Fic TWC de Ladyaradia

3. Fur immer jeztz (Para siempre ahora)

(…) Nosotros nos cuidamos juntos, somos uno, como el Yin y el Yang. ¿Me sientes cuando respiras? ¿Me sientes si no hay nadie? ¿Me sientes cuando respiras? ¿Me sientes? ¿Aquí en mis brazos? Por un día, por una noche, por un momento en el que te vea reír. No desaprovecharé el tiempo, iré en contra de cualquier ley, para siempre tú y yo, para siempre ahora (…)

La música se había colado hondo en Bill y Tom; dedicaban muchas de sus horas a estudiarla, componerla y tocarla. Con algunas gestiones de Gordon, habían hecho presentaciones en algunos lugares, y gracias a eso un día los vio Georg Listing, un adolescente de 12 años inquieto por la música que, con su mejor amigo, Gustav Schafer, ansiaba encontrar un espacio para tocar en alguna banda juvenil.

La música que hacían los gemelos, sus canciones, no eran demasiado buenas según él, pero había algo en ellos, cierta pasión traslucida por lo que estaban haciendo, que hizo a Georg arrastrar a Gustav a la próxima presentación de Black Question Mark.

Tras las introducciones y conversar animadamente sobre sus gustos musicales y sus sueños para el futuro, los dos amigos se pusieron de acuerdo para ofrecerles crear juntos una banda: ellos completarían el formato con el bajo y la batería, mientras Tom tocaba la guitarra y Bill cantaba. El nombre de la banda seguiría siendo aquel extraño que le habían visto a Tom y Bill en su dueto.

No sé realmente qué significa eso, pero… está bien para empezar, chicos —Georg ofreció su mano a Tom primero, luego a Bill; y Gustav lo imitó—. ¿Cuándo y dónde empezamos a ensayar?

Bill se paró y abrió sus brazos.

Si vamos a ser una banda, empecemos por abrazarnos todos.

Tom se acercó a Gustav también con los brazos abiertos, sonriendo.

Vamos, chico, un abrazo y sonríe.

Gustav sonrió sin darse cuenta de por qué, sintiendo una simpatía única por aquellos niños tan amigables y abiertos. Los cuatro se abrazaron por turnos. Cuando Bill y Tom lo hicieron, abrazarse fuertemente como lo hacían cuando estaban a solas, temblaron un poco: tenían esa sensación de que su relación tan estrecha era algo que debían preservar de otras miradas. Y justamente sintieron la mirada de Georg y Gustav sobre ellos antes de separarse.

Uno pensaría que ustedes dos estarían aburridos de estar tanto tiempo juntos —bromeó Georg—, pero se abrazan como si no se hubieran visto en mucho tiempo. ¡Son tan intensos!

Lo somos —replicó Bill sacando su impresionante sonrisa capaz de derretir de ternura a una estatua—. Tom y yo somos muy unidos, ¿entiendes?, ninguno haría nada sin el otro.

Sí, ya lo veo. En fin… ¡qué bueno que es así! Me caen muy bien, chicos. Espero que lo nuestro dure mucho tiempo.

¿Lo nuestro? —intervino Tom.

Nuestra banda, nuestra amistad, que empezó hoy. Realmente es gratificante y solo acaba de empezar.

Ah, sí; es cierto —Tom también era dueño de una sincera sonrisa que se le asomaba a los ojos cuando de verdad se sentía a gusto.

Así comenzaron las nuevas presentaciones, en lugares más amplios. Mientras, seguían asistiendo a sus colegios como cualquier chico de su edad. Ninguno de los dos quería renunciar a la deliciosa emoción de compartir entre ellos sensaciones que no podían compartir con nadie más. Se conectaban a nivel psíquico, y tanto el dolor como el gozo se dividían y amplificaban para ellos. Sin embargo, cada vez se diferenciaban más en la apariencia física; al menos fuera de la casa, tratando de ser vistos con una identidad propia y no ser solo “los gemelos”.

Charlotte les permitía todo eso; en realidad, cada vez se desentendía más de ellos mientras vivía su romance eterno con el profesor de música y estrella de rock frustrada que era Gordon, y solo prestaba verdadera atención a sus avances en el mundo del arte, ese que ella había ansiado tanto alcanzar y que nunca habría podido vivir con Jörg, un simple camionero; guapo y sexy, eso sí, todo un espectáculo de hombre de quien evidentemente habían heredado sus hijos la mayor parte de su excelente apariencia, pero con cero bagaje cultural o aptitudes artísticas; no, eso sí lo habían heredado de ella Tom y Bill, esa aptitud para el arte que los hacía aprender rápidamente cualquier cosa relacionada a eso. Si antes ella le reclamaba a Jörg su ausencia, ahora que él intentaba aproximarse de nuevo ella estaba dispuesta a no permitir que estuviera demasiado cerca, que pudiera desviar a sus hijos del camino brillante que ella estaba viendo aparecer ante sus ojos.

Bill y Tom no la sentían suficientemente cerca como para hacerle confidencias, así que las cosas que les estaban ocurriendo tenían que afrontarlas solos. Estaban entrando a la adolescencia, sus hormonas más que revueltas les jugaban malas pasadas, y solo se tenían ellos mismos para intentar entenderse.

Una nueva pesadilla los perseguía a cada rato: una en que una bruja mala mataba a toda su familia y ellos quedaban desamparados en el mundo. En el sueño, Jörg seguía en la casa junto a Charlotte, y era el primero en morir. Luego moría su madre y ellos despertaban a la vez gritando, sudorosos. Era entonces cuando volvían a meterse juntos en una sola cama, se abrazaban hasta parecer que se fundirían uno en el otro, y se daban suaves besos, reconfortantes besos, que aliviaban su ánimo con una dulce calma. Pero ahora su cuerpo reaccionaba también a esos besos, y el bienestar espiritual era seguido por una desazón física, una extraña necesidad de algo más que no sabían qué podía ser, pero terminaba por inquietarlos y hacerlos separarse algo avergonzados para volver a sus respectivas camas.

Un día los cuatro chicos vieron una crítica sobre su última actuación, en el periódico local, donde hablaban sobre Black Question Mark y su “diabólico solo de guitarra”. Así surgió la idea de cambiarle el nombre a la banda. Era una escena totalmente extraña, ver a aquellos cuatro niños decidiendo entre gritos y exclamaciones si era aconsejable o no asumir aquel otro.

¿“Devilish”? Escucha, Bill, nos ganaremos con eso una etiqueta muy fea; no nos querrán cerca ni los profesores ni los padres de nuestros compañeros de escuela —protestó Gustav.

Pero ellos sí, la gente de nuestra edad, los rebeldes como nosotros… Lo de “diabólico” les gustará. El periódico fue quien acuñó esa frase para Tom; él es muy bueno, y ese va a ser nuestro sello ahora —miró a su hermano sonriendo, con orgullo; y esta vez Tom no bajó la cabeza con timidez: tal vez solo la música lo hacía sentirse tan seguro de sí mismo; su música y la cercanía de Bill.

¿Y qué crees tú, Tom? —Georg lo interrogó. Tom los miró a los tres. Bill y él discutían fuertemente por cualquier tontería referente a su música, y ahí no siempre coincidían sus opiniones; pero, en este caso, él mismo había sido el que había propuesto el cambio, aunque hubiese dejado a Bill proponérselo a los otros.

Le gustará menos al pastor que nos predica en la escuela —sonrió—, pero él es tan aburrido… que me encantará hacerlo rabiar. Apoyo lo que dice Bill.

Entonces… ni modo —dijo Gustav a Georg—, “Devilish” será.

&

Tom descubrió la masturbación en el baño, mientras se duchaba y se enjabonaba una y otra vez, como era su costumbre; y entonces entendió de qué hablaban sus compañeros de clase con risas y gestos obscenos. Era muy bueno aquello, se sentía muy bien, y al final se sintió un poco egoísta por no compartirlo con su hermano; así que le mostró a Bill lo que había descubierto, y Bill también lo hizo, mientras se miraban y sonreían. Y entonces, después de sus besos, ya sabían cómo liberar a sus cuerpos de aquella extraña desazón, y no se separaban mucho para tocarse cada uno a sí mismo y darse un solitario goce que sin embargo compartían a nivel mental: sí, sus mentes seguían entremezcladas, aún más en situaciones de estrés o de placer.

Siempre la música los ayudaba a sacar todo lo que tenían dentro; sus miedos y dudas, sus sueños; y sus nuevas canciones fueron más logradas. Devilish iba tomando popularidad y empezaron a pensar en cómo harían para ser descubiertos por algún productor musical, así que Bill y Tom presentaron la primera canción de la que realmente estaban orgullosos: Leb die sekunde. Todos coincidieron en que sí era realmente una muy buena canción, y Georg sintió que lo que había visto en los Kaulitz aquel día que los conoció estaba comenzando a florecer.

Por otro lado, ya en el séptimo curso la escuela comenzó a hacerse cada vez más insoportable. Ahora que Tom llevaba rastas en su pelo rubio y Bill había adicionado a su pelo negro y erizado maquillaje oscuro en los ojos, toda la negatividad hacia ellos se había incrementado, y los profesores le prohibían a veces entrar a clases de ese modo; pero su respuesta a eso era maquillarse aún más fuerte al siguiente día.

Tom también tenía problemas: su aspecto daba la impresión de que era un chiquillo con ganas de problemas, y la mayoría de las veces esos problemas venían cuando alguien se mofaba de su hermano o intentaba maltratarlo; y siempre él y Bill, juntos, afrontaban todas las peleas; también en clase, con los profesores: Bill sobre todo no se calaba ni una sola cosa que él considerara injusta, y si alguien amenazaba a Bill, Tom vociferaba más alto que los demás.

Entonces alguien supo cuál era el castigo perfecto para los gemelos: separarlos. Así que los pusieron en salones diferentes. Bill se enfadó mucho con Charlotte por permitir eso; pero ella alegó que estaba cansada de que la llamaran a la escuela cada dos días para quejarse de ellos.

Sobre todo de ti, Bill; eres muy mala influencia para tu hermano.

¿Yo? ¿Yo soy una mala influencia para Tom? Yo soy lo único que él tiene, mamá; y él es lo único que yo tengo, porque tú…

Charlotte le alzó la mano, amenazando con abofetearlo.

Cállate ya; o tendré que tomar otras medidas contigo.

¿Me vas a golpear, mamá?

No, mamá; no hagas eso —Tom entraba en ese momento y se interpuso entre los dos, cubriendo con su cuerpo el de Bill, quien seguía mirando a su madre imperturbable, con una expresión retadora.

Charlotte se alejó un poco y respiró fuerte. Luego volvió donde ellos, y los miró a los dos.

Van a ir a salones diferentes, y punto. Espero que así todo vaya mejor.

Y sí, tal vez para los profesores fue mejor no tener dos Kaulitz gritando a la misma vez, pero eso no calló a Bill, protestaba por todo y enojaba a la mayoría. En los recesos, los dos salían corriendo hasta el gimnasio y debajo de las escaleras se contaban apresuradamente todo lo que estaba ocurriendo, y luego se abrazaban justo cuando llegaba el próximo timbre de inicio y se daban un suave beso en los labios para volver a soportar algunas horas más separados.

&

Tras una semana de noches en que se abrazaban como si al día siguiente no se fueran a ver más, ocurrió algo diferente. Bill, tras salir de la escuela, se llevó a Tom a una cabaña abandonada, que estaba muy cerca de la caseta donde los dejaba el autobús que los llevaba de vuelta a casa.

Mamá nos va a regañar, Billy.

No me importa; necesitamos hacer esto.

¿Qué es?

Una cabaña; la gente no viene acá porque creen que es una casa embrujada.

¿Embrujada? ¿Y para qué quieres que estemos aquí?

No seas tonto, Tomi; no está embrujada, solo está sucia. Pero tú y yo podemos arreglarla.

¿Para qué?

Para que sea nuestro refugio secreto; podremos venir aquí alguna que otra vez, y sacarle provecho a que ahora vivamos prácticamente en el campo —dijo mientras abría la puerta de la cabaña—. ¡Vamos!

Tom aún dudaba.

Cuando mamá vea que no llegamos a la hora…

¿No me contaste tú mismo que ella saldría con Gordon?

Sí, se lo escuché decir.

¿Entonces? Llegaremos antes que ella.

Tom aceptó ese razonamiento y al fin entró: el lugar no estaba tan sucio como pensaban.

Tomi, hay muchos que nos quieren separar, y ahora hasta mamá, pero no podemos permitirlo. Tú no quieres que nos separemos nunca, ¿verdad?

No, Bill —con solo pensar en esa posibilidad, Tom sintió un dolor físico en el pecho y las lágrimas se salieron de sus ojos—. No quiero que nos separemos nunca.

El dolor y las lágrimas hicieron eco en Bill, que aflojó su pose fuerte y se permitió sentirse débil por un rato. Tom agarró su mano izquierda.

¿Qué es lo que quieres que hagamos?

Solo prometernos, jurarnos, que nada nos va a separar. Hacer un pacto aquí y ahora de que estaremos juntos siempre, pase lo que pase.

Ese es mi deseo, Billy. ¿Cómo lo hacemos?

Uh, no puede ser un pacto de sangre, ambos tenemos la misma, y además tú… eres muy… sensible a ella —le dio una sonrisa casi burlona; creo que estará bien hacer un pacto escrito.

¿Cómo un contrato?

Más bien como… un pacto antiguo, escrito en la pared.

Je, ¡eres tan fantasioso! ¿De dónde sacas esas ideas?

No sé… ¿de las películas? —Los dos se rieron con deseos, pero luego Bill se volvió a poner serio—. Escucha, aquí tengo un spray de pintura de esos, de hacer graffittis; creo que servirá.

¿Y qué escribimos? ¿Yo, Tom Kaulitz…?

¡Nah! Si encuentran esto que no vean nuestros nombres completos. A ver… ¿qué tal “Bill.K. y Tom.K. estarán juntos para siempre”?

Muy largo. ¿Qué tal “T.K. y B.K. hasta el final”?

¿Hasta el final? No, prefiero “Para siempre”.

Sí, suena bien; tú eres el bueno con las palabras, Billy.

Entonces escribe tú primero —Bill le alargó y Tom escribió: “Tom. K. und” Se la pasó a Bill que completó con “Bill K., für immer”—. OK, ya está hecho.

&

Desde ese día, aquel fue su santuario secreto. Allí iban a hablar, a reírse, a contar las cosas que les pasaban durante las horas en que no podían estar juntos, y a compartir besos y momentos de tierna intimidad que la soledad del lugar, la aparente libertad que les permitía, intensificaba: acariciarse el cabello, tomarse las manos mientras hablaban, recostar la cabeza uno en el regazo del otro… y todos aquellos roces entre sus cuerpos que en realidad no buscaban, pero los hacía sentir tan bien.

Continúa…

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por ladyaradia

Escritora del Fandom

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