

Fic TWC de Sxgar_V1rus
Capítulo 10
En la habitación se escuchaba el tic-tac del reloj, a lo lejos se escucha el trafico del centro de la ciudad. No olía a hospital, pero me daba la misma sensación.
Por más arreglada y «cálida» que estuviera la sala, me siento ajeno y fuera de lugar. Como un alíen, les juro que ni en clases me siento tan extraño como en el consultorio.
El consultorio de David Jost, un psicólogo o terapeuta que nos designo la corte a mi y a Tom. Trabaja con la corte, los policías y con las victimas.
Una decisión muy poco inteligente, pero como no pertenezco al sistema de apoyo y justicia, no opino.
Es un hombre alrededor de los treinta años, de una estatura promedio en Alemania, tiene el cabello oscuro y tiene un estilo sofisticado y moderno.
No me fio para nada de él, no puedo confiar en su rostro expresivo ni en la mirada que me da. Me hace sentir incomodo.
Se supone que debimos haber ido hace mucho tiempo , hace casi dos años. Pero mamá nunca nos llevo y ahora lo hace porque le llego una carta o notificación de incumplimiento de sentencia, probablemente cobrándole si es que no lo hacía. O eso asumo, solo Tom lo sabe bien, ese día estaba en casa.
Lo peor es que esta primera sesión no viene con nosotros, se suponía que la primera sesión debía ser después de nuestro cumpleaños, pero por alguna razón ella lo adelanto sin que ella este en la ciudad.
—Dime, que haces todos los días.
—Lo normal, ir al colegio, regresar a casa, hacer tarea, ver pelis… — Me siento como en una zona de peligro
No lo conozco, es la primera ves que lo veo y no me genera confianza. Encima, no quería venir.
—¿Qué tal las clases? ¿Tienes amigos allí? — Era amable, eso sí.
—Uhmmm… No me gusta mucho estudiar, no soy el mejor ni el peor. Soy bastante promedio la verdad. Sobre mis amigos, no tengo en la escuela, fuera de el. Sí, uno.
Se quedo mirando, ni siquiera escribió algo sobre lo que estaba diciendo, asumo que solo son preguntas de rutina.
—¿Y por qué no tienes amigos allí? — Arquee mi ceja, junto con una expresión «¿En serio?», aun así decidí contestar.
—No puedo conocer a otros, porque el como me veo hace que se alejen o hablen a mis espaldas. — Ya sé que conoce a Tom, o sabe de él. Eso no quiere decir que voy hablar sobre él de forma tan abierta. Eso es tema privado, muy privado.
—¿No has tratado de cambiar un poco como te ves?
—¿Por qué debería? La ropa que uso, el maquillaje que uso, mi forma de hablar. No esta ofendiendo a nadie.
¿Por qué preguntaba eso? Aún no había dicho nada de forma directa, más bien no a dicho nada, solo a preguntado. Yo siento que eso fue más un ataque que una pregunta, como no estoy muy seguro solo pensaré que estoy siendo demasiado dramático.
—Digo, Si tu ropa te da problemas para acercarte a los demás, quizás deberías cambiar como te ves para que los demás te vean mejor y se te acerquen.
—Pero a mi me gusta…
Nos quedamos en silencio, Jost escribía en el sujeta papeles. Me quería ir a la de ya, me hacía sentir muy incomodo y me sentía profundamente ofendido, ni siquiera sé cual es el objetivo de la sesión ¿A que debo llegar?
No sabía si debía llegar hasta el final o si podía dejarlo hasta acá. No sé a quien podría preguntarle…
—Dime, Bill. — Llamo mi atención. — Sobre ese día, ¿Qué me puedes decir sobre eso?
Mi ceño se frunció, de verdad no lo hizo, no me pregunto esa porquería. Para empezar, su cara parecía ser amable, pero no me fiaba para nada. Luego, simplemente me dijo que debía cambiar mi forma de ser ¿No se supone que debía decirme que aceptarme era lo mejor?, ¿O alguna tontería así?. Y ahora simplemente quería que hablara, así sin más, de la nada.
Como si ya confiara en él totalmente. Como lo odio.
Sí… Ya no era incomodidad, ya no era extrañeza. Simplemente ya me daba rabia este sujeto.
¿Quién se cree que es?
Es un estúpido, ignorante, retrasado, tarado, imbécil , sin un poco de tacto y apuesto que sin verdadero conocimiento de su carrera. Un idiota total.
—Bill. — Me llamo, me quedé en silencio. Bill. — Volvió a llamarme, más severo.
La mirada seguía abajo, mis puños se cerraban con fuerza sobre mis piernas.
—¿No me piensas responder?
David Jost, el sujeto que se supone que es especialista con victimas y agresores, y que todos dicen que me ayudará, no sé a qué. Pero se supone que lo hará, las estaba jodiendo bien duro.
—Bill, ¿Qué pasó ese día?
—No lo sé, no recuerdo bien.
Me jodía la insistencia. Esta situación me causaba ansiedad, frustración, enojo y no sabía como manejar la situación. Llorar, eso es lo que quería, siempre lloro cada que no sé que hacer.
—¿Qué sentiste ese día? ¿Cómo te sientes ahora en relación a ello?
Mis ojos picaban, quería llorar de frustración. Me cruce de brazos y me encogí lo más que pude en el sillón en el que estaba sentado, mi mirada se volvió dura y no podía controlar más mis expresiones faciales. Cada poro de mi soltaba rechazo.
—Sí no me respondes no podre ayudarte. — No quiero su ayuda. — No puedo ayudarte a mejorar. — ¿En qué? — Sabes que lo que te hizo Tom está mal. Yo sé que recuerdas todo, no ganas nada ignorando lo sucedido. — Tomo un pequeño respiro. — Tú mamá te envió aquí para que mejores.
¿Mi mamá, dices? Que te hace pensar que ella me envía porque esta preocupada por mi. No veo a mi madre tan seguido como un hijo debería ver a su madre, no tengo un recuerdo de ella diciendo «te quiero» y la espina en mi que dice que ella realmente no me quiere esta cavando más profundo y cada vez me la estoy creyendo más.
David Jost, no sabe como es mamá, no sabe de que trabaja, que hace y en donde trabaja. Son cosas que ni yo sé y si yo no lo sé, mucho menos sabrá Jost.
El pasado se queda en el pasado, de verdad no logro recordar con exactitud. Tom, no es tan malo como Jost lo pinta, él no lo conoce tanto como yo. Él no sabe que de niños Tom jamás se separaba de mi, no sabe que Tom se preocupa en donde estoy y a donde voy, hasta me pregunto sobre la escuela.
Todos tenemos defectos, nadie es perfecto. ¿Debe cambiar? Sí. Pero con ayuda, nada se gana dejándolo como el villano total, así no podrá mejorar. No conoce a Tom.
No sabe nada de mi, la puta historia clínica que tiene en su porta papeles no tiene escrito todo lo que soy yo. No sabe lo que me gusta, como me gusta y en donde me gusta, tampoco sabe como me siento, que sé, que no sé y que puedo recordar.
David Jost no sabe nada de mamá, no sabe nada de Tom y no sabe nada de mí.
—¿A quien le importa? — Susurré, mis lagrimas empezaron a brotar de mis ojos, mi maquillaje de seguro se correría.
—¿Disculpa?
—¿A quién le importa? A ti no claramente, tú solo haces esto para ganar dinero, no me conoces a mi y no conoces tan bien la situación como tu crees.
Lloraba a borbotones, sentía mi garganta arder porque había empezado a gritar. No pensaba soportar un segundo más en esa habitación con el tarado de David.
Agarre mis cosas y salí del consultorio, no llamaría a nadie, regresaría caminando quería tranquilizarme.
Pasaba por las calles, con el sol del atardecer pegándome, casi no habían personas porque era domingo, por ello deje salir mi llanto con toda la fuerza que tenía.
La rabia quema en mi pecho.
Había caminado por al menos una hora desde el centro hasta donde yo vivo, ahora, tenía la cara manchada de maquillaje y me sentía extraño. No podía ponerle un nombre, pero bien definitivamente no me sentía, me sentía ligeramente más tranquilo.
Aún así a la más mínima iba a llorar otra vez.
Pasé a la sala y me lance al sofá, sentado como sea y con la vista desenfocada. Agarré un poco de realidad, desde el primer piso se escuchaban la voz de Andreas y asumo que ya sabrán que esta haciendo arriba.
Ah… mierda, lo que me faltaba.
Cosas como: «¡Sí! ¡Ahí!», «¡Más!», se escuchaban. Las lagrimas volvieron a rodar por mis mejillas, ya ni me importaba si ensuciaba más mi cara o que tan hinchados ya debían de estar mis ojos.
Si subía, los escucharía. Sin embargo, mi cuarto está arriba y yo necesito estar en mi cuarto. Quiero sentirme seguro, quiero tratar de sentirme mejor, quiero dejar de llorar y no sé como lograrlo.
Saber que ellos dos están allá arriba, golpea más. ¿Por qué Tom hace esto?
Me gusta que me tome en cuenta, que se acuerde que existo, que reconozca (aunque sea un poco) todo el esfuerzo que pongo en esta casa. Pero a su vez… lo que me hizo y lo que sigue haciendo. No logro recordar mucho de lo que pasó y tampoco sé lo que sucedió después de ello.
Estoy consciente, sé que está ahí. Pero yo no estaba ahí.
Al otro extremo se encuentra todo lo bueno que me hace sentir, y regresamos al punto de inicio.
Su trato mejoro bastante, aunque no lo parezca. Hace un par de años era insoportable, ahora es más suave o amable. Dilo como quieras. Me hace sentir bien y disfruto de estar a su lado.
A veces cuándo estamos desayunando, se me olvida todo. Se me olvida la soledad, se me olvida las preocupaciones, se me va por completo la cabeza, me encierro a mi mismo en el ambiente.
Tan en paz y tranquilo, ahora último, ah comenzado a agradecerme por pequeñas cosas.
Mamá nunca me agradeció nada, Tom sí.
Y no saben lo bien que se siente, no menosprecio el cariño y atención que me dan Georg y Gustav. Es solo que Tom tiene un no se que, que lo hace más especial.
No sé como decirlo.
Por ello cada vez pica más cada que lo escucho tener relaciones con Andreas, desde antes sentía una inconformidad respecto a lo que hacían en ese maldito cuarto. Cuarto que yo limpio, arreglo y ocasionalmente decoro.
Me jode tanto saber que ahí está su esencia, trato de limpiar la habitación de Tom y toda la casa de él. Más no puedo hacer nada por limpiar la piel de Tom.
Me carcome la vergüenza verlo pasear por la casa sin camiseta porque ya no lo veo de la misma forma y también me carcome , al mismo tiempo, ver las mordidas, rasguños y chupos que deja en el pecho de Tom.
Me hace sentir tan olvidable y reemplazable. Como si al igual que mi padre, fuera a dejarme en cuento deje de gustarle.
Con el mundo moviéndose, la vista empañada y pesados pasos, subí las escaleras y camine el pasillo de la segunda planta hasta llegar a mi cuarto. Al entrar, no quería estar en la cama, me fui directo al escritorio.
Me senté con la mirada en frente a un punto fijo, en la nada.
Putos ruidos, putos gemidos. ¿Por qué son tan ruidosos?
Progresivamente se van callando, como bajarle el volumen a una radio. Ya se irá, de eso estoy seguro, en este instante no tengo la más mínima gana de levantarme a limpiar. Buscare alguna excusa.
Sobre el escritorio coloco los brazos cruzados, los usare de almohada, pongo a un lado mi celular y llaves. Me acuesto sobre mis brazos, con la mirada a la ventana y cierro los ojos.
Cabe decir que en todo este tiempo no deje de llorar ni un segundo y estando recostado sentía como mis lagrimas caían y mojaban mis brazos.
Escucho su conversación y como la puerta principal es cerrada, dentro de poco vendrá a tocar mi puerta. Me mantengo lo más tranquilo para mantener estable mi respiración, mi mente en blanco y el mundo se vuelve un espacio en blanco, solo me concentro en los sonidos de mi alrededor.
Ignoro el primer golpe, el segundo y también el tercero. Ya no hay una cuarta porque me olvide de ponerle seguro a la puerta y Tom abrió la puerta, está en el marco, ya que, no escuché pasos y sé que pronto los escucharé. Como ya lo sé, no voy a moverme.
Ah… Ahí están. Uno tras otro, deja su celular a un lado del mío y se queda de pie, su mirada sobre mi, no dejaré que me perturbe.
—Billy. — No respondo. — Bill. — Su voz se hace más gruesa.
Me quedo inmóvil, a partir de aquí, ya no tengo la seguridad de saber su siguiente movimiento. No quiero pensar y no lo haré.
Se acerca, tomando mi hombro y me levanta, entonces me «despierto» y lo miró. Tan… lindo, me esta mirando y veo sus marcas nuevas y anteriores. Me hace sentir tan fuera de lugar.
Escucho lo que me dice y lo comprendo, me dice que vaya a limpiar. Más yo no tengo las energías, las ganas y en realidad no quiero ir.
Tom, de pie mirando hacía abajo, se ve tan imponente. Mientras que yo, sentado en la silla me siento más pequeño de lo que de verdad soy.
—Me siento un poco mal, creo que estoy resfriado.
—Me estás mintiendo, Billy. Mejor dime la verdad.
—No lo hago, te lo prometo. — Trato de fingir mi mejorar cara de enfermedad y por como me veo ahora, espero que me crea.
—No te escuche estornudar o toser. Tampoco te has puesto ropa abrigadora. — Soy muy expresivo, solo con ver mi cara, probablemente ya se dio cuenta de que atrapo mi mentira.
Gira la silla de escritorio para quedar cara a cara, apoya sus manos en cada lado de la silla y ante su cercanía cierro los ojos, intento evadir sus ojos. Siento como su rostro se acerca al mío y su respiración choca con la mía, me hace recordar a ese sueño.
—¿Por qué no quieres ir?
—Ya te lo dije, no me siento bien. — Su mano paso a limpiar mis mejillas de las lagrimas y el maquillaje que habían corrido.
Luego se quedó acariciando mi mejilla y pasó a apretar ambas, como si mis cachetes fueran un juguete squishy. Mis uñas comenzaban a perforar mis sudadas palmas, apretando y pensado que decir.
—Dime, ¿Acaso paso algo, ah? — ¿De verdad le importará? — Hoy fuiste donde… ¿Cómo se llamaba?… ah si. Fuiste donde David Jost.
Me quede en total silencio, mirando fijamente a los ojos. Mi voluntad se encontraba en no soltar más lagrimas.
—Te dijo algo ¿No es así? —
Desvié la mirada, no lo quería admitir, pero así fue.
Asentí con la cabeza, lento. — No me gustó. — Dije bajito. — Fue horrible. — Devolví mi mirada a la suya.
Se había comportado como una bestia total. Mis ojos volvieron a lagrimear y a soltar quejidos, en sí volví a llorar .
—Entonces lloras por qué te hizo sentir triste.
—No. Lloro porque me hizo enojar. — En mi cara deje que una expresión de enojo se posara, mientras sentía como volvían a escapar lagrimas.
—Relájate, Billy. — Con voz despreocupada y expresión juguetona, siguió hablando. — No vale la pena enojarse con algo tan insignificante.
No me dejaba vocalizar correctamente seguía apretando mis mejillas, estaba llorando y debía verme, por demás, patético. Yo solo quería un poco de consuelo, estoy consiente que en Tom no puedo encontrar lo que exactamente quiero y mucho menos esperar algo de él.
Expresar todo lo que siento, no sé que hacer con el volcán de emociones que siento en mi pecho y estomago. Me amarga no saber expresarlo correctamente y lo único que hago es llorar, llorar y llorar.
Llorar por todo, como un verdadero estúpido. Y de forma sincera, Tom no ayudaba en nada.
Dejo salir una risa nasal. — Mira nada más como te dejo. — Continuó. — Ya me imagino que clase de loco es, mira el lado bueno. Ya no creo que regreses.
No espero nada de Tom Kaulitz y aún así logra decepcionarme. Es claro que no deje de llorar y mantuve el ritmo del llanto, tengo la necesidad de sacar todo esto como sea.
No quiero limpiar, no quiero cocinar, no quiero cantar, no quiero ver algo en mi celular; solo deseo estar y sentirme un poquito mejor de lo que me siento ahora, es todo lo que pido en este momento.
De la nada mi llanto explota y suelto potentes gritos, mi cara se pone roja, me duele otra vez la garganta. En medio de los gritos, dejo salir todos los insultos, reclamos y quejas que tenía sobre Jost; no deje nada dentro.
Su mano me suelta sin hacer nada nada más. En toda la explosión solo se quedo ahí, escuchando todo lo que decía, sin muecas o reclamos.
Poco a poco mi voz baja de volumen, mis lagrimas también se detienen y solo quedan hipidos, como de niño.
En medio de mis quejidos empuja la silla hasta quedar en frente de mi cama, me carga y me recuesta sobre mi cama, escucho como dice «¿Qué se supone que haga yo ahora?»
Me envuelvo en las cobijas y trato de relajarme, escucho como sale de mi cuarto y se va por un rato y al regresar trae un vaso con agua.
Me obliga a sentarme y a beber todo el agua, me da unas pocas caricias en la espalda, como de consuelo. Tras terminar, me recuesto en la cama, veo como se sienta en los pies de la cama, con la espalda apoyada y se puso a revisar su celular.
No habré durado ni diez minutos llorando, pero sentía que había corrido una maratón entera. Los ojos se me cerraban y por más que lo intentaba no podía mantenerlos abiertos, mi respiración se hacia más lenta y pesada.
Me estaba quedando dormido, mi respiración se fue haciendo poco a poco más pesada y lenta, al final me dormí. Pero Tom se quedo hasta que me quede dormido.
Continúa…
Gracias por leer. No te vayas sin comentar 😉
ay Tom ;-;. Sus pequeños actos son dulces, odio a Andy
Eso, eso. Se feliz con migajas 😈