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«Letra y Música»
Capítulo 9: Pisando cáscaras de huevos
Bill sonrió. Esa de hecho fue bastante divertida.
Tom sonrió, dándose valor y contó más ridículas respuestas a las preguntas, las cuales era imposible que estuvieran correctas. ¿A qué explorador le dispararon en Hawái? Hamish McMuffin, por su puesto. ¿Qué soprano cantó en la boda del príncipe Carlos y Lady Diana? Claramente fue Madona. Las respuestas de Tom eran cada vez más estrafalarias.
Bill ya sonreía apropiadamente, para cuando Maddie tocó la puerta suavemente y asomó la cabeza.
—¿Cariño, puedo pasar? —Peguntó.
Bill asintió y Tom se quedó en silencio.
—Okey. —Ella se sentó al otro extremo de la cama—. Tu padre quiere pasar un tiempo en privado contigo.
¡De ninguna manera!
—Él no pasará ningún momento a solas con ese hombre —dijo Tom en voz alta y Maddie rápidamente cerró la puerta—. No lo dejaré fuera de mi vista, hasta que ese idiota abandone la ciudad, ¿está claro?
—Sí, ya pensaba que sería así. —Maddie sonrió—. Okey, voy a regresar y les diré que todavía no estás listo para conocer a tu padre, ¿está bien? Porque de acuerdo con mamá, tú todavía crees que él se fue sin avisar.
Probablemente debería contarle, para que deje de engañarse a sí misma. —Bill señaló y suspiró—. Ella va a odiarme.
—¿Y por qué te va a odiar? —Preguntó Maddie—. No es tu culpa que ella tomara la decisión de no contarte. Aunque probablemente, deberías bajar y despedir a Jorg, va a regresar a su hotel ahora.
El trenzado pasó, protectoramente un brazo por la cintura de Bill—. No irá a ninguna parte sin mí.
—Claro. —Ella sonrió—. Es bueno ver que finalmente, encontró a alguien que lo pueda cuidar veinticuatro por siete. —La chica parecía haber olvidado por completo que antes Tom le caía mal—. Ensayo a las ocho mañana en la tarde, ¿okey? Solo nos quedan unos pocos días antes de la competencia.
Tom se sorprendió—. Oh, me había olvidado.
¿De verdad tengo que bajar para despedirme? —Señaló ansiosamente el pelinegro—. Lo odio. ¿No puede simplemente irse?
Mamá dice que tienes que bajar —respondió la chica.
Tom suspiró—. Realmente tengo que seguir enseñándole a Bill cómo hablar, porque de verdad odio no poder entender lo que ustedes se están diciendo.
Maddie se quedó pegada—. ¿Le estás enseñando a Bill a hablar? ¿Y él puede hacer eso?
—Oh, mierda. —El trenzado miró frenéticamente por toda la habitación, como si hubiera por ahí alguna máquina escondida que pudiera utilizar—. No, no dije eso. Se supone que no debías escuchar eso, ¿está claro, Maddie? Sshh no le cuentes a nadie y luego, tal vez, algún día, te dejaremos ver los progresos, ¿okey?
La chica lo miró todavía más—. ¿Cómo lo vas a hacer hablar?
Tom se tapó la boca por completo con una mano y, aunque se podían oír los murmullos, lo que estaba murmurando era imposible de descifrar. Bill se sonrojó, no quería que Maddie se enterara que habían empezado con su pequeño experimento, no creía que si ella se enteraba saldría del todo bien.
—Vamos, cariño. —La sonrisa de la chica, le trataba de dar ánimo—. Solo baja conmigo, le dices adiós y luego yo le diré, o mamá le dirá, que necesitará hablar primero con mamá, si quiere volver a verte. Y tú podrás decir que no, cuando quieras.
Bill asintió y estiró la mano para coger la de Tom. Bajaron caminando las escaleras y al entrar a la sala, cayó el silencio. Gordon y Simone se aferraban a la mano del otro, como si nunca quisieran separarse. Jorg miraba la escena con los ojos achinados y una mirada furiosa.
—Cariño. —Simone soltó las manos, para que tanto Bill como Gordon, miraran a Jorg, quien hizo una mueca para ver a su hijo—. Estábamos diciendo, que tal vez sería agradable que pasaras más tiempo con tu padre.
El pelinegro hizo señas a su madre—. No quiero estar con él a solas. No todavía.
—¿Qué está diciendo? —Demando saber el hombre.
—Están hablando de cuándo sería un buen momento —dijo Maddie con suavidad— y Bill dice que le gustaría tener un chaperón cuando se reúna contigo.
—Oh. —Jorg asintió—. Suena como un buen plan. ¿Pero por lo menos me puedo despedir a solas?
—No —respondió Tom con calma, pero como él no era parte de la familia, su contribución fue ignorada.
Bill se dio cuenta que no había forma de escapar de esta, así que siguió a Jorg al corredor. Tom también lo siguió, con la mano firmemente aferrada a la de su novio.
—Quise decir sin ti —dijo el hombre, como pidiendo disculpas—. Este es un asunto de padre a hijo.
Bill pudo ver el esfuerzo que le tomó a Tom no gritarle a su padre, pero se obligó a sonreír y lo besó levemente, susurrando también—. Estaré esperándote, ¿está bien? —Y luego caminó de vuelta a la sala.
Jorg lo observó partir—. Tienes un novio sobreprotector, ¿eh?
El pelinegro asintió.
—Aun así, es mejor ser el que protege, que ser el protegido —dijo el hombre, reflexionando—. ¿Ves? Su padre consigue al chico bien macho, mientras que yo consigo al escuálido y pequeño perdedor. ¿Por qué no puedes crecer como tu novio, eh?
Bill se mordió el labio y miró el suelo. Luego sus ojos se abrieron muy grandes por el shock y el terror, cuando Jorg estiró una mano y lo sujetó por la garganta. Él no la apretó, Jorg solo sintió la garganta de Bill, de una forma profesional, interesado en lo que había.
—Tu madre dijo que alguien destruyó tus cuerdas vocales. —Los ojos del hombre brillaron—. Me pregunto quién demonios podría hacer algo así.
Por un segundo se quedaron ahí. Bill sintió que los dedos se flexionaron un poco, apretando la garganta y luego hubo un sonido, los ojos del menor se fueron a la ventana. El gato del vecino había saltado al alfeizar y Jorg soltó la garganta de su hijo.
—Te veré pronto, cariño —dijo suavemente el hombre, abrió la puerta y ya no estaba.
Bill solo miraba su espalda, temblando.
& Continuará &
¿Quién odia a Jorg? Este tipo sí merece odio, ¿verdad? ¿Quieren saber qué pasará ahora que salió este hombre con malas intenciones? Los invito a continuar leyendo esta traducción. Besos para todos.