
Fic TWC de Ladyaradia
2. Beichte (Confesión)
“(…) Desafortunadamente, soy honesto, incluso cuando no cae bien, y desde que hice mi confesión, el pastor me odia. Sé que es algo prohibido, pero estaba tan claro, que me enrollé con la novia de mi hermano. Creyeron todas mis mentiras al menos una vez, y confiaron en todas mis promesas vacías. Y me pregunto si iré al cielo si no soy creyente en absoluto. Hey, demonio, sal que ya te he visto y todavía espero que me entiendas. Hey, demonio, ¿podrías leer mi confesión y hablar de ella con Dios una vez más? (…)”
Haberse mudado a Loitsche, y asistir a una escuela nueva, no había cambiado mucho el panorama para Tom y Bill en la escuela; al contrario, se sentían peor porque debían levantarse casi de madrugada para irse en el autobús escolar que los traía de nuevo a casa casi a las 5 de la tarde. Y eso no habría sido tan pesado para ellos si la escuela les resultara entretenida o tuvieran allí buenos amigos con los que reencontrarse cada día, pero no era el caso. Más bien habían cosechado nuevos enemigos, aunque también sabían defenderse mejor.
Otras cosas más habían cambiado: Gordon era ahora la pareja de Charlotte, y se había mudado con ellos. Y Tom ya tocaba la guitarra; muy bien, por cierto. Entre Bill y él habían compuesto algunas canciones que Gordon alababa mucho, pero ellos consideraban eran tontas, faltas de verdadero sentimiento.
—Y es que, claro —Tom puso la guitarra a un lado—, ¿cómo vamos a decir cosas sobre una novia si no hemos tenido ninguna?
—Uhm, es cierto —Bill puso cara de estar pensando en un plan. Salió de la habitación rápido, sin darle tiempo a Tom para preguntarle lo que pensaba hacer. Diez minutos después estaba de regreso, sonriente y orgulloso de sí mismo.
—¿Qué pasó? ¿Qué hiciste?
—Tratar de resolver nuestro problema; ya verás mañana. Por cierto, encontré a mamá y Gordon muy… uno encima del otro.
—¡Oh, Billy! Extraño mucho a papá. ¿Por qué nunca viene? Siempre llama pero… no viene a vernos. ¿Es culpa nuestra? —Tom tenía una expresión angustiada en su carita y Bill sintió la misma sensación de desamparo. En momentos como ese, solo se tenían ellos mismos para enfrentar la tristeza; así que fue junto a su hermano y se abrazaron fuertemente.
Mientras, en la habitación de Charlotte, ella intentaba zafarse de Gordon para ir a ver a sus hijos antes de dormir.
—Déjalos, nena. Estarán bien.
—¿Tú crees?
—Claro. ¿Sabes que estaba haciendo Bill al teléfono? Pues hablando con una niña…
—¿En serio?
—¡Sí! Estaba haciendo una cita con ella después de la escuela.
—¿Bill? Y yo creí que no le interesaba nada de eso todavía.
—Ah, ya tienen 9 años. Yo tuve mis primeros… sueños húmedos a esa edad.
—¿Ah, sí? ¡Qué bueno que te tengo a ti para contarme esas cosas porque su papá…
—¡Ese tipo es un estúpido!
—La última vez que hablamos me dijo que los niños… tienen una relación rara.
—Ah, pero sí la tienen, nena; solo que creo que es cosa de gemelos. También es que no tienen otro hermanito. ¿No crees que tal vez debíamos intentar hacerles uno?
Se la llevó a la cama, y Charlotte olvidó sus intenciones de ir a darles a sus hijos las buenas noches. Mientras, ellos habían vuelto a acostarse a dormir juntos, aunque esta vez en la cama de Tom.
&
Al día siguiente, en la escuela, Tom estaba ansioso; sabía que Bill había planeado algo a sus espaldas, algo que también a él lo ponía nervioso. Salieron los primeros de clase y Bill lo llevó apresurado a un parque que quedaba muy cerca de la escuela y a esa hora siempre estaba desierto.
—¿Qué hacemos aquí?
—Lo vas a ver.
Solo unos minutos después, apareció la niña: una niña rubia con coletas y maquillaje oscuro en el rostro. Tom apretó el brazo de Bill.
—¿Esa es… la chica esa de la que todos hablan?
—Sí, es muy dura, ¿no?
—Nadie se maquilla a su edad, y menos con esos colores oscuros. Si sus padres se enteran…
—Ya lo deben saber; la directora la ha expulsado por eso varias veces. Ella me cae bien; hemos hablado algunas veces.
—¡¿Cuándo?!
—No siempre estoy pegado a ti; voy solo al baño.
—¡Y por eso te demoras tanto! Conversando con las niñas…
—No con cualquier niña; esta es del 7mo. curso.
—Y mientras yo… de idiota. ¡Hum! Yo soy el mayor, así que…
—¿Por diez minutos? ¿Tú…?
Se callaron, porque la chica había llegado hasta ellos.
—Bueno, Bill, aquí estoy. Pensé que… estaríamos solos.
—Pues claro que no; ¿no sabes que Tom y yo siempre estamos juntos? —le guiñó un ojo y le dio una sonrisa pícara.
— ¿Y entonces? ¿Nos vamos a besar?
—Claro.
—¡¿Qué?! —Tom lució realmente sorprendido—. Ven acá, Bill —lo arrastró unos metros con él.
—Vamos, Tomi, hay que probar… para saber.
—¿Qué hay que saber?
—Como besar, ¿no? Cómo se siente. Así podremos contar lo que sentimos… en las canciones.
—Pero la vas a besar tú…
—No, la vamos a besar los dos.
Tom lo miró, entendiendo al fin.
—¿Ella va a querer?
—¿Por qué no? Somos idénticos… y si le gusté yo…
—Está bien; lo hacemos.
Caminaron de nuevo hacia ella, que ya los miraba un poco aburrida.
—¿Y entonces, Bill?
—Entonces… Tom también te va a besar.
Ella los miró a los dos, estudiándolos. Realmente eran muy parecidos, así que se decidió.
—Supongo que dos es mejor que uno —sonrió y Tom no supo por qué se sintió intimidado—. Pero Bill, tú primero…
Se lo llevó de la mano unos dos metros; él miró atrás varias veces, a su hermano que lo miraba fijamente con los ojos abiertos como platos, expectante. Ella acercó sus labios a los de Bill, primero suavecito, luego le pidió “abre los labios” y le coló la lengua dentro de la boca. Bill se asustó, pero logró agarrarle el ritmo, aunque igual, no le vio mucha gracia a aquello de los besos de que tanto hablaban sus compañeros de clase. La separó suavemente.
—Ahora Tom.
—De acuerdo —ella suspiró; le gustaba Bill porque era un chico lindo que parecía demasiado maduro para su edad; pero su hermano tenía otra personalidad, más tímida.
—Ven, Tom —dijo Bill mientras se alejaba de ella; Tom estaba tan nervioso que parecía a punto de echarse a llorar. La niña repitió el mismo ritual, pero la reacción de Tom fue aún peor que la de Bill; al sentir la lengua contra la suya le agarró una náusea horrible. Ella lo miró rabiosa.
—De veras son unos niñitos ustedes dos. Olvídalo, Bill, no quiero tener nada más contigo.
—Ah, y tú eres muy mayor para mí —Bill le regaló una de sus sonrisas sardónicas que podían doler más que una bofetada y ella se marchó.
Fueron de regreso a su casa muy callados, hasta que Tom empezó a quejarse.
—Fue totalmente asqueroso. ¿Cómo se supone que uno disfrute eso?
—Seguramente no supimos hacerlo bien, Tomi; es todo.
—Pero tú parecías saber hacerlo mejor que yo. Tal vez si… me enseñas…
—¿Y cómo se supone que te enseñe eso? Tendríamos que besarnos…
—Bueno, pues… besémonos, tengo más confianza contigo para hacer algo como eso que con esa…
—Hey, si nos besamos…, eso no quiere decir que seamos novios, ¿eh?
—Claro que no; somos hermanos, tonto —le golpeó la cabeza, pero sin demasiada fuerza.
—Sí, ¿pues para que quieres que un tonto te enseñe a besar? ¿No será que tú eres el más tonto de los dos?
—Ay, ya, Billy. ¿Lo vamos a hacer o no?
—A ver, aquí no, en la casa.
Ya dentro de su habitación se pararon frente a frente. Bill hizo que Tom se acercara a él y le pidió que entreabriera los labios. Y entonces lo hizo: pasó su lengua lentamente por los labios de Tom y él sintió una cosquilla subir por su estómago hasta su pecho; fue un acto reflejo que también su lengua empezara a tratar de alcanzar la boca de Bill, y luego las dos lenguas se enredaron en besos húmedos, que parecían no querer parar.
—Oh, ¿es así? Esto fue… muy diferente. Ya me gustó —dijo Tom cuando al fin se separaron—. Entonces, si lo hago así… todo irá bien.
—Ajá —Bill estaba sonrojado; su cuerpo completo se había energizado con ese beso y él no sabía explicarse lo que estaba sintiendo—. Tengo hambre —dijo de repente y salió hacia la cocina. Pero allí no había comida hecha, sino una nota de su mamá, y unos billetes: “Pidan pizza que sé que les encanta, y pórtense bien. Gordon y yo salimos a una exposición y un concierto”.
—OK, mamá —encogió los hombros.
Él y Tom siguieron solos, pero sin hablar mucho, hasta la hora de dormir. Se metieron entre las sábanas en sus respectivas camas y apagaron las luces. En la oscuridad, Tom se levantó y cayó sobre la cama de Bill, de un tropezón. Producto de sus maniobras para no caerse, su cara había quedado a escasos centímetros de la de Bill y entonces dijo lo que tenía atorado desde la tarde:
— ¿Podemos besarnos de nuevo, Billy? Por favor.
Como respuesta, Bill solo abrió su manta para que Tom pudiera entrar a la calidez de su cama, y se quedaron frente a frente.
—Puedes intentarlo tú ahora, Tomi —y él lo hizo; poco a poco, estaba aprendiendo a besar.
Continúa…
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