La sangre también une 24

Fic TWC de Sxgar_V1rus

Capítulo 24

—¿Estás llorando? — El idiota soltó entre carcajadas, como si le acabara de contar el chiste del centenio. Su voz retumbaba en su sala mientras hacía el intento de estar neutral. — Tranquilo, Bill… es tu verdadero yo saliendo del cascarón. — Su pesada mano cayó en mi hombro.

—Mira el lado bueno, ahora sí podrás escribir ese álbum depresivo que tanto querías. — Hizo una mueca dramática. — Con letras al estilo Evanescence, de portada negra mate y tú con ese maquillaje ridículo maquillaje llorando bajo la lluvia. — Tomó un poco de aire. — Vas a romperla… emocionalmente, claro.

No se si me daban más ganas de matarlo o de matarme. Rodé los ojos por infinita vez. Llevaba menos de quince minutos en su departamento y ya me había drenado toda la paciencia.

—Pero, eso es algo que me pudiste decir por texto. — Resoplé con fastidio. — ¿Por qué estás en Berlín? — A leguas podía notar su fingida seriedad.

—Es sobre el dinero de la manutención. — Dije con cautela, estos temas no se me dan bien. — Quiero que encontremos una manera en la que el dinero me llegue a mi. No a ella.

—¿Cuántos años tenías? — De la nada preguntó, encima, su pregunta estúpida sonó tan genuina que tuve que morder la lengua para no gritar.

Soy su único hijo y no sabe en que año nací. Wonderful. ¡GRACIAS, MAMÁ! Gracias por preñarte del primer hijo de perra emocionalmente ausente que te guiñó el ojo y te subió a su auto.

Tragándome todo el veneno, respondí. — En septiembre cumplí catorce.

—Ok, escucha…

Y entonces ahí empezó, fue como darle poder a un pendejo. Un monólogo más que eterno repleto de tecnicismos legales y jerga de adulto que se inventa estar a la moda y con las nuevas generaciones.

Y bueno… les presento a mi padre, Gordon. Un productor de música altamente famoso, altamente estúpido y altamente homofobico. Y que con suerte, ya dejo de tomar drogas.

—¿No sería mejor que ambos nos quedáramos contigo? — Dije tanteando una solución. — O… solo yo.

Nunca lo vi decir algo tan rápido.

—NO. — Seco. Cortante. Sin culpa.

Ahh… Falta de amor paternal.

—¿Tú crees que te quiero a mi lado después de haberlos abandonado hace años? — Me lo preguntó como si yo fuera el rarito por preguntar tal cosa.

—¿Entonces qué? Dame soluciones, no tengo ni puta idea de lo que puedo hacer. — Solté con fastidio, ya no me pude contener.

Si no quería vivir conmigo, al menos que halle la forma de darme el dinero que me corresponde. Papá se encogió de hombros, como si estuviera hablando sobre los culos de las artistas que maneja.

—No sé, Bill. Puedes llorar o joderte y seguir con la vida. — Mi respuesta fue una cara de ¨¿En serio?¨—— Uhmm… ¿Qué hay de Jorg? — Preguntó con una ceja alzada y su voz mostrando escepticismo. — ¿Qué hará con Tom?

—Solo sé que firmará como nuevo tutor legal. — Me crucé de brazos. — Y quizás le abra una cuenta para darle su parte.

Él soltó una risa nasal, de esas cuando se creía más inteligente que el resto de la humanidad,

—Ah, claro… Un verdadero modelo a seguir, ¿Por qué no confiar en el tipo que crió a un adolescente violento y emocionalmente inestable con acceso libre a dinero?

—Decir eso no te hace mejor. — Uhh… Se me escapó. Quise darme un golpe en la frente.

Su sonrisa se congeló. — Has cambiado mucho. — Tomó un sorbo de su cerveza para retomar su postura relajada. — Es más que seguro que le den una cuenta, habla con Tom para depositar tu parte ahí.

—Está bien. — Me puse de pie y caminé a la puerta. — Me voy de regreso.

El camino de regreso fue tranquilo, dentro de lo que cabe, Berlín es una capital y por lo tanto de lo que más carece es silencio y paz. Y no digo que esté mal, de hecho, es llamativo.

Todas las calles siempre estaban vivas, con gente de todo tipo, luces parpadeando. Tan diferente de Leipzig…

No es que odiara mi ciudad natal, pero su gente está podrida por dentro, repleta de neo nazis hijos de perra. Muchos de ellos siempre tienen las caras largas y su mirada siempre cargada de puñales que te dan junto en la espalda.

Se reúnen los fines de semana a cagarse, ya no solo en los judíos, sino también en contra de todo inmigrante, mujer y persona de la comunidad LGBT. Adoctrinan a sus hijos con su mierda de «pureza racial» y su discurso de ultraderecha. Incluso me tocó ver como conmemoran estupideces como el nacimiento y la muerte de Hitler.

Es una ciudad que podría ver con mal ojo a Tom, pero a mi directamente me repele. Y no hace mucha falta explicar las razones, está más que claro, lo ves a primera vista.

Esa es la razón más fuerte por la que quizás Tom controla mucho mi ubicación y porque no suelo salir con mucha regularidad. Con mucha mala suerte, podría toparme con alguno de los tipos y sepa Dios qué podría pasarme

Y aún con todo eso tienen la osadía de ir a bares de ambiente gay, hacer orgias y proponerle sexo a cualquier espécimen exótico (por ejemplo yo) con tal de complacer su morbo.

Sé que tampoco estoy libre de pecado. Sé que lo que hacemos es una aberración para la humanidad, pero no le hacemos daño a nadie. Esa en la diferencia entre esos enfermos mentales y nosotros. 

Solo por poner un ejemplo. es imposible que tengamos hijos y no obligamos a nadie a participar en nuestras prácticas de pareja.

En Berlín, nadie sabe quienes somos y no necesitan saberlo.

Aquí nadie ubica nuestras caras, ni nuestro pasado. No tendrían razón para señalarnos por algo, nadie tendría que saber que nacimos de la misma mujer y que, a pesar de ello, compartimos más que una cama. Básicamente, podríamos ser solo nosotros.

Uhmmm… casi lo puedo imaginar, un departamento o casa de lo más lindo. Con buenas ventanas para una buena iluminación, muebles y decoración a juego. De fondo, puedo escuchar algo de música, la guitarra de Tom, y a mí recostado en el sillón pensando en la buena vida que me tocó vivir.

Una vida fácil, simple, silenciosa.

Libre.

Casi llegando al hotel me llegó un mensaje. ¨Firmare como tutor legal. No preguntes cómo lo haré. Y te daré un poco más cuando me des un número de cuenta¨ Sonreí para mis adentros y pude sentir que una carga se aligeraba. «Después te llamaré para arreglar otras cosas.»

Al entrar a la habitación, lo primero que vi fue a Tom, tirado en la cama, haciendo zapping en la TV. En cuanto me vio puso toda su atención en mí, se detuvo en control remoto y noté la mirada de incertidumbre.

—Entonces… ¿Qué te dijo?

—Voy a vivir contigo, y necesitas darme un número de cuenta para que deposite mi parte del dinero. — Respondí sin darle mucha vuelta al asunto, mientras dejaba mis cosas a un lado

Me senté al otro lado de la cama en la que estaba Tom y me saque las botas para poder echarme con Tom.

—También se burló sobre cómo me han abandonado dos veces. Y que luego me llamará para resolver un par de cosas más. — Escuche el mini suspiro de alivio de Tom.

Su expresión aún no era de relajación total, era entendible, estaba desbordando de estrés.

La épica huída de mamá nos dejó en medio de un montón de problemas, lo que nos llevó a estar cargados de ansiedad, estrés e incertidumbre. La irritabilidad era palpable, al punto en el que inevitablemente Tom se descargó físicamente conmigo.

No lo culpo, la situación fue terrible. Además, yo también estuve muy volátil. No dejaba de pensar en las peores situaciones: No solo podrían dejar de darnos dinero, Jorg pudo habernos quitado la casa o peor aún, nos pudieron separar.

Y en ese momento entendí que dejó de tratarse sólo sobre el dinero. Se trataba de no perder lo poquito que había logrado construir, me negaba a que me arrancaran a Tom de nuevo.

Continúa…

Gracias por leer. No te vayas sin comentar 😉

por admin

Traductora del fandom

Un comentario en «La sangre también une 24»

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