápido. —Bill le había contado al profesor sus sentimientos con respecto a esa escuela, hacía un tiempo—. Quizás después de eso, mi madre de verdad me ponga atención.
—No te enojes mucho con ella. —Suspirando, el Dr. Watson caminó lentamente hasta él—. Ella solo está tratando de hacer lo mejor.
Lo sé. —Bill suspiró con amargura—. Mejor me voy a mis clases.
El profesor asintió y Bill se alejó caminando, maniobrando entre todos los chicos, sillas de ruedas y ayudantes. El pelinegro estaba cansado de todo esto, pero trataba de no demostrarlo. No era culpa de los niños, que se sintiera tan molesto.
&
Había sido un día aburrido, toda la mañana hasta el almuerzo. El profesor de fotografía había salido, así que le cuaderno, en el que había trabajado tanto, estaba tirado en una esquina del salón, completamente olvidado. Bill empuñó sus manos y miró feamente al profesor reemplazante, quien no podía entender lenguaje de señas y por lo tanto, no tenía idea de lo que Bill estaba tratando d decir.
Y luego fue el tiempo de la clase de sicología, donde tuvo un examen, del que no se acordaba. Pero el profesor estaba tan ocupado y estresado, que Bill no pudo llamar su atención para decírselo. Así que le devolvió el examen, con todas las respuestas equivocadas y no le importó nada.
Pero llegó la hora del almuerzo y de pronto, el día pareció ponerse mucho más interesante. Bill estaba en la fila para pedir una pizza cuando el director entró al comedor, estaba acompañado por una pareja, que miraba alrededor apreciando todo y los seguía un joven un par de años mayor que Bill, con la cabeza gacha y la capucha de su chaqueta puesta. El pelinegro no les tomó importancia, hasta que el director los acercó a la fila, junto en frente de él y no pudo evitar escuchar la conversación.
—Estoy seguro que Tom estará muy feliz aquí —dijo el hombre con orgullo—. Estamos orgullosos de nosotros por convertir las fallas en fortalezas.
—Oh, qué bien —dijo la mujer. Bill alzó la cabeza al escuchar ese nombre—. Estamos muy preocupados por él. Ha estado en diferentes escuelas en su vida y no parece poder afianzarse en ninguna.
—No se preocupe por eso —aseguró el director—. Aquí todos somos una familia amistosa y feliz.
En esos momentos, Bill estuvo agradecido por no poder hablar, porque de lo contrario, habría dicho algo muy grosero. Aunque el lado bueno habría sido ser expulsado de inmediato, pero él quería irse con algo más que un bomba.
—Mamá, ya te dije. —No había equivocación, la voz era del idiota de la noche anterior—. No me importa. Yo solo quiero seguir con mi música.
—No seas estúpido, Tom. —Su padre sonó cruel y Bill se estremeció, comprendiendo un poco mejor, de donde Tom había sacado esos malos modales—. Necesitas tener calificaciones. No puedes ir simplemente por la vida pidiendo beneficios.
—¡No lo voy a hacer! —El trenzado sonó molesto—. Ahora estoy en una banda y son realmente buenos, podremos ir a otros lugares. ¡Te lo juro!
—Una banda es buena, si su música lo es —dijo su madre—, y todos sabemos que tus letras son muy malas.
Bill miró a Tom con curiosidad, mientras el chico tosía y pateaba a pared—. Bien, pero yo no voy a escribir las letras, un jodido chico mudo lo hará. Es bastante bueno, aunque no pueda decir nada.
El pelinegro no sabía si sentirse halagado porque Tom pensaba que era bueno, o furioso porque se estaba refiriendo a él como un “jodido chico mudo”. Se preguntó qué diría Tom, si se subiera las mangas y agitara las manos, lo cual era una forma bastante aceptada de decir “¡Hola, mira, aquí estoy!”
No tuvo necesidad de hacerlo, porque el director prácticamente lo hizo por él—. Bueno, uno de nuestros alumnos tiene incapacidad para hablar. De hecho, está justo detrás de ti, en la fila. Se llama Bill.
La expresión en el rostro de Tom fue invaluable. Bill sonrió lo mejor que pudo, le dio su sonrisa más encantadora y el trenzado solo lo vio fijamente. Su cara estaba hirviendo, de un rojo brillante y de pronto Bill supo que tenía en su posesión, un secreto que Tom no quería que nadie más supiera. En un instante, el trenzado estaba en su poder y ese era un sentimiento interesante.
Pero lo que le interesó más a Bill, fue la mirada de angustia en los ojos de Tom y la razón por la cual, este chico arrogante, tenía que asistir a esta Escuela Especial, para chicos especiales.
& Continuará &
Notas de MizukyChan: Jajaja, les dije que ahora empezaría lo divertido. Ya sabemos por qué Bill va a esta escuela especial, pero ¿qué pasa con Tom? ¿Por qué tiene que asistir a ese tipo de lugar, si aparentemente está sano? Para saberlo, los invito a continuar con la lectura de esta traducción. Besos para todos.
Esto se esta poniendo divertido jajaj Bill tiene en su mano a Tom, el pobre quedo toda avergonzado.
Yo creo que los padres de Tom lo creen tonto (?)
Muchas gracias por la traducción <3 me esta encantando esta historia
Jajajajajajaj esto está muy cool 🤣🤣🤣 que have ese patan ahi ya lo veremos en el siguiente cap ajvshavsbsbs s
Yujuju esto se pone interesanteeeee 😀
Te encantará 😉