
Fic TWC de Ladyaradia
14. Down on you (Me rindo ante ti)
(…) Y esta noche… me rindo ante ti, me rindo ante ti, esperando besos benditos. Me rindo ante ti, me rindo ante ti, los otros deseos se desvanecen. Justo en tus sueños rockstar, es un punto de vista; me quedo abajo abajo abajo para subir sobre ti. Me rindo ante ti, me rindo ante ti. ¿Puedo llenarte con mi vacío esta noche? ¿Puedo coger tu mano mientras nos deslizamos en la noche? Porque los ángeles caen, y somos, y somos solo dos almas dañadas, pero el paraíso es donde nos hallamos. (…)
Mucho alcohol en la noche de los Comets, hasta regresar al hotel con un único deseo: dormir ininterrumpidamente un montón de horas. Tendrían el día libre antes de volver a viajar para retomar el tour, así que nadie vendría a apurarles para que estuvieran listos, o a despertarlos antes de la hora en que ellos quisieran hacerlo.
Era gracioso que los cuatro integrantes de una banda de rock tan exitosa, casi siempre pasaban su día libre en la cama, ya sea durmiendo o… en otros menesteres; y los Kaulitz eran el mejor ejemplo de ello. Despertaron con hambre y pidieron servicio de habitaciones; fumaron sus cigarrillos en el balcón y se dieron una ducha mientras esperaban.
Devoraron sus comidas envueltos en batas de baño, entre miradas cómplices y sonrisas. Sabían que tenían que hablar de lo ocurrido, y que esa conversación les llevaría de regreso a una espiral de deseos incontenibles con un desenlace desconocido.
Terminando de comer, Bill se relamió los labios y Tom se sonrojó; sus ojos tomaron una expresión desamparada que Bill interpretó como su necesidad de protección, de cariño y seguridad, así que se levantó para pararse tras él, inclinarse sobre su asiento y hablarle al oído, rozando las suaves pieles de sus rostros.
—¿Estamos bien ahora?
—Más que bien —sonrió él sintiéndose estremecer por la sensación del aliento de Bill sobre su cuello—. Ayer me porté como un estúpido, con esa escena de celos que hice por nada. Sabes que no pienso eso de que… quieras parecer una puta, ¿verdad? Fueron mis celos hablando, es como si no fuera yo mismo cuando me pongo así.
—Bueno, quizá me lo merecía, un poco, porque tengo demasiado orgullo egoísta, pero así me amas, ¿no? Así nos amamos, con todos nuestros defectos.
—Afortunadamente, nuestros defectos y virtudes se complementan…
—También nos complementamos… en el sexo, sabemos encajar muy bien uno con el otro.
—Sí —Tom tragó en seco; la conversación se encaminaba ya al tema que lo asustaba, pero en el que se había estado obsesionando desde lo ocurrido en aquel baño. Se levantó y se paró frente a él, buscó sus labios y se entregaron a un beso profundo, donde el ritmo volvía a ser marcado por Bill, quien estaba empoderado de su papel dominante.
—Hasta ahora —puso sus brazos alrededor del cuello de Tom y le habló desde sus dos centímetros por encima— he estado esperando que te decidas a entregarte por completo; no he querido forzar nada, pero tal vez ha llegado el momento…
—Bill, yo pensé que tú… preferías el modo en que lo hemos llevado hasta ahora.
—Ay, mi Tomi, ¡tan inocente! —Bill rió mientras lo besaba—. ¿Cómo puede ser que no sepas casi nada de estas cosas?
—¿Y tú sabes? —parecía casi avergonzado—. No es que ninguno de los dos tenga mucha experiencia sobre… estas cosas.
—Pues lo que yo sé es que el deseo es mutuo, y que yo tengo tantos deseos de hacerte el amor como tú de hacérmelo a mí, es muy simple.
Tom no le diría lo mucho que le había excitado sentir a Bill en ese plan tan… imperioso, pero sabía que, por la conexión, él podría adivinarlo en cierto modo, así que no le vio el sentido a negarlo; solo se dejó llevar, y los besos empezaron a convertirse en caricias más profundas, más atrevidas, algo de sexo oral para los dos y luego Bill entre las piernas de Tom, haciendo uso de toda su paciencia y cuidado para con él —la única persona que le inspiraba tanta ternura y lujuria a la vez— lo fue preparando para aquel acto que también simbolizaba un nivel más alto en su relación: los dos dispuestos a todo, en una entrega total.
Tom dejó salir unas lágrimas cuando su gemelo entró en él, y por un momento Bill temió haberse equivocado y que Tom aún no estuviera listo para dar ese paso, pero él lo animó a seguir, y luego gritó, sí, gritó como Bill le había anunciado, pidiendo más, insaciable, necesitado, feliz.
Tres horas después, Tom descansaba en los brazos de Bill; ambos estaban cansados tras su más larga sesión de sexo hasta entonces, y ahora disfrutaban la relajación subsiguiente, la calma tras toda la excitación, y los torrentes de adrenalina y endorfinas en su sangre. Bill se inclinó un poco y le besó la cabeza, mientras Tom se adormilaba y una vez más él disfrutaba verlo dormir con esa expresión que recordaba la inocencia y alegría de un bebé.
No durmieron demasiado esa vez, unas dos horas más antes de encontrarse con sus amigos para una cena informal en el restaurant del hotel, y quizás salir al fin todos juntos a algún club, acompañados de toda su seguridad y siempre en el área VIP, pero al menos era un cambio de aires. Al día siguiente viajarían de regreso a sus casas por poco tiempo antes de un nuevo tour por Europa.
—Y bien, ¿qué le pasa a Tom? —bromeó Georg, al notar que había algo diferente en él; inmediatamente Tom se sonrojó por completo y fue Bill quien tomó la palabra.
—¿Qué tiene? —sonrió con seguridad, como siempre.
—Pues no sé, ha estado ensimismado, como ido, y con una sonrisa boba desde que llegó acá. ¿Pasó algo especial hoy?
—No seas metiche, Georg —habló al fin Tom—. Y no preguntes cosas que a lo mejor no quieres oír.
—¡Oh, por Dios! ¡Entonces sí pasó algo!
—Cállate, Geo, por favor —Gustav le sonrió a su vez—, que me estás asustando; pareces una chiquilla indiscreta tratando de sacarle un secreto a su amiga del alma —Georg miró a su mejor amigo con seriedad; ese tipo de bromas con su heterosexualidad no le parecía especialmente gracioso; y entonces Bill y Tom empezaron a reírse a carcajadas, y Gustav los secundó; pronto los cuatro estaban riendo sin saber muy bien de qué. Así los halló David Jost, quien venía a unírseles en la cena, aunque se le había hecho un poco tarde.
—Me encanta que estén tan felices. Por mi parte todo listo, chicos; si aún quieren ir al club, todo está preparado. Ahora, ¿puedo unírmeles? Este viejo también tiene hambre.
—Claro que sí —Bill tomó la palabra por todos —el camarero se acercó a tomarle el pedido a Jost, y este pidió algo simple.
—¿Irán a por chicas esta noche? —preguntó luego David, interesado—. Parecen estar contentos y descansados, ¿no?
—Ya veremos —dijo Bill y Tom asintió.
—Esperen, ¿acaso Bill tiene que darte permiso, Tom? Porque ya sé que él no es muy de traerse chicas para una noche, así que la pregunta era para el resto de ustedes —miró a Georg y Gustav también, quienes cambiaron una mirada de entendimiento—, y miren quién fue a hablar.
—Bill está en modo líder esta noche, así que parece que necesitamos su autorización para cualquier cosa que hagamos hoy —bromeó Gustav y empezaron a reír todos de nuevo. David se sintió aliviado de que sus chicos estuvieran de tan buen humor.
&
Su cumpleaños 19 lo celebraron en medio de su gira norteamericana, en un hotel de Hollywood. Las cámaras filmaron el momento en que les trajeron aquel pastel helado para los dos, al que apagaron las velas a la vez, y luego las lágrimas emocionadas de Bill tras otra frase sincera de Tom, que solo él entendía en toda su profundidad: “Mi mejor regalo de cumpleaños nació 10 minutos después que yo” —algo que Jost prefirió pedir que editaran del video porque le sonaba demasiado sensible para la imagen publicitada de Tom y le hacía sentir un poco incómodo, no sabía exactamente por qué—, y con una breve salida al día siguiente a la playa de Santa Mónica, en Los Ángeles.
Luego, antes de regresar a casa, les esperaba otra nueva experiencia: asistir a la entrega de los Video Music Awards, donde estaban nominados en las categorías de Mejor Video Pop y Mejor Artista Nuevo, algo sorprendente dado que eran una banda alemana.
Realmente no creían posible ganar, pero, tal vez por ello, decidieron hacer algo que quedara en la memoria de todos: llegaron a la alfombra roja sobre un Monster Truck. Y fue ahí donde ocurrió aquello que molestó tanto a David al ver las imágenes filmadas: Tom, viendo a Bill a su lado, parado con toda su seguridad cuando realmente estaba absolutamente tenso, tuvo que tocarlo para hacerlo sentir que todo estaba bien. Primero tomó por un instante su mano, y la voz mental de Bill le dijo: “¿Qué haces? No ahora”; y entonces, nerviosamente, su mano se movió arriba y lo agarró por el brazo, sin apretar pero sin soltarse. Las cámaras captaron todo, incluso las de su propio staff para THTV.
—¿Qué fue eso? —los abordó David justo después de la premiación, en la aftershow party.
—¡Ganamos los dos premios! Increíble, ¿no? —Bill intentó desviar la conversación, pero David no iba a dejarlo así como así.
—Sí, increíble; tanto como las vergüenzas que a veces paso por culpa de ustedes dos. Sí, ustedes dos, los Kaulitz —dijo al ver cómo las caras de Tom y Bill parecían mostrar que no entendían a qué se refería—. ¿Saben cuántas veces me preguntan cosas sobre lo que existe entre los dos? ¿Saben que hay un término en internet para referirse a lo que muchos creen que hay entre ustedes? Twincest, le llaman.
—¿Qué cosa? ¿Twinset? —Tom parecía confundido.
—Twincest: incesto de gemelos.
—¿Y qué es lo que dicen sobre nosotros? —Bill mostró su mejor actuación de virgen inocente.
—Que tienen una relación incestuosa, que son más que hermanos, que son… amantes.
—¿Nuestros fans creen eso? —Bill puso cara de asco.
—Unos cuantos cientos sí; y la verdad, no puedo decir que estén tan locos: ya les he dicho que se pasan demasiado en los conciertos, con tantos acercamientos, y miradas, y sonrisas extrañas. Y hoy, para rematar, decidieron dar más de qué hablar, con Tom tomándote la mano, Bill, y luego agarrado de tu brazo como si fuera… tu noviecita.
—¡Basta! ¡Te estás pasando, David! —Tom lo retó, mirándolo seriamente.
—Ya lo creo —Bill también miró a David con furia en sus ojos.
—De acuerdo, de acuerdo —David levantó las dos manos en signo de rendición—; discúlpenme si me exalté demasiado, pero le he entregado mis mejores años a esta banda, a hacerlos exitosos, y me molesta mucho que lo echen a perder por sus… excentricidades —Bill fue a decir algo, pero David no lo dejó—. Ya sé, que son gemelos y que nadie entiende lo que es ser gemelos idénticos y cuánto necesitan uno del otro, bla bla bla; ya me sé el discurso, chicos. Yo no creo nada de eso del twincest, por supuesto —Tom y Bill se miraron y respiraron aliviados—, pero sí creo que deben tener más cuidado con sus demostraciones fraternales de afecto, porque pueden ser malinterpretadas y eso es muy mala publicidad para la banda, ¿entienden?
—Lo entiendo, David, pero yo solo soy espontáneo y no voy a estar ahora pensando cómo moverme y qué va a pensar la gente; Bill y yo somos así, y al que no le guste, pues ya puede…
—…empezar a adaptarse a nuestro estilo —Bill interrumpió a Tom antes de que dijera algo de lo que podría arrepentirse luego—. Es así de simple, David: nuestros fans nos quieren porque somos diferentes y, al final, siempre he pensado que es preferible que hablen mal de uno a que no hablen nada.
—La publicidad escandalosa no sirve, Bill.
—¿Escandalosa? Tampoco así. No somos escandalosos —repuso Tom.
David hizo un gesto con la cabeza.
—Es imposible ganarles en una discusión cuando se ponen de acuerdo, ¿no?
—Eso ya lo dije yo —exclamó Georg que llegó hasta ellos con tragos en la mano y Gustav pisándole los talones, tras escuchar la última frase de David—. Olviden eso y brindemos, ¿sí? ¡Somos exitosos! ¡Tokio Hotel está por el cielo!
—En las constelaciones —acotó Tom sonriendo y Bill asintió. Los cuatro chicos sonaron copas y David al fin se les unió celebrando.
Más tarde, solos en el hotel, Bill besó a Tom suavemente, acarició su mejilla, mientras estaban uno junto al otro en la cama.
—Nos estamos descuidando; estamos siendo muy obvios, meine liebe, y eso es peligroso.
—¿Me lo dices tú a mí? Yo siempre he sido el que más temía que lo nuestro se supiera; pero me ahogo, Bill, me ahogo con todo este sentimiento dentro de mí: no soporto tener que callar cuanto te amo, y mentir tanto, ser tan… falso; odio a la gente falsa, ¿sabes?; eso implica que cuando tengo que ser falso… me odio a mí mismo.
—¡Ay, Tom!, ya lo sé. Esto es como una deuda kármica, ¿no? Algo hicimos en otra vida que ahora tenemos que pagar con ese sufrimiento. Pocos pueden encontrar a su alma gemela en la vida, mientras tú y yo… no tuvimos que buscar: siempre estuvimos juntos; pero esa es también nuestra maldición, porque cada vez que somos felices podemos sentir también la sombra oscura que nos acecha, los buitres que quieren devorarnos. Es muy duro, Tomi, claro que lo es; pero tenemos que seguir callando, al menos por ahora. Tal vez un día podamos… ser más libres, cuando no dependamos de otras personas para nuestras carreras, cuando… seamos más dueños de nosotros mismos.
—¿Y cuándo será eso?
—No lo sé, pero sé que ese día llegará —le sonrió tiernamente y le dio un beso sobre la nariz—; será como volver al origen de todo.
—¿El origen?
—Sí, cuando se formaron nuestras almas, en esa paz completa en que ninguno de los dos temía y lo único importante era estar juntos; sé que podemos llegar a eso algún día.
—¿Mientras aún vivamos, Bill? Porque eso suena tan lejano como el “más allá”.
—Sí, te juro que será mientras aún vivamos y tengamos toda esta energía para amarnos; solo necesitamos tener paciencia y fe.
—¿Y en qué tenemos fe nosotros?
—En todo: en la magia, en el universo, en el destino; en que existe algo que es responsable de que existamos y que sabe hacia dónde vamos, ¿no lo crees?
—Si tú crees, yo creo, porque, ¿sabes qué, Billy?, yo creo en ti. Creo en nosotros. Y mi única fe es esa —Bill sintió que corría por su cuerpo y su alma una inmensa calidez.
—Ah, eres tan tierno que a veces no sé si merezco que me ames tanto.
—Nos merecemos, Billy; somos uno para el otro, nos complementamos. Somos dos partes de una sola persona.
—Sí, así es —lo acercó más a sí, y se quedaron acariciándose y sintiéndose respirar, hasta dormirse con sus manos, sus cuerpos y sus almas entrelazadas.
Al día siguiente volaron a Alemania. Ya allí, unos días después, Bill marcó en su piel esa necesidad que sentían los dos de gritar cuánto se amaban: un nuevo tatuaje, a todo lo largo de su costado izquierdo, el mismo lado al que dormía Tom pegado casi siempre, donde se entrelazaban dos frases: “Nunca paramos de gritar”, escrito en línea recta y “Volvemos al origen”, que se enroscaba como una serpiente a la primera. Un mensaje plural, de los dos, y las frases también formaban entre sí las figuras de la T y la B.
Bill ya no sabía si le enorgullecía o le preocupaba la nueva actitud de Tom. Más y más él parecía perder las inhibiciones y ya era prácticamente imposible detener sus chistes con doble sentido en las entrevistas, y Bill solo reía y apoyaba cada una de sus bromas como “quítate los pantalones para Tom, no seas tímido”, o su insistencia en explicar aquel nuevo tatuaje de su hermano, cada vez que le preguntaban cómo era, dónde estaba o qué significaba, como un montón de palabras que simbolizaban “Tom, te amo” o “Tom es mi ídolo”; era mejor dejar que todos pensaran que Tom siempre estaba bromeando a su costa y él se lo permitía sin molestarse, a que sospecharan que detrás de eso se escondía la intención ¿inconsciente? de poder contar su verdad.
En esos meses, su unión emocional y sus experiencias sexuales habían alcanzado casi la perfección, y asumían roles dentro de ellas indistintamente. Llegaron de ese modo a la alfombra roja de los MTV EMA en Londres, y muchos se asombraron de ver tan claramente a Tom mirar a Bill con deseos, olvidarse del mundo a su alrededor y concentrarse en aquel que dominaba sus sentidos, mojar sus labios anticipando el goce y luego sonrojarse por completo al darse cuenta de que estaba siendo demasiado obvio en público, ante cámaras de TV y flashes fotográficos.
Bill lo miró solo una vez con una sonrisa satisfecha: “Calma, meine liebe, aún falta para que podamos quedarnos solos esta noche, pero te prometo que vas a llegar al paraíso en mis brazos”. Y Tom se volvió a sonrojar.
Luego, en la afterparty, se sentaron muy juntos toda la noche, pero su expresión corporal también era muy elocuente: Bill sentado más hacia adelante, como protegiendo a Tom tras él, y en verdad era Bill el que atendía a la mayoría de las personas que se les acercaban, porque Tom se echaba hacia atrás y dejaba que su hermano asumiera el control con las relaciones públicas, algo que sabía manejar muy bien.
Cuando al fin tuvieron un rato más aislados, Tom no pudo contenerse y empezó a susurrarle a Bill, susurrarle no al oído sino cerca de los labios, haciendo que la temperatura subiera en los dos a niveles extraordinarios, hasta el punto de casi hacerles olvidar en donde estaban y que aún seguían rodeados de personas.
—Te amo, Billy, y solo puedo verte a ti aquí, te necesito —y Bill solo sonríe y asiente—. Quisiera besarte ahora mismo y que todos sepan que te amo.
—No lo hagas, no podemos ser tan locos —dice, con una chispa pícara iluminando sus ojos marrones—, aunque yo también lo deseo—. Sus labios se quedaron muy cerca, y luego Bill se despegó y miró a su alrededor.
—Hay mucha gente mirándonos, incluso están grabando, me parece; tenemos que controlarnos, Tomi, o vamos a acabar mal.
—Estamos en Londres, aquí todos son más libres.
—Ya lo sé, pero luego regresaremos a nuestra casa, a nuestro mundo, y no nos gustará descubrir mañana que Tokio Hotel se acabó por nuestra culpa, por no poder resistir un rato el deseo —Tom hizo un pequeño gesto infantil que enterneció a Bill aún más, y siguieron ahí, soportando y actuando su papel, hasta que pudieron marcharse al fin.
La cama en el hotel recibió sus cuerpos unidos, acoplados en un ritmo solo suyo, y Tom asumió la posición que había descubierto disfrutaba más: recibiéndolo en su cuerpo y sintiéndolo llegar a su interior, tocar aquel punto que lo hacía desfallecer de placer y conocer al fin que era lo que realmente significaba la palabra “infinito”, porque infinito era su amor, infinito su deseo e infinito su bienestar, su satisfacción con aquel orden de cosas entre los dos; había descubierto que ese era su verdadero ser: él entregado a Bill, dejándolo protegerlo y mimarlo, necesitando que lo guiara y le mostrara hacia dónde estaba el rumbo que debían seguir para que su amor siguiera creciendo y se hiciera fuerte, y estuviera salvado de todo mal.
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La idea de una fan-party para celebrar su regreso a Hamburgo había parecido buena al principio, pero una vez allí, en medio de todo el caos, el exceso de fans molestas e histéricas por no poder entrar, y demasiado alcohol, se había vuelto quizás un poco peligroso.
Gustav había brindado un poco de diversión al bailar sobre una mesa, ganando de paso una apuesta contra Georg y los gemelos de que no se atrevería a hacerlo. Y entonces Tom sintió ganas de otra apuesta, una solo entre él y Bill.
—Te reto a besarme aquí —le habló al oído.
—¡No! ¡No se puede! —Bill lo miraba asombrado de tanto atrevimiento, pero a la vez sonreía sin poder evitarlo. Tras la cortina de la parte VIP del local estaban los cuatro, su seguridad, y a veces Natalie.
—Aquí nadie nos ve, aparte de los Gs.
—Nos puede ver Natalie —los guardaespaldas estaban más atentos a quienes querían entrar que a los que ya estaban ahí, eso era cierto. La única del staff que entraba y salía de allí para hablar con ellos era Natalie.
—Quiero que ella nos vea.
—¡¿Qué?!
—Quiero que ella sepa que estás conmigo, para que pierda todas sus esperanzas de conseguirte —casi se recostó en él y Bill no lo separó.
—¿Aún sigues con eso? Natalie no tiene nada conmigo.
—Porque tú no quieres, porque ella…
—¡Tom! ¡Si hasta creo que tiene novio!
—¿Y por qué eso la detendría? —se inclinaba más aún hacia él—. Todas quieren contigo…
—Y yo solo quiero contigo; eso lo sabes, y muy bien.
—Bésame, entonces; bésame aquí delante de ella —le agarró la camisa a la altura del pecho intentando acercarlo a él.
—¡Te pones tan tonto con el alcohol! —Bill se rió.
—¡Igual que tú! —fingió estar enojado—. ¡Ah, no, tú te desmayas!
—Solo me pasó una vez, y éramos unos niños; ¡no se vale! —siguió riendo Bill. Tom cruzó los brazos, y se alejó un poco, contrariado; o al menos queriendo aparentarlo.
—Si no me besas ahora, no esperes que te bese más tarde.
—¡Tom! No te pongas en ese plan… ¡estás siendo irracional!
—¡Irracional! Pues sí —se intentó dar vuelta, pero en ese momento Bill se fue sobre él y lo besó. Fue un beso fuerte, dominante, y Tom no dejó que se separara, puso las manos sobre él para pegarlo más y ahondó en la caricia de sus bocas hasta que se separaron para respirar. Tom tenía un brillo intenso en los ojos y Bill volteó a ver a Natalie, que se había quedado de piedra y, sin atreverse a llegar hasta ellos, empezó a volver sobre sus pasos a donde previamente había estado. Bill pensó si debía seguirla y hablarle, pero Tom pudo leerlo y lo retuvo—. No vayas tras ella, quédate conmigo; por favor.
—Claro —Bill olvidó lo demás mientras miraba el rostro tierno de Tom complacido y lleno de amor.
Natalie solo volvió 10 minutos después, y se acercó decidida esta vez.
—Tengan cuidado, chicos; hay personas grabándolos, y la cortina no tapa tanto como parece —se volvió a alejar y Bill supo que con ella también tenía una conversación pendiente, pero sería luego, luego de que esa noche se llevara a Tom a casa y controlara sus celos e inseguridades, luego de que le hiciera sentir el único ser en el mundo que le importaba.
Continúa…
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Jiji 😈