Fic TWC de Sxgar_V1rus

Capítulo 9

—Mi mamá me dio esto Bibi. — Gustav asomó su cabeza por la puerta.

Me tensé un instante, quedando inmóvil a excepción de mi rostro que formo una sonrisa para Gustav. Dejé mi celular de lado y sostuve lo que trajo. En una cajita organizadora pequeña traía una serie de productos para la limpieza y cuidado de la piel, de esas marcas que solo veía en internet.

—Voy asumir que sabes para que son todas estas cosas.

—Si no supiera, en primer lugar, ni te los hubiera preguntado. — Con la caja en la mano camine hasta el baño.

Me até el pelo en un moño y Gus se sentó en la tapa del inodoro, comenzando a hablar sobre ese baterista de Metallica, sobre lo mucho que lo admiraba o como le gustaría poder tocar como él y sobre lo mucho que le gusta el metal. Escuchaba todo lo que me decía atentamente mientras que me aplicaba el desmaquillante por todo mi rostro y daba suaves movimientos, tomando todo el tiempo del mundo, luego continué con un jabón limpiador.

Soltando pequeños «Ajá», «wow», «¿de verdad?» respondía a algunas de las cosas que me decía y ponía el tónico en el algodón para pasarlo por mi cara. Obvio haciendo todo con calma, sin embargo, ya empezaba a notar el cambio de voz en Gustav.

Aunque no parezca Gustav no goza de mucha paciencia, o sea, que es un impaciente total. No le gusta esperar por cosas que, según él, no deben de tardar mucho y se desespera cuando no va a la velocidad que él quisiera.

—¿Por qué demoras tanto?, ¿No puedes hacerlo más rápido?, Apurateeee.

Encerrado en lo maravilloso que se sentía la crema hidratante con los masajes, ignoraba las quejas de niño pequeño que lanzaba Gus desde donde estaba. La pequeña rutina era una forma para tranquilizarme, buscaba un poco de tranquilidad y Gustav quería que me apresurara.

—La paciencia es una virtud. — Me dieron un nuevo cepillo de dientes y con ella me lave. — Solo me falta poner un bálsamo labial y termino.

Con sumo cuidado también aplique el bálsamo, olía a cereza, olvidar la sensación que dejaba no era una opción.

—¿Ves? Ya terminé. — Le dije mientras guardaba todo en la caja organizadora. — Tienes que aprender a ser más paciente.

—Sí, sí. Lo que digas. — Me rodó los ojos. — ¿Ahora que hacemos?

—Uhmmm, no lo sé. ¿Qué quieres hacer tú?

—Veamos algo hasta que de sueño.

Película, tras película, tras película y concentrarme era imposible. Estaba ahí, físicamente estaba viendo, pero mentalmente estaba en otra. ¿De qué iba la pelí? No lo sé. ¿Entonces, por qué me estoy riendo también? Porque se está riendo Gustav.

—Mierda, ella es sexy. — Con la cabeza apunto a la chica de la película.

—Sí… Ella es linda. — No tenía ni idea de quien estaba hablando.

—Amigo, ¿Por qué lo dices como si nada? Es fucking Megan Fox. — Levante los hombros un poco confundidos. — ¿Acaso eres gay?

Ok. Me dejo en blanco, no pensé que me preguntaría específicamente eso. No es que alguna vez me haya gustado una chica, muchas de ellas sí que son lindas, pero no me siento atraído por ellas. Tampoco me sentí atraído por chicos, digo, hay muchos chicos que tienen lo suyo. Creo que el exceso de etiquetas esta bien pendejo, es como querer llenar vacíos en nosotros, para a la vez (y en algunos casos) sentirse superior a otros, las personas no deberíamos solo llenarnos de etiquetas porque es como evitar mostrar quien somos y a quienes queremos… y, ajá.

A lo que quiero llegar es que quizás hasta ahora no me sentí atraído por nadie y por eso no se si soy o no soy.

—Hey, Bibi no pasa nada si eres gay, ¿Ok? — Me miro directo a los ojos y me agarro del hombro. — Quiero que sepas que para mí sigues siendo el mejor y que tienes todo mi apoyo.

—Gus gracias por tu apoyo. — Quite su mano de mi hombro. — Pero aún no sé si soy gay.

Bajo la mirada y puso una expresión parecida a algo como «Las cague». No tenía nada de que sentirse mal, con mi cara no sería raro creer que soy gay. A veces hasta yo creo que soy gay.

—Gustav, no pasa nada. A veces hasta yo creo que soy.

Decidí cortar la conversación ahí diciéndole que hay que terminar la película para luego acostarnos. Imagino que va a querer hablar de eso o de algo parecido antes de dormir, prefiero no hablarlo ahora, ya tengo mucho en mi cabeza y gracias a mi amigo, Gustav, ya tenía una cosa más en que pensar.

Mis ojos se desviaron a mi celular, lo cogí y envíe un mensaje.

«Tom, pasare la noche en casa de Gustav. Mañana temprano estoy de regreso.»

Apreté «enviar», casi casi lancé mi celular lejos de mí para no saber si habría o no habría una respuesta. Mi primera conclusión había sido no decirle nada, pero después de todo, mis impulsos ganaron y le termine por avisar.

¿Qué si me empezaba a arrepentir? Claro que sí, fue una acción totalmente impulsiva, con suerte no dejaría el desastre que tanto deseaba evitar… Pensándolo bien, si camino lo suficientemente rápido llego a la casa antes de las diez.

En plan, me cambio de ropa super rápido, salgo de la casa y con el paso más rápido que tengo voy por todos los atajos que me sé y con suerte estaré en la puerta principal antes de las diez. Un plan a prueba de fallas, por su puesto.

La zona por donde vive Gus es seguro y caminar por aquí más o menos tarde no representa un problema, luego, la zona por la que vivo no es necesariamente segura. Pero ya saben que soy algo de Tom, lo que me da algo de impunidad o seguridad.

Pensé tanto en mi supuesto plan que cuando agarré conciencia ya estaba acostado en el colchón inflable, acurrucado con mantas y con Gustav alistándose para dormir. Maravilloso, llegué al punto en el que no puedo regresar.

—Oye Bibi… ¿Hay alguien que se te haga atractiva? — Otra vez ese tema.

Desde hace días no lo deja en paz y su insistencia me está llevando a ideas que me dejan en plena confusión. Ya lo admití antes, Tom me parece sumamente atractivo. Quitando toda la basura, negar su atractivo sería como negar que Britney Spears es una reina total.

—Uhmm… Sí. Hay alguien que me parece atractivo.

—¿Por qué? — Esto se volvió difícil.

—Porque… Es un poco difícil de decir. Tiene un algo que cuando lo vez es imposible sacarle la mirada encima, es como si todo el universo conspirara para que el maldito siempre se vea guapo. ¿Lo peor? Él lo sabe. Sabe que tan hermoso es.

Gus me miro desde su cama con una ceja alzada.

—Así que es un chico. — Coño, mi cara se está volviendo roja. — Qué más da, no es mi problema.

—¿Y tú? ¿Hay alguien que te guste?

—Desde hace un par de semanas hay una chica que me parece lindan ella es…

Habló sobre ella, una chica que se encontraba regularmente por los pasillos durante el cambio de clase. Para empezar, ni siquiera sabía su nombre, no sabía su grado, no sabía su edad y en general no sabía nada sobre ella.

Lo único de lo que esta seguro es que quiere hablarle y si es que hay química le gustaría salir con ella.

Me encanta escuchar lo emocionado que suena cuando habla de ella, tratándola como lo más maravilloso que hay en la tierra. Tiene una mirada de lo más tonta, a la vez de iluminada y soñadora, empiezo a creer que no solo es una fijación física dudo que hables de esa manera de una persona que solo te parece sexy.

O no lo sé, quizás solo soy un rarito que no sabe de nada.

Eventualmente la voz de mi amigo se fue apagando dándome a entender que ya se estaba quedando dormido y con toda la razón, Gus es un chico que se levanta temprano en la mañana, por lo que, también se duerme temprano.

A veces me recuerda a un viejito.

Gustav, al quedarse dormido, me dejo solo con mi terrible manía de sobre pensar todo. Admitir que encontraba a Tom como un chico bonito, sus nuevos tratos y la nueva forma de comunicarse conmigo me deja con la cabeza revuelta.

No tengo a quien decirle todo esto (y más), no tengo como sacar el vomito cerebral y eso me desespera terriblemente.

Hay aspectos de mi que no me importante que tan criticadas seas, cosas como mi estilo, mi cuerpo, mi desempeño académico o mis gustos, nada de eso me choca realmente. Todo se va a la misma mierda al tratarse de mis sentimientos y mis emociones.

Soy ridículamente inseguro sobre lo que siento, me cuesta expresar, es más, creo que ni siquiera sé hacerlo correctamente. Me aterra la idea de expresar y que alguien me de el peor comentario sobre lo que conté, que se burle o que le llegue altamente.

Hace algunas noches llegue a una ligera conclusión sobre ello.

Mostrar la emocionalidad, en la fragilidad de todos los seres se encuentra todo aquello que sienten, todo aquello que lo provoca y satisface. Es la forma más pura de cada uno de nosotros, la parte más sensible y más fácil de dañar. No es algo que le debes de mostrar a cualquiera, ya que, si te equivocas, ese alguien tiene todo el poder de hacerte añicos desde tus cimientos, quebrando hasta tu alma.

Eso es lo que me da miedo.

Yo no me cierro totalmente a la interacción con los demás, con Gus y Geo rio y a la vez hablo de preocupaciones que se conectan con todas las banalidades que no me importan sobre mi persona. Jamás de como me siento realmente, por eso, la idea de ir a ver a David Jost no me convencía.

Daba diez mil vueltas en la cama, buscando una posición en la cual estar cómodo, una posición en la que no necesariamente me quede dormido, pero que mi cuerpo se encuentre relajado.

Hasta que sonó mi bendito celular. El identificador de llamadas decía «Tom».

«Aló…»

«¿Puedes hablar?» Me asomé para asegurarme si Gustav ya estaba dormido, está boca abajo y roncando, nada en el mundo podrá despertarlo.

«Sí puedo.»

«¿Cómo estás, Billy? Desde hace un rato no te veo.» No respondí. «Mañana te quiero en la casa temprano»

«Estaré ahí.» ¿Por qué su voz sonaba tan diferente?

«¿Me lo prometes?»

«Te lo prometo.»

Nos quedamos en silencio algunos segundos, solo podía escuchar su respiración a través del parlante del celular y supongo que él también me podía escuchar. El ambiente se tornaba algo raro, no raro de sentirme incomodo con todo sino un raro de haber experimentado esto con anterioridad. La familiaridad de escuchar su respiración ya era una sensación conocida, pero que no recordaba en donde la había escuchado antes.

Entonces me surgió una duda. Geo me dijo que no sabía en donde estaba y que además no contestaba las llamadas, me preocupaba un poco su paradero y además me negaba aceptar que sabía dónde estaba.

«¿Puedo preguntarte algo?» Rompí el silencio sin tener idea de cuánto tiempo estuvimos así.

«No.» Ok, me lo esperaba. «Mañana te veo.» Cortó la llamada.

Volví a rodar por la cama, boca arriba, mirando el techo, no podía dejar de agradecerle a Gustav las nuevas cositas que me había dejado en que pensar sin darle un descanso a mi cabeza.

Ya no solo era esa extraña nostalgia o Déjà vu que me golpeó brutalmente, también se encontraba admitir de cierta forma la atracción física que tenía hacia Tom. No es como si no lo supiera o como si nunca lo hubiera pensado antes, pero admitirlo a viva voz es una cosa totalmente diferente y me saca de mi zona, totalmente.

Debido a ello no logre dormir en toda la noche, ya no porque tuviera pesadillas o miedo, más por costumbre.

Recién el cielo se estaba aclarando el cielo cuando yo me levante de la cama para alistarme, me cambie de ropa y me despedí de los padres de Gustav. Mi excusa para salir de su casa a estas horas era que debía llegar temprano para poder alistarme e ir a clase.

Durante el camino me moría de frio y de sueño, toda mi voluntad se encontraba en caminar cada vez más rápido y así llegar a mi casa. El cansancio viajaba por mis venas, sentí que estaba en piloto automático, ni de coña iría a clases hoy.

Apenas llegar me fui directo a mi cama, me saqué toda la ropa y usando solo mi ropa interior me arropé entre las cobijas de mi cama. Cerré los ojos, de forma casi instantánea, quedé dormido.

Dios, no saben lo hermoso que se siente esa satisfacción sensorial de la relajación del cuerpo, la libertad de no tener ropa y el calor que proporcionan las sábanas. Puedo sentir que estoy flotando y tocando las nubes con mis dedos.

Casi no sueño al dormir, pero no saben como estaba disfrutando todo esto. Sí, inclusive el curioso giro que está teniendo.

Extrañamente nítido, extrañamente real. Tan especial que nadie podría quitarme esto, como si supiera como y cuando hacerlo. Su toque tan íntimo, una de sus manos en mi cadera apegando mi cuerpo a él y la otra atrás de mi cuello evitando que me separar de ese salvaje beso.

Nunca antes besé alguien, pero definitivamente, ese debe ser un buen beso.

La mano que estaba sobre mi cadera, lentamente fue entrando por debajo de mi ropa, está fría pero no se siente para nada mal, me gusta sentirla. Es de fuerte agarre, decidido a lo que quiere, a su objetivo. Mi respiración era pesada, el aire se me estaba acabando y probablemente debía tener la cara totalmente roja.

Besas mi cuello como si fuera tuyo, si me pides que sea tuyo, lo seré. Sus labios se sienten perfectos sobre mi, la humedad es cómoda y la cercanía de su respiración cerca de mi me calienta mas.

Amo sentirme suyo.

Su respiración es totalmente pesada, de vez en cuando dejando algunos gemidos con voz profunda y grave, tan malditamente masculina. Me atrae demasiado su voz, quizás y al final sí soy gay.

Poco a poco sus manos se escurrieron hasta el borde de mi pantalón, metiéndose en ellos a la altura de mi cadera. Sobando el hueso de la cadera y de vez en cuando dejando pequeños rasguños, sintiéndome en el cielo, los suspiros se volvían en ligeros gemidos.

Daba todo de mi para no separarme de él, sujetando sus hombros fuertemente, para no perder su toque tan malditamente ardiente, haciéndome gemir cada que nuestras pieles se tocaban. Sin darme cuenta ya estaba sin la parte de arriba de mi ropa y el sexy desconocido estaba dejando fuertes mordidas en mi pecho.

Duele, duele bastante, pero amo como se siente el dolor. Todo se crispa en una nueva mordida, deseando que dejara marcas rojas o moradas. Dios, por favor muérdeme más fuerte, se siente bien.

Te lo suplico, no pares, se siente fantástico. Ahí abajo se siente caliente, ya sé que es una erección, ya sé que muerdes mis labios sin compasión y que a la vez estas estimulando.

Mis gemidos ya salen, no pienso retenerlos, por alguna extraña razón tengo la sensación de extrema confianza con esta persona. No sé quien es, tengo los ojos cerrados por el placer y no se si debería abrirlos.

Progresivamente abro los ojos para ver quien es el chico que me trata de esa forma, primero me cuesta enfocar mi mirada en quien es, su cuerpo se ve lindo o más bien es atractivo. Luego, enfoco mi mirada en él, oh dios, es…

Me despierto totalmente alterado, con la respiración agitada, sudando y por, sobre todo, una puta erección.

Qué. Putas. Fue. Eso.

Eso claramente fue un sueño húmedo que me dejo con una erección desgraciada, no es la primera vez que pasa ¿vale? Pero lo que si es nuevo es que la persona que está ahí tiene una identidad y esa es la parte que más me jode.

De todas las personas tenía que ser él. Él con quien tengo un extraño sentimiento y una relación no aclarada, él a quién menos debería soñar y más bien quizás debería tener distancia.

Y él era Tom, vaya mierda.

Por la ventana ya se veía un sol de tarde, miraba a todos lados agarrando señal. No sabía como procesar el sueño y tampoco tengo una noción de como debería empezar.

—¿Por qué tienes esa cara? Parece que hubieras visto un monstro.— Él estaba en la puerta, apoyado en el marco, usando ropa de casa.

—No creo que sea exactamente uno.— Hablé en automático.

Estoy totalmente seguro que no se esperaba esa respuesta, su cara se deformo en una mueca de confusión. Al verlo ahí, mirándome de esa forma, solo me hacía recordar el sueño y mi cara probablemente no es capaz de esconder.

—Como sea. Ve a la cocina, tengo hambre.

Continúa…

Gracias por leer. No te vayas sin comentar 😉

por admin

Traductora del fandom

Un comentario en «La sangre también une 9»
  1. Autor por favor si abandona esta historia yo abandono mi vida, actualice por fis, q entretenido pero siento que hay gato encerrado

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