
Nota de autora: Desde que estoy en el fandom, tuve muchas cosas escritas en mi drive. Y este fic es el más desarrollado que tenía y que un día decidí publicar, ahí la razón del cambio de narración y el tono de la historia.
Este es el capítulo final, una bola de escenas e ideas que básicamente trata el día a día de los protagonistas en una relación formal y anormal… aja. Ese no es el punto central de este fic.
Como sea, disfrútenlo y si los astros se alinean, capaz y subo más cositas de mi drive.

Fic TWC de Sxgar_V1rus
Capítulo Final
By Tom
Entonces haré un resumen. Me arrastre por el suelo de la habitación, con las rodillas pegadas en la alfombra y el ego cagado como mierda de perro. Por primera vez en mi vida pedí perdón, en voz alta, de verdad. Sin sarcasmo, sin burla, sin ese carácter sacado de la basura. Me tembló la voz y cada palabra me supo a vómito porque sabía que la cague de forma irreparable.
Era obvio que no quería verme, así que por mi insistencia me partió la cara con un perfume. Quién diría que el puto body mist Coconut Passion de Victoria’s Secret podría hacer tanto daño.
Esa mierda debería tener advertencia o licencia de arma blanca. Me dejó un buen moretón en el pómulo, la nariz me sangró un poco y mi cara se quedó con olor entre azúcar y galletas de coco. Un asco.
Pero como mínimo puedo decir que me volvió a mirar. Y eso, esa simple mirada, entre la furia y la decepción fue suficiente para mí. Por un instante sus ojos me reconocieron, no con amor ni compasión, sino con esa clase de odio que solo puede tener alguien que alguna vez te amó demasiado.
No lo voy a negar, como un bastardo loco que soy, disfruté el golpe. El ardor, la sangre, el olor del perfume en mi nariz y la forma en la que perfora todos mis sentidos es delicioso. Me recuerda mi papel en su vida, el culpable, el que jode, el que se arrastra. Pero a la vez su obsesión, su todo, su amor.
Yo soy el sol y él la tierra que da vueltas a mi alrededor.
El mejor de los equilibrios, si me castiga entonces seguimos siendo nosotros.
—Ve abajo y dile a Geo que salimos en una hora. — Dijo barriendo con la mirada como si fuera basura. Luego se puso gloss y añadió sin siquiera mirarme. — Báñate rápido para maquillar ese moretón. No pienso permitir que arruines mis fotos de graduación
Y ahí quedé. Sentado en el suelo, con la cara hinchada y pensando en lo jodidamente hermoso que se ve dándome órdenes. Es gracioso pensar en cómo pasó de usar ropa de gente muerta a usar ropa de diseñador.
Como sea, para él esta fiesta es importante. Tanto, que sería incapaz de dejarme atrás, nunca lo haría. No después de toda la mierda que compartimos.
Más tarde, cuando me obligó a arreglarme con su propia precisión. Tenía las manos frías, los movimientos exactos y presionando la esponja con tanta fuerza que siseé del dolor.
A Biha no pudo importarle menos. No gestos, ni disculpas, ni una palabra.
Solo la presión de sus dedos y su respiración tranquila, como si maquillarme fuera un castigo para ambos, que se debía cumplir en silencio. Y, ¡MIERDA!, qué caliente se ve cuando está molesto.
Como el perfeccionista que es, eligió mi perfume, mi peinado y hasta la puta ropa. Me obligó a ponerme una camisa con detalles de encaje y joyas que me hacían ver como protagonista de esas series tailandesas maricas.
Pero me callé porque me daría otro bofetón. Y honestamente aún me dolía el pómulo.
Geo tampoco se salvó. Lo arrastró, lo obligó a peinarse una coleta baja y a ponerse una camisa negra de encaje. El pobre imbécil se veía miserable, pero tampoco abrió la boca. Aprendió a las malas (y como todos los demás) que nadie debe rebelarse cuando anda de malas.
No desde que perdió el miedo a golpear.
Dicho y hecho, una hora después ya estábamos todos montados en el auto de Geo. Él manejando, yo de copiloto y Bill en los asientos de atrás. Como una reina del mal, con las piernas cruzadas, audífonos puestos.
No hablaba. Solo miraba por la ventana, con esa expresión altiva que deja claro que el mundo gira a su ritmo. La calle se iluminaba por momentos, reflejando la sombra de sus pestañas en el vidrio. Hasta eso era perfecto.
Condujimos hasta el nuevo auditorio, reluciente, recién pintado, con carteles y luces que intentaban parecer elegantes. Cuando me gradué, a mí me tocó el gimnasio del colegio. El mismo que apestaba a humedad, donde el techo goteaba y el sonido del micrófono fallaba cada dos minutos.
Y una mierda.
Afuera, el frío cala hasta los huesos. Básicamente un invierno alemán en todo su esplendor, vientos helados, cielo gris y suelo húmedo. El pequeño trayecto del estacionamiento hasta el auditorio era una escena digna de videoclip, con Bill como protagonista y nosotros dos como su decoración.
Bibi en el centro, con paso firme, movimientos calculados con precisión, el vuelo de su gabardina negra le da el toque (ahora entiendo porque quería específicamente ese), no necesito de tacones para estilizar su figura.
Puedo apostar que hay quienes se preguntan si es hombre y mujer. No hay manera de ponerlo en una sola categoría, simplemente es hermoso, inalcanzable. No puedo mentir, sentí una gran necesidad de ponerlo a cuatro patas enfrente de todos, para que sepan a quién le pertenece
Hoy no estaba jugando con su androginia ni con ambigüedades. Hoy muestra una masculinidad elegante, provocadora y demostrando que está por encima de todos en este lugar. Delicado por las sombras en sus ojos, Sí, pero una persona con pene al fin y al cabo.
Acá otro resumen, para que no se aburran tanto como yo lo hice en la méndiga ceremonia, un grano en mi nalga izquierda disfrazado de acto solemne. Fue innecesariamente larga y aburrida, con discursos hechos con chatgtp sobre futuros brillantes y el inicio de nuevos sueños. Puras mamadas.
Todos sabemos que más de la mitad de estos chicos terminará en drogas, con trabajos de mierda, en embarazos adolescentes (si es que no los tuvieron ya), en pandillas o crimen organizado. Y me da lo mismo, no soy Jesús para andar preocupándome de gente que ni conozco.
Biha se sentó con sus compañeros, una manada de adolescentes descontrolados. Cada que hablaban de esfuerzo, crecimiento, mejoría, él se acomodaba el flequillo o revisaba su maquillaje en el espejo de mano como si el discurso no tuviera que ver con él.
No es que le faltaran amigos, de hecho todo el mundo lo adora, sin embargo no puede soltar el pasado. Es una pequeña perra resentida.
Al final de todos los discursos y diplomas (y tener que despertar a Georg) vino su parte favorita, la sesión de fotos. La nieve se veía muy suave y blanca, en contraste con su ropa negra. De fondo el auditorio y árboles sin hojas, al parecer Dios quería que se viera como una foto de pinterest.
Tomo fotos con Geo, más relajadas y divertidas. Luego conmigo, dándome órdenes con tono directo, autoritario. Repito, extremadamente caliente.
—Endereza la espalda y quita esa cara de asesino serial. — Dijo entre clics.
—¿Qué quieres que haga? Esa es mi cara. — Respondí sin mucho ánimo.
—Cámbiala. No quiero que parezca que soy novio de un ex convicto.
—¿Recuerdas que estuve en un reclusorio de menores, verdad? — Escuché como soltó un pequeño bufido, pero igual obedecí.
Bill revisaba las fotos como si de ello dependiera la paz mundial, a sus costados Listing y yo temblando de frío. Resignados a que fácilmente estaríamos acá una hora más si ninguna de las fotos lo convencía lo suficiente.
Me gustaría que se apure, después de esto tengo muchas cosas que hacer. Como quemar una caja maldita y arreglar un juguete descontinuado.
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By Bill (Time skip)
Mudarnos a Berlín fue probablemente la mejor idea que pudimos tener. Claramente pensada y ejecutada por un pseudo psicópata y un paciente de neurología fingiendo ser normales.
Es una ciudad, claramente más grande, ruidosa, vulgar y muy preciosa. Llena de tiendas de lujo, clubes en donde se trafica una gran variedad de drogas y de gente que se cree inventada por usar el septum.
—Te lo dije. — Murmuró Tom mientras tomábamos té, la primera semana en el nuevo lugar. — Es perfecta para tí. — Alcé una ceja, con una expresión incrédula.
—Como mínimo puedo andar como quiera, sin que me propongan sexo ni que los neonazis me digan marica. — Casi me escupe su té al tratar de aguantarse la risa. Hijo de zorra.
Vendimos la casa y nos mudamos hace como cuatro años y tanto, justo después de terminar el colegio. La idea era empezar desde cero, nueva vida, nueva identidad, nuevo todo. La verdad es que lo único que cambió fue el escenario, el apellido de Tom y que los moretones son exclusivos en la piel de Tom.
Lo que nos deja dos cosas graciosas sobre la mesa. La primera, sí, el idiota cambio su identidad legal para poder casarse conmigo. Porque al parecer eso es más fácil que separarnos y aceptar que lo que hacemos es una aberración.
—¿Sabés lo molesto que fue pedirle a Jorg el favor? — Se quejó, mientras trataba de sacar una mancha de aceite de su pantalón.
—No tanto como la vez que me emborraché con Gustav y lloramos juntos porque nos queríamos mucho. — Probablemente uno de mis momentos más humildes, pero que recordaba con todo el amor del mundo.
—No. Peor. — Siguió tallando la tela.
Y la segunda es que somos como el pene de un caballo, no importa donde lo muevas seguirá siendo grande, incómodo y completamente fuera de lugar.
Por los azares del destino terminamos en Pankow, con gente muy rara, muy aburrida o muy estúpida. Y yo, sinceramente, no podía esperar más del segundo distrito más poblado. Milagro sería poder vivir en un barrio lleno de paz y amor, esas cosas solo existen en comerciales de leche.
El departamento por fuera no tiene gracia. Por dentro es otra cosa, es el mamarracho de un modelo con un mecánico. En una esquina hay herramientas, piezas de autos, guantes y gorras que supuestamente Tom colecciona. Por otro lado están mis perfumes, mi skincare, cerros de ropa y el espejo gigante que detesta con toda su alma porque “¿Quién carajo necesita verse TAN seguido?”
—Yo sí. — Le respondí una vez, aplicando un serum frente a dicho espejo.
—Y luego te preguntas por qué cada día te encuentras una imperfección nueva. — Me gruño desde la cocina.
Los chicos mudaron el taller a Berlín y siguen trabajando juntos, de hecho, lo expandieron. Ahora también restauran autos de colección para tipos con más dinero que neuronas. Gente que paga una barbaridad para que mi esposo-hermano repare sus juguetes caros y luego les hable de responsabilidad.
Sí, el mismo delincuente reformado que casi me mata a golpes por celos. Que creyó que masturbarse y correrse en mis sábanas era un acto de poder, que el abuso físico y psicológico era la única manera de mantenerme a su lado.
—No empieces con esa cagada.
—¿Con qué?, ¿Nuestra historia de amor? — Dije con tono altivo, desafiando y provocando a Tom.
—No. Con recordar lo que te molesta de mí cada vez que te enojas conmigo. — Ni siquiera me dirigió la mirada.
—Entonces termina de hacer el puto café.
Mega romántico, ¿No?
Como sea, es el mismo hombre que ahora discute sobre marcas de aceite y políticas fiscales. Puedo decir con todas las pruebas a la mano que es una evolución digna de un estudio.
Todo eso porque un día me esperaba en Gucci y se puso hablar con un viejo rico que a su vez esperaba a su esposa. Así, entre consejos sobre carburadores y relojes de colección, mi amado Tomy terminó con clientes que pagan miles por sus autos.
—Eres como buda. — Le dije al ver como llegaba con otro contrato nuevo.
—Y tu la enfermedad crónica más cara y hermosa del mundo. — Besó mi frente con una sonrisa y luego se fue a nuestra habitación.
Me quedé ahí unos segundos, pensando que era romántico. — ¡Espera! ¿A qué te refieres con enfermedad crónica?, ¿Es porque tengo secuelas de por vida o porque quizás debería estar en tratamiento psiconeuronal preventivo? — lo seguí.
A veces se me olvida que su lenguaje del amor es una bizarrada total.
Por otro lado. yo me dedico al modelaje. Todavía no al nivel de Kendall Jenner, es mi segundo año y tampoco me apura. Al menos yo sí tengo expresiones faciales y algo llamado personalidad.
Obviamente entré gracias a los contactos de mi papá, Gordon. Ese sujeto todavía me da dinero y prácticamente cualquier cosa que le pida, porque sabe perfectamente que soy capaz de revelar su mayor secreto si algún día me provoca.
—Deberías sentir vergüenza de tu nivel de dependencia. — Fue lo primero que me dijo cuando le conté de mi hazaña
—Tú deberías agradecer que tengo poder de negociación. — Me ajusté los lentes de sol. — Una habilidad que tú también deberías desarrollar. Simio.
Por ahora hago sesiones artísticas y estoy bastante cotizado por ser andrógino, con la capacidad de usar ropa femenina o masculina sin que se vea forzado. He modelado para Hugo Boss, Jil Sander y Escada, marcas que en Alemania tienen un gran peso. Y si todo sale bien, pronto podrían llamarme de alguna casa de alta costura como Armani, Dior o Moschino.
El punto es que por ahora no me quita el sueño. Aunque, claro, deja lo suficiente para algunos lujos extra o algún regalo caro para Tom.
A veces termino cubierto de pintura o usando ropa imposible de quitar, pero me gusta. Me gusta la cámara, o cualquier cosa que me devuelva mi reflejo. Me recuerde aquel sueño estúpido que tuve cuando tenía trece años, el de ser famoso y querido por todos.
Cómo el buen celoso, posesivo y territorial que es Tom, siempre que puede me acompaña. Con la vaga, no obstante válida, excusa de mi seguridad. No confía en fotógrafos, maquilladores ni en nadie que pase más de tres segundos viéndome. Te aseguro que le da gastritis cada que me tocan para retocar algún detalle.
A pesar de que yo inicié la cosa de la música, a mi marido le terminó gustando de verdad. Solo que en lugar de presentarnos en bares, subimos videos covers a youtube. Todavía barajamos la posibilidad de dedicarnos de lleno a eso y extorsionar a Gordon por un buen impulso.
—Yo digo que se llame “Un gay y medio”. — Tomy me miró con asco.
—Bill, amor, hazme el favor de no volver a hablar. — Rode los ojos en respuesta silenciosa.
Ajá, entiendes el punto.
Ya para ponernos al día con todos. El ya no tan pequeño Gus está en el extranjero estudiando alguna ingeniería con nombre bien complicado que suena inteligente. Hablamos prácticamente todos los días y conoce a Tom. No como hermano, sino como novio y la idea es que se quede así.
Como ya dije antes, Listing y Tom son inseparables. Él mayor vive a un par de calles de nuestro departamento, junto a Sarah una maestra de kinder adorable e ingenua. No tiene ni idea del pasado de su novio, ni del nuestro. Y sinceramente, es mejor dejarlo así. No hay necesidad de traumatizar a un ser que no le hizo nada malo a la sociedad,
—Si un día se entera, al menos no termine en la correccional de menores. — Le di una calada a mi pucho.
—Uhmm…No. — Contestó Tom, encendiendo otro cigarro para acompañarme. Como pocas veces hace. — Tener la verga de tu hermano bien profundo en el culo es peor.
—Ugh. ¿Por qué debes ser tan obsceno?
Y aún con todo lo que significa mi nueva vida me basta con ser el centro de atención de Tom. No necesariamente por ego, sino porque en su mirada me reconoce como alguien que existe con plenitud y hecho para ser amado.
Por muchos años creía que era la vergüenza de mi padre y el segundo mayor error de mi madre, o un castigo divino a su inmensa cojudez. Hoy me doy cuenta que no soy mero reflejo de los arrepentimientos ajenos.
Las relaciones románticas son raras, hay algunos que nacemos para regresar al mismo infierno.
Algunos se unen por afinidades, por experiencias, otros solo por miedo a estar solos. Nosotros nos unimos por todas esas razones y también por todas las equivocadas. Por la obsesión, por la costumbre y por esa necesidad enfermiza de mezclarnos hasta ser uno.
Porque no hay calor que me haga sentir tan vivo como la suya, ni mirada que me destroce con tanta precisión.
Podría decir que lo nuestro está más mal y que, por supuesto, no debería existir. Pero la verdad es que no me interesa. No necesito que sea correcto, solo necesito que sea real.
Y lo nuestro lo es, de la forma más cruda, honesta y jodida posible. Nos une la historia, una adicción, la brutalidad pura, los recuerdos amorfos… Y, sobre todo, algo que ningún otro amor podría entender ni romper.
En ocasiones, cuando estoy sobre el pecho de Tom, puedo escuchar su corazón. Y ese es el sonido de un recordatorio, la sangre también nos une.
F I N
Administración: Siempre es un desafío terminar una obra, al inicio tenemos todas las ganas y motivación, pero luego la vida real nos alcanza y hasta deseamos desistir, por tanto es muy grato ver que la autora ha logrado superar sus conflictos y darnos este hermoso final. Gracias a ella y a ustedes por sus visitas y comentarios 😉