Fic TWC de Sxgar_V1rus

Capítulo 13

By Tom

Esa tarde bebí tanto que tengo lagunas en mis recuerdos en el camino a casa. Lo que recuerdo es todo lo que paso durante mi estancia en ese lugar. Estaba más inquieto qué de costumbre, se le notaba que quería decirme algo, pero ese no era mi problema.

En la mesa de centro se acumularon las latas de cerveza, las botellas de vodka barato y de todos los imbéciles presentes, probablemente yo era el más borracho de todos.

Así que muchas energías para discutir con él, no tenía. Se notaba que algo quería decir, preguntarle no es mi obligación.

—¿Quién es él en realidad y que haces viviendo con él? — Por fin me reclamo.

Me habló con un tono más agresivo de lo que estaba esperando. Desde que comencé a darle «privilegios» no había parado en insistir con ese tema, no pude evitar poner los ojos en blanco.

¿Tanto solo para hablarme de Billy? Pareciera que piensa en él más que yo.

—No te importa. — Respondí seco.

Deje en segundo plano las ofensas y quejas, no pensaba discutir o en si seguirla el juego. Mucho menos después de haber tomado de más, pero al parecer el pequeño Andreas no entendía lo que significaba «No».

Insistía en indagar en mi vida y en la vida de Billy.

Y eso no pensaba permitirle.

Para este punto ya me sentía totalmente arrepentido de haberme dejado convencer por su carita de niño bueno, que de bueno no tiene nada, es más bien una puta. Me arrepentía por dejarme llevar por esa linda sumisión y, por sobre todo, dejarme llevar por ese pelo negro.

Sabía que jamás me hubiera fijado en el si hubiera seguido con su rubio natural y su corte masculino. Yo lo sabía y él lo sabía.

Los parloteos de Andreas se volvieron un murmullo en mi mente borrosa por el alcohol. Trataba de recordar en que momento le di permiso a ese marica de creerse tanto.

Su presencia en mi casa, en mi vida se había vuelto una piedra en el zapato. Por mi mente nunca se me ocurrió que fuera así de molesto. El pequeño encanto que veía ya se comenzaba a desvanecer, y ahora mismo seguía dándole lo que quería porque no tenía a quién de verdad quería.

Así que debía conformarme con cualquier mierda que se pareciera, aunque sea mínimo, a él.

—¡Tom Trümper! — Grito Andreas sacándome de mis pensamientos. — ¿No me vas a responder?, ¿Eres tan poco hombre para darme la cara?

Después de mucho rato me digne a mirarlo, tenía la cara roja ya sea por la furia o por el alcohol. Esto fue lo que me colmo, todos nos veían.

Se había armado un espectáculo, como si fuera hecho para ellos.

Me acerque un poco a Andreas para hablarle sin que nadie más se enterara de lo que decía.

—Vamos a otro lugar a hablar de esto. — No iba a permitir volverme el entretenimiento de alguien más.

Me puse de pie en seco y de forma brusca, la ira estaba en ebullición y sentía que ya no podría dejarlo pasar. Pasamos a un cuarto de invitados y lo senté en la cama.

A penas se sentó le lance una cachetada con el dorso de la mano.

—¿Te dolió? — Pregunte, Andreas no me miraba, se quedó estático tocando su mejilla. — Parece que aún no lo has entendido. No tienes el derecho de meterte en mi vida.

El bulto de pelo negro teñido se levanto. Sus ojos estaban llorosos con una mirada de resentimiento, quizá contra mi o contra Billy.

—¿Me vas a venir a hablar de derechos? — La voz herida se notaba. — Tú, quien pasa sobre todos sin importarle nada.

Trate de evitarlo, más no logre contener las carcajadas, llenas de crueldad.

—Pasar por los demás… — Cruce mis manos. — Para mi, todos ustedes, ni siquiera cuentan como alguien.

Andreas no paraba de llorar. ¿Ahora de que está llorando? Me fije en su carita roja los espasmos y la expresión de confusión mezcladas con dolor. Era poético, su sufrimiento me recordaba a mi Billy.

Uhmm… ¿Qué estará haciendo ahora?

—Eres tan cruel… — Logró decir.

Disfrutando de la ya conocida sensación de poder, agarre su mentón. Alzando su rostro hasta que sus ojos conecten con los míos.

—No quiero que me vuelvas hacer una escenita así en tu vida. — Anuncié, quería que lo entendiera como una amenaza y espero que lo haya entendido. Porque si no lo hizo, lo pasaría muy mal. — Y agradece que no te haya hecho más.

Después de ello salí de la habitación y regrese a la sala.

A todo esto seguía con el trago en la cabeza y a pesar de todo el drama no se había bajado para nada. Me lance al sillón individual en el que estaba, ignorando todas las miradas, cerré los ojos.

No le debo una explicación a nadie.

Por los primeros minutos se quedaron en silencio y luego regresaron a lo suyo. Escuchaba todo lo que decían y no le prestaba atención hasta que escuché un nombre en particular.

—No deberías decir eso, Tom está aquí.

—¿Y? Esta tan borracho que se quedó dormido.

Claro que estaba borracho, pero no inconsciente. Deje que siguieran hablando, desde hace mucho sabía que estaban tramando algo a mis espaldas, aprovechando la situación, era obvio que se les escaparía.

El momento era este.

—Sí, tienes razón. No hay de que preocuparnos, a Tom no le importa lo que le pase.

—Como sea. Hay que hacerlo el miércoles, Andy dice que ese día le toca deportes.

Patéticos. Eso es todo lo que pensaba, no tenían ni idea de quien era y pensaban atacar a la única persona que vive conmigo.

Una cosa es dejar pasar los insultos, a Billy no le hacen daño.

—Cómo mínimo quiero dejarlo en el hospital mucho tiempo. — Dijo Devon y los demás rieron.

Y otra totalmente distinta es querer golpearlo, destrozarlo. Conociéndolos, les gustaría dejarlo al borde de la muerte.

Ya había tenido suficiente, abrí mis ojos, me pare y me largue de esa casa. No me importó estar aun ebrio, ya sabía lo que quería saber y ya no contaba con paciencia para soportarlos.

La tarde era bonita, lo malo era que estaba hasta el culo de borracho y nada era disfrutable. Caminar por las calles en ese estado no es para nada recomendable, todo me daba vueltas y me sentía muy adormecido.

Incapaz de tan si quiera lanzar un correcto golpe, mis pasos eran ligeramente torpes y era un desafío desplazarme por la acera. Las calles difuminaban ante mis ojos en un mamarracho de colores y luces.

Desde este punto hasta la mañana siguiente, no tengo ni un solo recuerdo claro y completo. Solo habían pequeñas lagunas de cosas que pasaron o hice, como intentar hablar con Billy y luego vomitar, al volver abrir los ojos era la mitad de la noche y al final me quede profundamente dormido.

A la mañana siguiente Billy me despertó llevándome el desayuno y para pedirme permiso para ir a casa de su amigo Gustav. No tenía razón de negarle ir, sé que solo son amigos.

Billy se fue todo el día al cole y la mitad del día me la pasé en cama sufriendo de las consecuencias de combinar tragos. Más o menos por la tarde me sentía muchísimo mejor y pensé que sería bueno ir donde el viejo de mierda o mi papá.

El hombre que me enseñó a ser un hombre de verdad, el que me enseñó que todo hombre debe saber atacar y defenderse. Desde que tengo memoria, mi relación con Jörg siempre ah sido tensa, incomoda y violenta. Pero no podía negar que algunas cosas que aprendí de él me han salvado el culo una que otra vez.

Su forma dura y autoritaria de criarme, a pesar de regresar golpeado de las visitas a su casa a Simone nunca le importo en lo mínimo. En cuanto pudo, se deshizo de mi, enviándome a vivir con ese malnacido.

En los años que viví con él aprendí a golpear antes que preguntar, a reaccionar con violencia que de forma civilizada porque aprendí que solo de esa manera los demás me tendrían respeto. No soy un idiota, sé que mis «problemas de ira» vienen de Jörg y que el seguir visitándolo es contraproducente.

Pero solo yo entiendo mi situación, así que la opinión de los demás es inútil para mi.

Me levanté, me duché para quitar los rastros de resaca que podrían haber quedado y me dirigí a su casa. El viejo vive a las afueras de la ciudad porque es camionero. Por lo que debo de tomar el transporte publico.

Durante el camino con un mensaje de texto le avise que iría a su casa, después apague el GPS y puse mi celular en modo avión. Para más comodidad me coloqué los audífonos y escuche música hasta llegar a la parada que me correspondía

Llegué a su puerta y toqué con fuerza, está se abrió y apareció mi padre con esa expresión de porquería que siempre estaba en su cara.

—Mira nada más a quién tenemos aquí.

—Cállate. — Respondí a su comentario. — Agradece que me acuerdo de ti. — Pasé sin pedirle permiso y me senté en la sala. — ¿Ya pagaste la mensualidad?

El viejo me miró y sonrió. — Como todos los meses le envió dinero a la golfa de tu madre.

—Más te vale.

—Tú no vienes porque sí. — No esperaba menos del viejo. — ¿Qué es lo que quieres?

—¿Cómo has evadido las denuncias hasta ahora?

Primero me miró con la ceja alzada, luego, una sonrisa astuta pego en sus labios. No estaba para nada sorprendido por mi pregunta, creo que el conoce el tipo de bestia que crio.

—Ya veo. Vienes por un consejo. — Dijo tomando una posición más cómoda en el sillón. — Siempre supe que no somos tan diferentes.

La mezcla de ira y desagrado me revolvía la bilis, mantuve mi compostura.

—Claro que no. — Respondí neutral, jugando con el piercing del labio. — Solo necesito saber algunas cosas. Calaña como tú no soy. — Jörg me evalúo con la mirada.

—Siempre debes estar un paso delante de ellos, Tom. — Respondió con simpleza. — Entiéndelo como anticiparte a todo, asegurarte que no haya reales formas de atraparte o que sospechen de ti.

Asentía con la cabeza levemente ante sus palabras, analizaba todo lo que decía, tenía sentido. No es claramente el mejor de los métodos, ya una vez había fallado.

—Si tan simple es, ¿Qué pasó con Simone?

—Con ella me confié. Nunca pensé que la perra me denunciaría. — Respondió con palabras inyectadas de rencor.

—Así como tu no lo evitaste. ¿Qué puedo hacer si estoy acorralado?

El viejo miró con sorna y soltó una carcajada cínica.

—¿Qué es lo que es lo que planeas hacer?

Lo medite unos segundos. Sí, tengo toda la intención de evitar que se acerquen a Billy y de paso descargar un poco de la basura que tengo en contra de todos ellos.

Mis autoproclamados amigos.

—Dejar una advertencia. — Finalmente dije. — Pero creo que se me ira de las manos. Por eso la pregunta.

—En ese caso haz lo necesario. — En sus ojos podía leer claramente la curiosidad. — ¿Puedo saber la razón?

—No es de tu incumbencia. — Le dije en automático. Ya sabía lo que diría si le decía la razón.

—Es por ese niño, ¿No? — Carajo. — Nunca me gusto, es una marica que no te llevará a nada bueno.

—Que te importa, Jörg. — Las manos picaban por golpear su puta cara.

—Lo sabía. — Sus carcajadas resonaban alto en la sala. — Bueno, tienes razón no me importa lo que hagas. Llámame si pasa algo, yo sabré como resolverlo.

No dije nada y me levanté del sillón, dejándolo solo en la sala.

Sabía que yo soy su bufón, su entretenimiento. La razón del porque me sigue sacando de la comisaría y demás problemas, no lo sé.

Con el tiempo deje de prestar atención a esos detalles y me dediqué a aprovecharme de todos esos beneficios.

Continúa…

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por admin

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