Fic TWC de Ladyaradia

16. Hey you (Eh, tú)

(…) La misma sangre, las mismas células. el mismo Dios, el mismo infierno. La misma vida, el mismo amor (…) Sabes que nadie escucha, no quieren oírlo. Decir lo que quieres decir, la gente empieza a temerlo. (…)

De regreso a Alemania, estaban aún en el aeropuerto con la sensación de que acababan de vivir un sueño del que no habrían querido despertar. En el avión habían viajado con las manos anudadas una en la otra, con el presentimiento angustioso de que en poco tiempo se acabaría tanta libertad y tendrían que volver a fingir ante los demás que solo eran dos hermanos que se querían mucho.

Sabían que de un momento a otro se les unirían sus guardaespaldas y su mánager, a los que habían avisado de su regreso, así que no pudieron resistirse a darse un rápido beso en los labios mientras esperaban sus equipajes: ¿Por qué entre tanta gente que se iba a tomar un avión o venía ansioso de llegar a ver a los suyos, alguien se fijaría en dos jóvenes que a primera vista no le parecerían gemelos a quien no los mirara detenidamente? Eso creían, pero la verdad era que seis pares de ojos los habían seguido desde que asomaron por la puerta de salida de la aduana alemana: eran tres de sus fans más radicales, especialmente de Tom.

¿Cómo habían sabido ellas que los gemelos llegarían en ese vuelo? No lo sabían; de alguna manera, fotos de ellos en Maldivas habían llegado a los medios, así que la mayor parte de sus fans sabían que llevaban todos esos días fuera de Alemania, de vacaciones; pero a una de ellas, la líder, le habían pasado la información de que ellos necesitaban regresar en esa fecha o antes, por compromisos de trabajo con el nuevo disco, por ello las chicas llevaban tres días acampando en el aeropuerto, decididas a no marcharse hasta verlos, y luego seguirlos. Pero lo que no se esperaban era aquello que acababan de ver: los gemelos besándose, Tom aferrándose a Bill no como un hermano sino como el más deseoso amante, y todas las murmuraciones de incesto que recorrían el fandom —contra las que ellas mismas habían arremetido sin piedad acusando a quienes hablaban de eso de enfermas mentales, cochinas pervertidas y anti Tokio Hotel— tomaron un tinte verídico ante sus ojos; de algún modo la ira contra los que defendían tal cosa se volcó contra aquellos que acababan de mostrar ante sus ojos que siempre estuvieron equivocadas.

Por Dios, qué asquerosos. Vámonos ahora —dijo Perrine, y las otras la secundaron.

&

Había mucho trabajo por hacer, así que estaban la mayor parte del tiempo en Berlín, donde habían alquilado un apartamento para no tener que depender de hoteles cada vez que tenían que pasar en esa ciudad temporadas enteras.

Fue muy difícil escoger, entre tantas canciones ya creadas, solo 28 para su nueva producción, 14 para la versión en alemán y 14 para la versión en inglés, aunque habían preparado varias más para los Bonus de las diferentes ediciones que siguieran. Y esta vez, los Kaulitz se estrenaban como coproductores: querían tener mayor control sobre su creación, querían poder decidir qué necesitaban decir y cómo querían decirlo, y se sentían muy capaces de hacerlo en ese momento.

Las canciones escogidas hablaban mayormente de sus experiencias de vida, su ánimo, deseos y esperanzas, pensamientos y reflexiones con respecto a todo lo que les había tocado vivir; algunas que se habían comenzado estando aún en aquel bungalow 483 en España, tan inolvidable; otras en sus viajes, e incluso una era la catarsis de Bill ante toda su angustia cuando estuvo enfermo y no sabía si podría volver a cantar. Pero sobre todo hablaban de amor, de ese amor que era tan bello como doloroso, tan difícil y extraño, que era el que compartían Tom y Bill.

Los tiempos en el estudio, que estaba dentro del propio apartamento de los Kaulitz en Berlín, les hacía bien a los cuatro integrantes de Tokio Hotel; volver a estar en esa amistosa intimidad, aislados un poco de sus fans, ataba sus lazos de empatía y renovaba su confianza.

Pero algunos de sus fans no estaban dispuestos a dejarlos en paz, y pronto empezaron a escuchar sobre un grupo de chicas que se hacían llamar “Afganas en Tour”, unas francesas que los perseguían y habían hecho de ese acoso el móvil para su día a día. La líder era aquella Perrine que, con sus amigas, había acampado tres días enteros en el aeropuerto de Berlín para ver a su mayor ídolo: Tom Kaulitz. Aunque Gustav y Georg no se salvaban de ataques, la mayor parte de estos estaban dirigidos contra los gemelos, sus amigos y su familia. Incluso molestaban a Charlotte en Hamburgo, abordándola al salir de su casa, gritándole insultos.

¡Perra! ¡Ya debes saber lo que hacen tus hijos! —Y Charlotte intentaba hacer oídos sordos; pero ellas se le acercaban peligrosamente—. Diles que se cuiden, porque les vamos a dar una lección a esos asquerosos pervertidos.

Por supuesto que ella se los dijo, asustada, por teléfono. Incluso quiso hablar primeramente con Bill, a quien sabía más seguro, más fuerte ante las circunstancias, y fue él quien le planteó la situación a Tom, quien se exasperó al escuchar las noticias.

¡Están locas! Que nos acosen a nosotros, que ya sabemos cómo lidiar con ello, no es aceptable, pero lo podemos esquivar; ¡pero ahora a nuestra madre! Y Andreas también dice que le envían amenazas, que ha tenido que cambiar todos sus contactos electrónicos.

Dice mamá que le insinúan cosas sobre… nosotros dos, que le gritan que somos unos pervertidos; Tom, es como si ellas… supieran algo.

Pero… ¡no tendrían cómo saber!

Ya lo sé, pero… es extraño.

Debemos avisar a la policía.

¿Y si eso es peor? ¿Y si realmente saben algo y… empeoramos las cosas?

Tom se quedó en silencio; pensando. Luego al fin dio su opinión.

El management debe saberlo todo; y tenemos que reforzar la seguridad aquí y en Hamburgo. Luego veremos si la policía debe saber, ¿de acuerdo?

De acuerdo; creo que eso es lo mejor.

&

Tom estaba regresando a la casa en Hamburgo, después de hacer algunas compras, un poco entretenido; todo eso de las “stalkers” y sus amenazas a Charlotte lo preocupaban demasiado. Distraído en sus pensamientos, no vio que un auto comenzaba a seguirlo. Ahí estaba esa chica, Perrine, en el auto con sus otras amigas. Lo habían estado acechando, habían perdido por un momento su rastro, y ahora lo habían divisado de nuevo.

Eh, eh, ahí va Tom. Voltea por aquí, ¡por aquí! Mira, paró en la gasolinera…

Ok, ya…, ¿qué vas a hacer?

Espérame —Perrine bajó del auto y se acercó al de Tom. Sus amigas las siguieron lentamente. Él aún no salía del auto, y la vio acercarse, pero antes de que pudiera cerrar por completo el vidrio, ella golpeó en este—. Hola, Tom, ¿qué tal? —Tom trató de no darse por enterado, siguió subiendo el vidrio y ella puso la mano—. ¡Vamos, Tom! ¡Baja el vidrio! ¡Quiero un autógrafo! ¿Que no puedes darle gusto a una de tus fans? Ni siquiera quiero un beso de esos que le das a Bill —Tom la miró asustado ahora. ¿Quién era esa chica? ¿Por qué hablaba así?—. Ajá, él es lo único que te interesa, ¿verdad?, el gay de tu hermano Bill, y tú…, ustedes dos son unos cochinos…

Tom no aguantó más, lanzó su cigarrillo por la ventana, dispuesto a hacer que ella se alejara para poder arrancar el auto. Ella se separó, en efecto, recogió furiosa el cigarrillo y lo apagó en el carro de Tom, quien, al fin, reaccionó saliendo afuera.

¡¿Qué mierda haces?! ¿Estás loca o estúpida?, ¡me dañaste el auto! ¡Respeta! ¿Qué es lo que pretendes?

Ella no se intimidó, siguió acercándose a él.

¿Qué? ¿Ahora no soy tu fan? ¿Ahora me desprecias porque no están las cámaras?

¡Ya déjame en paz! —pero ella siguió acercándose.

Lo vas a pagar, Tom, tú y Bill… —Tom perdió los estribos, ya no pensaba lógicamente cuando la empujó, y ella cayó al suelo—. ¡Grosero! ¡Te aprovechas de que soy mujer, maldito! —gritaba ella mientras sus amigas corrían a ayudarla y Tom corría a su auto para alejarse rápidamente.

&

Cuando llegó a la casa, solo pudo gritar el nombre de Bill.

¡Bill! ¡Billy! ¡Ven aquí! ¡Te necesito! ¿Dónde estás? —Tom estaba angustiado y ansioso; Bill llegó hasta él preocupado.

¿Qué está pasando, Tom? ¿Qué es tan urgente que no podías esperar a encontrarme? Estaba duchándome, salí todo mojado, como ves…

En efecto, Bill solo llevaba la toalla anudada a su cintura, y gotas de agua mojaban su torso y su cara; en otro momento esa imagen hubiera encendido a Tom, pero en ese instante no podía pensar en nada más que en lo que le acababa de pasar. Tomándolo de las manos lo hizo sentarse a su lado y le contó todo. Bill reaccionó parándose alterado.

¡Esa hija de puta! ¿Por qué contigo? ¿Por qué las putas esas no intentan meterse conmigo mejor, las muy perras… —Tom parecía a punto de echarse a llorar; se sentía más vulnerable que nunca.

Seguro que llamaron a la policía —se estremeció—. Billy, ¿y si me meten a la cárcel? ¡No podría soportar eso!

Ya cálmate, ¿sí? Lo solucionaremos; yo lo solucionaré.

Tomó el teléfono de Tom y marcó el número de David Jost. Tom lo seguía con la mirada, ansioso, mientras Bill hablaba contándole lo ocurrido a su mánager.

No, Tom no puede hablar ahora, está muy nervioso —otras palabras más y terminó la llamada. Bill se volvió hacia Tom—. Él llamará a nuestro abogado y nos dirán qué hacer. Y ahora ya cálmate, que me estás estresando —dijo Bill mientras Tom comenzaba a caminar de un lado a otro, apretándose las manos. Fue hasta él, lo abrazó fuerte y le dio un profundo beso, hasta sentir que Tom se aflojaba entre sus brazos y empezaba a relajarse.

El teléfono de Tom sonó y él dio un respingo, sorprendido; Bill lo tomó.

Es David —se alejó otra vez y, luego de unos minutos, regresó junto a Tom—. Nos ha prácticamente prohibido salir de la casa si no es para algo oficial y con toda la seguridad. Y… dice que ellos se ocuparán de arreglarlo todo. No vas a ir a la cárcel, te lo juro. Confía en mí —le acarició la mejilla. Tom se abandonó de nuevo a los brazos de Bill, comenzando a respirar más lentamente, pero entonces las palabras de aquella chica volvieron claras a su mente.

Bill, ella dijo algo que no me gustó. Dijo que somos cochinos y que tú… y que yo… que si yo te beso…; no sé, pero, ¿será que saben algo? ¡Qué mierda! ¡Tenemos que tener más cuidado! Ah, ¡cuánto odio esto! Todo el secreto y el miedo —empezó a llorar; las tensiones salían sin contén en forma de un llanto silencioso y ahogado.

Bill lo acercó más a su cuerpo, consolándolo como solo él sabía hacerlo.

No llores más, mi ángel; por favor. Nada ni nadie nos va a separar. Vamos a poder luchar contra todo y vencer.

Pero Tom no contestó, siguió llorando contra el pecho de Bill, y él solo lo sostuvo fuerte; tal vez era necesario que Tom sacara tanto dolor allí, con él a su lado, compartiendo a través de su conexión el dolor y el amor, la debilidad y la fuerza. Sabía que venían tiempos difíciles, pero juntos podrían sortearlo todo; estaba seguro.

Continúa…

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por ladyaradia

Escritora del Fandom

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