

Fic TWC de Sxgar_V1rus
Capítulo 25 (Parte 1)
By Bill (Time skip)
De las clases de biología recuerdo que la profesora olía a húmedo y que siempre tenía los dientes manchados de su labial. Probablemente lo único que sí vale la pena recordar es que las especies se ven obligadas a mutar, hacerse más fuertes, mejores.
Y supongo que yo hice eso, como si yo fuera un pequeño pokémon traumado, evolucione.
Era, literalmente, imposible que toda la vida me la pasara como un pequeño maricón indefenso que llora cuando lo ven como adefesio o vivir pegado a la sombra de mi novio—hermano quien se graduo el mismo año que empezamos a salir. Simplemente no podía pedir perdón solo por existir.
Me gustaría recalcar que ahora lloro en privado, ¿Ok?
Deje de esquivar golpes.
Ni de chiste fue de un día para el otro. Al principio mis manos temblaban, el estómago me retorcia y podía sentir la bilis en mi garganta cada que algo se salía de control. Pero lo logré, aprendí a gritar y a maldecir. Aprendí a escupir cuchillas ante cualquier intento de sometimiento.
Jamás tendré la fuerza bruta ni el instinto de desprecio que tiene Tom (creo), sin embargo, encontré mi propia forma de sacar los obstáculos de mi camino. Con las uñas pintadas mis nudillos impactaron en el rostro de otra persona.
Tuve que aprender a sostener la mirada, a caminar con el mentón en alto y las caderas sueltas. Como si todo el mundo fuera mi pasarela personal y todos los idiotas a mi alrededor estuvieran ahí solo para alabarme.
Eso fue lo más difícil. Elegir ser visto.
Contra todo pronóstico, me gustó. Me gustaron las miradas, que se callaran al verme pasar. Que aquellos que se burlaban de mi ropa, de mi maquillaje ahora no supieran dónde meter la mirada.
Con el tiempo mi talento natural se pulió, el arte de la provocación.
Y si, en principio puede que haya nacido para quedar al lado de Tom (mi adicción personal), pero también nací para que la gente me mirara. Que sepan de mi existencia.
Estoy frente al espejo, desnudo. Observé con atención cada centímetro de mi cuerpo, mis huesos ya no sobresalen como antes, mis costillas están ahí, pero más tímidas. Mis brazos ahora tienen forma, mis piernas están estilizadas y bonitas.
Y mi culo, ES. EL. SANTO. CULO.
—Y… ¿Si me hago un príncipe Alberto? — Dije sin razonarlo bien. — Digo, mi pene es proporcional, estético… Es bonito, pues.
Desde la cama, Tom dejó de rasgar la guitarra y levantó la cabeza con una cara de trauma.
— Bill qué carajos. — Lo dijo con esa mezcla de resignación que usualmente pone cuando decido no usar las pocas neuronas que quedan en la cabeza.
— Lo digo en serio. Tiene una buena caída, es armónico. Casi puedo decir que es una escultura griega muy sexy.
— Hazlo, pero después no quiero lloros cuando se te infecte y parezca un alien salido del averno.
— Claro, tú me vas a curar.
— PFFF… Soy capaz de quemar tu pene. Y te amarro al sillón para que no huyas.
— Awwww… ¿Me vas a amarrar? No sabía que habías vuelto a ver porno. — Dije con voz melosa — ¿O solo quieres una excusa para tocarme?
Tom rió seco. Una forma de tratar de esconder su buen humor.
— Ni quien te quiera tocar, Bill. Si te manoseo es por mera caridad. Como cuando encuentras a un gatito pulgoso y te da lástima.
— ¿Haces caridad cada que me tienes jadeando contra la pared? — Me acerqué a él. — Amor, eres tan noble. Todo un filántropo del sexo.
Rió por lo bajo. Volvió a rasguear la guitarra con toda la tranquilidad del mundo. Esa imagen me da material para tocarme esta noche, al menos unas dos veces.
Me vestí con ropa de casa y me senté en el ex tocador de Simone, ahora repleto de mí maquillaje, para comenzar a arreglarme. A medio proceso de construir un smokey eyes perfecto. recordé que no había preparado LA pieza central de mi outfit.
Una gabardina de cuero negra, la que uso en ocasiones muy especiales.
La que me hace parecer la villana de una novela sáfica. O si lo quieres ver de otro modo, como si fuera Blade el cazador de vampiros… pero en blanco.
— Tom, cariño. Podrías bajar la gabardina, está en la estantería de arriba. — Dije sin verlo directamente.
No obtuve una respuesta verbal, pero sí escuché como se levantaba. A través del espejo lo vi forcejeando como un idiota, de puntitas, estirandose todo lo que podía. A ver, no es que Tom sea un minion de carne y hueso, es solo que la estantería es ridículamente alta.
— Tom, deja de ser tan orgulloso y usa una silla o algo. — Dije mientras difuminaba la sombra negra.
— No, déjalo. Sé que puedo llegar.
Rodé los ojos tan fuerte que bien pude haberme dislocado la córnea. Hombres.
Estuvo un rato ahí, haciendo yoga para tarados. Hasta que logró jalar la caja con la delicadeza de un animal, en el proceso mandando a volar a otra caja que cayó directo es mi mesita de noche.
El estruendo fue obvio y seco. Casi lo consideré un presagio.
—¿Qué pasó? ¿Estás bien? — pregunte con preocupación, a pesar de todo apun soy algo decente.
Me levanté del tocador, colo para encontrarme una caja de cartón con letras rojas y grandes: «NO TOCAR — TOM». Probablemente una caja de Tom que estaba repleta de vergüenzas pasadas o cosas que le dejó Jorg.
Pero eso no era lo más importante. Lo que de verdad importa en este instante es que esa caja cayó directo sobre Jumbie
No.
NO.
NO.
— ¡NOOOO! — Grite a todo lo que da mi pulmón, un grito que me salía del alma y de la rabia. Me lance de rodillas arrastrándome por el suelo hasta alcanzar los restos y sacar la caja y lo que contenía como si estuvieran infectados. — ¡MIRA LO QUE HICISTE, IMBÉCIL!
— Es reparable. — Murmuró Tom. — Lo puedo reparar.
—¿¡CÓMO QUE NO PASA NADA!?, ¡ES MI PUTO AVIÓN!, ¡¡EL AVIÓN QUE NO TE GUSTÓ Y QUE ME REGALASTE!!, ¡ES COMO MI HIJO!
Bueno hubiera sido que solo se quedara en que Tom destrozo a mi bebé, al fijar bien mi vista en el contenido de la caja todo se fue al diablo. Esto fue meterle más gasolina a mi explosión emocional.
Había de todo en el suelo de nuestro cuarto.
Ropa interior de encaje feminina, boxers, cartas arrugadas, polaroids con el rostro de chicos y chicas (incluyendo fotos de sus genitales), condones en una bolsita ziploc. Y, por supuesto, la guinda del pastel.
UNA PERRA POLAROID DE ANDREAS EN BOXER Y MARCADA CON: «Para siempre pensar en ti. xoxo».
Tuve una visión clara. Perfecta. Cristalina.
Era simple, cerrar herméticamente puertas y ventanas, abrir todas las llaves de gas, sacar mi bonito clipper de vaquita y encender una vela aromática de vainilla. Ya casi podía sentir el olor de la exploción, yo muriendo con la ropa menos estilizada, las llamas consumiendo esta pocilga emocional. Adiós cama compartida. Adiós walking closet. Adiós Tom. Que se quede carbonizado con su ridículo gorro, un legado de su infinita estupidez.
Pero no. En lugar de todo eso me quedé de pie. Sentí el impulso de reventar mi cabeza contra el espejo, pero no era una buena idea, porque tendría que limpiar y mi rostro podría verse afectado.
Y se supone que hoy debo verme impecable.
— ¡¿ESTO ERA TU PUTA CAJA DE «NO TOCAR»?! — Grite apuntando a la porquería regada. — ¿¡QUIÉN CARAJO GUARDA UNA FOTO FIRMADA DE SU EX EN BOXERS COMO SI FUERA UN AUTÓGRAFO DE JUSTIN TIMBERLAKE, TOM!?
— Eso no importa. — Trató de hablarme suave, para calmarme. — Deberías centrarte en tú avión, puedo repararlo… o comprar uno nuevo.
—¿ah, no? — Me agache, recogiendo la foto con toda la calma asesina que tenía y la estampe en su cara. — Tienes dos minutos para explicarme esto. Contando desde ahora.
Vi como palideció, su mandíbula se tenso y vi un pequeño tic en su ojo que aparece solo cuando sabe que su cagada no tiene arreglo. En ese momento lo supe.
No solo se había olvidado de la existencia de su bonita caja llena de recuerdos post—polvo, sino también de esa joyita cortesía de Andy.
Si lo ves desde otro punto es como si hubiera tenido un altar de sus infidelidades pre—Bill
— Estoy esperando. — Me crucé de brazos
— No es lo que piensas. — Arqueé una ceja. No suavice mi mirada en ningún momento, seguía fijamente cada uno de sus movimientos, reacciones. — Es una caja sin valor, solo me olvidé de tirarla.
Una típica respuesta de cobarde.
Que conveniente, es extraño cómo funciona la amnesia selectiva. La misma cuando le pido sacar su ropa sucia o cuando le pido que me compre cigarros en su camino de regreso.
No espero otra palabra mía para empezar a recoger las bolsas, los calzones y las fotos de su triste recorrido sexual. Las aplastó con fuerza y lo sacó del cuarto, justo al lado de la puerta.
Como si eso fuera a arreglar algo.
— ¿Ves? no importa.
— No Tom. Eso no me basta. — Acorte la distancia entre nosotros dando zancadas enormes y le sujeté del cuello de la camisa con ambas manos y empecé a empujarlo, acercando mi cara en forma de amenaza. — Escuchame Tom Kaulitz. Dos cosas claras. — Casi escupí cada sílaba. — Uno: Vas a dejar a Jumbie como nuevo. Dos: Si no quemas esa mierda en un tiempo prudente te voy a cortar el pene y te lo meteré en el ano para que cagues semen. — Apreté más mi agarre, con toda la intención de ahorcarlo. — ¿Entendido?
No me dió la gana esperar una excusa más, dando empujones lo saque de la habitación y como golpe de gracia, una patada rápida en el abdomen. Sin mucha fuerza, pero lo suficiente como para causar molestía. Y cerré la puerta con un golpe seco que estoy casi seguro que se debió escuchar en toda la casa.
¿Cómo se atrevía?
Esta noche debía ser perfecta. La noche en la que, en contra de todo lo esperado, Bill Kaulitz (la no tan pequeña perra con los cables cruzados que siempre se salta clase de deporte) había logrado graduarse sin jalar un solo curso.
Y este ididota de mierda no era capaz de darme ni la satisfacción entera, tenía que cagarla. Tenía que meter los fantasmas de su pene errante a la ecuación. Por alguna desgraciada razón el historial sexual de mi hermano no me daba chance a dejarlo morir en el pasado.Como Dios manda. No.
Tenía que estallar el mismo día en el que debía brillar y ser el centro.
Continúa…
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