Fic TWC de Sxgar_V1rus

Capítulo 25 (Parte 2)

By Tom (Time skip)

— Entonces… ¿De verdad te olvidaste o solo dijiste eso para que no te matara en ese instante? — preguntó Georg con esa media sonrisa de imbécil que usa para demostrar qué es mejor que yo. 

— ¿Importa? — Dije con la voz ronca, la que me quedó después del griterío de Bill. 

— Depende. Si le mentiste eres un hijo de perra. Si te olvidaste, eres un hijo de perra con alzheimer precoz. — Él movió su lata de cerveza mientras soltaba carcajadas.

Estábamos en la sala, con el culo bien pegado al sillón. Arriba estaba Bill con la puerta de nuestra habitación cerrada, probablemente con seguro, para impedir mi paso. Funciona a la perfección, en algún punto me di cuenta de que económicamente no es conveniente destrozar muebles, puertas o ventanas.

Sé exactamente qué hice mal, pero me niego aceptarlo. Porque si me detengo a pensar lo suficiente, entonces me daré cuenta que ni siquiera merezco vivir en la misma ciudad que él. 

Nuestra habitación, anteriormente propiedad de la mujer que nos parió y que probablemente ya se olvidó de nuestros nombres, ahora es un espacio nuevo. Maquillaje tirado sobre la cómoda, gorras acumuladas en una esquina del closet… un caos con nombre propio. 

Ahí hemos hecho de todo, nos amamos, follado de forma casi animal. También nos hemos gritado y nos dañamos físicamente. Aunque hay días en los cuales nos sale bien el acto de ser hombres funcionales. 

Y otros en los que terminamos con una foto de un ex en laca y un regalo arruinado. 

— La caja estaba ahí antes de que pensáramos siquiera en estar juntos. — Tomé un trago de coca—cola — No la toqué porque… no sé, simplemente me olvidé de que existía.

— ¿Pero la foto de Andreas, bro? — Me miraba como una vieja metiche. — Tú y yo sabemos que lo odias. Si dependiera de ti, lo matas.

No contesté de inmediato, trague saliva. Llevé mi torso hacía adelante, apoyando mis codos sobre mis rodillas. Experimenté una presión en mi pecho algo extraña, pero que estaba ahí desde la discusión. Entonces lo sentí de golpe, como si un camión te impactara a toda velocidad. 

Seis años. Seis putos años de errores, decisiones pensadas con el pene y un historial de conducta delincuencial y tan inmoral que se podía usar como material educativo para psicólogos.

Y no, lo peor no fue el avión, las fotos, ni los recuerdos post polvos. Lo peor fue su mirada. 

 Fue la mezcla perfecta de tristeza y rabia. Como si yo, su Tom, lo hubiera traicionado y hubiera desenterrado al mayor hijo d eperra que alguna vez existió. 

Y lo entiendo por completo. 

Lo trate como basura, lo acosé, lo use. Le metí castigos físicos cuando me lo permitía y cuando escapaba… follaba con alguien más en su cama. O me masturbaba encima de sus sábanas, para que supiera quien mandaba y a quien le pertenecía. 

Eso, si es que otra persona no las había manchado ya. 

Lo llevó de lo extremo de lo insano. Al vómito, al insomnio, a morderse los dedos hasta sangrar. Y ahora, estoy con veinte años, con el mismo corazón podrido, intentando actuar como si hubiera aprendido algo.

Aún así las cague. 

— Yo qué sé. — Dije al final. — Esa mierda vieja la guardé y nunca la volví a abrir. Como esconder basura debajo de la alfombra y olvidar que está ahí. — Presione con ambas manos mi rostro.

— Si Bill es tu centro, debiste considerarlo. 

Me quedé callado, porque tiene toda la razón. Bill no es como los demás, el chico literalmente se entregó a mí por completo, sin cuestionarse nada. 

Es… mi obsesión. Mi debilidad. Mi adicción. Y a la vez, lo único que me mantiene en esta tierra. 

¿Una vida sin él? No me la imagino. 

No tengo los huevos para considerar esa posibilidad. 

Si Bill quiere ser artista, yo organizó su exposición. Me aprendo el nombre de cada obra, cuales van colgadas, cuales van en el suelo. Si quiere abrir una tienda de maquillaje, entonces soy su contador, su guardia de seguridad. Si mañana desea ser modelo, yo estaré con una cámara sacando las mejores fotos del mundo, seré su maldito manager. 

Y si un día se le da la gana por ser cantante, entonces aprendo a tocar todos los instrumentos que hagan falta. Ensayamos hasta que me sangren los dedos y él me diga que es perfecto. Porque si va a salir al mundo, la base detrás debe ser impecable. 

Y esa base soy yo. 

El año pasado, cuando quiso probar el canto de forma más activa, me aprendí de memoria cada canción que él mencionó. Nos presentamos en algunos bares, yo tocaba la guitarra y él se paraba en el centro. Con una luz de estrella que capaz y no sabe que tiene. 

— Estás jodido. — Mi cara se endureció. — Aceptalo, el día que ese pendejo se quiera ir, te vas detrás sin orgullo ni pantalones. 

— Cállate. — Gruñí. 

— Solo digo que antes te daban igual los berrinches. Ahora sales corriendo a comprar pegamento porque le rompiste un avión de juguete. 

— No le digas juguete, idiota. Se llama Jumbie. — Entonces el cabrón se empezó a reír más fuerte. Mi voz había sonado más cortante de lo esperado.

— Claro, claro, disculpa. El heredero emocional de la familia. 

Rodé los ojos, bufé, y me puse de pie. Fui a tirar la lata vacía a la basura. Desde la ventana vi la calle, ya se escondía el sol. La calle, por alguna razón parecía sacada de una película postapocalíptica. El cielo estaba a punto de oscurecer y hace no mucho arreglaron el alumbrado público.

De cierto modo eso hace que se vea más habitado.

Aunque eso no quita la basura en las esquinas, graffitis, casas abandonadas. Por sobre todo ese olor a cigarro y smog. 

Por fuera vivimos en una casa más descuidada que la conciencia de un político. Paredes manchadas, un jardín que Bill se esfuerza en mantener presentable y cimientos que quizás le queden uno o dos años más antes de colapsar. 

Por dentro es una pesadilla estética, convencí a Bill de poner decoración (con la condición de que ayudaría a limpiar). Fácil pudimos haber gastado cientos o miles en vinilos, cuadros, luces led, y merchandising de bandas que ni escuchamos. Para ponerlo simple, parecía como si un ex convicto y una drag queen emo hubieran decorado bajo los efectos de sustancias. 

Además de ello, Bill siguió asistiendo a una escuela pública de mala muerte. A pesar de estar nadando en dinero, Ah… que bonita contradicción. 

Nuestros padres nos daban cantidades obscenas de dinero cada mes. Claro tienen esa posibilidad, uno es un productor famoso y el otro es un camionero que a veces trafica droga.

Todo eso solo porque somos una especie de enfermedad de la cual ellos no se quieren hacer cargo. Básicamente se basaba en: “Tomen esto. Cierren la boca. Y no aparezcan a menos que estén medio muertos”.

Y a ambos nos parece perfecto, nos hace felices. Porque de esa manera nadie se interpone, vivimos como se nos cante del culo. 

Bill gasta su parte en maquillaje, ropa, joyas, uñas, deliverys caros y chucherías que encuentra por internet a las tres de la mañana. Yo, más práctico, guardo mi parte, la invierto. Hace un año puse un taller automotriz con Georg. Me entretiene mientras espero que Bill termine la secundaría y decida qué hacer con su vida. 

Además de eso también inicié una colección personal de relojes que no me daría la vida entera para usarlos todos y me compre un auto, un cadillac. De paso sacó a Bill a una cena cara, a un bar o un rave, él escoge el lugar y yo solo conduzco y pago. 

— ¿Entonces qué vas hacer? — preguntó Geo acercándose a la ventana conmigo. 

— Primero quemaré la puta caja. Luego arreglaré a Jumbie. Y después con suerte me arrastrare de ser necesario, todo sea para que ese cabrón me vuelva hablar. 

— ¿Específicamente en ese orden?

— No necesariamente. Primero va el avión. — Mi amigo soltó otra risa sin disimulo.

Continúa…

Gracias por leer. No te vayas sin comentar 😉

por admin

Traductora del fandom

Un comentario en «La sangre también une 25 (P2)»

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