

Fic TWC de Sxgar_V1rus
Capítulo 14
By Tom
Me considero alguien con relativa tranquilidad, alguien casi normal. Tengo un mejor amigo y tengo gustos, por ejemplo. Me gusta la pizza, el fútbol, todo aquello que tenga un motor, los videojuegos y me gusta golpear estúpidos.
La sensación es indescriptible, me hace sentir más poderoso de lo que soy, que tengo el control.
En un comienzo solo pensé en dar un pequeño susto. Acompañe a Billy hasta su clase y me quede tonteando cerca de los vestidores, claro que en ningún momento me deje ver por los compañeros de Billy ni por él mismo.
El día pasaba como si nada, como si fuera otro día normal. Me apoyé contra una pared, con el celular en la mano y sin poder evitar escuchar el eco de los gritos, risas y conversaciones al aire que provenían del gimnasio. Por más entretenido que me pareciera escabullirme al gimnasio para ver cómo sufría por hacer ejercicio, me contuve. No vine para perder el tiempo, vine con un objetivo claro en la mente.
Mientras esperaba, mi mente vagaba entre todas las veces que había sentido esa descarga de adrenalina. Podía recordar perfectamente el rostro de aquellos que había intimidado a lo largo de mi vida, también podía sentir a la perfección como se sentías mis nudillos impactando contra sus cuerpos y caras.
El miedo en sus ojos, parecían cervatillos y yo un depredador. Me dejaba la boca llena de saliva nada más de recordarlo. Sabía que no era algo para estar orgulloso, pero una vez que pruebas el poder se vuelve una adicción que no puedes controlar.
Siempre buscas más y más, arrepentirme a este punto de nada me serviría.
De tanto que me acostumbre a esta sensación, recientemente descubrí que hay entretenimiento en que me reten. Cuando no hacen lo que quiero a la primera o cuando me devuelven el golpe.
Ah… de solo pensarlo me lleno de satisfacción y se se me podría poner dura.
Finalmente, la clase se estaba terminando y los demás comenzaron a salir. Me aseguré de estar fuera de vista, observando como sus compañeros salían en pequeños grupos riendo y charlando. Entonces, por fin pude ubicar a mis objetivos.
Tres chicos de una altura similar a la mía, con ese estilo típico de gánster barato que para nada les sienta bien. Como si no supiera que tratan de imitar mi estilo, deplorables.
Se fijaron si no quedaba nadie más en los vestidores además de Billy de forma «disimulada», me hizo rodar los ojos ante tal tontería. Cuando vi que en efecto nadie más que Bill quedaba y ellos quería entrar decidí que era momento de actuar.
Literalmente salí de las sombras y avancé con determinación, asegurándome de no hacer ruido hasta estar cerca a ellos. Se trataba de Devon, Frank y Jonas quienes creían que nadie sabría de esto o que más bien yo no me enteraría.
—¡Heya! — Los saludé como si no supiera nada.
Los tres se quedaron de piedra, muy confundidos por mi presencia.
—¿Qué haces aquí, Tom? — Habló Jonas, tratando de ocultar su nerviosismo. Eran obvias los cruces de miradas que tenían.
—Nada en realidad. — Me cruce de brazos y alcé los hombros con desinterés. — Solo estaba paseando y me los encontré. ¿Puedo saber lo que iban a hacer?
—No es asunto tuyo, Tom. — Respondió Frank, con mirada decidida.
Los otros dos se miraron con miedo, sabían que no era forma de responderme. Son consientes de lo que soy capaz, yo no soy ningún juego.
Ignorando lo que dijo me acerque a la puerta y rápidamente trataron de evitar que abriera la misma. Puse la cara de amabilidad más fingida posible, ya se delataron y no tuve que hacer mucho.
—Ahora lo es. — Dije con burla. — ¿Ahora sí me dirán lo que iban hacer?
—Solo íbamos a divertirnos un poco con Bill. — Dijo Frank con crueldad. — Mira a ese marica, siempre tan asqueroso de ver. Pensado que debemos soportar su mierda homosexual. Estaríamos haciéndote un favor si nosotros le enseñamos su lugar, así ya no te molestas con él.
Sin tiempo para más avancé rápidamente hacia ellos. La adrenalina corría por mis venas y la familiar sensación de poder y sed de sangre aparecieron nuevamente.
El más cercano, Frank, lanzó un puñetazo desesperado hacía mi cara. Es tan predecible que lo esquivé inclinando un poco la cabeza hacía la izquierda y, aprovechándome de su mala postura, le devolví el golpe con el codo en las costillas. A pesar de haber sido amable Frank se dobló y soltó el real gemido de dolor.
Jonas y Frank son un par de salvajes y siempre supe que no les agradaba del todo, así que esta sería su oportunidad para «vengarse». Jonas se lanzó soltando un especie grito de guerra llena de rabia. Sus movimientos eran tan torpes y fáciles de predecir. Me agache en el instante correcto para evadir su embestida y le di un golpe en la boca del estomago. Lo que en pocas palabras, lo dejo sin aire.
Al sentir como se volvía más blando, lo rematé con un gancho directo a la mandíbula. Jonas cayó a bruces al suelo y Devon en cuanto pudo escapo como el gran cobarde que es.
—¿Por qué haces tanto por ese traga pitos de mierda? — Frank se estaba recuperando y trato de levantarse.
—¿Por qué tanto interés en él? — Me agache y sujete el cuello de su camiseta. Me miraba con odio y confusión.
A todo esto Jonas y Devon ya no estaban y una multitud ya se comenzaba a formar alrededor de nosotros. Por un momento se me cruzó la idea de dejarlo así, sabía que Bill estaba adentro y creo que no se le antoja ver violencia el día de hoy.
Me puse liviano y cuando estaba a punto de ponerme de pie, Frank decidió que quería responderme. Logró ponerse sobre mi y darme golpes en la cara, hasta sentí como mi nariz sangró.
Uno quiere cambiar y ser agradable, pero los demás no lo dejan. Que conste que lo intente.
Cuando tuve suficiente le volteé la moneda a Frank. Con un movimiento seguro, me giré y ahora era yo quien lo golpearía sin parar. Cada uno de mis golpes resonaba, una mezcla de satisfacción y casi nada de ira. La sangré de mi nariz chorreaba y caía sobre mi ropa, todo me impulsaba a continuar.
De reojo me fije en la multitud que ya se había formado en los pasillos. Era fácil escuchar los murmullos y las expresiones de sorpresa, pero todos estaban distantes. Mi mente estaba fijada en Frank, en hacerle el mayor daño posible.
Esa razón, por la que ante las primeras líneas de rojo el deseo visceral de matarlo me controló. Con la poca fuerza que le quedaba trataba de protegerse, pero sus intentos eran inútiles ante mis golpes precisos y llenos de energía.
Había instantes en los que sentía que nada podría detenerme, ni siquiera sus ojos de rendición o las respiraciones ahogadas que soltaba. Yo no pensaba dejar escapar a mi presa.
Finalmente tuve que parar si no quería matarlo y también sentí la mirada de Billy sobre mi. Con el cabello húmedo, sus ojos sin maquillar y con la expresión de confusión.
No me miraba asqueado o con miedo, se quedo a mirar todo lo que hacía y lo único que podía pensar era en qué todo esto era por y para él.
La idea original es que él nunca se enterara, pero ya que estamos. Quiero que sea algo que no pueda olvidar.
—Está es una advertencia. — Me levante y me limpié la sangre de la cara, era muy molesto. — Y no hace falta decir nombres para saber a quienes va dirigido. — Decirlo era nada más para hacerlo memorable.
En medio de la multitud encontré a Devon y los demás, reunidos en un pequeño grupo, con el pánico reflejado en sus ojos. Me encanta cuando ellos me ven así.
Había sido suficiente, era hora de irme a casa. Más no pude evitar ver como Bill se acercaba a ver como había quedado el retrasado ese, sé que lo hizo por morbo. En su rostro no hay expresión, yo sé que en el fondo tenemos cosas iguales solo falta que yo las sacara a flote.
Y no saben cuanto me emociona hacer eso. Yo podría conocerlo mejor que nadie.
Regresar a casa se volvió lo de menos, habían pocas personas transitando y la calle estaba bastante tranquila. Sentí el aire casi de primavera golpeando mi rostro, una sensación que me regresaba a la tranquilidad después de todo lo anterior.
A medida que avanzaba era más potente la hinchazón en la mejilla y el sabor metálico que había quedado en mi boca, un recordatorio de los golpes que me deje dar. A pesar del ligero dolor, me ganaba más la sensación de satisfacción.
Aunque no lo maté, la satisfacción interna de haber cumplido con lo que tenía que hacer me invadió.
Sonará de lo más extraño, pero, a veces imaginaba que las casas tenían vida. Que la puerta principal es su boca, las ventanas sus ojos y así. De hecho, Billy vio una película que aborda la misma idea, solo que no me acuerdo del nombre.
Luego de un rato llegue a la puerta de mi casa. Al entrar se sintió bien, se sentía correcto solo estar nosotros dos. Todo en orden y una sensación conocida se quedó en mi pecho.
Me hacía sentir listo para afrentar lo que viniera después.
Subí directo a mi cuarto por un kit de primeros auxilios. Estaba en un cajón de mi mesa de noche y me senté en el borde mi cama. De ella solo saque algunas cosas para limpiar la sangre de mi cara y curar a medias la herida del labio, yo no tenía necesidad de hacer más por mí.
Luego de aplicar un poco de pomada en mi labio, bajé a la sala. No tengo las ganas de quedarme en cama después de eso y porque quería ver cual sería la primera reacción de Bill.
Me lancé al sillón y apoyando la cabeza en el espaldar me dedique a ver el techo un rato. Cerré los ojos por unos segundos y el cansancio cayó como balde de agua fría, mi cuerpo se sentía resentido por todo el gasto de energía. Pensé en todo lo que podría pasar después de golpear a Frank en medio pasillo.
Miedo no sentía, tampoco era la primera vez que pasaba algo similar en ese colegio de mierda. Pero sí que me había pasado en esta ocasión, en el peor de los casos me caería una denuncia y con todas la pruebas correctas, volvería a estar en un juicio.
Los tribunales no son mis lugares favoritos, mucha gente prepotente mirándote por sobre el hombro y un montón de cerdos policías que creen que siempre hacen lo correcto.
Si, en mi experiencia no son del todo cómodos y son aburridos. No me apetece regresar ahí.
De todas formas no sé de que me preocupo, no se atrevería y tiene todas las de perder. También es conocido por hacer problemas y dudo que la policía le haga caso a un delincuente juvenil.
Mis párpados se hacían cada vez más pesados y mis pensamientos se hicieron cada vez más difusos. Al final, dejé que el sueño me ganara permitiendo descansar un poco antes de que Billy llegara a la casa. En lo que calculo será hasta al final de la jornada escolar.
Cuando comenzaba a caer en un sueño profundo, mi celular sonó. El ruido sacó el sueño de mí y, con un gruñido de frustración, extendí la mano para buscarlo en el bolsillo. Era Geo y estaba llamando.
«¿Qué pasó»
Mi voz estaba ronca, traté de disimilar mi cansancio.
«Tom, ¿Dónde estas?» Sonó como si hubiera sido otro día más, me hizo sonreír.. «Se puso de locos, llegó una ambulancia y los polis.»
«¿Ambulancia? ¿Policías? ¿Quién los llamó?» Mi cuerpo se tensó, no debía haber llegado tan lejos.
«Bill. Pero él solo llamó a la ambulancia.» Me explico. «Frank se puso peor después de que te fuiste. Los chicos empezaron a decir que lo habías atacado sin motivo y se volvió algo maso grande.»
Me callé unos momentos, entendía las buenas intenciones de Billy. Pero me había dejado en una situación complicada.
«No deberías preocuparte, Tom, ya sabes como funciona esto.»
Suspiré, sabía que tenía toda la razón. En ese colegio las cosas se resolvían de maneras enredadas, debajo de la mesa. Ustedes me entienden.
«¿Tu hiciste algo?» Pregunté para cambiar de tema.
«Nada, con solo mirarlos se callaron» Habló con gracia. «Se les subió los huevos a la garganta de una.»
«Pfff… Que divertido.»
«Como sea. Nos vemos luego.» Dijo y colgó.
Geo me había quitado todo el sueño, definitivamente no volvería a dormir hasta la noche. Y de forma aparente, los pocos minutos de sueño funcionaron más que bien.
Lo mejor que tenía para matar el tiempo, sin tener que moverme, estar como imbécil en el celular. Miraba videos de gente que ni conocía, pero que eran entretenidos.
Los minutos pasaban lentamente. El zumbido del refrigerador y los ocasionales sonidos de los autos pasando por la pista, eran mis acompañantes. A este punto ya había perdido la cuenta de cuantos videos vi sin realmente prestar algún tipo de atención.
Luego de lo que me pareció una eternidad, escuche la puerta principal abrirse. Hice como si no me importara y seguí en lo mío.
De reojo lo vi. Tenía el pelo revuelto y esponjado, estaba un poco más pálido de lo normal y sus ojos se veían hinchados y rojos. Como si hubiera llorado muy fuerte de forma reciente. No lo podía negar, se veía precioso en ese estado.
Lanzó sus cosas y se quedo de pie en frente de mi, necesitaba saber que es lo quería y por ello seguí ignorándolo. Estaba tan metido en su cabeza que de a ratos no parecía saber que aún existía en esta realidad. Que lindo.
Entonces de la nada se lanzó sobre mí, sentándose sobre mis piernas, apoyando su cabeza en mi hombro. Me acomodé para poder cargarlo de mejor forma no sentía la necesidad de decirle algo, para mí era más que suficiente sentirlo cerca de mí y con eso me conformaría.
Billy se quedó mucho rato en silencio y yo lo deje ser, no lo obligaría a decirme algo que no quería decirme. Sin embargo, en un momento dado me llamó.
—¿Tom?… — Me pregunto con su vocecita suave. — ¿Puedo pedirte algo?
—Depende. — Le respondí.
Aunque dijera ello, estoy seguro que podría hacer hasta lo imposible por él. Ya una vez fallé y se alejo de mi, no pensaba cometer el mismo error por segunda vez. Soy capaz de hacer de todo porque se quede siempre a mi lado, nos pertenecemos mutuamente y estamos destinados a estar juntos.
Por algo cumplimos años el mismo día.
—Necesito que me digas que todo esta bien. Necesito escucharlo de ti.
¿Decirle la verdad? O ¿Mentirle descaradamente?
Estar a mi lado nunca es augurio de que todo estará bien, no sé que decirle y el sentir la humedad de sus lágrimas en mi hombro era recordatorio de que el tiempo pasaba y yo no respondía.
Lo pensaba una y otra vez, le doy mil vueltas y llego a una conclusión
—Billy. — Llamé su atención. — Estoy aquí. Todo estará bien.
Por fin le dije. Sentí como se iba la tensión y se aferraba a mí lo máximo que podía, también apegue su cuerpo lo mejor que podía al mío. Podía sentir fácilmente su olor, su calor y su respiración. Al mismo tiempo Bill se apretó contra mí, tengo la sensación que mis palabras funcionaron como salvavidas.
También tengo la sensación de que se podría ahogar en un vaso de agua o esperar por alguien que no daría nada por él solo porque le mostró un poco de afecto.
Me quedé en silencio dándole permiso para que alargara más su llanto, aunque ya no era uno de tristeza, sino era más de alivio. Clavando sus uñas en mis hombros, aferrándose con todo lo que tenía a mi. Me daba una rara paz tenerlo entre mis brazos.
Un poco más tranquilo levantó la mirada, con ojos llorosos y con hinchazón. Me miraba con una confianza que no me sentía totalmente merecedor, pero que a su vez había estado anhelando desde hace mucho.
—¿Por qué?
—¿A qué te refieres? — Tenía dos opciones en mi mente. — ¿Me hablas sobre lo de hace un rato o lo de la mañana?
—A lo segundo.
—Porque quise. — No había más razones, así de simple.
Billy inclino la cabeza levemente, sus ojos brillaban con curiosidad y duda, parecía un cachorro. Luego, se apartó de mi regazo y se sentó a mi lado en el sillón.
El silencio se instalo en la sala de nuevo, nada más roto por el sonido de nuestras respiraciones. No tenía el deseo de romper este silencio, pero sabía que este es el momento de dejar las cosas claras.
Ah… que incómodo.
Continúa…
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