
Fic TWC de Ladyaradia
6. Durch den monsun (A través del monzón)
Peleando en contra de la fuerza detrás de esta puerta; los voy a vencer y ellos me van a guiar hacia ti, entonces todo estará bien, entonces todo estará bien, todo estará bien, todo bien. Tengo que ir a través del monzón, hasta el fin del mundo, hasta el final del tiempo, hasta que ya no haya lluvia jamás, en contra de la tormenta, pasando el abismo, y si no puedo salir jamás, pienso que alguna vez correremos juntos de nuevo. Después del monzón todo estará bien. Ya no hay nada que nos detenga, al terminar el monzón…
El siguiente año lectivo se les pasó lentamente a los cuatro integrantes de Devilish, con la perspectiva de un contrato para hacer un disco que les había ofrecido SONY, el cual había demorado en concretarse por cuestiones legales relacionadas con la edad de los chicos. Ninguno tenía los legales 18 para ser adultos y tomar sus propias decisiones en cuestiones de negocios, así que dependían de la anuencia de sus padres que no tenían tanta prisa como ellos porque sus hijos se lanzaran a un mundo que tal vez fuera peligroso para ellos, sobre todo por los prejuicios acerca del comportamiento de los rockstars.
Y entonces, con la fusión SONY BMG, la oportunidad se esfumó. Para ellos fue muy desmoralizador, a pesar de que David Jost, como su mánager principal, les aseguró que en poco tiempo tendría otra disquera ofreciéndoles contrato.
—Solo necesitamos otro tema más para el demo; uno que realmente sea un single que pegue tan fuerte que nadie pueda negarse a lanzarlo.
—Tengo… una letra iniciada… bueno, ya casi completa —habló Bill, y se le notaba algo ansioso—, pero es un tema muy personal y yo… no sé si le llegará al público.
Tom, una vez más, pudo adivinar de qué se trataba. Cuando Bill estaba así de nervioso y turbado, podía leerlo como un libro abierto.
— ¡La canción que habla del sueño!
—Es sobre… mi rompimiento con… quien creía era mi alma gemela y mi deseo de reencontrarla —dijo Bill sin mirar a Tom, como si él no hubiese dicho nada.
—No sabía que habías terminado de escribirla —insistió Tom.
—No; no te lo dije —esta vez sí miró Bill a Tom con una mirada tan fuerte que Tom desvió la suya—. Era mi pequeño secreto.
—Veamos esa letra entonces —lo apremió Jost.
Bill sacó una hoja cuidadosamente doblada de dentro de su cuaderno y comenzó a leer.
—La ventana ya no se abre. Está todo lleno de ti aquí, y de vacío, y la última vela se ha apagado. Estoy aquí esperando eternamente y finalmente llega; ahí afuera están las nubes negras. Tengo que ir a través del monzón, hasta el fin del mundo, hasta el final del tiempo, hasta que ya no haya lluvia jamás, en contra de la tormenta, pasando el abismo, y si no puedo salir jamás, pienso que alguna vez correremos juntos de nuevo. Después del monzón todo estará bien. Y si la luna está cayendo, en realidad está cumpliendo su promesa. Sé que te puedo encontrar, escucho tu nombre dentro del huracán y no puedo creer que sea lo más sensato. Tengo que ir a través del monzón hasta el fin del mundo, hasta el final del tiempo, hasta que ya no haya lluvia jamás, en contra de la tormenta, pasando el abismo, y si no puedo salir jamás, pienso que alguna vez correremos juntos de nuevo. Después del monzón todo estará bien. Peleando en contra de la fuerza detrás de esta puerta; los voy a vencer y ellos me van a guiar hacia ti, entonces todo estará bien, entonces todo estará bien, todo estará bien, todo bien. Tengo que ir a través del monzón, hasta el fin del mundo, hasta el final del tiempo, hasta que ya no haya lluvia jamás, en contra de la tormenta, pasando el abismo, y si no puedo salir jamás, pienso que alguna vez correremos juntos de nuevo. Después del monzón todo estará bien. Ya no hay nada que nos detenga, al terminar el monzón…
El silencio que siguió a esas frases solo fue roto por los primeros acordes de la canción, que Tom interpretaba con su guitarra, completamente emocionado y extrañamente feliz. Luego Georg y Gustav intentaron agarrar esos acordes mientras David daba a Bill un abrazo rápido de felicitación.
—Esto será un éxito, te lo aseguro. No puedo explicarme cómo cabe tanta profundidad emocional en ti con tan pocos años. Creo que eres un alma vieja, Bill Kaulitz.
— ¿Qué quiere decir eso de… un alma vieja?
—No me hagas caso; tonterías que me cuenta mi novia sobre misticismo, reencarnación y todo eso. Pero eso de “alma vieja” es solo un decir; eres solo un chico sensible, que al parecer se enamoró demasiado muy pronto en su vida, y le rompieron el corazón.
—Ah, sí —Bill no pudo evitar que su mirada volara a Tom—. Pero ya me curaré, David. Por ahí debe andar la persona para mí; y voy a encontrarla.
— ¡Muy bien! —le palmeó el hombro Jost y se sumó a los chicos que tocaban para sugerir uno que otro arreglo y empezar a archivar todo—. Canta ahora, Bill; canta con esta melodía.
Y Bill alzó su voz, entonó aquellas frases. Y todos se sumieron en un trance de los sentidos, transportados por la poesía, por la música y por la interpretación, a otro mundo. Allí Tom se imaginó frente a una puerta abierta que no podía traspasar, y le gritaba a Bill desde el otro lado: Después del monzón todo estará bien…
Esa noche hubo tormenta, una tormenta tan fuerte como no habían tenido en muchos años, como si la naturaleza hubiese querido hacerse eco de la emoción que se desplegara ese día más temprano; y era la primera vez que pasaban una tormenta en habitaciones separadas. Bill temblaba acurrucado en posición fetal sobre su cama; cada vez que un rayo iluminaba la habitación quería salir corriendo y acurrucarse en la cama con su hermano, pero ahora Tom no estaba ahí. Tres rayos más y escuchó su voz.
—Voy a entrar, Bill.
—Sí —dijo sin cambiar su posición, y Tom llegó hasta él para abrazarlo, y amoldarse a su cuerpo en la misma posición, desde su espalda—. ¡Estás temblando!
—¡Y tú!
—Ay, Billy, lo siento, lo siento.
—¿Por qué lo sientes? ¿Qué sientes? —Bill se removió para volverse y mirarlo.
—No lo sé… ¿huir de ti?
—Creo que no huyes de mí, Tomi, huyes de ti mismo.
—Puede ser –dijo él casi en un susurro. Sus frentes estaban unidas y Bill rozó los labios de Tom con los suyos, acariciándose con el piercing del labio de Tom sus propios labios. Tom se echó un poco hacia atrás—. No me beses, Bill; por favor. Ya sé que lo hemos hecho antes muchas veces, pero ahora… lo que siento ahora cuando hacemos algo como eso me asusta, me asusta mucho, y no quiero sentirme así, ¿entiendes? Quiero que volvamos a ser como éramos antes, cuando podíamos hablar horas y horas así acostados en la misma cama de cualquier cosa, y sin asustarnos de nada.
—¿De verdad crees que podemos volver a eso?
—Sí, sí; ¡espero que sí! ¡Tenemos que hacerlo!
—Si es lo que quieres… está bien —se volvió a remover para colocarse de nuevo de espaldas entre los brazos de Tom. El movimiento, el roce, hizo que a Tom se le despertara un calor que empezaba cerca de su corazón y terminaba en su entrepierna. Tragó en seco y siguió ahí, firme, abrazado a Bill, al menos hasta que pasara la tormenta. Pronto Bill se quedó dormido, y empezó a sonreír en sueños. Cuando Tom también pudo dormirse, el mismo sueño lo alcanzó, y ahí estaba junto a Bill, volando por sobre la ciudad, por sobre el mundo; volaban sin alas, como ángeles, despreocupados y felices.
&
Con el demo completo y “Durch den Monsun” como propuesta de single, fue mucho más fácil conseguir el contrato con Universal Music. La fe que no habían perdido en su futuro brillante se revistió de mejores colores y el disco estuvo listo para la venta en las próximas vacaciones de verano.
También se consiguieron un nuevo nombre para la banda: Tokio Hotel; dos palabras que los definían de distinto modo: un hotel era donde estaban siempre desde que lograron el contrato, haciendo presentaciones promocionales por distintos lugares, y Tokio era la ciudad soñada y casi imposible donde tal vez nunca los escucharían; una meta. Bill quiso marcar esa decisión en su cuerpo, y así surgió su primer tatuaje, en la parte trasera de su cuello, a pesar de que Jost intentó convencerlo de no hacerlo.
—Si esto de llamarse Tokio Hotel no funciona, tendrás un símbolo marcado en tu cuerpo que solo te recordará un fracaso.
—No me importa lo que pase en el futuro, David; quiero esto ahora, y lo quiero así —Bill podía ser muy testarudo.
El 15 de agosto de 2005, el single salió al público, y fue una explosión. De repente se convirtió en número 1 en toda Alemania, y empezó, lentamente, a través de las redes sociales, a colarse también en otras partes del mundo. Siguieron entrevista tras entrevista, presentación tras presentación, hasta que acabaron las vacaciones; tendrían que volver todos a la escuela: los gemelos Kaulitz y también Georg y Gustav. El 1ro. de septiembre, el cumpleaños 16 de Tom y Bill lo celebraron con la banda y los productores en medio de una vorágine de trabajo. Pero el primer día de clases fue algo que no se esperaban: periodistas del espectáculo, fans, cientos de personas esperando su entrada, invadiendo la escuela; bien pronto les pidieron que regresaran a sus casas, porque así no se podía continuar.
Bill no podía negar que había disfrutado esa idea: ya no más clases aburridas, ya no más bullying de sus compañeros de clase, no más peleas en el autobús, no más Tom y él liándose a golpes con cuatro chicos mayores, no más Gordon yendo a buscarlos varias veces con un bate y el perro de la casa —uno que Bill y Tom habían recogido de un refugio hacía ya dos años y era además, un perro muy inteligente—; y sí a más tiempo para la banda, para hacer giras, para disfrutar al fin de su sueño de éxito artístico. También Tom coincidía con eso; y Charlotte solo les hizo una exigencia.
—Harán la escuela a distancia; tienen que prometérmelo. Para que no sean unos rockstar ignorantes que solo saben estar de fiesta y tomar drogas.
—Somos buenos estudiantes, mamá; solo que la escuela no es buena para nosotros —Tom se rió de su propio juego de palabras, mientras Bill solo hacía una mueca: no tenía mucha paciencia para Charlotte en esos días, ni para el sentido del humor de Tom.
Al menos de Charlotte descansarían bastante en los próximos tiempos: irían de un lugar a otro con su disco, y eso era lo que ansiaba Bill: estar lejos de aquel pueblo que le quedaba pequeño, conocer cosas nuevas, y compartir todo eso con Tom. Sí, sin Tom nada de eso tendría sentido; aunque se la pasara haciéndolo sentir mal con sus actitudes evasivas, aunque él continuara alejándose y pasando poco tiempo a su lado. Sí, Tom, pero ahora estaremos juntos, y no podrás huir de mí, pensó y Tom lo miró serio: ¡otra vez había sido muy clara la conexión!
Y así varias veces, en los próximos días, Tom pudo leer claramente los pensamientos de Bill dirigidos a él, y Bill podía también obtener sus respuestas; en una de ellas, en el show, cuando los estaban entrevistando, Bill no pudo evitar mirar a Tom, tratando de encontrar sus ojos, pero él se los negaba todo el tiempo “no me mires así, Bill”, y Bill, intranquilo, pensó “no me esquives, mírame”, se relamió los labios pensando en aquel beso, “no trates de olvidar lo que pasó cuando nos besamos, a ti también te gustó”; una y otra vez, “no puedo dejar de mirarte, eres lindo”, y entonces Tom hablando de cuando surgió su interés por el sexo, miente, y Bill lo corrige, con cara de tristeza: —Creo que fue mucho antes. Bill dice mentalmente “me haces mucha falta cuando no compartes tiempo conmigo”. Y entonces la voz mental de Tom: “Contrólate, Bill, o todos se van a dar cuenta”. Y la mirada de Bill se vuelve fría entonces, mientras contesta cualquier cosa a los que le preguntan por el amor a su edad, por el descubrimiento de la sexualidad.
Luego, de regreso a casa, Tom estalló.
—Tienes que dejar de hacer eso, Bill. No puedes mirarme así delante de todos. Ya me estoy cansando, ¿sabes? Cualquier día te hago pasar una vergüenza para que no estés tan pendiente de mí. Me aguanto y me aguanto, pero tú… insistes…
—Tú no puedes sostenerme la mirada, Tomi —Bill buscó sus ojos, dolido por esas palabras y Tom volvió a cambiar la vista—. ¿Lo ves? Tú sientes lo mismo que yo, pero… está bien, sigue intentando negarlo todo. Ya te arrepentirás… —se dio vuelta para irse a su cuarto, pero Tom lo detuvo por un brazo.
— ¿Qué quieres decir con que me arrepentiré?
—Uhm, no sé, solo me vino eso a la mente. Ahora, ¿me sueltas? ¿O quieres que nos peguemos un poco más?
—¡Ah, Bill! —Tom lo soltó rápido. Realmente cualquier roce con Bill lo enervaba, hacía estragos en su autocontrol, mucho más si él se comportaba tan insinuante, si mojaba así sus labios, y el piercing de su lengua se veía un poco, y el recordaba el roce de ese piercing en su boca, los labios húmedos de Bill… — ¡Déjalo ya, ¿sí?!
—Claro —Bill se dio vuelta al fin y se marchó, tratando de no enviarle directamente su pensamiento a Tom: “Ya verás, luego me vas a pedir que te ponga cuidado, que te mire; vas a estar detrás de mí y entonces… te arrepentirás de tratarme así”.
Cuando al fin salieron de gira, de hotel en hotel, Tom encontró que Georg podía ser un buen compinche para hablar de chicas que seducir y orgías sexuales imaginarias, porque en realidad ninguno de los dos tenía sexo con nadie; mientras, Gustav no hablaba de sus cosas íntimas y Bill solo hablaba del amor verdadero.
¿El amor verdadero? Tom no quería pensar en eso; no quería y no podía, aunque en el fondo supiera que ese también era su sueño compartido: encontrar alguien a quien entregarle toda su alma, alguien por quien vivir y morir; pero evitaba pensar en eso, porque no podía imaginar querer a nadie de ese modo, no si ese alguien se iba a interponer entre él y Bill, porque en su futuro solo podía ver a Bill, brillando a su lado, sin ninguna sombra. ¡Había pasado tanto miedo cuando lo vio tan metido con Linda! No podía pensar en que alguien lo apartara de su lado. Y Bill, ahora, en cualquier lugar buscaba el pretexto para rozarlo, para tocarlo, acariciar su espalda, colocarse estratégicamente cerca de su cuerpo, lo mismo ante las cámaras de video que de fotografías, o con sus compañeros de banda, o con los productores, quizás porque sabía que allí Tom no podría esquivarlo como en la intimidad sin ser demasiado obvio.
&
Y en aquella fiesta, Tom tomó nuevamente muchas copas, para olvidarse de sus conflictos emocionales, y cuando llegó una chica sexy hasta él, y lo abrazó mientras bailaban, él se dejó llevar y puso las manos en sus nalgas, cerró los ojos y sonrió: oh, sí, unas nalgas bien formadas, para tocar, y apretar; y entonces la volvió de espaldas, y ella no estaba para nada cohibida mientras él la rozaba con su entrepierna, ella estaba disfrutando la atención de aquel chico guapo y famoso, el sueño de tantas fans, mientras alguien la fotografiaba para inmortalizar ese momento.
Bill los veía de lejos, y su corazón se retorcía; moría de celos, sentía que iba a explotar de tantas cosas que guardaba dentro queriendo gritarlas, y entonces se prometió una vez más, con mayor resolución, que iba a lograr que Tom lo tocara así, que lo sostuviera así contra su cuerpo y que solo disfrutara cuando fuera él quien estuviera así entre sus brazos. ¡A veces odiaba a Tom, sí! ¡Y a veces se odiaba a sí mismo por no poder odiar a Tom sino sentir esa exquisita necesidad de él, de sus miradas, de sus besos, de todo su ser! “Oh, no, Tom, no la toques a ella, por favor. Ven conmigo; necesito protegerte, cuidarte, que nadie más esté entre tú y yo, meine liebe”. Pero esa noche Tom regresó después que él y Bill se durmió antes de ver como Tom se escabullía en su habitación y lo miraba deseoso, sin atreverse a tocar, en absoluto silencio, guardándose los latidos furiosos de su corazón que parecían resonar en las paredes, y luego volver a marcharse, como un fantasma.
Continúa…
Gracias por la visita. Si te gustó, no olvides dejar un comentario.