

Fic TWC de Sxgar_V1rus
Capítulo 17
Tan dulce como una torta de chocolate, como caminar sobre las nubes, todo encaja a la perfección. Con Tom, todo es tan natural y simple, solo fluye.
Era increíble pensar que nuestra conexión creció y con un poco más de tiempo nos entenderíamos sin necesidad de palabras. Lo que pensaba, lo que decía, es como si un hilo invisible nos conectara en mente y cuerpo. Nuestras almas predestinadas a la unión, como si fuéramos uno solo.
Estamos juntos en la cama, se supone que mañana llega mamá y queremos estar todo el tiempo posible juntos. En ella primero se recostó Tom y sobre él, yo, apoyando mi cabeza en su pecho. En esa posición es realmente fácil percibir su respiración y latidos del corazón, casi instintivamente comencé a respirar al ritmo de sus latidos.
Esto es lo que siempre había buscado en la vida. Estar en sus brazos es encontrar pertenencia.
—Adivina qué me regaló Gustav. — Le pregunté, jugando un poco.
—Ni idea. ¿Drogas? — Lo dijo medio en broma, medio en serio.
Reí negando con la cabeza. — Nah, nada que ver. Me regalo un nuevo Jumbie.
Al principio solo soltó un «Ah…» con cero entusiasmo, me desanimó por unos segundos. Luego recordé que nunca le había contado por qué Jumbie es tan especial para mí.
Jumbie es el resultado de un regalo que ni siquiera fue en un inicio para mí. Gordon se lo regaló a Tom en un deplorable intento de hacer las paces, un gesto de reconciliación que Tom ignoró. Obviamente no es su padre, así que para él era solo un pedazo de basura que podría desechar cuando quisiera.
Era algo que dejaba tirado en el suelo de su habitación, olvidado en el desorden de un niño. Estuvo ahí por algún tiempo sin ser tocado ni una sola vez.
Fue cuando comenzamos a interactuar cada vez más que encontré el avión y me gustó, por alguna razón llamó mi atención y terminé por recogerlo. Tommy ya se había olvidado de esa cosa y solo recordaba su existencia cuando estaba en mis manos.
Al final me lo regaló, probablemente diciendo alguno que otro insulto de niño dirigido a mi papá.
—¿Fue así? — Dijo Tom al aire. — No me acordaba.
—Para tí pudo no ser importante, pero para mí sí lo fue.
La habitación está silenciosa, solo interrumpida por nuestras respiraciones sincronizadas. Después de contarle sobre Jumbie, nuestras energías se desvanecieron dejando espacio para la pesadez.
Una preocupación de mil y una vueltas por hora en mi cabeza. No quería enfrentar a mamá por ningún medio, y mucho menos quería decirle lo que de verdad pensaba sobre Jost. La sola idea de imaginarlo me da cosa en el estómago y mis manos se enfrían, como si mi cuerpo se preparara para lo peor. Siempre.
Está inseguridad me hizo estrecharme más contra Tom, buscando en su olor y calor un pequeño consuelo que no sabía cómo pedir.
—Tom… — La incomodidad me come por el interior. — No quiero regresar donde Jost, y me da cosa decirle a mamá.
Al sentir que el cuerpo de Tom se tensaba me di cuenta que él tampoco tenía la emoción de ir, la primera vez. Se supone que debió acompañarme, pero como mamá estaba a la distancia no fue.
—¿Cuál es tu punto, Bill? — Su tono fue más firme de lo que pensé. Suspiré.
Me siento asustado y frustrado al mismo tiempo.
—¿Cómo le digo que no pienso pisar ese consultorio otra vez?
Lo pensó en silencio unos momentos, sentí su mano moverse hasta apoyarla en mi espalda. Estaba pensando en cómo responder.
—Bill. — Me pregunto qué tan bruto será esta vez. — Si yo no quiero hacer algo, no lo hago y ya. — Ojalá ser como él, tan despreocupado, me da envidia. — La única razón por la que voy es porque la corte me obliga. Pero tú, Bill, no tienes esa obligación.
Vaya mierda. Volví a soltar suspiros de frustración, por ahora no vale pensarlo mucho.
—Cambio de tema. — Mañana cuando llegue, le diré que no quiero regresar porque entre los dos, él está más loco. No exactamente con esas palabras, pero creo que la idea se entiende. — Entonces…
—¿Sobre qué quieres hablar, Bill? — ¡Sí! Este es el momento que tanto había esperado. Gracias Tom por darte cuenta que jamás podría hacerlo por mi cuenta.
—Desde nuestro cumpleaños estuve queriendo preguntarte algunas cosas. — En el peor de los casos, me miente con cada una de sus respuestas. Pero lo dudo. — ¿Te molesta que lo hablemos ahora?
—No me molesta. — Ni siquiera lo dudo, eso es una muy buena señal.
—¿Desde cuándo? — Siempre pensé que Tom era totalmente incapaz de querer o amar.
—Creo que desde siempre.
—Explícate. — Si mi cara pudiera proyectar símbolos, «¿?» eso se estaría proyectando. — ¿Cómo que desde siempre?
—Creo que es un poco obvio. — No, Tom. Para mí no lo es. — Uhmm… Creo que tenía siete años y tú… unos tres o cuatro años cuando te vi por primera vez y… — Su voz se apagó y trataba de recordar algo más de ese día.
De la nada yo recordé unas cuantas cosas que me dijo mamá alguna que otra vez. ¡Lo había olvidado por completo!
Supongo que es algo obvio, pero «nuestra historia» no es la más bonita o fácil de entender. Tom siempre se caracterizó por ser alguien con mucha energía, por lo que de niño era uno con hiperactividad, imposible de controlar. Y mi mamá, ya con seis meses de embarazo ya no podía (o no quería) cuidar de Tom, así que se lo dejó a su papá.
Sí, a pesar de las denuncias.
En teoría hasta que yo naciera, pero las cosas se alargaron de alguna manera y Jorg cuidó de Tom por cuatro años. Eso mientras se ocupaba de mí, su nuevo bebé, y de disfrutar de su nueva vida.
—Te veías tan… lindo. — No pensé que usaría esas palabras. — Tenía miedo de que te parecieras a Gordon.
Teniendo en cuenta que tenía siete y casi toda su vida se había dedicado a sobrevivir a su monstruoso padre, era muy extraño para Tom sentir ternura. Según lo que dice, lo primero en lo que se fijó fue lo pequeño y frágil que era. A ver, hubiera sido fácil para cualquiera hacerme daño.
Eso lo abrumó demasiado. Desde el momento que despertaba hasta que caía dormido, Tom jamás deja de preocuparse en como no podía confiar en nadie más para que me protegiera. Mamá estaba distraída con Gordon, y el mismo Gordon… Tom directamente lo odia.
Así que Tom terminó por asumir ese rol sin siquiera darse cuenta de cómo, poco a poco, su presencia se volvía indispensable para mí. Necesitaba asegurarse de que estuviera a salvo, bajo su vigilancia, lejos de cualquier peligro. Y con el pasar del tiempo pasó a ser una especie de fijación.
Y para cuando cumplió diez años. Tom no quería, no podía separarse de mi. No lo voy a negar, recuerdo que tampoco podía alejarme de él. Sin embargo escaló hasta verme como algo que le pertenecía.
Por eso a pesar de pasar los años se sentía tan natural, literalmente siempre había estado ahí. Creciendo entre nosotros sin que pudiéramos pararlo.
—¿Por qué? — Después de tremenda explicación o historia fue lo primero que se me ocurrió decir.
—¿Por qué, qué? — Punto. ¿A qué me refiero?
—Todo… Yo pensé que me odiabas por verme como niña. Pensé que jamás me quisiste, me ignoraste, me golpeaste… ¿Sabías el daño que me hizo testificar contra ti? — Por favor, respóndanme. Solo eso pido. — ¿Por qué ese día me arrastraste por la nieve? — Podría ignorar muchas cosas, olvidar otras tantas. — Yo… No entiendo, Tommy.
No sentía ganas de llorar (por ahora), solo quiero tener respuestas y dejar de ser desconocidos.
—Es difícil. — Por primera vez en toda mi vida me pareció escuchar como su voz se entrecortaba por un segundo. — Créeme que me jodió mucho haberte hecho eso.
Su respiración se puso pesada y me abrazó tan fuerte como pudo. Su voz salió áspera como una lija de pared.
—Me sentía tan culpable por verte como algo más… — Su mirada se desvió al techo. — Sentí asco de mi. Deseaba pudrirme en el infierno antes de tocar un solo pelo tuyo con otras intenciones que no fueran las de protegerte.
Sus palabras resonaron en mi pecho, quitando un poco de peso que me daba la incertidumbre de no saber qué es lo que pasó en realidad.
—Me alejé, cambié y nada pasó. Más bien empeoró las cosas. — Lo único que me dejaba ver sus expresiones era la pequeña luz de noche que tenía en la mesita de noche. — Simplemente perdí todo el control el día que te seguí y te vi abrazando a Gustav en la biblioteca.
No pude evitar imaginar la mirada de celos y rabia. Su confesión ya me había aclarado más la mitad de mis preocupaciones y no podía estar más que agradecido, lo que más aprecio entre los dos es la honestidad. Admito que Tom no es tan expresivo como yo, aún así logré percibir cada uno de sus sentimientos, cada una de sus emociones percibidas.
Por ahora debía dejar las cosas en paz, puedo notar su esfuerzo.
—Muchas gracias… — Con un movimiento de mi cuerpo hice que me soltara y acerque mi rostro al suyo para dejarle un pico en los labios. — ¿Mejor? — Fue como magia sentir como lentamente su cuerpo se relaja.
—Sí. Mejor. — Me dijo con una bonita sonrisa en los labios.
Deje en paz la cosa por un rato más, en todo este momento, Tom había metido una de sus manos por debajo de mi pijama y hacía dibujos con su dedo sobre mi piel.
La luz de la lámpara hacía sombras en las paredes en las que, si te fijabas bien, éramos unas casas deformes y me causó risa. Hasta cierto punto mi corazón se sentía más liviano, claro que debíamos terminar de sacar las cosas a la luz, pero ahora no es el momento.
Seguir solo nos podría dañar.
Nos reacomodamos en la cama, ahora la almohada humana era yo y sobre mí estaba Tom, aferrándose a mi ropa como si yo fuera su salvación. Me preguntaba cómo habíamos llegado a este punto, donde finalmente nos exponemos.
—¿Y ahora qué? — Dije casi en un susurro.
—No lo sé. — Levantó su mirada hacía mis ojos. — Nunca pensé que llegaría tan lejos.
Tenía razón, es septiembre y si le decías al Bill de inicios de año que se llevaría mejor con Tom y que se daría cuenta que está enamorado, se hubiera asustado muchísimo. Definitivamente cambiamos en todos estos meses, quizá solo era la acumulación de algo durante años.
—Yo menos. — Solo no puedes negar lo innegable. — Pero estamos aquí, entonces por algo será.
Tom asintió y llevó mi mano a su cabeza. Entendí a lo que se refería y comencé acariciar su cabeza, sin embargo, se me hace más cómodo rascar y eso es lo que en realidad hice. Él parecía estar tan metido en su cabeza que no me soltó ninguna queja, lo que sí hizo fue envolver mis dedos con los suyos.
Un gesto de lo más tierno y posesivo.
—Siempre quise estar contigo. — Dijo con voz baja. — Pero no hay que ser un genio para saber qué está mal todo lo que hacemos. Además…
—Entiendo. — No deje que terminara de hablar, no necesitaba escuchar más para saber a dónde iba la cosa. — Tom, de todas formas ni siquiera usas tu apellido. Nadie se dará cuenta.
Sí pensaban que solo Tom era el inmoral, se equivocan. Esto es algo de dos y yo no soy una santa paloma, como se podrán haber dado cuenta.
—Si te preocupa la edad recuerda en dónde vives. Casi siempre ves a una madre adolescente dando vueltas por ahí. — Él solo soltó un suspiro y yo me reí por su reacción. — ¿Sabes? Me muero de hambre.
—¿Bajamos a comer? — Me preguntó y yo respondí asintiendo.
La pesadez anterior se quedó en la habitación. Bajamos a la cocina mientras Tom y yo intercambiamos una que otra broma en el trayecto, el sonido de nuestras risas se podría escuchar en toda la casa.
Me pregunto si cuando regrese mamá podremos seguir así.
Al llegar a la cocina lo primero que hice fue rebuscar en la alacena algo para comer. Saqué una bolsa de pan, sin ganas de hacerme la vida difícil, Tom llenaba la hervidora de agua para luego ponerla en el fuego. Para ser franco, esto ya se había hecho cotidiano y no estoy muy dispuesto a las cosas vayan para mal.
Nos quedamos en silencio. Un pensamiento cruzó por mi mente, algo que definitivamente no mencioné antes. No era necesariamente profundo, pero sí era curioso. Lo suficiente como para querer tener una respuesta de parte suya.
Me giré hacia Tom con una de mis mejores sonrisas traviesas, con la idea clara en la cabeza.
—Oye, Tom… — Llame su nombre, tratando de sonar casual. — ¿Y qué me puedes decir de Andreas?
Es claro que hable en tono amable, en realidad el chico no me caía mal, es solo que su insistencia me parecía una piedra en el zapato. Al principio a Tom no parecía importarle, luego se congeló por unos instantes.
—Quiero que me lo digas todo. — Agregue, ahora con burla. Fue entonces que un ligero «mierda» salió de sus labios
La risa se me escapó y me apoyé en la encimera esperando su respuesta. No temía tocar una fibra incómoda, de alguna manera También estaba disfrutando de esto.
—¿Y la razón para saber es…? — Tratando de sonar desinteresado.
—Solo es curiosidad. — Y no decía mentiras, solo quería saber qué pasó entre ellos.
—Te has vuelto caprichoso. — Quizás, puede ser. — Bueno ahí te va…
Continúa…
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