

Fic TWC de Sxgar_V1rus
Capítulo 19
By Bill
Ay… el amor… ¿Qué no haríamos por amor?
El amor mueve, construye, fortalece. Dicen que te levanta cuando estás en el fondo de tu miseria, que saca una mejor versión de ti… Ello en teoría.
Ocasionalmente, hace exactamente lo contrario.
Te lleva a la autodestrucción, cruzas líneas que debes evitar cruzar, te quedas en lugares de los que deberías salir corriendo y todo en nombre del amor. Y cuando te encuentras encadenado a esa mierda llamada «amor», te convences de que cada maldita cosa vale la pena. Crees que debes dar cada célula de ti, porque si él lo hace por ti, también debes hacerlo.
¿No?
Ahora estoy acá, sentado en la sala de espera, mientras Tom está en su primera cita. El ambiente es incómodo, se supone que debe darme calma y serenidad… es claro que quiero salir corriendo lo más pronto posible. Los murmullos de la recepcionista y de otros es lo que rompe el silencio.
Mis ojos viajan por los mensajes que me llegaron en estos días de chicas de la escuela que mueren por saber qué tengo que ver con Tom, no es joda cuando digo que son cientos y me llegan por todos lados. Aún agradezco que Frank haya terminado con la cara rota en medio del pasillo, porque de esa forma logré evitar un montón de preguntas de gente que ni conozco.
Amén por tu sacrificio, Frank.
Regresando al ahora, mamá (siendo la irresponsable que es) nos dejó y dijo que al terminar la llamaríamos para que nos recoja. Moví la mirada a la puerta por la que Tom desapareció hace unos minutos, no dijo mucho antes de entrar, solo algo desganado y rápido.
Tampoco está muy contento de venir y está inquieto, es obvio, sus manos se mueven más de lo normal y es probable que deba sentirme preocupado por lo que sea que vaya a suceder allá dentro. Sin embargo, la hora en mi celular dice que ya han pasado unos diez minutos, lo cual creo que es mucho.
De nada me sirve scrollear en insta y menos estar al pendiente de la puerta del consultorio, por eso es bueno optar por coger los audífonos y poner música. Aún con ruido en mis oídos, no puedo detener la pierna y de sobre pensar lo obvio.
¿Por qué estás acá?
Trato de mover la energía de mi pierna a mis manos, pasándolas por mi cabello, jugueteo con los anillos, presiono mis uñas contra las palmas de mis manos.
Yo sé por qué estoy aquí.
La razón sencilla de explicar mi presencia es más que sencilla: Porque mamá me obligó y yo no tuve los huevos de expresar mi malestar respecto al degenerado de Jost. Pero la verdad, la que de verdad importa, es porque Tom me necesita tanto como yo lo necesito a él.
Todo lo esconde detrás de esa actuación de chico malo y problemático, como si nada pudiera perturbarlo. Pero yo lo conozco, quizá mejor que nadie. Desde que somos niños fui testigo de todo lo que carga sobre sus hombros, de aquello que a nadie le diría en voz alta.
Tom lo soportó todo.
Quienes debían amarlo y protegerlo, lo expusieron a todo lo que pudieron, como si se tratara de un mueble más de la casa. Aún puedo recordar la descripción de cosas que ningún niño debería escuchar como las discusiones entre mamá y Jorg o soportar golpes bajo la excusa de «hacerlo un hombre de verdad».
Antes de ser quien es hoy, antes de las rastas, las cicatrices y esa puta soberbia. Tom fue un niño que nadie quiso.
Y esa es una verdad que podría matar a cualquiera en esta tierra. Marcarlo hasta los cimientos de su alma.
Sé lo que hizo, lo que hace y de lo que es capaz de hacer. No voy a pretender que sea un santo libre de impurezas, tampoco es el monstruo que todo el mundo aclama que es. Digo… se sintió (y se siente) a morir por haber tenido sexo conmigo, sé que siente culpa y puedo entenderlo. Pero lo hecho, hecho está.
Lo vi hundirse y transformarse en aquello que juró no ser, y lo seguiré viendo porque mientras yo lo ame permaneceré a su lado y no se quedará solo. Y en el fondo eso es lo que importa, estamos destinados a estar juntos de por vida y lo acepto.
Recuerdo que cuando teníamos nueve y doce, Tom ya tenía el pelo largo. Para mamá era aceptable manejar lo que decían sobre eso, pero luego pasaron dos cosas muy importantes. Primero que Gordon admitió que se arrepentía de haberme tenido, le parecía desagradable lo delicado que soy, tampoco quiso ser padre en primer lugar y se largó (Bienvenida sea la pensión alimenticia). Lo segundo es que Tom decidió que quería rastas, como a de lugar.
Entonces la casa hizo boom.
Todo el mundo hablaba de como Simone, mi mamá, había sido dejada por su segundo esposo. Y si Tom se hacía esas rastas las habladurías se harían peores. Era darle leña al fuego que ,ya de por sí, es incontrolable.
Ahí es en dónde comenzó la larga lista de malas interacciones entre mamá y Tom, admito que fue terrible para mi. A los nueve años, en ese preciso momento, estuve más que destrozado por haber sido abandonado por Gordon, me dolió hasta la médula no ser suficiente para que mi papá se quedara.
Uhmmm… Ahí nace la manía de hacerme al agrado de mamá, para que no me abandone. No quiero que me abandone, prefiero a Tom, pero es mi mamá y debo quererla. ¿No?
Ese mismo día, en esa misma pelea, Tom tuvo la intención de darle un bofetón a mamá. Del pánico por lo que estaba a punto de desatarse, solté un sollozo, logrando que él detuviera toda acción.
Nos habíamos quedado solos con ella y en el primer día todo se salió de control. Él me sujetó por la manga del suéter, me llevó lo más rápido hacía afuera de la casa y me empujo. Con la suficiente fuerza como para hacerme caer del porche de la casa, mientras gritaba «¡Quédate afuera, yo lo resuelvo!».
Me quedé en el suelo en shock, a pesar de que la altura no fue mucha. Entiendo que no fue maldad, sino desesperación pura. En su mente, empujarme fuera de la casa era su forma de protegerme. Esa noche durmió fuera de mi puerta.
Ahora, sigo sentado en una sala de espera y a pesar de lo que pasó hace dos años, no dudo de Tom. Él intenta encerrarme en una burbuja para que nadie me lastime, incluso cuando nada ni nadie me puede proteger de él. De todas formas no lo necesito.
Un ruido interrumpe todo, hasta mis pensamientos. Un golpe en seco, furioso y destructivo, seguido de algo arrastrándose por el suelo. Me pongo de pie de inmediato, mi cuerpo reacciona antes que mi mente y me acerco a la puerta.
—¡Cállate! — Reconozco la voz de Tom, esta vez, grave y rasposa.
Nadie es capaz de abrir la puerta, todos miran expectantes desde la distancia. Cojo valor y la abro, la escena es… impactante.
Todo el consultorio está hecho trizas, desordenado. En el suelo está Jost, mientras Tom le da patadas incesantes, no hay nada que pueda detenerlo. Es como si toda la rabia y el odio se hubieran desbordado de golpe. No es en sí la escena, ya lo vi antes, es lo que hay en sus ojos.
Asco. Es lo que me dicen.
—¡Para! — Mi voz se ahoga en el caos.
Sostengo su brazo, me aferro a él, trato de evitar que dé otra patada. No quiero que el daño que cause esta vez sea irreparable. Por un momento parece que no me escucha, como si hablara con una pared. Luego sus ojos se encuentran con los míos y algo cambia.
No sabría si es mi voz, mi mirada o solo se trata del agotamiento, pero finalmente deja de lado a Jost. Se queda inmovíl, con la respiración agitada.
Sus manos tiemblan y veo algo que jamás me preparé para ver, lágrimas. Sus ojos están vidriosos.
—Ay, mierda… — Digo por lo bajo, con algo de pánico.
—Él no…
—Lo sé. — Interrumpo lo que quería decir.
Ahora no es el momento de discutir, no es el momento de decirle que sus acciones fueron incorrectas. La prioridad es sacarlo de acá, como sea. Miro a Tom que está al borde del colapso. Luego miro a Jost, que se retuerce del dolor, respira entrecortado y se aprieta la costilla… Uhmm, parece ser una fractura, pero quizás no es tan grave.
Me acerco a él y me arrodillo a su lado. — Lo siento. — Digo en un murmuro, solo para que él escuche.
—Vamos Tom. Tenemos que irnos. — Digo agarrando su brazo y tirando de él hacia la puerta.
No se resiste, pero hay tensión en su cuerpo, un poco de temblor en sus músculos. Bajo la mirada y la conmoción de los presentes salimos agarramos nuestras pertenencias y salimos del consultorio. Cuando llegamos a la calle, me apresuro a escondernos en un callejón cercano.
—¿Qué es lo que pasó? — Digo mientras hago que Tom se ponga el hoodie que lo obligue a llevar antes de salir de casa.
Lo observo y sé que debo estar más que molesto con él, la verdad es que no puedo. Al final no importa que tanto daño haga, cuantas veces pierda el control, no me iré.
El amor no es un salvavidas, no nos salvará. No somos esas personas. Nuestro amor está deformado y es repulsivo, pero es lo que nos tiene juntos y para mí eso es suficiente.
Continúa…
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Es su pequeño y doloroso amor ;_;