
Fic TWC de Sxgar_V1rus
Capítulo 16
Al final el único que habló ese día fui yo, el único que expuso su interioridad fui yo, el único que se puso hablar con honestidad fui yo.
Qué vergüenza.
La verdad es que quiero que Tom también sea honesto conmigo. Para lograrlo, debo volver abordar el tema, pero no sé cómo. La comunicación no es uno de mis fuertes, como sea, luego puedo pensar en que hacer con eso.
Pasando de tema. Me gusta no hacer nada después de haber pasado mucho tiempo haciendo algo. En otras palabras, me gusta descansar.
Llevó al menos cuatro días sin salir de casa, haciendo lo justo y necesario en la casa y todo porque Tom molió a golpes a Frank.
Ese día llamé a una ambulancia, de alguna manera vino también un patrullero y todo se salió de control. Frank ahora mismo está internado en el hospital y fue interrogado varias veces por la policía, pero se niega a decir quien lo destrozó. Hasta donde me enteré, los polis tampoco han podido hablar con los alumnos, no cooperan para nada con ellos.
Además, no había maestros cerca durante el acto y un colegio público no tiene cámaras de seguridad.
Todo ese conjunto de hechos llevó a la suspensión de clases por dos semanas, supuestamente para investigar y así.
Personalmente, dudo que hagan algo o se lo tomen con seriedad porque Frank tiene un historial tan largo como el de Tom, así que los veo en la capacidad de hacer finta de que están haciendo algo y luego cerrar todo diciendo que era un caso más de delincuencia juvenil en los barrios.
Suspiré, por más que quisiera, jamás podría cambiar las cosas así y hasta cierto punto dependo de cómo funcionan las calles acá.
Me levanté de mi cama y bajé a la cocina por un vaso de agua, moría de sed. Al tener el cerebro apagado, ver el agua caer por la jarra me parecía de lo más maravilloso de este mundo, por más subnormal que sonara, me relajaba.
Podía concentrarme en las cosas lindas de la vida, como el sol del día, la llegada de la primavera y con ella la llegada de una temperatura más cálida. También la primavera significa mi cumpleaños.
Hoy es mi cumpleaños y el de Tom, porque por alguna extraña razón a pesar de tener diferentes papás y haber nacido con tres años de diferencia, nacimos el mismo día y somos muy parecidos a mamá. Lo que nos hace, hasta cierto punto, similares (no idénticos).
Cumplir catorce no es necesariamente emocionante, pero este año sería diferente porque las cosas con están empezando a cambiar para bien. Literal, desde el momento cero en el que me desperté en su cama se notó la diferencia (o solo soy yo alucinando).
Hemos empezado hablar con más libertad y las cosas en la casa ya no tienen tensión de por medio, lo cual me hace terriblemente feliz. Las cosas son progresivas, no cambian de un día al otro y yo soy igual. Así que me va a tomar tiempo dejar de tener ciertas conductas respecto a relacionarme con Tom.
Con Gus ya había quedado para mi cumpleaños y le avisé a Tom, él me dijo que también saldría. Como casi siempre, ahora mismo me estoy bañando para ir a casa de Gus.
El espejo del baño estaba un poco empañado porque justo había terminado de bañarme. Mi rostro se reflejaba con una gran sonrisa, demostrando mi felicidad. Salí con apuro del baño y corrí hasta mi cuarto, si quería llegar a tiempo debía ser más rápido. Pero ¿cómo serlo si no sabía ni qué ponerme?
Mi closet estaba hecho un desastre, no sabía qué estilo usar, tampoco sabía qué haría verme más lindo.
Se me ven con facilidad las costillas y es muy fácil identificar los huesos en mi cuerpo debido a mi delgadez. No importa, porque tengo piernas largas y estilizadas, bonita piel y una cintura perfecta que me da un toque especial.
Es algo de lo que me puedo encargar después.
Tras rebuscar y poner de cabeza toda mi ropa el desorden era tal que ya me costaba encontrar algo que me gustara. En medio de ese caos de ropas, camisetas arrugadas y pantalones desordenados, saqué un vestido de color negro que me compré el año pasado, me pareció buena idea hasta que me vi en el espejo. No estaba mal, pero sentí que le faltaba algo.
Luego me probé una falda de tartán que regularmente uso para ocasiones casuales, pero luego me di cuenta que hoy no es un día cualquiera. Me miré en el reflejo y no estaba mal, me gusta, pero no es el día de usarlo.
Por ello opté por un short que conseguí en un mercado de pulgas y que me quedaba algo grande de la cintura al no ser de mi talla exacta, para eso están las correas. En un cajón busque una correa de cuero de color negro, el short era medio punk. Así que se adaptó muy bien a lo que estaba buscando.
Para la parte de arriba elegí una… ¿Blusa? ¿Top? Me detuve a observar el trozo de tela negro con tirantes delgados que colgaban de la percha. No tenía ni la menor idea de cómo llamarlo, pensándolo bien, no creo que esto cubriera correctamente las tetas de una mujer.
Me reí para mis adentros, pensando en cómo para mi suerte mi pecho es plano y tapa lo que debería.
Finalmente, para no ir tan desnudo usaría una camisa varias tallas más grandes, que caía sobre el short y me hacía la idea de que así sería más fresco estar. Elegí los botines Doctor Martens que logré comprar con mucho esfuerzo como calzado.
Una vez vestido miré el reflejo del espejo y el conjunto me hacía ver como una mujer, me da perfectamente igual.
Con la plancha de pelo hice que mi cabello tuviera un lindo lacio, cada mechón en su lugar. Luego, con sombra negra maquille mis ojos, dándole profundidad a la mirada y quizás un poco (muy) intensa. Con un lip oil le di un toque de color a mis labios sin hacerlas exagerar.
Cómo últimos toques, acomodé un poco la camisa y jugué con el borde del short.
Tome mi celular y la llave de la casa, metiéndolos en un morral de tela. Bajé las escaleras con tranquilidad, sí logré ser más rápido y me encontraba a tiempo para ir a la casa de Gus.
En el primer piso está Tom, sentado en uno de los sillones de la sala tomando desayuno. Al escucharme bajar levantó la vista y me miró de arriba abajo. Como si estuviera escaneando con la mirada.
—¿Qué tal me veo? — No me suele importar lo que piense la gente de mi ropa. Pero quizás sí me importa un poco lo que piense Tom de mí.
Él se demoró en responder, sonriendo en el proceso.
—Sí, te ves bien Billy. Pero… — Dudó. — ¿No estás mostrando mucha piel? — Me encogí de hombros.
—¿Quizás un poco? — Tengo el temor de que no le gusté lo que me puse hoy. — Solo pensé que se veía bien.
—Bueno, te quiero aquí antes del anochecer. — Asentí. — Diviértete y regresa con cuidado.
—Lo haré, gracias.
Me dirigí hasta la puerta y comencé mi trayecto a la biblioteca porque primero me encontraría con Gus ahí y luego pasaríamos a su casa.
Unas cuadras antes de llegar a la biblioteca hay un parque en donde los árboles se veían más que saludables y las flores floreciendo. Hoy se sentía todo un poco diferente.
Al llegar a la biblioteca lo primero que vi fue la figura de Gus, quién al verme levantó la vista y sonrió ampliamente. Como ya les había dicho antes Gus me es un oso cariñoso porque en su frente tiene escrito «amabilidad y cariño», porque está rellenito y es más bajito que yo.
Corro en su dirección y me lanzo a abrazarlo
—¡GUS!
—¡BIBI! — Correspondió él abrazó y con una voz llenita de alegría me dijo. — Feliz cumpleaños.
—Gracias Gus — Respondí, sintiendo calentito en el pecho. — ¿Vamos?
Durante todo el camino estuvimos gritando y riendo de las anécdotas que me contaba, el tiempo parecía ser nada cuando estaba con Gus. Sus historias están llenas de situaciones raras, haciendo el trayecto más ligero. En un momento dado, ya estábamos entrando a zonas más acomodadas.
—¿Ya hablaste con tu hermano sobre tu «terapeuta»? — Me había olvidado de ese detalle, no creí que lo recordara
—Sinceramente, me da algo de miedo. — Una mueca de incomodidad se poso en mis labios. Gus cedió cuenta y dejamos el tema ahí.
Las calles son más anchas y las casas parecían sacadas de una revista o de Instagram. Sí, Gustav vive en los barrios más ricos de la ciudad, es por eso que no nos solemos encontrar en ningún otro lugar que no sea la biblioteca que se encuentra en la zona de clase media (por decirlo).
Yo vivo en los barrios bajos, en donde las calles son más estrechas, las casas están más descuidadas y la delincuencia está a la vuelta de la esquina. Misma esquina en la que se venden drogas, ya sabes cosas así. Siempre que paso por la casa de Gus me da una mini espina de envidia y no solo por el lugar en el que vive.
Es esa extraña pertenencia que hay entre ellos, solo porque sí. No se lo cuestionan, son una familia y punto.
A un par de meses de recuperarme aún me quedaba mucho tiempo en casa y mamá comenzó a buscar trabajo, salía todo el día. Me convertí en un fantasma, un fantasma limpiador.
En ese momento la cocina se volvió una particular zona de batalla. La casa había pasado tanto tiempo sola y mamá cuando estaba conmigo solo pedía comida por delivery que eventualmente la comida restante se convirtió en porquería incomible.
Fue en esos días que me pareció insoportable el hedor de la comida descompuesta que se impregnaba en las paredes y el aire. Claramente me puse manos a la obra y con ayuda del sentido común y algunos tutoriales logré que estuviera relativamente limpio.
Y así hice con el resto de la casa.
A nadie más que a mí le importaba realmente este lugar. Me imaginaba que mamá al regresar me daría las gracias o algún gesto de amor, obvio no fue así. Al parecer la única huella de mi existencia reside en el brillo de los azulejos
Los días se mezclaron en una monotonía de silencio. Ya era algo mecánico que hacía sin pensarlo, al natural me salía, organizaba un mundo desmoronado por la soledad y ordenaba emociones de culpabilidad.
Luego Tom regresó a la casa y las cosas cambiaron un poquito. Mamá ya se iba por semanas dejándonos solos y comenzó a haber un nuevo desorden que no me hacía sentir tan solo. A pesar de que en las primeras semanas Tom no saliera de su cuarto, a pesar de que Tom no me hablara para nada o que fingiera no haberme visto.
Ya había alguien más además de mí en este lugar y se sintió maravilloso.
—¿Pasa algo? — La voz de mi amigo me sacó de mis pensamientos.
—No, nada en particular. ¿Por?
—Te quedaste en silencio demasiado tiempo. — Al parecer estuve en las nubes más tiempo de lo que pensé. — Ya vamos a llegar.
Y era verdad, con sus palabras miré alrededor y vi que ya estábamos frente al jardín delantero. Nunca me deja de sorprender lo bonito del lugar, el papá de Gus y Nat se aseguran que todo esté impecable. Lamentablemente, yo no tengo el mismo talento con las plantas, siempre me cuesta mantener incluso las pequeñas áreas verdes en mi casa.
Avanzamos hasta la puerta principal, la abrimos con un pequeño crujido. En el recibidor, Naty nos recibió con una brillante sonrisa.
—¡FELIZ CUMPLEAÑOS! — Corrí hasta ella y nos abrazamos fuerte. — Te quiero mucho Bibi.
—Yo también. — Respondí quedito, transmitiendo todo mi cariño.
Natalie es la hermana mayor de Gustav, por un año, tiene quince. En todo lo que nos llevamos conociendo he aprendido muchísimo de ella. Aprendí técnicas básicas de maquillaje, el nombre de ciertas prendas, hasta como teñir mi pelo por mi cuenta.
Al igual que su hermano, Natalie es rubia. Su cabello es lacio y enmarca perfectamente sus rasgos, acentuando su natural belleza. No solo es atractiva de cara, sino que su dedicación al deporte le ha dado un cuerpo atlético altamente envidiable. Su estilo es el de una chica cualquiera de su edad, sencillo y juvenil. Sin ser demasiado alternativo y llamativo.
Sin embargo, también demuestra apertura hacía nuevas tendencias y experiencias, siempre dispuesta a conocer lo desconocido.
Dios como la amo. Ella no es un amigo, ella es especial y definitivamente no le cuento muchas cosas privadas como lo hago con su hermano. Nat siempre está ahí para escucharme y tratar de darme apoyo.
Aún así están relativamente alejados de mi vida personal, simplemente no puedo decirles todo porque o es muy turbulento o inmoral. De todas formas espero que algún día todo mejore y pueda hablar de mi vida profunda con ellos.
—Ven, vamos para arriba. — Nat me jala de la muñeca y Gus me empuja por la espalda y subimos las gradas. — Arriba están tus regalos.
—Chicos… — Al llegar a la sala de estar, está decorada con globos y un cartel, pequeño y perfecto para mi. — No era necesario.
—¡Shhh! — Gus puso su dedo sobre mis labios, callándome. — Lo hacemos porque te queremos. — Y sin más me aventaron al sillón.
—¡Primero yo! — Exclamó Gus poniendo una caja con un lazo naranja.
El naranja es uno de mis colores favoritos, no pude evitar sentir ternura.
—¿Y qué se supone que es?
—Tú solo ábrelo.
En el interior de la caja había un avión de juguete, pero no es cualquier avión de juguete. Se trata de Jumbie… Necesito mostrárselo ya a Tom.
—¿Qué?, ¿Cómo? — No lo entendía, sabía que la compañía que los hacía quebró y no habían tantas unidades en venta que a su vez estén en buen estado.
Inspeccionaba de arriba abajo el juguete, realmente era uno. Me sentía más que encantado con su regalo.
—¿Sabes? Buscarlo me volvió un experto buscador en eBay. — Se acomodo al sitió siguiente al mío. — La parte más difícil fue recordar el nombre de la empresa.
—Coño Gus, esto es lo mejor que me pudieron haber dado. — Deje el avión por un momento y volví a abrazarlo. — Muchas gracias.
Está vez lo cuidaría mejor que antes y evitaría que cualquier cosa le pasé. En medio del abrazo Nat habló.
—Sí, sí Mucho Gustav. — Bromeo sosteniendo su regalo en su regazo. — Mira esto.
Su caja era exponencialmente más grande que la de su hermano. Al mirar en su interior identifiqué lo que era una colección pequeña de productos de cuidado de la piel y maquillaje de esas marcas que usan las influencers.
Oh… Dios… Mío. Necesitaba saber cuánto gastaron en ambos regalos, mi curiosidad mataba por ser saciada.
—Más bien lamento no haber comprado ropa — Dijo con una expresión de disculpa.
—Nat, eso no me importa en lo absoluto. — Pedir más, sería pasarme de hambreado.
—Bibi, ¿Sabes cuánto nos costó esto? — Preguntó pícara.
—¿Eso no importa? — Le respondí con duda, a ellos jamás les gustó que anduviera preguntando el precio de las cosas que me regalan.
—¡Exactamente Bibi! — Complementó Gus. Mi corazón se llenó de emoción hasta el borde.
Sentí mucha gratitud, probablemente sólo podría costear todo esto con al menos diez años de trabajo. Me sorprendía que alguien pudiera conocer mis gustos con tal precisión.
Este día no podría hacer más que mejorar.
—Bill ¿Qué demonios es esto? — preguntó Gus, sacando un producto al azar de la caja.
—Eso es para… — Le expliqué, pero en ese momento mi mente se iluminó.
La verdad es que a mi madre jamás le importó mi cumpleaños, ni cuando papá vivía con nosotros, solo me decía «feliz cumpleaños» y si tenía suerte habría pastel ese día, un pastel que Gordon compraba.
Muy seco y desabrido, sigue siendo mejor que tener la incómoda celebración en donde estamos todos juntos, sin sentimientos reales por el otro.
Como sea, este año es diferente y especial. No pienso revisar si mamá y papá han enviado algún mensaje. Decidí que no voy a esperar más. Hoy es mi día y tengo el control de lo que me hará llorar.
La conversación sobre los productos en la caja se desvió rápidamente hacía anécdotas y chistes sobre sus extravagantes que podrían tener cada uno de ellos. En especial Gus, que aún, enredado en su curiosidad es quien más hace bromas.
—¿Y esto te lo metes por el culo o algo así? — Soltó mientras sostenía un tubo de aguas termales.
—Qué mierda Gus. — Exploté en risas. Natalie puso una cara extrema de asco, eso no quitó su risa por el chiste asqueroso de su hermano. — ¿Qué te llevó a pensar eso?
Luego de un par de risas más, su hermano le explicó con paciencia cada producto. La lista de actividades que tenían preparadas continuaba sin problemas, yo solo observaba y me sentía cada vez más conectado con ellos.
Con el pasar del día, llegó la tarde y con ello el almuerzo. Antes de poder sentarme con ellos a disfrutar de la comida que pedimos, Tom me llamó.
Les dije que contestaría y que regresaría.
Salí al patio delantero, Tom sonaba algo apagado pero amable.
«Hola, dime. ¿Pasó algo?» Pregunté, sentándome en el suelo.
«Nada. Solo quería saber como estabas y recordarte que ya son las cuatro.» Me respondió casual.
«Awwww. Tommy, ya sé que son las cuatro. Justo vamos a almorzar.» Hacía un rato que ví la hora en mi celular. Me quedaba una hora o dos antes de regresar. «¿Y tú cómo vas?
«Salí con Geo a dar una vuelta por ahí»
«Solos o con alguien más» Estoy curioso por saber, después de Frank no creo que haya alguien que se quiera acercar a Tom y Georg.
«Puedes creer que Andreas, a pesar de todo, organizó la fiesta que dijo» Había gracia e incredulidad.
«Pff… Debes estar jodiendo.» No pude evitar soltar una risa. La situación me pareció muy absurda. «Te dije que estaba loco.»
«Probablemente.» Admitió y soltó un bostezo. Al parecer las cosas están aburridas por allá. «Igual no parece fiesta, más bien se ve como una pequeña reunión» Lo sabía. «Estoy casi seguro que nadie quiso venir» Dijo ligero, como si no importara.
«Y aún así decidiste ir» Hasta acá pude sentir como me rodaba los ojos.
«Como sea. Llámame cuando estés regresando para también salir.» Iba a decir algo más, pero hablo primero. «Feliz cumpleaños, Billy.» Y cortó.
Carajo, que bien se sintió ese feliz cumpleaños.
Volví a entrar a la casa con una gran sonrisa y me senté en el comedor en donde los hermanos me esperan para comenzar a comer.
—¿De qué hablan? — Pregunté mientras me acomodaba en mi asiento.
—Sobre Arthur y los Minimoys. — Respondió mi amigo, ya con la boca llena de comida.
—¿Arthur y los Minimoys? — Repetí sin entender a qué se referían.
—La película animada, con Snoop Dogg… — Explicó Natalie, haciendo gestos con las manos para ilustrar. — El niño con cabello largo que tiene un abuelo que se pierde y todo eso…
—Ah… Sé de lo que hablan — Por fin recordé la dichosa película. — Sí lo ubico. ¿Qué tiene que ver?
—Natalie dice que te pareces a Arthur. — Acusó Gustav a su hermana.
Dirigí mi mirada hacia la rubia y le respondí con la sonrisa más linda que tengo.
—Nat, estás loca. — Continúe comiendo.
—Y de remate. — Dijo Gus. — ¿Dónde les ves el parecido?
—Solo fue una idea y ya. — Se defendió. — Aunque si le pones el pelo como el de un erizo, podrías ver las similitudes.
—¿Qué? No, Gracias. Antes muerto que hacerme eso en el pelo — Reí.
—Cambio de tema. — Decidí matar el tema ahí, antes de que escalara a algo que no pueda controlar. — En teoría me veré con alguien más, ¿Me veo bien?
—¿Es el chico del que me hablaste la otra noche? — Dijo Gustav con sorpresa.
Natalie me miró con ofensa y curiosidad. Sentí como el calor salía de mi rostro y me concentré en mi plato, en un intento de ignorar las miradas inquisitivas.
¿Dios, por qué se me ocurrió abrir el hocico?
—¡Lo sabía! ¡Es él! — Exclamó mi amigo.
—No es cierto. — Mentí, aunque era obvio que ya habían adivinado que se trataba de Tom.
Aunque no saben que se trata exactamente de Tom.
—Eso no es justo, Bill. — Se quejó Nat. — ¿Por qué no me dijiste?
—Porque no se trata de él. — Intentaba mantener la calma. Sus expresiones eran de «¿En serio?» y ya no me salió seguir en la mentira. — Sí, es él.
Al final admití.
—¿Quién les dijo que era él? — Pregunté, con la vergüenza en su máximo nivel.
Gustav, con una sonrisa maliciosa saco su celular y comenzó a grabar. Natalie se unió a la diversión y ambos estallaron en risa mientras yo sentía el bochorno de la vergüenza de matarme.
—Oh. Bill, Bill. Sonríe, Bill. — Bromeo Gus con voz juguetona, su hermana le seguía el juego diciendo cosas más bochornosas.
—¿La tiene grande? — Río de su pregunta. — ¿Cuándo piensas cogértelo? — Si supiera…
—Ugh… Nat. Ten un poco de vergüenza. — Puse una cara de desagrado y les mostré el dedo del medio con ambas manos.
Cada uno de ellos a mi lado, tomando videos y grabando con sus celulares mientras decían cosas cada vez más vulgares. Declaró a los hermanos Schäfer los enemigos públicos número uno de la nación alemana.
Finalmente terminé de comer, aún sintiendo la mezcla de vergüenza y saciedad que me dejó el almuerzo con Natalie y Gustav. Con el estómago lleno y una sonrisa, me despedí de los hermanos. Antes de comenzar a caminar, saqué el celular y llamé a Tom para avisarle que ya estaba en camino, justo como lo prometí.
Recogí sus regalos y les di un beso en la mejilla a ambos a modo de despedida cálida.
Mientras caminaba mi mente solo se centraba en Tom. Pensaba en que haríamos hoy en la noche, en cómo le contaría sobre Jumbie, el maquillaje y cualquier otra cosa que se me ocurriera. Me emociona la idea de abrirme completamente a él, dejar que viera quien soy con toda la libertad del mundo.
Imaginaba su rostro, sus expresiones y sus sentimientos. Me preocupaba cómo se sentiría después del encuentro con Frank, que le había dejado secuelas. No estaba seguro si estaba enojado o simplemente no le importaba ni una mierda.
A pesar de todo, no había sido una semana de explosiones ni conflictos graves. Desde que mamá se fue y nos hemos acercado más y las tensiones aparentaban desaparecer Curiosamente, pienso que estas situaciones solo surgían cuando ella estaba presente.
Pero, ¿Por qué?
Mi mente seguía revoloteando mientras el paisaje cambiaba, ya entraba a los barrios peligrosos. El azul del cielo era el mismo de hace rato, solo habían pasado algo más de cuarenta minutos pero la ciudad ya lucía muy diferente.
Le voy a preguntar, hay muchas cosas de las que debemos hablar.
Al llegar a casa, vi a Tom esperando en la entrada. Usando su típico estilo relajado, con las rastas recogidas en una coleta, unos pantalones cargo y una camiseta estampada, me hizo sentir una bienvenida acogedora.
Saber que alguien espera tu llegada es… mágico.
—Hey, Billy — Saludo cómodo, con una sonrisa que siempre logra desarmarme.
—Hey, Tommy. — Le respondí mientras le devolvía la sonrisa para luego abrazarnos — Feliz cumpleaños para ti también.
Entramos a la casa y nos dirigimos a mi habitación. El ambiente en la casa es acogedor, una bienvenida que te hace sentir en el lugar correcto en el momento correcto. Caminamos a mi habitación directamente.
—Voy a quitarme esto y a ponerme pijama. — Anuncié mientras me dirigía al escritorio para dejar los regalos y recoger lo que necesitaba.
—Va te espero.
Tom se sentó en el borde de la cama hasta que salí al baño para que todo el proceso de limpieza sea más cómodo para mí. Al salir del cuarto, él me siguió y se sentó en el pasillo al frente de la puerta, claramente dispuesto a esperar.
—¿Qué hacías antes de que llegara? — Comencé a desmaquillarme mientras Tom me observaba.
—No mucho. Llegué un toque antes que tú. — Tom miró alrededor del baño. — ¿Y tú? ¿Qué tal con Gustav y su hermana?
—Fue… interesante. — Me reí, pensando en todo lo que dijeron. — Me hicieron bromas raras y sucias. Ya sabes como son.
—¿Raras y sucias?— Alzó una ceja con esa mirada de niño travieso que conozco a la perfección. — Vas a tener que explicarte. Porque no te entiendo nada.
Solté una gran carcajada.
—Ya sabes, cosas sobre penes y sexo rudo. — Respondí aún riéndome.
—Ahora sí, te entiendo. — Poco a poco se calmó — ¿De qué hablaban exactamente?
—Nada del otro mundo, de verdad. — me encogí de hombros quitándole importancia. — Primero fue sobre mi parecido con un personaje de una película animada. Luego descubrieron que estoy saliendo con un chico o al menos en planes con él —Me detuve, sintiendo la vergüenza regresar en mi. — Eso les dió rollo para seguir, jode y jode.
Tom estalló en carcajadas, llenando el baño con su risa contagiosa. No pude evitar reír también.
—¿En serió? — Maldito incrédulo — ¡No me jodas!
—Sí, en serio — Rodé los ojos. — Grabaron videos y tomaron fotos. Todo un show…
Continúa…
Gracias por leer. No te vayas sin comentar 😉