
Fic TWC de Sxgar_V1rus
Capítulo 20
A inicios de septiembre, cuando es (¿nuestro?) mi cumpleaños, aún hay uno que otro residuo de calor del verano. Ahora, a finales de mes estamos de lleno en el otoño. Con algo más de frío, las hojas cayendo y con lluvias ocasionales. Por lo que, a la hora del segundo receso, el calor de la tarde ya no es tan abrumador como antes, el sol pareciera estar cansado de brillar
Estábamos sentados en una esquina apartada del patio, donde comenzaba a ser una costumbre estar. Entre las manos traía la mitad de un sandwich que deje en la mañana, Tom con su celular escribiendo y leyendo (solo Dios sabe qué), y, Georg tiene un libro de historia abierto sobre las piernas
Porque, claro, el cabrón no puede desaprobar absolutamente nada.
—Siempre me pregunté, ¿Cómo se conocieron ustedes dos? — Solté al aire, ambos alzaron la vista por unos segundos.
—Nos conocimos en la correccional de menores. — Respondió simple Geo, encogiendo los hombros
—Ah, las duchas comunitarias… ese lugar mágico donde surgen amistades eternas. — Dije con sarcasmo, llevándome un trozo de sándwich a la boca mientras los miraba. Ninguno tan siquiera se dignó a responder, Geo siguió en lo suyo y a Tom se le formó una sonrisa. — No jodas, ¿Es en serio?
La verdad es que no les creía para nada, literalmente se me hacía imposible imaginar al hombre más amable del mundo en una correccional.
—¿Qué pasa Billy? ¿No puedes imaginar a Geo en una correccional? — Tom dejó de lado su celular y se estiró, soltando una risa corta.
—¡Pues no! — Lo señalo con un moviente de la cabeza. — Solo… ¡Míralo! Es como un maldito viejo atrapado en el cuerpo de un adolescente. ¿Qué hizo? ¿Robar un diccionario?, ¿Viagra?
Tom empezó a carcajear con toda la energía que tiene disponible, mientras que Listing cerró el libro con un golpe seco y me miró con una sonrisa sarcástica.
—Nah, fue mucho más divertido que eso. — Se inclinó un poco hacía mí. — ¿Quieres saber?
—Duh.
—Un poco de vandalismo casual, mierda de animal, grafitis y piedritas. Pero después me entró la inspiración y pensé: «Él alcalde necesita mi toque personal». ¡Y PUM!, quemé su auto.
—No te creo ni un carajo…
—Lo dice en serio. — Intervino Tom, acomodándose en el pasto y mirando con una sonrisa perezosa a Geo. — Lo hizo por puro amor al arte.
Lo más desconcertante de la situación es que lo mencionan como si fuera pan de cada día, digo, para mi también lo es. Pero no pensé que Geo fuera ese tipo de chico, aunque… Debí imaginarlo, no cualquiera es amigo de Tom. Y también esto explica muchas cosas que había notado en el comportamiento de Geo.
Había pensado que Listing es un chico amable, dulce y ser de esos que se preocupan por el universo entero. Pero me di cuenta que cuando se rodea de más gente, su mirada se hacía fría, como si los demás no valieran la pena. Sus comentarios se convierten en ataques pasivos — agresivos, rozando el cinismo. Pareciendo disfrutar del distanciamiento emocional que tenía con los sentimientos ajenos.
Siempre creí que era mi imaginación. Y la verdad es que no me importa. Digo, yo no soy Jesucristo para andar amando a todo el mundo, incluso a quienes me odian.
—Sí es un delito. Pero el man me cae super mal, así que… Boom.
—Eso fue… intenso. — ¿Qué más puedo decir?, me agarraron en frío.
—¿Pensabas que entró por robar dulces? — Tom se acercó a mí, mientras acariciaba mi mejilla con suavidad. — No todos somos tan dulces como tú, Billy.
—Ay… Cállate. — Le lancé una mirada «enojada», pero mis mejillas se ponían rojas. Geo nos miró con las cejas levantadas.
Coño, es verdad, tengo por entendido que nadie le dijo nada. Pero al parecer, no le importa en lo mínimo.
—¿Sabes qué es lo mejor? Él fue él primero en joderme cuando llegué.
—Eso sí lo creo — Dije en medio de una pequeña risa
—Solo fue una vez. — Se defendió Geo — Luego me di cuenta que es más útil más de amigo que de enemigo
—¿Útil? — Repitió Tom, arqueando una ceja.
—Dos veces. La primera porque quería los cigarros y la segunda, porque tu mamá está más rica que un día feriado. — Me sentí genuinamente asqueado, EW, no pude evitar poner una mueca de asco. — También me gusta que me lleves la contraria, hace las cosas interesantes.
Los últimos diez minutos del receso pasaron en el mismo tono relajado. Acabe el último pedazo del sándwich y me quedé en silencio, mirando al alumnado. Desde que regresamos a clase, Tom jamás se apartaba de mi lado. Siempre está ahí en cada cambio de clase, cada receso, como una sombra.
Entonces sonó la campana y todos tuvimos que regresar a clase. Los tres nos pusimos en camino al edificio principal, el primero en separarse fue Geo. Quien se despidió con su típico saludo de manos de «Bros». Luego, sentí la presencia de Tom detrás mío, como siempre.
Al llegar a la clase de física, se detuvo en el marco de la puerta, manteniendo sus manos en los bolsillos con esa actitud relajada.
—Recuerda, vendré por ti. — Aviso con una voz perezosa.
Uhmmm, creo que se saltará clase.
—Sí, nos vemos Tommy. — Me despedí en bajito.
Entré al aula y me dirigí al lugar de siempre, una al fondo del aula. Para variar, me miraban, pero no era porque pareciera marica, o bueno sí. También porque Tom «Te puedo matar de un golpe» Trumper me dejó en la puerta, otra vez.
Su presencia hace dos cosas fantásticas. Uno, aleja a metiches e inadaptados sociales. Y dos, me recuerda lo mucho que amo su compañía.
Suspiré, apoyando mi mejilla en la superficie fría de la carpeta. Me fijé en la puerta, hasta que la profesora entró y comenzó a dar la clase. Como todo curso de la escuela, la física no es mi fuerte, pero no es terrible. Como todo, podría darle unas de repaso en casa y ya podría resolver al menos la mitad de un examen final.
Ahora mismo mi cabeza está en otro lado.
Desde la golpiza de Jost ya había pasado como una semana y media, Ese día nos fuimos sin decirle nada a absolutamente nadie. No es necesario ser muy inteligente para saber que para cuando entramos a la casa, ella ya habría sido notificada de todo.
Como es típico, no la vimos, ni por accidente. Lo que no me sorprende, sin embargo, lo que sí causó sorpresa fue la llamada de ayer en la mañana
«Jost quiere presentar una queja formal». O sea, una denuncia, pues. Usó ese maravilloso tono de irritabilidad. Luego agregó que las investigaciones preliminares ya están más allá de la mitad y es probable que proceda.
Y por supuesto, lo mejor para el final. Dijo: «Algún día de estos los llamarán de la comisaría para declarar…»
Yo, en calidad de testigo. Tom, como acusado. Otra vez.
¿Quién diría que ese «Algún día» sería hoy? Después de clase, mamá nos llevaría a la comisaría. Y ya hasta había tramitado un permiso para salir temprano.
No tenía ni idea de qué esperar. Todo el día sentía como la resignación se había posado en mi pecho. Juro que realmente intentaba centrarme en la clase, en los ridículos ejercicios que la profesora escribía en el pizarrón, en anotar todo lo necesario, pero a mi mente siempre siempre volvía a la misma ecuación.
Comisaria + Tom + David = ¿?
¿Qué diría Tommy cuando le pidieran su versión? No había preparado nada para decir, ¿Qué diría yo?
Señor, que pesado es todo esto.
Apretaba mi cara con las manos, como si hacerlo pudiera bloquear las miradas indiscretas que se clavan en mí. Ciertamente sabía que los rumores ya estaban volando, dando vueltas entre los cuchicheos casi silenciosos de mis compañeros. Sobre mí, sobre Tom, sobre cualquier porquería rara de retrasados mentales que se les diera por inventar para llenar el vacío emocional de sus patéticas vidas.
De verdad, me llegan. Ojala se les funda el cerebro para que salga por sus ojos, orejas y nariz. O que les dé diarrea cerebral, cualquiera de los dos está bien para mí.
La profesora dió las últimas indicaciones de la clase y el sonido de las sillas arrastrándose me dijo que todo había terminado. La hora y media más aburridas de mi vida. Recogí todo con lentitud, como si pudiera evitar lo inminente.
Sin darme cuenta mi humor se derrumbó completamente.
Al salir del aula, Tom ya está ahí, apoyado contra una pared con los brazos cruzados. Avancé sin más a la salida, me miró de reojo y se apartó de la pared, caminando junto a mi. Creo que se dió cuenta que no estoy del mejor humor.
El pequeño trayecto fue realmente silencioso. En la calle, mamá ya nos está esperando en el auto, con una expresión que nunca había visto en ella y creo que eso es malo. Sé que esto es una molestia más a su apretada agenda de trabajadora.
Me senté en los asientos traseros y Tom marcó su territorio tomando el asiento del copiloto. Ni uno de los tres cruzó una palabra. El motor se encendió y salimos a la comisaría. Que, ¡Oh, sorpresa! está al otro extremo de la ciudad.
En el largo trayecto, ni siquiera me puse los audífonos, me concentro más en mi preparación mental para todo lo que estaba a punto de venir.
.
By Tom
Mis visitas menos preferidas son los hospitales y las comisarías no solo porque ambos tienen los ambientes más deprimentes del universo, sino porque son fríos.
Fríos como la puta mierda.
No importa la estación del año, por alguna extraña razón la calefacción siempre está en modo «Te voy a congelar hasta el alma». Puedo sentir como poco a poco cala en mis huesos, como mi culo se congela y , que si me esfuerzo un poquito, podría cagar hielo.
Como se trataba de alguien con dinero nos llevaron a una sala especial de interrogación, apestando a café rancio y cloro. Desde hace un buen rato ya estábamos esperando y nada más nadie se aparecía ni a saludar.
La luz parpadea de vez en cuando, si continuamos así probablemente terminaré con una migraña que taladre todos mis sesos.
Simone está sentada a lado de Bill, con el rostro aburrido, los brazos cruzados, evitando mi existencia. Mi pequeño es una sombra, con los hombros tensos y rectos, la mirada clavada en la pared de enfrente. No puedo soportar verlo en ese estado.
No cuando David logró perforar mi mente y sus palabras me dan vueltas.
Sé que Biha es un chico y se identifica como tal, pero a veces es tan dramático como una chica cualquiera. Por lo que cuando regresó de su primera cita con Jost, pensé que estaba exagerando, sus llantos y gritos me sonaron a teatro y, que, esa hermosa forma de lanzarse a mis brazos por consuelo era puro dramatismo.
No pensé que había sido una pesadilla total.
«¿Eres tan duro como aparentas? Mírate, no puedes mantener a salvo a tu hermano, no puedes ser la figura que él necesita y vive aterrorizado de ti. ¿De qué te sirve la fuerza si no eres nadie en realidad?»
Sí han pasado días, pero aún burbujea como veneno, como ácido que me quema las viseras. El muy perro había escarbado en todo lo que pudo de mi, hurgando en partes que no toco ni con un palo.
¿Pero saben qué? Es pura mierda. Bill no está aterrado, al menos no como lo pinta Jost. Y Bill tiene razón, es un completo imbécil.
Debajo de la mesa mi pierna rebota, no se me da estar mucho tiempo quieto. Necesito decir algo, hacer algo, joder a alguien. Pasé mi lengua por los labios y enfoqué mi mirada en Simone, mi madre.
—¿No me vas a decir algo? ¿Te vas a quedar callada como si fueras un mueble? — Mi voz salió ronca, venenosa.
Ella ni se inmutó.
—¿Qué quieres que diga? «Gracias Tom, que lindo estar en este basurero otra vez.» — Por fin me miró. Su voz era un cóctel de sarcasmo, hastío y odio.
—¿Algo más? — solté una risa nasal.
—Disfrutas meterte en problemas. No es la primera vez que terminamos en un agujero de mierda por tu culpa, porque eres un imbécil irremediable. — Su mirada se endureció, perforando mi cuerpo.
No se me ocurrió otra cosa para responder y deje morir la «conversación». Me interesó saber si Bill me miraba, y no fue así, seguía sin verme.
Hoy se arregló de forma más femenina, con su bonito pelo negro cayendo por sus hombros desnudos, los anillos brillando en sus manos y ese color de labios tan apetecibles. Cuando está en blanco, cuando está demasiado arreglado, parece una muñeca de porcelana, fría e inerte. Joder, cómo odio eso.
«No me mires así Tom. Crees que nadie se da cuenta, pero yo no soy un idiota más del montón. Es obvio que lo que tienes con Bill no es ni de cerca normal ¿Qué te pasa? ¿Te gusta jugar con tu hermano pequeño porque no sabes manejar una relación de verdad? ¿Te gusta sentirte en control? ¿O solo te excita meterte en…»
Me mordí la lengua con fuerza. Ese hijo de puta se metió en donde no debía
Por fin la puerta de la sala de interrogatorios se abrió y entró un oficial con papeles en la mano, carraspeó y empezó hablar. Apenas lo escuché, me crucé de brazos y hundí la espalda en la silla de plástico.
No le iba a dar la satisfacción a Simone, ni a nadie de ver cómo sí me había afectado un poco. No permitiría que Billy notara lo que cruzaba mi cabeza. En el fondo no había miedo ni culpa, solo rabia.
Me jodía saber que tiene un poco de razón, lo que llevamos entre manos es antinatural. Sin embargo se sigue tratando de amor puro, jamás será su problema.
—Bien, Tom. — Me habló el oficial, ojeando una hoja de papel. — Quiero que me expliques exactamente qué pasó en la clínica.
Resople, mi expresión se volvió una de desdén. La típica cuando tengo que hacer algo que no quiero, la espalda comenzaba a dolerme.
—¿Qué quieres que te diga? Jost no sabe cerrar la puta boca.
—Quiero detalles, no excusas Kaulitz. ¿Qué fue lo que te dijo?
Incliné la cabeza a un lado, había investigado a fondo toda la situación. En mis errores y en especial en los errores de Jost, pensé que no habría muchas. Sin embargo, él las cagó más que yo y ya sabía que decir para joderlo más.
En realidad toda está actitud delante del oficial es solo una pequeña actuación para que nada se vea fuera de lo normal. Finalmente, hablé, en tono bajo y lleno de veneno.
—Empezó a meterse en temas que no le conciernen. — Miré al oficial con los ojos entre cerrados, deteniendo mi declaración por un segundo. — Me provocó, ¿Ok?
—No es suficiente. — Me miró con obviedad, esperando a que hablara más.
—Dijo que no soy un buen hermano. — Dije entre dientes. — Que constantemente lo pongo en situaciones riesgosas y que en general soy un irresponsable con él.
Un ligero nudo se formó en mi estómago, no se me ocurrió que tendría que declarar al lado de Bill y que tendría que escuchar absolutamente todo. Es algo… doloroso.
—¿Algo más?
—Sí, claro. — Había practicado mi discurso. — Opinó sobre nuestra relación, diciendo cosas fuera de lugar.
—Explícalo mejor. — El oficial alzó una ceja.
—Dijo que no somos normales. — Aquí venía la mejor parte de absolutamente todas. — Básicamente afirmó sin pruebas que yo y mi hermano tenemos una relación incestuosa. — Apreté los puños sobre mis rodillas. Toda la sala se quedó en silencio tenso, Bill se veía incómodo y la cara de Simone es el real poema. Apuesto que nadie se lo esperaba. — Además dijo cosas como que no puedo tener relaciones reales y que necesito controlar a los demás.
Entonces el silencio se hizo aún más espeso, si es que eso se podía. El oficial asintió lentamente, anotando en su libreta.
—¿Y qué pasó después?
—¿Después? — Me encogí de hombros y se me escapó una sonrisa algo burlona en los labios. — Después le rompí la cara.
—¿Vas a agregar más? — Re acomodé mi posición en la silla y mi postura se volvió floja, relajada como si estuviera en la sala de mi casa y no en una comisaría que huele mal.
—Eso es suficiente, ¿no crees? — El oficial asintió y anotó más. Ya había terminado conmigo, eso significa que es el turno de Billy.
—¿Y tú Bill? — El oficial miró a Biha — ¿Qué me puedes decir?
De pronto todos en la sala dejamos caer los ojos en Bill, quien se veía tenso, viéndose como una muñeca que respira. Se ve tan adorable cuando está asustado, ya quiero que todo esto acabe para poder irnos a casa y poder abrazarlo toda la noche.
—No fue culpa de Tom. — Dijo en un murmullo. — David Jost dijo cosas que nadie debería.
—Dime detalles. ¿Tuviste participación en el hecho?
La expresión del sujeto es neutral, de cierta manera se podía ver su interés en Bill.
—Uhmm… No mucho. — Su voz salió nerviosa. — Solo para detener a Tom cuando escuche el escándalo… Él estaba llorando. — Biha añadió con la mirada baja. — Y también me agache un momento para pedirle perdón.
—Lo tendré en cuenta. — Se quedó procesando la información recibida. — ¿Entonces por qué huyeron?
—¡Ah! Eso… Eso fue porque estaba muy asustado. — Se mordió el labio antes de continuar. — No es la primera vez que tenemos problemas con él. La última vez me trató mal y salí llorando del consultorio… Sabía que nadie nos ayudaría y eso fue lo primero que se me ocurrió.
Su confesión quedó flotando en la sala. El resto de la sesión se dió sin complicaciones.
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Al salir de la comisaría nadie estaba de mejor humor, no significó un alivio para nadie y apenas los tres llegamos al carro todo llego a su limite.
—Tom, no puedes ir por la vida golpeando a alguien solo porque dijo algo que no te gustó. — dijo Simone usando una voz condescendiente de mierda que tanto me saca de quicio.
—¿Ah, no? — Respondí mientras me ponía el cinturón de seguridad. — Pues ya lo hice.
—Eres un maldito imbécil.
Se apresuró en responder, rápido como un disparo. Me gire para verla, dejando que vea la sonrisa cínica que hay en mi cara. Ya sabes, solo para un poco más de satisfacción. Simone rodó los ojos y arrancó de vuelta a casa, resistiendo las ganas de clavarme un buen golpe en la cara
A través del espejo retrovisor vi que Bill se moría de la preocupación, con la vista pegada en la ventana. Dentro de mi se me removió algo verlo así.
Saqué el celular del bolsillo y le envié un mensaje.
«Sabes que es lo mejor de todo esto?»
Note como la notificación le llegaba y sus dedos se movieron con rapidez para responder.
«Que cosa??»
«Pase lo que pase no nos volveremos a separar.»
Continúa…
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