La sangre también une 15

Fic TWC de Sxgar_V1rus

Capítulo 15

By Bill

—¿Sabes? — Comenzó hablar Tom. No había dicho nada y ya me quería ir a la mierda.

De verdad no tenía ganas de tener conversaciones profundas, solo tenía curiosidad sobre el porque accedió a algo que le pedí por primera vez en… ¿Años?

—Pensé que sería bueno que hablemos. — Ni me miraba, tenía la mirada en otro lado con una rasta entre sus dedos, jugueteando con ella.

Hablando con honestidad, además de lo avanzado no creo que tengamos mucho por hablar. Además, literalmente acabo de mojar su camiseta con mis lagrimas y como estaba con la boca abierta. Se me escapo algo de saliva que fue a parar a su hombro, ojalá no se dé cuenta.

Dentro de todo realmente me hacía feliz que me haya correspondido, pero no me sentía listo de afrontar la situación.

—¿Buenas para ambos? — Le pregunté un poco incrédulo. De parte de Tom solo escuché un suspiro pesado.

—Si Bill. — Seguía con la mirada en otro lugar y no lograba entender el punto de hablar. — Hay cosas que no se pueden ignorar toda la vida.

Me desparramé en el asiento y frote fuerte mi rostro, preparándome para todo lo que se venía. Tanto quería hablar de cosas serias con él y ahora que lo propone no tenía muchas ganas… soy una maravilla.

—Si hablamos, ¿Las cosas cambiarán?

Por más que quiera, tampoco puedo ignorar en la mierda de situación en la que me había estado dejando, un trato y una conducta ambivalente que no hace más que confundirme, en todo.

—No lo sé. —No les voy a mentir, me decepcioné. — Dependerá de lo que concluyamos.

En mi pecho sentí un revoltijo de cosas, aquí y ahora debo de poner en orden toda la bola de sentimientos por Tom que arañaban exigiendo ser comprendidos y afrontados correctamente.

Hace tiempo ya había concluido que no puedo odiarlo por lo que pasó hace (creo) tres años y todo lo que paso después de ello. Eso no quita el dolor que dejaba y todas sus consecuencias físicas, ese cariño, el afecto que le tengo no me permite odiarlo.

Cada recuerdo, cada momento compartido, mantenía viva esa llama que me llama a él. Es como si estuviera en mi genética apreciar cada toque suyo.

Porque dentro de todo, Tom no me dejó solo. No paso pasó de mí como mamá ya acostumbraba hacer y hacía el intento de recibir esos detalles mínimos. Se fijó en mí, en como soy, en como me veo y en todo aquello que me hace ser quien soy. Su presencia a veces tormentosa, desastrosa y otras reconfortante me hacía sentir reconocido.

Porque… lo amo.

Ante sus ojos me notaba validado y amo sentir su atención en mí, amo como presta atención en cada uno de mis detalles y yo comencé amar prestarles atención a sus preciosos detalles. Cosas que solo yo logro entender y recordar

Amaría que me correspondiera y ser por completo de Tom.

—Entonces… ¿Qué quieres que haga? — Nada gano con huir por más tiempo.

—Quiero que seas honesto. — Eso quiere decir que todo termina o puede comenzar algo nuevo.

Ello me mantiene y me mantenía atado a él, siendo incapaz de verme lejos de él a este punto de mi vida. En este preciso instante no sé por dónde debería empezar y necesito saber si es correspondido.

—Yo… No sé por donde comenzar. — Se me escapó una risilla nerviosa. — Para mí, no eres un hermano. — Miré mis manos en busca de tranquilidad. — Yo te amo.

Tom se quedo en silencio, quizás procesando mis palabras. Este es el momento de verlo directamente y giré para conectar miradas. En él hay una chispa de sorpresa y demás cosas que no me da la paz mental de descifrarlo ahora.

Entonces soltó un profundo suspiro, como si una carga se hubiera ido de sus hombros, su cuerpo tenso se relajo y yo estaba sentado aún más confundido por su reacción. Pasaban los segundos y yo no recibía una respuesta, en mi garganta se formó un nudo y mis ojos se aguaron por vez mil en el día.

¿Por qué no me dice nada?

—¿Cómo pareja o como amigo? — Me ofendí por su pregunta.

—Como pareja, Tom. — Respiré hondo después de responder, me niego a llorar otra vez en el día.

Me desesperaba, Tom solo asentía con la cabeza. Sin soltar nada más, siento que estoy al borde de la locura.

—Quiero ser alguien importante para ti. — ¿Quería honestidad? Tendría honestidad. — Que me ames tanto como yo, quiero tener toda tu atención.

Literalmente en un parpadeo su mirada paso de una con sorpresa a otra llena de determinación.

—¿Y si te digo que también te amo? — Mi corazón se detuvo. — Lo hago, Billy.

Juro que se me seco la boca, no podía creer lo que estaba escuchando. Todo mi ser, mi cuerpo se vio repleto de emoción. Llevé mis manos a mi rostro y solté pequeños gritos de emoción, de esos que se me salen cuando en la peli la pareja se dan besos y cariño.

Con esas simples palabras hizo que mi vida se sintiera como un sueño, era lo que más había deseado que alguien me dijera. En ese instante todo el malestar que nació en el cole desapareció por completo. Estaba renovado.

Sabía que Tom era diferente a como todos los demás lo percibían, sabía que tenía la razón. Salté a su regazo para abrazarlo otra vez, apretaba muy fuerte casi feroz. La emoción me embriagaba, pero dentro de ello algo saltó.

Pero Tom. — Me separé ligeramente en busca de sus ojos. — No podemos seguir como antes, esa mezcla de dolor y amor me esta destrozando. — Él asintió.

—Lo sé. — Admitió. — Podemos hablar de ello. — Aún sobre él, tomo aire y me miró a los ojos. — ¿Por donde quieres comenzar?

—Por los golpes… — Dije bajito. — No por lo que sucedió ese día, sino por las demás veces.

Probablemente había algo más fácil por donde empezar. No puedo pasar por alto la realidad que nos rodea, aquella que no solo me dejo marcas emocionales. Sino por aquella que deja marcas visibles.

Se siente bien comenzar a liberar esos sentimientos oscuros que se han mantenido retenidos en mí.

—Debo parar. Lo entiendo. — Concluyó sin decirle más.

—¡Espera! — Tom elevó una ceja con duda. — Me refería a que… — ¿Qué debería decir?

—¿Qué es lo que quieres decir con eso? — Desvié la mirada. — Explícate.

Que difícil se puso esto.

—Creo que todo comenzó después del incidente.

Tras salir del hospital me quedaba mas tiempo de descanso en casa y me quedé ahí mucho más tiempo del que pensé, terminé por perder el año escolar debido a faltas. Cabe decir que tampoco estábamos a finales de año, así que tuve que retomar el año que vino.

En todo ese tiempo Tom no estuvo en casa y mamá solo aparecía para hacerme las comidas, como si yo fuera una obligación en vez de un niño que necesitaba cuidados y compañía. Sentí que me habían abandonado y me sentí mal, realmente mal. Y todo se fue a peor cuando al regreso de Tom…

—Cuando regresaste, me ignoraste. — Solo escuche un «Continua» y mi voz se quebró. — Y eso me dolió más que nada en el mundo. Pero, cuando me empujaste por algo tonto… se sintió mejor. Deje de sentirme un cero a la izquierda.

Es la primera vez que verbalizo esto y se siente bien cuando puedes expulsar todo lo retenido. Comenzaba a entender que en medio del caos que es Tom, podría haber estado buscando en el dolor una validación, una prueba de amor.

Por más retorcido que suene, yo sé que la hay. Porque si fuera de otra forma, no buscaría estar al tanto de mí, abrazarme, tocarme, conocerme. Todo ello significa algo, para MI significa algo.

—Todo eso… — Sostuve sus manos con fuerza. — No sé como explicarlo, pero para mi significa que existo para ti. — La angustia de no ser entendido me mata. — Aun así hay miedo, era algo inevitable. A veces parecía que buscas matarme.

Tambaleaba entra la confusión y la necesidad de entendimiento. La atmosfera se puso pesada, cargada de todo lo que había confesado hace unos instantes. Es por esto que odio profundamente hablar de temas personales, de cosas mías. Porque sé que la gente se lo tomará mal.

Exponerme de esta manera me estaba acribillando, rasgaba mi alma en miedo, ansiedad y arrepentimiento. Nunca antes había confesado algo tan personal, algo que solo podría exponer mientras estoy solo y que jamás le diría a alguien más.

Miraba a Tom en busca de alivio, cada segundo que pasaba sin una reacción clara solo me lleva a un camino. La sensación de estar al borde de un desborde emocional.

—Estoy procesando lo que me dijiste, Billy. — Sujeto suave mi rostro. — No hay necesidad de verme con esos ojitos asustados. — Su tono era tranquilizador para intentar apaciguar.

Era bueno por fin poder vomitar todo. Pero cada confesión y palabra que solté se estaban llevando mi vitalidad y me quitan el aire de mis pulmones. Siguió acariciando mi piel mientras que su mirada se endurecía.

—No me voy a disculpar por los golpes. — Soltó con una frialdad que hela hasta los huesos.

—Ya lo sabía. — Rápido le respondí. — Tampoco esperaba que lo hicieras, nunca antes lo hiciste. ¿Por qué sí ahora? — Seguía con la mirada todo lo que hace.

—Tienes razón. — Se acomodó las rastas, su mirada es intensa. — Por eso te propongo algo. — Mi curiosidad se encendió, me llamaba esa mezcla entre dulzura oscura y brutalidad. — Vas a poder cobrártelas. — Añadió.

Su propuesta resonó en mi mente con eco, desafiando todo precepto que tenía de nuestra relación. Un ligero temblor hubo en mi cuerpo, me hallé un poco abrumado, una parte gritaba del terror y otra gritaba por el deseo de hacerlo.

—¿Cobrármelas? — Repliqué cargada de asombro. — ¿Qué es lo que significa exactamente, Tom?

Se inclino hacia adelante, por inercia lleve mi cuerpo para atrás. La atmosfera entre él y yo parecía que estuviera a punto de encenderse en llamas, solo se necesita una ligera chispa.

—Que tienes la chance de hacerme pagar. — Ay carajo, en que me estoy metiendo. — Pero bajo tus términos.

Su oferta es una invitación a dejar borrosos los límites, mi mente trabaja en todas las posibilidades. Con equilibrar las cosas o de llevarnos al mismo infierno.

—No estoy seguro. — Admití. — ¿Aceptarás todo lo que haga?, ¿Qué pasa si quedamos en ruinas?

Tom se quedó en silencio unos momentos, podía notar como evaluaba cada palabra.

—Es una posibilidad. — Dijo. — Pero también es una oportunidad. — Fruncí el ceño, con clara inseguridad.

—¿De qué? — No me confió de esa propuesta. — ¿Una oportunidad para que me las devuelvas peor? — Le dije con sarcasmo, ocultando la falta de seguridad. — No lo creo.

Tom volvió a revolverse en el sillón, buscando una nueva posición, con movimientos calmados contrastaba con la tensión formada en mi cuerpo.

—Si quieres pasas y lo dejamos hasta acá. — Lo decía como si no tuviera peso, ya acostumbrado a su indiferencia. — La elección es tuya.

La posibilidad de tomar una especie de venganza, una forma de expresarle y conectar con Tom… Mis pensamientos se hicieron una amalgama de ideas e imágenes contradictorias, entre el deseo de herirlo como lo hace conmigo y la necesidad de entenderlo.

—Te dije que sería como tu quieras. — Sereno como siempre. — Que definas tus reglas, tus límites. — Busca tentarme. — Sé que ejerces violencia, pero contra ti o lo retienes. ¿No te cansa?

Cerré los ojos y controlé mi respiración, también ordenando mis pensamientos. Supongo que soy fácil de leer y supondré que es una forma bizarra de ayuda, ello se aprecia.

— Si puedo también puedo ponerte límites, acepto. — Respondí firme.

—Uhmm… Podemos llegar a un acuerdo. — Su voz era conciliador, en busca de negociar.

Me acerqué un poquito, quitando el espacio formado entre nosotros.

—Lo haré. — Entonces le dije.

Lo más seguro es que me este confiando demasiado y que en realidad esta sea un engaño o trampa que Tom preparó. Y yo como el ingenuo que soy, caí redondito.

—Bien. — Aceptó mi respuesta. — Entonces que hay que establecer tus reglas.

Voy a admitirlo, el hecho de que me diera la posibilidad de poner las reglas y limitarlo me da una sensación de poder y control que jamás antes había sentido. Estoy seguir que Tom siempre se siente así, superior a los demás.

Ahora entiendo porque siempre buscaba estar arriba, me gusta como se siente. Funciona como impulso, tampoco es que no me haya dado cuenta de lo que quiere hacer. Más allá de querer (quizás) engañarme, es obvia la intención de empujarme a la violencia.

¿Esta mal si digo que se me hace algo atractivo? Tiene razón, me trae cansado siempre ser él que se calla, el que no hace nada y recibe lo que hacen sin quejarse.

—Podemos comenzar por algo sencillo. — Sugerí. — Cada vez que necesite hacerlo, lo haré. Si yo quiero hacerlo en ese instante lo haré. — Es algo obvio y claro, nada complejo.

—¿Y si en algún momento no puedes continuar? — Cuestionó curioso por mi respuesta.

—Entonces paro y espero hasta que estemos juntos y solos. — Le dije simple. — Si no quiero hacer nada, tampoco lo haré.

—De acuerdo. — Esbozó una pequeña sonrisa. — ¿Qué más?

—Lo que pasó ese día no se va a repetir. — Desde ya era necesario poner límites en cómo me trataría, estoy consiente que si le pido que paré no lo hará. Es muy orgulloso para dejarse poner una correa que lo controle. — Y tampoco golpearas duro, ya sabes de esos que me dejan en el suelo un rato.

Me parece lo justo, ni para él ni para mí. Me cuesta admitirlo, pero años de esas golpizas de porquería me han ayudado a desarrollar un alto umbral del dolor.

—Pero quiero dejar huellas. — Replicó, me lo esperaba. Sé que le gusta está en él comportarse así, solo quiero un poco de autocontrol de su parte.

—Te dije que no me dejaras en el suelo, no que fueras diferente. — Tom asintió, en su mirada había aprobación.

—Lo acepto. — Finalmente dijo. — ¿Te puedo pedir algo?

—¿Qué? — Pregunté, no me parecía mal que me pidiera algo, después de todo ahora mismo soy yo quien decide.

—Quiero completa honestidad, quiero saber donde estas, con quien y que haces. — Propuso. — No más secretos, quiero que me lo digas todo. Todo lo que te gusta y todo lo que odias, ya sabes, esas cosas.

—Acepto. — De todos modos, era algo que ya estaba buscando con él desde hace tiempo. — Pero quiero lo mismo de ti.

Quiero que sea equilibrado, que ambos demos y recibamos. Es necesario para cualquier tipo de avance en nosotros.

—¿Eso es todo?

—De momento sí. — Le dije para volver a esconder la cabeza en su hombro.

Definitivamente quería tocar el tema de sus parejas y, sobre todo, el tema de Andreas. Adrede no lo hablé, ya que se me ocurrió simplemente cobrarlo sin decirle el porqué. De solo pensarlo me picaba las encías y ya quería hacerle saber a Tom lo mucho que me desagradaban, ahora no es el momento, esperaría hasta que sea el momento perfecto.

Acariciaba mi cabeza y mi pierna, el silencio es de lo más cómodo. Después de todo esto, lo anterior ya ni me importaba y para mi ya no tenía cabida en mi vida.

—¿Hay algo que quieras hacer ahora? — No pensé que sería tan pronto ese momento perfecto.

—Sí.

Solo dije eso antes de hincar mis dientes en su hombro, Tom saltó de sorpresa. Y de repente, me separó de él con un sobresalto. En medio del torbellino de emociones, el miedo de ser rechazado y dejado de lado (como hacía con sus demás parejas) me invadió.

No entendía, él me acaba de dar permiso para hacer lo que quisiera cuando quisiera. Mis ojos se llenaron de desilusión y me sentí vilmente estafado.

—Sí lo sé. — Se acarició la mordida buscando disipar el dolor. — Solo me tomo por sorpresa, desde ahora yo me aguantaré todo lo que quieras.

Volví a morder y Tom se estremeció ligeramente ante mi mordida y esta vez no hizo ningún esfuerzo por apartarse. Al contrario, sus manos se afianzaron a mi cuerpo para mantenerme cerca de él.

No me había dado cuenta de la intensidad de mi mordida hasta que sentí un sabor metálico en mi boca, un bonito recordatorio visceral de nuestra nueva dinámica.

—¿Así querías comenzar?

—Sí. — Dije soltando su hombro y con una sonrisa. Él me mostró una sonrisa oscura y retorcida, pero a mi me encantaba.

—De acuerdo Billy. — Me dijo suave, acariciando mi cintura. — Juguemos entonces.

Tom demostró que solo él puede hacerme vivir así, notando como todo toma sentido. Para mi el pasado ya no tenía peso y solo el presente contaba. Cómo me tocaba, cómo me hablaba, cómo me besaba…

Sabía que ya hemos cruzado una línea que nos cambiaría para siempre. Con este beso, dimos el primer paso que vacilada entre lo aceptado y deseado.

Sus labios cálidos se encontraron con los míos, lo primero que sentí fue la joya de su piercing. Esto era mejor que cualquier sueño, exactamente lo que había buscado, alguien que me reclamara completamente en mente y cuerpo.

En medio de su intensidad solo notaba el placer en medio de suspiros.

—¿No vas a decir nada? — Me sujetó en el mentón.

—Me gustó… — Respondí tímido, desviando la mirada.

Este es mi primer beso y no fue para nada dulce, no me quejo pero me moría de vergüenza.

Con la facilidad de quien respira, me levantó y me acomodó en el sillón, usando posa brazos como almohada. Sus besos y lamidas continuaban sin darme un descanso por mi cuello, sus manos se deslizaron bajo mi camiseta, apretando mi cintura con fuerza.

Poseído por la intensidad salvaje que solo Tom conocía. Puede sonar loco, pero me experimenté completo en sus brazos, que esa agresividad suya siempre me perteneció.

Ya percibía mi parte baja cada vez más caliente y despertando. No pensé que llegaríamos tan lejos, ¿Qué debería hacer?

Sin darme cuenta, mi camiseta desapareció y me encontraba desnudo de torso. Instintivamente, traté de cubrirme, viéndome vulnerable bajo su mirada intensa. Era como si fuera su presa, apunto de ser devorada en todos los sentidos.

—¿Acaso te di permiso para eso? — Me cortó de repente, con un tirón brusco que me dejó indefenso.

Negué con la cabeza, sintiendo el corazón latir con fuerza en mi pecho. Entonces, recibí un golpe en la mejilla que hizo que mi rostro girara hacia un lado. No dolía para nada, en sí ardía.

Y como me encantó experimentar ese ardor, desee que lo volviera hacer. Relamí mis labios, tal vez solo debía seguir el juego.

—Responde. — Exigió.

—No, Tom. — Le dije con una voz suave, que denotara pasividad.

Tommy se apartó un momento, su expresión seria pero cargada de intensidad. Sus ojos penetrantes buscaban en los míos algo que aún no sabía que era.

—Lo siento. — Murmuré. Pensando que lo anterior no había sido suficiente.

Tom se acercó de nuevo y yo me deje hacer, directo al pecho en donde dejo fuerte mordida que me hizo soltar un fuerte gemido de dolor… o placer. La vergüenza me gano y tapé mi boca con la palma de mi mano, sintiendo como a mi rostro se le subían los colores. Esto claro que le impulsa a continuar.

Luego paso a mi cuello, ya no a besar o lamer, sino a chupar intensamente mi piel. Buscando dejar un chupón en mi cuello.

La escena era esta, yo recostado, con las piernas abiertas y entre ellas estaba Tom chupando mi cuello. De solo pensarlo volvía a tener un tirón en mi miembro que me hacía soltar cada vez más suspiros. La posición me daba comodidad a apoyar mis manos en sus hombros que ante el estimulo mis uñas se clavaron en sus hombros… que ganas de clavárselos directamente en la piel.

Yo no estaba enterado que me podría encantar este nivel de rudeza.

Él se volvió apartar, sus ojos brillaban con intensidad y el deseo de dominar. Su mano se deslizo por mi pecho desnudo, apretando con firmeza antes de agarrarme con fuerza del mentón.

—¿Estás seguro de esto? — Ya tenía la voz ronca, señal de su excitación.

Amo la idea de saber que no solo yo deseo esto. Todo llevaba una intensidad que le envía escalofríos a mi espalda, me llama a él. Mis dos manos fueron a parar a la suya, moviéndola a mi mejilla e inclinando mi rostro a ella. En busca de más contacto.

—Sí Tommy… — Dije mientras asentía.

Luego de ello me sentí totalmente incapaz de articular más palabras. Tom no esperó más, me arrancó la ultima prenda con un movimiento brusco que mezclaba pasión y salvajismo. Me sentí expuesto, pero totalmente caliente por la fuerza con la que me reclamaba.

A pesar de lo incorrecto que era, el placer que proporciona te jode hasta la raíz. Aquí y ahora no importaba lo que pensarán los demás, no importaba lo que pensara mamá de esto, ni que literalmente ambos salimos de ella y eso nos convierte en familia de alguna u otra forma.

Todos se pueden ir al demonio, no me importa.

—Esa siempre fue la respuesta correcta, Billy. — Gruñó.

Su aliento caliente sobre mi piel erizada me estremecía demás. Sus manos recorrían mi cuerpo con una urgencia controlada, buscando provocar y llevarme al limite. Cada una de sus caricias era una promesa de placer y yo me entregaba absolutamente a Tom en cada uno de mis gemidos.

Entre toque y toqué la ropa superior de Tom desapareció y al fin pude dar rienda suelta al resentimiento de todas esas veces en las que veía a Andreas en la casa y a Tom paseándose por ahí portando sus besos y rasguños.

En un momento dado estuvimos en una posición en la que nuestros miembros se rosaban entre sí, un baile de lo más vulgar, lleno de fuerza y conexión más allá de lo que podría explicar. El contacto directo nos hizo jadear al unísono, una sinfonía de voces del deseo reprimido y pasión desbordante

Mis manos viajaron a su espalda, tan atractiva y marcada, arañando su piel. Dejando marcas rojas que contrastaban con su piel un poco más dorada que la mía.

—Vamos a llegar hasta el final. Ya no hay vuelta atrás. — Entregado completamente, me susurró con voz áspera.

Sus palabras resonaron en mí, encendiendo el fuego interior. Mis piernas se enredaron en su cintura y, ante la falta de experiencia, solo le daba picos en el labio. La idea es acercarlo más a mi para poder amar cada centímetro de su piel contra la mía.

Luego, simplemente se separó y finalmente se quitó toda la ropa. Me quedo observando su cuerpo y no puedo ignorar su erección.

El cuerpo de Tom se deja a vista, cada parte de él se ve perfectamente definido, tan perfecto que parece una escultura. Cada cicatriz, cada huella es una historia diferente no siempre de pasión, sino que también de dolor. Me muestra su cuerpo y no lo tomo solo como objeto de deseo, también como un testimonio de quien es.

Escupe sobre su miembro y esparce la saliva, vuelve a estar sobre mí. No me creía que fuera seguro lo que estaba a punto de hacer, no tenía nada que ver con el rol que tomaría, ya tenía conciencia de ante mano.

No soy tan ignorante y sabía que esto necesitaba preparación, Tom no me había preparado y más parecía que estaba buscando su exclusivo placer e ignorando el mío, eso me inquieta demasiado.

Al mismo tiempo, eso me llena de molestia, de todas formas, decido seguir adelante y relajarme.

Entonces comienza a empujar contra mi entrada y el dolor se dispara al máximo. Suelto un fuerte chillido, le doy golpes con los puños en el pecho y luego me alejo de él.

—¡¿QUÉ TE PASA?! — Grité mi queja. — ¡Eso me dolió!

Tom se detuvo, se veía confundido y sorprendido. Su cuerpo se seguía viendo imponente, ¿Todo este tiempo había estado haciéndolo de esta forma?

Acabo de descubrir que me gusta hacerlo en seco.

—Déjame intentar de nuevo, ¿Sí? — Se inclino hacia mi y extendió una de sus manos.

—Estas loco si crees que lo harás así nada más. — Me rehúso a intentarlo seco, es la primera vez que hago esto. — ¿Qué te cuesta hacerlo bien?

No niego que los tratos rudos me gustan, pero ahora no es el momento. Tal vez podría intentarlo, pero después y con mucho conocimiento sobre mi mismo y sobre Tom.

—Mira, vamos arriba y lo hago bien.

Nos quedamos así unos segundos, lo estaba pensando seriamente. No se había estado sintiendo mal hasta hace unos segundos, no estaría mal darle una oportunidad más. Además, aún tengo una erección que atender.

—¿Lo prometes?

—Lo prometo.

Con ello en mente acepte su mano y me cargo para subir las escaleras de manera más cómoda. Me desconcertó la actitud de Tom, ¿De donde había nacido toda esta dulzura?

Una vez en su habitación, me dejo en la cama dulcemente y fue directo a su mesa de noche, de ella saco una botella de lubricante. Me sorprendí mal, yo soy quien limpia y ordena este cuarto ¿Desde cuando estaba eso ahí?

Mire con reproche a Tom.

—¿Celoso? — Dijo burlesco. — No te preocupes, no lo usé con nadie. — Dijo mientras me enseñaba como la botellita aún tenía su seguro intacto.

—Pff… lo dices como si me importara. — Claro que me importa, siempre me importo, pero no lo pienso admitir.

Me hice el desinteresado y como respuesta solo recibí las típicas carcajadas de Tom.

Regreso a la cama y nos acomodamos para regresar a lo que queríamos. Nos miramos un momento, el aire cargado de tensión y deseo, antes de que Tom se inclinara hacia mí.

Comenzó con esos besos a los que me podría volver adicto, luego volvió acariciar mi cuerpo, Tom me sostenía con firmeza, sus ojos clavados en lo míos comunicando más que cualquier palabra. Una relación que trasciende lo corporal, ahora lo entendía y lo compartía. Tom y yo, yo y Tom.

Rápidamente el ambiente se volvió caliente. De fondo, nuestras respiraciones agitadas, suspiros y susurros con palabras indecentes. Cada toque, caricia parecía llevarme al éxtasis que no recordaba haber experimentado antes. Podría jurar que estaba volando y se puso mejor cuando, con un poco de lubricante en su mano comenzó a estimular mi miembro.

Es abrumadora la sensación de su mano deslizándose, enviando oleadas de placer desde la punta de mis cabellos hasta la punta de mis pies.

No me cabían palabras en la boca, un placer completamente nuevo, desconocido para mi hasta este momento. No es que nunca me haya masturbado antes, es solo que es totalmente diferente cuando alguien más te lo hace. En especial si es alguien con experiencia.

—Eres hermoso… — Murmuró Tom, su voz ronca de deseo. Sus palabras me estremecieron, añadiendo una capa extra de pacer al momento.

No paraba de gemir, lo captaba de maravilla, era tan bueno que me encontraba hecho una bola de placer en sus brazos. Los cuales no me soltaron y a su vez siempre buscaban tocar cada vez más de mí. Sus dedos recorrían mi espalda, mis costados, explorando cada rincón con una necesidad desesperada. Siento que no puedo dar más de mí, que estoy en mi limite y que estoy a punto de explotar.

Más bien de correrme.

—Tom, por favor… — Susurré, mi voz sale en a penas un hilo.

Cargada de deseo y urgencia. Realmente suplicaba, mis palabras son una suplica y un ruego para que no se detuviera. Para que siguiera llevándome al cielo.

Sin embargo, de golpe paró y presionó con su pulgar la punta de mi pene. — ¿Por qué paras? — Toda la montaña rusa de placer me dejo más que tonto.

—Porque no quiero que termines ahora. — Dijo antes de cargarme y acomodarme en medio de la cama en cuatro, dejando mi trasero a su total disposición.

Ah, Mierda. Me siento muy expuesto, ¿Qué más haces en esta situación?

Estoy empezando a creer que mi falta de experiencia esta siendo un impedimento muy jodido que interfiere en todo, lo único que hago es moverme por instinto. Ni siquiera sé si lo que hago le proporciona algo disfrutable a Tom.

—Avísame si duele. — Escuché como el lubricante era destapado y me sentí ligeramente nervioso. — No te tenses porque será peor para ti. — Dijo para luego darme un beso en la parte posterior de mi cuello.

Siempre escuche que la mejor manera de decirle a tu cuerpo que esta bien y que puede estar relajado es mediante la respiración. Por ello tomo respiro lento y profundo, reconozco los dedos de Tom tanteando mi anillo.

La estimulación es intensa, con una mano dejaba caricias y masajes por la parte externa sin meter el dedo. Al mismo tiempo, con la otra mano se movía de arriba hacía abajo en mi miembro. No voy a mentir, se vive muchísimo mejor que solo cuando te masturbas, no sabía en donde se había escondido este placer por tanto tiempo.

Poco a poco introdujo un dedo. — Relájate, respira hondo. — Eso hice, cerré los ojos y me concentré en relajarme lo máximo posible.

Su dedo entraba y salía despacio, en un inicio se sintió incomodo. Pero pasando el tiempo y adaptándome a la sensación de algo entrando y saliendo de mí. La experiencia mejoró, es mucho más placentero de lo que podría creer.

Poco a poco comenzaba a soltar más suspiros y ya no tantas quejas, fue la señal para Tom insertará un dedo más. A diferencia de lo que creía, ya no existió esa incomodidad inicial, se experimentaba mejor algo aún más grueso. Finalmente, introdujo un tercer dedo y ese sí que me hizo gemir fuerte.

—¡Ah, SÍ! — Dije por lo alto. — ¡Dios, Sí! — No puedo callar mi boca y les juro que se siente tan bien como suena. Entonces Tom aumento un poco el movimiento de sus dedos, también aumentando la profundidad de ellos.

—¿Ahí? — Dijo con un poco de dificultad. Me encontraba mal por no poder proporcionarle placer.

—S… Sí. — Respondo entre suspiros. — Se siente muy bien, Tommy. — Mis brazos comenzaban a flaquear.

No sabía por cuanto tiempo podría soportar mi propio peso en mis extremidades, mi mente estaba nublada. Solo podía concentrarme en los dedos de Tom entrando y saliendo de mi entrada, esa deliciosa sensación que me llena y me lleva a nuevos lugares.

—Podrías… ¿Podrías meterla ya? — ¿Qué si soy descarado? Creo que siempre lo fui. — ¿Por favor? — Si no fuera porque paró ni cuenta me daría que mis ojos se habían aguado un poco.

—Muero por hacerlo. — Me respondió antes de ponerme en una nueva posición.

Recostado de espaldas, con una almohada debajo de mis caderas y viendo como se ponía un condón. Una vez bien colocado el preservativo, vertió más lubricante sobre su pene y una buena cantidad más en mi entrada. Para que esté más resbaladizo y entre mejor.

Me moría de ganas que lo hiciera de una vez, ya no podía aguantar la espera. Tengo la fuerte necesidad de ser penetrado por Tom, lo necesito ya, lo necesito ahora. Mi cuerpo ebullía en la mezcla de deseo, necesidad y emoción.

No lo aguanto más.

Reconocer cada centímetro entrando me hizo arquear la espalda, sus dedos no eran para nada similares a su virilidad, podía sentirlo todo. Su grosor, su calor, sus venas, sus palpitaciones, Tom esperó mucho y pude notarlo cuando soltó ligeros gemidos de alivio.

Por mi parte, veía estrellas, experimentar el estar lleno hacía abriera más las piernas para recibirlo mejor y dejar que se moviera con más libertad, que hiciera de mí lo que más quisiera. Después de esto no me importaría morir.

Me encontré completo en los brazos de Tom, derritiéndome del placer. Gruñidos y gemidos llenaron la habitación mientras nos movíamos con pasión. Cada embestida me recordaba que esto era real, que siempre existió esta intensidad en nuestras almas.

—Billy, no sabes cuánto te he deseado. — Me murmuró cerca de la oreja, por sobre mis gemidos.

Sus palabras repletas de anhelo lograron que mi cuerpo tuviera reacciones, enviando un escalofrío por toda mi columna vertebral. Estoy abierto a cada uno de sus provocaciones.

El sudor y el calor llenaban el aire mientras nos entregábamos mutuamente al éxtasis carnal que es el sexo. Cada beso y rasguño reafirmaba sobre nuestros cuerpos una expresión de amor crudo que nos envolvía en una burbuja de entendimiento. Con nuestros cuerpos conectábamos como si desde un inicio estuviéramos destinados a encajar de esta manera.

De repente, se detuvo y me miró fijo a los ojos. Para mi sorpresa se inclino y deposito un dulce beso en mis labios, un gesto hecho con ternura y que no me esperaba de su parte. Supongo que debo conocer mucho más de Tom.

—Quiero que lo sientas todo. — Su respiración esta agitada, sus hombros suben y bajan. — ¿Puedo aumentar un poco? — Apreció la pregunta y la sinceridad de que sea especial para ambos.

Moví levemente la cabeza, de arriba abajo, asintiendo y dándole permiso. Incapaz de hallar las palabras correctas.

Sus movimientos continuaron, esta vez más rápido y más profundo. Como si quisiera romperme, mis manos pasaron de apretar las sábanas a apretar sus hombros y arañar violetamente su espalda. Me encontraba más que perdido en el torbellino de placer.

Su mano se encontró con mi pene y empezó a moverse con precisión lo que solo aumento la intensidad de mis reacciones. Ante mis ojos el mundo se desvaneció y les juro que podía ver el universo entero, solo escuchando de fondo el choque obsceno de nuestras pieles.

—No pares… — Jadeé con inestabilidad en la voz.

—¿Qué? — Replico bajando un poco la velocidad de sus embestidas.

—¡Qué no pares! — Estoy lleno de necesidad y el me respondió acelerando su ritmo.

Es evidente su propio placer en cada movimiento, me encanta ser su centro de atención y placer. Estamos al borde, cada fibra de mí se enfoca en el climax que se avecina.

Finalmente, con un gemido ahogado me liberé. Derramándome en sus manos, las oleadas de placer explotaron dejando mi cuerpo temblando. Tom me sostuvo firme, escuchaba sus propios gemidos de satisfacción resonando en mi oído. Mientras él también alcanzaba su punto máximo.

Después se levanto a quitarse el preservativo y tirarlo al tacho de basura. Nos quedamos así, juntos, abrazados sobre la cama. El ambiente se llenó de calma, rota solo por nuestras respiraciones.

En ese momento nos miramos, entendiendo el significado profundo de lo que acababa de suceder y como cambiarían las cosas a partir de ahora.

Ya nada volvería a ser igual.

Continúa…

Gracias por leer. No te vayas sin comentar 😉

por admin

Traductora del fandom

Un comentario en «La sangre también une 15»

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