
Fic TWC de Ladyaradia
8. Attention (Atención)
Estoy tratando de decirte, estoy tratando de conocerte, me muero por mostrarte, luchando para conseguirte. En cuanto me tienes, vas y me sueltas. Es cruel cómo me quemas. Amo cómo me lastimas. Oh, no! Nunca te dejaré ir. Oh no! Odio necesitarte tanto. No es lo que dijiste, es la forma en que lo dices. No es lo que hiciste, es la forma en que lo haces (…)
Estaban de regreso a Hamburgo solo por una semana, en el apartamento que compartían con sus compañeros de banda y que pagaba la disquera para mantenerlos cerca, por los viajes y las sesiones de estudio para grabar el nuevo disco.
Los chicos sentían que los estaban apresurando demasiado con eso, porque si para su primer disco se habían tomado casi dos años componiendo y grabando, ahora debían hacerlo en menos de uno. Incluso, ese año ya había salido una nueva versión de Schrei, adaptándose a algunos cambios en la voz de Bill que incluía una canción de su primer demo “Theme No. 1” y aquella “Schwarz” que inspirara Tom con sus preguntas sobre el futuro.
Pero como estaban de gira aún, habían logrado que esos días fueran realmente para descansar, así que Gustav y Georg se tomaron las cortas vacaciones para ir a Magdeburg, con su familia. Bill y Tom no pensaban hacer eso, mucho menos porque Charlotte les había anunciado mudanza; pronto ella tendría una casa en Hamburgo “para que ustedes puedan volver a vivir con su familia”. Por supuesto, que eso no les hacía mucha gracias a ninguno de los dos, pero aún menos a Bill.
Entonces, cuando faltaban solo unos días para que cumplieran 17 años, él decidió hacerlo: tatuarse una estrella en la pelvis, a la derecha. Se fue solo al salón del tatuador que le habían recomendado y, tras varias horas, regresó al apartamento donde Tom parecía ya no caber. A pesar de que le había llamado varias veces, Bill solo le dio respuestas vagas sobre dónde estaba y qué estaba haciendo, y eso tenía a Tom fuera de sí. porque podía contar con los dedos de una mano las veces que, en los últimos tiempos, se habían separado por tanto tiempo.
—Solo dime qué estabas haciendo, Bill, y por qué te fuiste solo —dijo, con tono enojado.
—No tengo que pedirte permiso, que lo sepas —respondió Bill, sentándose sobre el sofá con cuidado, y Tom notó que se movía raro.
—¿Qué te pasa?
—Nada; es solo que… acabo de hacerme un tatuaje…
—¿Eh?
—Quería que fuera una sorpresa, por eso no te avisé, tonto —Bill le sonrió al fin y Tom sintió que lo invadía una sensación inevitable de que todo estaría bien; se acercó.
—¿Es…el tatuaje del que me hablaste… hace tiempo?
—Ajá, acá está —Bill se alzó un poco la camisa y apareció aquel diseño de una estrella donde otras estrellas se inscribían dando la sensación de movimiento y brillo, cubierto por una lámina profiláctica transparente adosada a su piel. Donde la tinta había penetrado, se notaba cierta hinchazón y enrojecimiento. Tom sintió un estremecimiento y, a pesar de que aún no daba la mejor impresión, le pareció demasiado bello. Y sus ojos no podían desviarse del hecho de que. bajo una de las puntas, asomaba aquella parte de la piel donde se insinuaba la genitalidad de Bill, aquella tan codiciada y tan temida por Tom. Desde aquella noche en el bungalow 483, había evitado que algo como eso volviera a pasar. Y no era que quisiera negarse lo que sentía por Bill, sino que tenía cierta idea fija de que no estaría tan mal sentirlo si sacrificaba su deseo, su necesidad de ese placer, si se castigaba a sí mismo renunciando a tenerlo. Pero, claro, Bill no se lo iba a poner fácil.
—Tú eres eso para mí, Tom, tú eres mi estrella, tú me salvas de la oscuridad absoluta y…
—Déjalo, Bill, que no estás haciendo una canción; no tienes que decirme todas esas palabras románticas para…
—¿Para seducirte? Tranquilo, no pienso seguir persiguiéndote; yo sé lo que sientes por mí, y solo voy a esperar a que puedas admitirlo.
—¡No es cierto! —Tom se dejó caer junto a él, en el sofá—; sabes que no es cierto eso. Lo haces todo para seducirme, para manipular mis sentimientos, y lo sabes hacer muy bien.
—¿Crees eso, Tom? —ahora Bill lo miraba algo divertido por su reacción, que era justa la que esperaba—; yo creo que solo estoy siendo yo mismo y tú… tú solito eres el que ve en eso actos de seducción, porque… quieres ser seducido—sus labios estaban ya muy cerca de los de Tom, pero Bill no hizo ningún intento de alcanzarlos; esperó a que él fuera quien, sin resistirlo más, se apoderara de sus labios de un modo casi salvaje, para entonces pasar sus brazos alrededor del cuello de Tom y colgarse a él. Así estuvieron un buen rato, besándose y acariciándose, haciendo más íntimos sus roces, hasta que Bill emitió una queja porque se había lastimado la piel donde acababa de ser tatuado y Tom se separó preocupado. El momento se había roto.
— ¿Lo ves, Bill? —dijo Tom parándose contrariado.
— ¡¿Qué?! —Bill le dio una mirada fúrica—. ¿Por qué me culpas a mí si tú empezaste?
Tom resopló y se fue al cuarto, en silencio. Ya Bill se estaba acostumbrando a que esa fuera la nueva actitud de Tom: no hablar de lo que le pasaba: encerrarse en sí mismo y luego comportarse como si Bill no estuviera ahí, hablándole solo lo necesario; en esos momentos era cuando ansiaba que llegaran pronto los conciertos, porque allí, en el escenario, Tom no sabía contenerse, y todas sus emociones fluían hacia su gemelo de un modo que lo hacía vibrar y cantar con mayor energía. Suspiró resignado, y fue a curarse la piel donde se la había lastimado con la crema que le había recomendado el tatuador.
&
Sí, esa noche Tom estaba celoso. Y mucho. Y todo por esa chica rubia que ahora iba con ellos a todas partes, para ayudar a Bill con su ropa y maquillaje, y a la que le prestaba tanta atención. Cada vez que estaban en los hoteles, y por alguna razón discutían, o sencillamente Tom optaba por no hablarle, se encontraba a Bill hablando con ella, sonriente, contándole sabría Dios qué cosas, y ella tomándose confianzas con él, tocándolo más de lo debido a una simple estilista que pertenecía a su staff. Así que quiso pagarle con la misma moneda, y por primera vez subir de verdad a una groupie a su habitación, ya que al fin le habían dado una propia, aunque se comunicara con la de Bill por una puerta. Ya ella estaba allí, sentada en su cama, cuando Bill entró a través de la puerta, hablando a la vez.
—Tom, tengo una idea para cuando estemos mañana en… —y se calló al ver a la pelirroja sentada sobre la cama de su hermano mientras Tom le servía una copa del minibar. Pestañeó varias veces, irritado, y luego fue hasta Tom, quien se había quedado de piedra, y le quitó la copa de la mano para bebérsela de un tirón—. Gracias, lo necesitaba —dijo, deliberadamente ignorando a la chica que ahora lo miraba a él también, fascinada. Tom al fin reaccionó.
—Podemos hablar después, Bill; ahora… tengo una invitada.
—Ah, de acuerdo. Lo siento. Espero que… te rinda.
Salió al fin dando un portazo y Tom oyó como pasaba el pestillo con fuerza, para asegurarse de que él lo escuchara. Tom volteó a ver a la chica, que se acercaba a él sonriente.
—Bill es… algo posesivo como hermano, ¿no?
—Sí, él… —empezó a decir Tom, pero luego se dijo “¿qué mierda hago contándole nada sobre Bill a esta completa extraña?”—. Realmente no necesitamos hablar de Bill ahora.
—De acuerdo —ella se le acercó insinuante, lo besó, y él sintió otra vez ese tedio, esa sensación de desagrado en su estómago; la separó de un tirón.
—¿Sabes qué? Mi hermano venía a hablarme de trabajo, y es para lo que estoy aquí; lo primero es el trabajo, ¿sabes? Así que… es una lástima, pero tienes que irte.
—Ah, vamos, Tomi…
—¡No me llames Tomi! ¡No me gusta! Y si te digo que tienes que irte… ¡te vas! —le abrió la puerta y casi la empujó afuera. Ella se quedó mirándolo y tropezó justo cuando él cerraba.
Adentro, él fue hasta la puerta que comunicaba su habitación con la de Bill e intentó abrirla. Forcejeó con la puerta y empezó a gritar enojado.
—Abre, Bill, o echaré esta puerta abajo.
—¡Vete a la mierda! —le respondieron del otro lado. Era evidente que Bill estaba muy pegado o no le habría escuchado.
—Hablaré contigo como sea, voy a hacer un escándalo en el pasillo si es necesario —dijo Tom en voz alta mientras azotaba la puerta de su habitación y salía a golpear la de Bill. Gustav salió de la suya, preocupado por tanto barullo. Tom gritaba mientras pateaba la puerta—. Abre, Bill, abre de una vez.
—Hey, hey —Gustav llegó hasta él—; nos van a expulsar del hotel si te agarran en esas. ¿Qué pasa? ¿Te estás peleando con Bill? Es mejor que no se vean si están enojados porque… será peor.
—Déjame, Gustav, tengo que hablar con Bill ahora y no me importa nada…
La puerta se abrió, y Tom se precipitó adentro sin pensarlo. Gustav pensó un momento si debía entrar e intentar apaciguar los ánimos, pero recordaba bien los intentos de Bill de patearlo, así que prefirió no quedar en medio. “Total, se quieren demasiado para que vayan a matarse uno al otro”, pensó mientras cerraba él la puerta ya que Tom no lo había hecho. Las sillas estaban volando, porque Bill estaba intentando que Tom no se le acercara, y Tom lo mismo esquivaba que lanzaba algo para defenderse. Cuando ya casi lo alcanzaba, Bill lo empujó y Tom se dio en la cabeza contra una mesa de cristal; se sentó en el suelo, medio aturdido, y Bill corrió entonces a su lado.
—Perdón, perdón, no quería lastimarte; perdón, Tomi, ¿estás bien?
Él tomo aire mientras se le iba pasando el dolor.
—¿No querías lastimarme? ¿Y por eso me lanzaste esas sillas? ¿Las confundiste con flores?
—Tú también intentaste golpearme.
—Me estaba defendiendo, Bill. No sé por qué te has puesto tan violento.
—¿No sabes? —Bill se paró de un tirón—. Debe ser que el color rojo en el cabello me hace poner furioso.
—¿Ah, sí? Pues yo no soporto el rubio platinado —Tom se paró a su vez y lo enfrentó, cara a cara.
—Pues no sé por qué —Bill se paró en jarras.
—¿De verdad que no? Por cierto, ¿qué edad tiene ella, como 30? Parece que tienes un gusto por las mayorcitas…
— ¿De quién hablas?
— ¡De Natalie! Tu “amiguita”.
—Natalie trabaja para mí, para… nosotros.
—Sí, es cierto; tú debías recordar eso.
—¡No puedo creer que estés celoso de Natalie!
—¿De verdad que no? —Tom lo miró serio y Bill no pudo contener la risa.
—¡Bien! ¡Lo admito! Sí quería darte celos. Quería que sintieras que… puedo cansarme de esperar a que te decidas.
A Tom le dolieron esas palabras. Si perdía a Bill, si él se enamoraba de otra persona…; sintió otra vez ese dolor casi físico que le hacía hiperventilar y sudar frío, se sentó sobre la cama, pasándose la mano por el pecho. A través de la conexión, Bill pudo sentir lo mismo. Se sentó junto a Tom y tomó su mano derecha entre las suyas; Tom empezó a sentirse algo más calmado, pero se volvió a Bill con los ojos llorosos.
—¿Todo era mentira? ¿Todo lo que dijiste era mentira? Dijiste que nunca amarías a nadie como a mí, dijiste que… solo por mí podías sentir esas cosas.
—Ya lo sé, que dije todo eso, y no mentí ni en una palabra —Bill acercó su boca a la de Tom y lo besó suavemente; Tom solo pudo abrazarlo contra su cuerpo, y las lágrimas salieron. Bill no soportaba eso, que Tom llorara; mucho menos si él era el responsable de ello. Lo hizo mirarlo a la cara—. No llores, Tom, por favor. Yo no quería… no quiero… que llores por mi culpa.
—Billy, ¡te necesito tanto! —los besos volvieron, las ropas empezaron a caer sobre cualquier parte una a una mientras seguían enlazados, beso a beso, caricia a caricia y, cuando los dos estuvieron desnudos, fueron recostándose sobre la cama, urgentes, ávidos de recorrerse. Tom comenzó a besar su abdomen y acarició con su lengua la estrella tatuada, haciendo a Bill vibrar de deseo—. Tú eres mío, no puedes ser de nadie más. Prométemelo.
—Yo soy tuyo, Tom; y tú eres mío. No puede haber nadie más.
—Promételo.
—Lo prometo; jamás te decepcionaré, jamás te abandonaré.
Tom siguió entonces hacia abajo y, mientras Bill se agarraba a las sábanas y se mordía los labios, él acariciaba con su lengua la erección, y luego seguía hacia abajo, a los testículos, el periné, y el agujero apretado que lo tentaba a terminar la conexión con su gemelo, a unir por completo sus cuerpos como ya lo estaban sus almas. La lengua se introdujo ahí, creando sensaciones indescriptibles en Bill, que se abría más y más para Tom, para dejarlo entrar completamente en él, sin barreras. Luego de arrancarle gemidos y jadeos, Tom se alzó sobre sus codos para mirarlo así, tan entregado, tan voluptuoso.
—No sé si sabré hacer esto, Billy. No sé si quieres que lo haga…
—Yo quiero, quiero todo contigo. Nada más me importa.
—Te amo.
—Y yo te amo.
Uno, dos y tres dedos ensalivados fueron entrando de a poco en Bill, cada vez él sintiendo más esa urgencia de fundirse con Tom, de conectarse con él en ese modo que nunca antes habían intentado. Y se lo pidió.
—Hazlo, Tomi, hazlo ahora.
Tom besó una vez más la piel donde estaba la estrella. Y luego puso las largas piernas de Bill a los lados de sus caderas y lo penetró de una vez, sintiendo como aquella carne caliente palpitaba alrededor de él y lo estimulaba a seguir. Pero él estaba esperando a que Bill ya no tuviera esa expresión de dolor en el rostro, a que le pidiera moverse. Y Bill lo hizo, agarrando con sus manos las nalgas de Tom para empujarlo.
—No pares… no pares… ya no hay vuelta atrás.
Y Tom continuó. Embestida a embestida pudo ver las facciones de Bill pasar del dolor al placer extremo, y él mismo empezó a sentir que con cada vez se acercaba más a esa luz enceguecedora que parecía arrancarle la vida para devolvérsela de nuevo, renovada. Cuando sintió la onda llegar, agarró en su mano derecha, la de tocar las cuerdas de la guitarra, la erección de su hermano y lo hizo terminar entre gritos de placer casi al mismo tiempo que él se derramaba en su interior; cuando el orgasmo hizo fulgurar sus sentidos, echó la cabeza hacia atrás y abrió la boca, jadeante, con los ojos cerrados. Cuando regresó de ese éxtasis, Bill lo miraba sonriente, y Tom no pudo evitar pensar que así se veía más bello de lo que nunca lo había visto antes. El semen de Bill estaba entre los dos, mojando sus abdómenes, y el de Tom se escurría entre las nalgas de Bill mezclado con un poco de sangre, como un símbolo de lo que acababa de pasar: habían pasado los límites, ya no había barreras físicas entre los dos; si quedaba alguna barrera, solo era mental, y Bill se descubrió pidiéndole a cualquier divinidad que existiera que Tom no volviera a huir, que no volviera a rechazar lo que sentía, porque después de esa noche, no sabía si su orgullo y su ímpetu podían soportarlo de nuevo.
Cuando pudo recuperar el aliento, Bill le dio un golpe en el hombro a Tom.
—Ouch, ¿por qué me golpeas? —dijo él, aunque en el fondo el golpe le había resultado algo excitante.
—Porque acabo de recordar a la pelirroja que tenías en tu habitación. Tú… ¿ibas a hacerlo?, ¿ibas a tener sexo con una fan?
—No sé qué iba a hacer; solo quería olvidar que te había visto con Natalie en demasiada proximidad. El hecho es que… no soporto que nadie te toque, no soporto que nadie esté demasiado cerca de ti…
—No tienes que preocuparte de eso, Tomi; yo solo tengo ojos para ti. Tú eres el único que deseo.
—Espero que eso sea cierto, porque… no puedo describirte lo que sentiría si tú llegaras a tener algo con otra persona, es demasiado doloroso.
—¿Estás hablando de algún tipo de compromiso para el futuro?
—No; no quiero pensar en el futuro ahora mismo, porque esto que estamos haciendo nos puede llevar a un precipicio y no quiero imaginarme eso. Pero lo que siento por ti es más fuerte que yo, más fuerte que mi voluntad y mi idea de lo que está bien, más fuerte que mi respeto por mamá y mi deseo de no hacerla sufrir, más fuerte que mi amor por la música y que mi lealtad hacia mis amigos, o que mi propio sentido de conservación; así que… quiero que entiendas que mi vida está en tus manos y que solo tú puedes destruirme… o salvarme.
—Ya, ya, Tomi, ven aquí —lo apretujó más contra sí—; siempre terminamos llorando cuando te pones tan profundo, y no quiero que sintamos otra cosa que felicidad, hoy, ahora. ¿De acuerdo?
—De acuerdo —Tom le sonrió.
Se acurrucaron uno junto al otro, y empezaron a conversar sobre nuevas ideas para conciertos y el nuevo disco, hasta quedarse dormidos.
Continúa…
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