Notas: Esta es la última parte de la serie «La canción». Debes leer las 2 temporadas anteriores, para tener una idea clara de lo que pasa aquí, aunque también puedes comenzar aquí, teniendo en cuenta que es una narración TWC, muy similar a la vida real (guiño, guiño). Esta temporada se titula: Nothing is louder than love (Nada se oye más fuerte que el amor)

Solo confía en ti esta noche por una vez en tu vida.  Lo veo como un destello contra el cielo más oscuro, iluminando el mapa de nuestra huida. Puedo oír tu corazón herido gritando a través de tus ojos. Acalla el dolor. Nada es más fuerte que el amor, así que susurra a tu corazón: No tengas miedo de la oscuridad. (…) Sonidos explosivos de soledad resonando en la noche. Levanta las manos y tápate los oídos. Y si tienes el coraje ahora déjalos de lado por una vez en tu vida.

«Nothing is louder than love». Temporada III

Capítulo 1

(junio de 2014, Día 1)

Un año, días más o menos, le había llevado a los Kaulitz retomar su relación conyugal sin más venganzas ni rupturas, sin más desconfianza, y fue justamente tras regresar de su «luna de miel» en Las Vegas que decidieron terminar de una vez el CD que tanto todos les pedían. O sea, decidir al fin cuáles de tantas canciones que ya tenían compuestas e incluso grabadas algunas, serían las quince escogidas.

Antes habría sido imposible; mejor que nunca viera la luz, o que Tokio Hotel terminara por desaparecer, que obligarse a cantar y tocar música unida a tantas historias personales de los dos.

Sentados uno junto al otro en el estudio, empezaron a revisar textos y pistas grabadas hasta decidir que la primera canción incluida debía ser Stormy weather (https://www.youtube.com/watch?v=nj-6hmn1iIg), porque había estado lista por casi el mismo tiempo en que habían estado reconciliándose y separándose una y otra vez, ya que la terminaron poco antes de partir a la final de DSDS de 2013.

Nos encontraremos donde no sabemos. Justo esa línea le recordó a Tom su post de la BTK app en agosto de ese propio año, durante una de sus más de 20 reconciliaciones: «Conduce, nos encontraremos en algún lugar», acompañada de la foto de Bill ante el volante de su propio auto, el que casi nunca conducía. Este pudo adivinar adonde se había ido su mente y asintió, sonriendo.

—A veces eres todo un romántico, Tomi; estabas prácticamente citando nuestra canción, pero como los fans no la conocían aún…

Y te estaré buscando siempre —continuó citando la letra Tom.

Y yo soy… soy el único que te estará buscando siempre —tarareó Bill.

—Esta va a ser un hit seguro.

—¿De veras lo crees?

—Sí, sobre todo su adicionamos algunos de tus gemidos en medio del sexo, con esos que me vuelves loco.

Bill se sonrojó. Adoraba que Tom pudiese sonrojarlo una y otra vez a pesar de que hubiesen estado juntos desde el primer segundo de su existencia, a pesar de conocer tan perfectamente cada cosa del otro: sus gustos, sus desagrados, sus miedos.

—Me parece bien. ¿Quieres que los grabemos… justo ahora? —le clavó una de sus pícaras e insinuantes miradas.

—Puede ser —lo acercó más a él y la hoja con la letra fue a parar al piso mientras le besaba el cuello.

Un deseo más, una pausa más, un último roce antes de escondernos y correr… —tarareó otra vez Bill, pero empezando a jadear. Tom se separó y su gemelo hizo un sonido de protesta, pero él solo le sonrió.

—Solo déjame iniciar la grabación.

—¡Oh, hablabas en serio!

—Claro, soy muy serio con nuestra música —se acercó a la computadora, dispuso algunos comandos y luego volvió junto a Bill quien ya lo esperaba medio desnudo.

No era la primera ni sería la última vez que el estudio que construyeran en su casa para poder hacer la música que se les inspirara, en el momento que desearan, y cómo lo desearan, les sirviera también como testigo de sus entregas sexuales, o refugio de oídos curiosos tras esas paredes que no dejaban escapar sonidos al exterior, especialmente si era su madre quien estaba de visita en su casa en Hollywood Hills, en Los Ángeles.

El estudio siempre tenía sobre ellos un efecto incitante, tanto para crear como para amarse, y nunca temieron decírselo incluso a la prensa, porque cuando estaban juntos en ese lugar donde las noches eran interminables y los días no se veían pasar, la única regla era estar apasionado.

Pronto, los esperados gemidos empezaron a escucharse, mientras, en su posición favorita, Tom montaba sobre Bill, dejándose penetrar, y se sentía capaz de enfrentar cualquier tormenta sin separarse nunca más de aquel que era el centro de su existencia y su única motivación para seguir adelante; para, simplemente, ser.

Llegaron al clímax y se adormilaron, cansados, uno sobre el otro.

—¿Crees que debíamos irnos a la cama? —dijo Bill tras recuperar fuerzas.

—No, vago, de aquí no saldremos hasta escoger al menos 5 canciones.

—Hum, tirano que me has salido —hizo un puchero solamente por seguir el juego, porque él también creía que no debían seguir alargando más la salida de su nuevo disco, así que se acomodó las ropas mientras miraba a Tom sentarse ante la computadora y aquel programa que Bill no entendía muy bien. Se le acercó y abrazó su cuello—. Ya tenemos Stormy weather, ahora… te dejo escoger a ti.

—Ok —le besó el rostro suavemente—. Entonces… Covered in gold

—Oh, la que escribiste tú… —Bill se alejó y volvió a sentarse en el sofá—. ¿Crees que… debemos seguir volviendo sobre todo eso? ¡Ha sido tan doloroso!

—Por eso mismo, quiero exorcizarlo todo, sacarlo de mí. Quiero escucharte cantar esas palabras, quiero que puedas sentir lo que sentí, y así sabré que de veras toda herida se ha curado.

—Está bien —Bill tomó en sus manos el papel que Tom acababa de imprimir para él y leyó otra vez aquellas frases. Meses antes, Tom se la había mostrado diciéndole: «así me siento yo, así me he sentido todo este tiempo por tu culpa». Me gustas, simple, me gusta la manera en que caminas. Te gusté, simple, caíste por el modo en que hablo. Tú me hacías subir alto, no sabía que esto no estaba hecho para durar…

&

(Junio de 2013)

Tras escuchar la melodía y leer los textos que su gemelo le acababa de mostrar, Bill sintió como si le hundieran un puñal hasta lo más profundo del corazón.

—Tom, esto siempre estuvo hecho para durar. Y lo nuestro no es tan simple, es amor —dijo, mirándolo anhelante.

—Definitivamente… ya no te creo. Tú te encargaste de romperlo todo y ahora… nunca más, Bill, nunca más podré confiarme a ti, pero tampoco puedo dejarte ir; ese es un sentimiento horrible, por eso escribí esta canción, tenía que explicármelo a mí mismo de alguna forma… y a ti…

—Sí, es horrible.

Una vez más, sus ojos recorrieron las letras y cada una de las palabras se le clavó profundamente: los corazones pueden quedarse sin amor. Sin amor, sin amor, sin amor, sin amor, nada va a curarlo. Sin amor, sin amor, sin amor, sin amor. Pero no puedo dejarte ir, pon tu corazón en retransmisión. Recuerda el amor, recuérdame. Y no puedo dejarte ir, pon tu corazón en retransmisión, recuérdanos, recuérdame. Enamorarse y quedarse sin amor es parte de nosotros. Sigo aferrándome a promesas secretas. Tú me rompiste en pedazos como cristal roto. Nuestro amor es asqueroso, pero yo estoy cubierto en oro, ahora estoy cubierto en oro…

Una llamada al móvil de Tom interrumpió su lectura; Bill podía imaginar de quién se trataba porque su gemelo sonreía mientras le hablaba con toda esa picardía que le hacía tan deseado entre el sexo opuesto.

—¿Saldrás con ella? —preguntó tras que Tom colgara.

—Quedamos en eso. Iremos a comer a un restaurant pequeño y nada lujoso pero con muy buena comida.

—Ah, ok, yo… espero se diviertan.

Tom se le quedó mirando; luego le puso una mano en el hombro.

—Me gustaría que vengas también, te va a encantar.

—No creo que a ella le parezca bien.

—Eres mi gemelo, vas a ser siempre una parte de mí.

Bill supo que él estaba siendo sincero, pero ser parte de Tom como su hermano no le bastaba; necesitaba ser su todo, necesitaba que otra vez fueran uno. La sensación de que se estaban separando era algo que apenas podía soportar y le quitaba la respiración.

Debía ser fácil, creo que nunca te entendí. No es posible encontrar amor en el aplauso. ¿Voy a ser curado cuando destroce la farsa? Cuando nos olvidaste destruiste el resto de amor en mí… Sí, ahí estaba patente el dolor de Tom, su acusación de haberlo olvidado para encontrar una noche de placer en el cuerpo de una mujer. Bill sabía que era culpable, y que debería dejar a Tom libre para intentar ser feliz de otro modo, pero no se sentía capaz.

—Iré con Ria y tú a ese restaurant entonces —soltó la hoja de papel sobre la mesa del estudio.

Ya en el lugar, Tom se sentó junto a Bill, y Ria frente a ellos; pero verlos compartir un postre entre sonrisas lo inquietó sobremanera: ella ganaba cada vez más espacio en el corazón de Tom; ¿quizás llegaría a enamorarlo como estaba intentando hacía ya mucho?

Intentó y logró conversar animadamente, sonreír; al final de la noche dejaron a Ria en su apartamento ubicado al centro de la ciudad para continuar, como siempre, hacia su casa compartida.

Alimentaron entre los dos a sus perros, se dijeron «buenas noches» y fueron a dormir en habitaciones separadas. Aunque ninguno de los dos lo expresó en voz alta, presentían su desilusión mutua por el estado de las cosas entre ellos.

&

(mayo de 2013)

Apenas un mes atrás, en Alemania, ¡todo era tan diferente!: Tom parecía haber recuperado su confianza en Bill y en sí mismo, su alegría, y aunque a veces lanzaba algún reproche, este era sustituido al instante por una sonrisa, o por una expresión tierna. Pero algo ocurrió justo cuando se preparaban para abordar el avión de regreso a Los Ángeles, cuando Tom recibió un mensaje en su móvil y su actitud cambió por completo: Bill notó que rechazaba sus caricias y solo le miraba sospechosamente. Lo interrogó apenas llegaron a la casa y dejaron sus maletas, hasta hacerlo hablar.

—No me engañes más —le miró a los ojos con firmeza—; ¡odio tanto que me manipules como lo haces!

—No sé a qué te refieres.

—Lo sabes, y lo sabes muy bien. No voy a admitirlo una vez más; nunca más. Es decepcionante; tú… haz roto mi corazón de un modo espantoso.

—De veras que no entiendo…

—¡¿Dónde está ese maldito móvil?!

Bill se vio perdido, hallado en falta una vez más. El móvil que hasta ese momento Tom no sabía que tenía, con el que sostenía video-llamadas subidas de tono con chicas y chicos, fue lo que le vino a la mente.

—Tomi, no es importante… —intentó abrazarlo y él se alejó.

—Quizá no lo es para ti, pero yo ya no puedo con esto. Me hiciste creer que era lo único que te importaba, yo lo dejé todo a un lado por ti, y me mentiste. Luego pediste perdón y te volví a creer, y has vuelto a mentir. Ya no, Bill, ya no. Yo te amo demasiado, pero no voy a seguir así; tengo que encontrar otro camino e intentar ser feliz sin ti.

—No es posible; no. No podemos separarnos y lo sabes. Duele demasiado, hiere demasiado…

—Lo que duele es sentirme nada, sentirme basura, por tu causa; ya no, te lo aseguro. A mí también me sobran chicas dispuestas a lo que sea que les pida, y lo sabes. Pero no quiero eso, solo quiero paz, y espero encontrar alguien que me de paz porque tú… no puedes.

—¿Y qué harás? ¿Cómo vas a hacerlo? ¿Eh? —lo enfrentó con una mirada furiosa—. ¿Dejarás nuestra casa? ¿Dejarás de verme? ¿Dejarás la banda? Nuestra vida siempre ha estado entrelazada, desde que fuimos concebidos, desde otras vidas… ¿Lo vas a destrozar todo? Porque es el único modo en que yo pare de luchar por recuperar nuestro matrimonio…, sí, nuestro matrimonio —no dejó replicar a Tom—, sabes que eso es lo que tenemos desde aquel 2 de mayo de 2007 y no otra cosa, ¿lo vas a romper todo así como así?

—Tú lo rompiste, Bill, tú. Pero sí tienes razón en algo: nuestra vida está entrelazada, somos gemelos, yo te necesito…

—Tomi…

—Te necesito como mi hermano, y sé que un día voy a lograr verte solo como eso.

—Yo no lo haré nunca; lo siento, pero tú, mi hermano, sí, mi gemelo, sí, eres mi chico, mi amor, mi único amor.

Tom le dio una sonrisa irónica.

—El tiempo va a decir lo que pasará con nosotros, Billy; pero a partir de hoy dormiré en la otra habitación.

Trasladó todas sus cosas mientras Bill lo miraba en silencio, maldiciendo a quien le contó a Tom el asunto de su móvil secreto, y maldiciéndose a sí mismo por sus errores, por dejar que sus instintos le ganaran la partida a su corazón.

&

(junio de 2013)

La madrugada avanzaba y Bill aún no podía conciliar el sueño, seguía recordando la letra y la melodía de esa canción que Tom compuso a solas en el tiempo transcurrido desde que volvieran a L.A., acompañándose de su guitarra acústica, esa letra tan dolida, tan de despecho, pero donde decía también: no puedo dejarte ir, recuérdanos, recuérdame; supo que tenía que agarrarse a esa esperanza.

Antes que apareciera el sol, Tom entró a su cuarto, lo abrazó en la cama, besó su cuello, le susurró «No puedo dormir deseándote así», y Bill se volteó a verlo, lo pegó a su cuerpo, se resignó a vivir cada uno de esos instantes aunque, como tantas otras veces, él se alejara de nuevo en solo horas, o, si tenía suerte, días. Porque estamos amando, amando, amando, martilleó una vez más la canción en su cerebro.

&

(junio de 2014, Día 1)

Mientras miraba pasar por la cara de Bill la sombra de tantos sentimientos encontrados, Tom también revivió sus sentimientos al escribir Covered in gold. Cada noche en la que no podía dormir sin ir a su lado, cada día en que lo único que deseaba era ir por Bill para solo estar a su lado sintiendo que la conexión de los dos decía más que todas las palabras del mundo, se encerraba a trabajar en ella: primero, perfeccionar la letra (él no era experto en rimas ni metáforas pero tampoco era la primera vez que dejaba salir sus sentimientos en palabras y no solo en melodías; luego, repasar la melodía (con la guitarra acústica, con la guitarra eléctrica, adicionando sintetizadores), por último la envió a los Gs para que ellos probaran modos de introducirle bajo y batería reales, aunque no paraba de hacerle cambios pequeños. Para que realmente estuviera terminada, faltaba solo la voz de Bill, su sentimiento cantándola, y algún que otro efecto que Tom ya tenía planeados, sobre las pistas vocales.

¡Tantos meses habían pasado ya desde entonces!, días de alejarse de Bill para no dar el brazo a torcer; días de intentar hacerle creer que estaba logrando olvidar lo que tenían para ser solo su hermano;, días de intentar hacérselo creer él mismo trayendo consigo a la casa a esa mujer con la que sentía algo de paz;, días de no soportar más y terminar rogándole a Bill un espacio en su cama, entre sus brazos, sobre todo si alguna vez creía advertir que él comenzaba a adaptarse a una nueva vida. ¡Tantos sentimientos encontrados!

Ahora estaban ahí, creando un nuevo futuro juntos; y eso le daba tanta felicidad como temor.

Continúa…

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por ladyaradia

Escritora del Fandom

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