
Fic TWC de Ladyaradia
15. Lass uns laufen (Corramos)
La lluvia es fuerte allí fuera y aquí dentro todo está gris. Las paredes oscuras han bloqueado mi salida de fuga; las luces se apagan. Cierro todas las puertas. La habitación está llena de visiones sobre ti. Mis latidos hacen vibrar el piso. No tengo nada que perder. Oh, Corramos cuando la oscuridad venga. En alguna parte nuestro futuro ha comenzado. Más allá del horizonte. Oh, Corramos hasta que la noche sea clara y hasta que las últimas lluvias del mundo nos digan quiénes somos… (…)
Todo parecía ir muy bien, luego de sus últimas apariciones públicas en USA, adonde tendrán que regresar al año siguiente para terminar su nuevo disco.
Mientras Natalie ponía extensiones en su cabello y conformaba rastas, la mayoría negras y algunas blancas, Bill pensaba cómo abordar la cuestión que le preocupaba con la chica, y que había pospuesto por muchos días ya; tratando de evadir conversaciones con ella que no fueran estrictamente de trabajo. Sin embargo, ahora llevaban más de una hora allí juntos, así que temía que en algún momento surgiera el tema.
—Sabes que no soy muy de meterme en tus cosas, Bill —dijo ella al fin—, pero tengo mucha curiosidad.
—Dime —él se preparó para la pregunta que veía venir.
—¿Por qué ponerte rastas?
—Ah —él creía que ella haría otro tipo de preguntas—, es una apuesta con Tom. Dice que, si me hago rastas, tal vez él cambie un poco su look también, y realmente deseo verlo con ropa un poco más ajustada…
—Igual todo te sienta, las rastas también te quedarán bien.
—Me gusta cambiar —él sonrió halagado. Luego decidió tomar valor para enfrentar lo inevitable—. Natalie, creo que tengo que hablarte de…
—Bill, si es sobre lo que vi en la fan-party, no te apures, no me asusté, ya sospechaba hacía tiempo. Recuerda que estoy casi siempre cerca de ustedes, y veo cómo se miran, y se rozan, pero… sí me preocupa que hagan cosas como lo de esa noche, los pueden ver, tal como los vi yo, y David… está bastante receloso con el asunto. ¿Sabes que se filtraron videos de fans donde aparecen ustedes en… extrañas posiciones? Yo los vi, esos videos, están por todas partes en internet. Incluso hay uno del momento en que… se estaban besando.
—¡¿Qué?! —Bill casi saltó del asiento donde Natalie hacía su trabajo.
—No se ve con claridad, tranquilo; gracias a las cortinas lo que sucede es borroso, pero da bastante qué pensar y ya David lo vio, así que supongo debe andar como perro con pulgas.
—No nos ha dicho nada.
—Pues no sé, quizás no lo haga, pero te lo digo para que lo tengan en cuenta, ¿ok?
—Gracias, Naty; nunca pensé que podría confiar tanto en ti.
—Pues ya ves… —ella le sonrió, y él le correspondió con sinceridad, las mismas sonrisas que Tom vio al acercarse.
—Hola, ¿felices de cómo van quedando las rastas del Kaulitz menor?
—Pues, no solo eso, Tom… aquí Natalie acaba de decirme que…
—Nada, nada, ya los dejo en paz para que sigan en lo suyo; solo venía a decirte que… está resuelto todo.
—¿Nuestras vacaciones? ¿Confirmaron la reservación?
—Ajá; acaban de llamar. Ahora todo el mundo creerá que vamos a Ibiza mientras nosotros… estamos en otra parte.
—Nos vamos a Maldivas, Naty; es nuestro paraíso.
—¡Bill! ¡Creí que no contaríamos eso a nadie… que no necesite saberlo! —Tom deliberadamente estaba descalificando a Natalie como alguien de su confianza; pero Bill tenía otra idea al respecto.
—Ella es de fiar, Tom. Eso quería decirte y tú… me interrumpiste. Ella sabe… de nosotros… y nos puede ayudar.
—¿De veras? —Tom no podía evitar sus celos y desconfianza acerca de la estilista rubia—. Entonces espero que no tengamos otra vez a los paparazzi tras nosotros en la playa; la última vez hasta nos fotografiaron en la piscina, ¿recuerdas? Siempre me pregunté cómo esos tipos acceden a tanta información.
—La otra vez fuimos descuidados, Tomi, le dijimos a todos que nos iríamos a Maldivas y nos siguieron; pero ahora lo sabe muy poca gente. Y yo confío en Natalie, ¿bien?
—Bien —Tom lo dijo, pero para él no estaba bien. Por mucho que lo intentara, no podía tragarse a la rubia, le parecía falsa de más, y estaba seguro de que ella daría cualquier cosa por llevarse a Bill a la cama. Se marchó rumiando su incomodidad, en busca de Georg, a ver si un poco de juegos electrónicos con él le hacía olvidar sus dudas.
&
Ahí estaban de nuevo, en la playa, tomando el sol sobre sus pieles blancas, sobre todo la de Bill, que siempre había sido de un tono más pálido; Tom miró a su Bill, y sonrió: allí estaba el tatuaje en su costado, recordándole que estaba dispuesto a todo porque un día pudieran amarse sin temores ni culpas. Bill sintió la mirada sobre su cuerpo y se volvió hacia él, sonriendo.
—Tienes cara de niña enamorada.
—Oh, basta, Bill; ahora te ha dado por llamarme niña a cada rato, y no soy una niña.
—No, ya lo sé —se acercó a él para sentirlo—; lo sé muy bien. Es solo que eres tan lindo…
—Tú lo eres más —Tom se derretía, que Bill hiciera subir su ego le encantaba, porque él era su dios personal—. Bueno, en algo sí tienes razón, y es que tengo cara de enamorado. Me encanta verte así, te sienta la playa y broncearte…
—Pero… ¿no estoy demasiado delgado?
—Un poco delgado, sí; pero nada de qué preocuparse.
—Como mucho, no hago ejercicio, no sé por qué no engordo nada.
—No hace falta; y si no engordas es por… tu constitución física, estrés, demasiado trabajo, y no creo que no hagas ejercicio, entre el escenario y… el sexo; a veces parecemos adictos a las dos cosas.
—Yo soy adicto a ti, y me gusta —Bill le tocó la espalda.
—Ah, sí, y mi mayor adicción… es sentirte dentro de mí —Bill comenzó a reír de deleite al escuchar eso.
—¿Quién lo hubiera dicho de ti, eh? —Pasó tras él y lo rozó, para luego caminar hacia la arena; se recostó allí y Tom fue tras él para sentarse a su lado. Miró un par de veces a su alrededor y, tras no ver a nadie, se decidió a besar los labios de Bill, que los entreabrió para profundizar el contacto.
—Se siente bien —dijo Tom tras separarse y quedarse otra vez uno junto al otro—; ¡se siente tan bien estar acá y no pensar en si alguien nos ve besándonos, o tocándonos!
—Sí, realmente se siente bien.
—¿Sabes que me gustaría? Poder hacer el amor en la playa, como en las películas esas románticas que me obligas a ver.
—¡¿Yo te obligo?! ¡Mentiroso! Te gustan mucho, y lloras más que yo con los finales…
—Ja ja, de acuerdo, lo admito —se quedaron callados por un rato, luego Tom tocó las rastas de Bill—. Es raro ver cómo… con cada cambio que haces en ti… te ves aún más sexy.
—Es solo para ti; quiero verme sexy para ti.
—¡Sí!, ¿y ahora quién miente? Veo tus ojos brillar cuando todos te desean, y veo cómo clavas la mirada en las chicas para seducirlas y dejarlas a tus pies.
—Es un juego tonto, porque el único que me interesa eres tú, y lo sabes. Solo me divierte provocar esas cosas en los demás.
—Eres tan malicioso, ¿eh? Pícaro demonio.
—Yo soy un demonio… ¿y tú un ángel? Eres mi ángel, tierno y suave —le guiñó un ojo, y Tom solo sonrió con la broma.
Estuvieron solo un rato más en la playa, porque demasiado sol tampoco les haría bien. Las horas siguientes las pasaron entre conversaciones animadas, risas, una cena compartida, cigarrillos en el balcón de su bungalow mientras hablaban de cualquier cosa, una película en la TV, todas esas actividades que los unían como pareja, pero también como hermanos.
Contradictoriamente, en los tiempos en que intentaban luchar contra su amor de pareja, sus relaciones fraternales se habían vuelto difíciles, pero más y más mientras aceptaban la naturaleza real de su amor, este hacía más fácil poder amarse también como hermanos, porque en el fondo de todo seguía estando esa verdad: su unión como gemelos, el goce de esos lazos emocionales, la sensación de intimidad mental absoluta, de confianza infinita en el otro.
Casi a medianoche, y después de tener mucho rato a Tom recostado sobre él mientras miraban la película, Bill se paró al fin y se asomó a la ventana.
—¿Viste? Hay luna llena.
—Sí, hay que tener cuidado con los hombres lobo —Tom rió de su propio chiste.
—Pues sí —le hizo coro Bill—, todos los locos se ponen impetuosos con la luna llena, eso dicen.
—Me estoy sintiendo un poco impetuoso, ¿y tú? —Bill asintió; en su mirada esa chispa lujuriosa que Tom ya conocía tan bien.
—No habrá nadie de noche en la playa, supongo; nadie que vaya a pasar cerca…
—Ningún fotógrafo casual…
—Tendremos la playa para nosotros, Tomi.
—¿Nos llevamos una botella de vodka? —Tom fue a buscarla al bar sin esperar la respuesta, porque sabía que cuando Bill decidía algo, no le gustaba demorar en cumplirlo, así que solo pudo agarrar la botella y dos copas cuando ya Bill lo arrastraba hacia fuera del bungalow, hacia la orilla del mar, y él se dejó arrastrar complacido.
Se sentaron frente al mar oscuro, y llenaron sus copas; brindaron.
—Por el amor —dijo Bill.
—Por nuestro amor —lo secundó Tom.
Bebieron mirándose a los ojos, rodeados de la suave luz de la luna.
—El mar me fascina, Tom; no sé explicar por qué siento esto cuando estoy mirándolo así, más cuando está tan oscuro, y sabes que hay tantas cosas ocultas, tanta magia sin descubrir…
—Sería bueno poder respirar bajo el agua, para ver todo, como una sirena…
—Ja, ahora te estoy imaginando como sirena, tratando de arrastrarme al fondo…
—Creo que te equivocas, el que canta y hechiza a los demás eres tú, así que…
—No sé por qué te defiendes tanto de que haya algo femenino en ti. ¿No sabes que todos en el fondo tenemos algo del otro sexo?
—¿De dónde sacaste eso?
—De una fuente confiable —Bill se rió—. En serio, dicen que en cada hombre hay algo femenino latente, y en cada mujer, algo masculino. Por eso la androginia es lo que está de moda, ¿entiendes?
—No, no entiendo mucho de modas, el experto en eso eres tú. Me has gustado siempre, cuando te veías más femenino y ahora que has cambiado.
—Lo que no ves, es que tú también has cambiado, y ya no pareces tan masculino como antes…
—¡¿Qué?! No, Bill, no me gusta eso. Ya sabes que a ninguno de los dos nos van bien los vestidos.
Se rieron recordando aquella travesura infantil y luego Bill le quitó la copa de las manos, y la lanzó lejos junto con la suya. Tomó la botella de vodka mientras Tom lo miraba preguntándose qué estaría tramando; luego vio que la volteaba y sintió que el alcohol empezaba a caer sobre su abdomen, dio un respingo por el frío; Bill lo hizo tumbarse, el pequeño hueco de su ombligo se llenó del licor y Bill metió ahí su lengua para beberlo. Tom dejó salir un gemido. Sí, definitivamente Bill sabía qué hacer para volverlo loco de deseos, era capaz de adivinar las fantasías que ni él mismo había hecho conscientes.
La marea llegó hasta ellos, empezó a mojarles los pies, la botella quedó a un lado, y Tom logró voltear a Bill, para acariciarlo mientras las olas llegaban más y más arriba en sus cuerpos; le sacó el short que llevaba, lo lanzó lejos, e hizo lo mismo con el suyo, los dos olvidando el frío de la noche al aire libre, calentándose con el calor entre sus pieles unidas. Tom pasó sus manos por el torso de Bill, disfrutando el tacto aquellos lugares donde estaban los tatuajes que tanto lo encendían, lamió los pezones de sus tetillas mientras él mismo también estaba siendo acariciado, en su espalda y más abajo, caricias íntimas, invadido por el placer, y luego Tom encima, sintiendo a Bill entrar completamente dentro de él, los dos encendidos, excitados, disfrutando de la fantasía de estar solos en todo el planeta, en un mundo que se había hecho para los dos y para que disfrutaran plenamente de su amor sin intromisiones ni contrariedades. Allí estaban ellos, acariciados por el mar, bendecidos por la luna llena, unidos en un ritual que era el reflejo de sus almas fundidas una a la otra, sin reservas.
Continúa…
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