
Fic TWC de Ladyaradia
13. Alien (extraño)
Me siento perdido en mí mismo, hay un extraño dentro de mí. ¿Quién eres Tú? ¿Quién soy Yo? Sangre es todo lo que veo. Las palabras en el espejo me están haciendo estremecer. Sálvame con tu amor esta noche. Ven y llévame de nuevo a la Vida. Me recuesto en el borde, veo toda mi vida rebobinarse. Veo tu cara en la multitud un millón de veces. Me estoy ahogando, me estoy cayendo, me escucho a mí mismo llamando. Sálvame con tu amor esta noche. Ven y tráeme de vuelta a la vida. Sálvame con tu luz esta noche. Tú puedes hacer brillar a la oscuridad. (…)
Ya Bill iba en un vuelo hacia Berlín cuando David Jost y el resto de los integrantes de Tokio Hotel pidieron personalmente disculpas al público portugués por tener que cancelar el concierto.
No lo dijeron en ese momento, pero estaban seguros de que habría muchos más conciertos cancelados, después de escuchar las palabras del especialista que había examinado a Bill para remitirlo inmediatamente a su colega en Berlín, considerado uno de los mejores otorrinolaringólogos del mundo.
Tom no podía estar tranquilo hasta volver a estar junto a Bill, pero David lo retenía resolviendo asuntos de la banda, y apariciones en la prensa. Bill deseó con toda su alma que Tom estuviera allí tomando su mano cuando el doctor dijo que el único tratamiento recomendable era la cirugía: Bill tenía quistes en la laringe que hacía inútiles sus cuerdas vocales, y su infección respiratoria de los últimos días había empeorado todo.
—Pero… ¿quistes? Nunca antes…
—Lo que le diré no es muy ortodoxo, pero a veces las situaciones de estrés continuado, o las depresiones, afectan demasiado el sistema defensivo del organismo, y es entonces que aparecen enfermedades oportunistas como estas. Además, tal vez usted abusa de su cuerpo, me refiero a que la banda siempre está en las noticias de un lado a otro; trabajan demasiado y, aunque sean tan jóvenes, eso no es saludable.
Bill verbalizó la pregunta más difícil, casi en un susurro.
—¿Voy a… poder cantar… de nuevo?
—Esperemos que sí; si todo sale bien con la cirugía, y cumple todas las indicaciones al pie de la letra, puedo vaticinar un buen pronóstico.
Daba igual lo que el doctor dijera, Bill sentía que su mundo empezaba a caerse a pedazos, y que lo único que lo mantenía cuerdo era la imagen de Tom, la necesidad de tenerlo a su lado.
—¿Cuándo…?
—Lo más pronto posible.
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Mientras Bill se sometía a la cirugía, Tom viajaba con Andreas y Charlotte hacia Berlín. Al llegar, ya Bill estaba en recuperación y Tom batalló con la seguridad que el management había impuesto para estar a su lado cuando despertara de la anestesia.
—Bill pidió que nadie entrara antes que Tom —dijo un grandulón que abrió la puerta a la habitación donde Bill permanecía dormido, y él se precipitó dentro. Así fue que, como lo deseaba, lo primero que vio Bill al abrir los ojos tras la anestesia fue a Tom a su lado, mirándolo ansiosamente.
—¡Por fin despiertas! Ah, Billy, ya nos dijeron que todo fue perfecto; no debe haber ningún problema.
Ahora sí Bill no debía emitir sonido alguno, ni siquiera ese suspiro que se apretaba en su pecho. Tom se inclinó sobre él, rápido, y le besó suavemente en los labios; así como aquellos primeros besos cuando eran tan niños. Luego se incorporó para acercarse a la puerta: aún no venía nadie.
—En cuanto sepan que despertaste, van a querer venir todos: hasta papá está ahí fuera. Y la abuela, Andreas, Georg, Gustav, nuestros productores y parte del staff —hizo una pausa—. Sí, toda una multitud, pero no te asustes, nadie va a dejar que entren todos, solo la familia y los amigos, ¿eh? —le guiño un ojo—. Ya sé que estás cansado y todavía tienes que estar aquí como… 8 horas más; pero en cuanto lo autoricen nos vamos al hotel, tú y yo, y allí restringiré las visitas; diré que el médico te recomendó descansar mucho, lo que es la pura verdad —sonrió y Bill también compuso una sonrisa; Tom hablaba y hablaba como si asumiera que el silencio de su gemelo equivalía a que él hablara por los dos, pero aún seguía soñoliento y sentía molestias en la garganta y en las articulaciones de la mandíbula que habían forzado a permanecer en la misma posición por una hora y media, así que volvió a cerrar los ojos mientras Tom besaba su mano derecha y la apretaba luego contra su pecho: su sensibilidad estaba a flor de piel y poco quedaba de su pose de macho-man en ese momento en que sentía tanto alivio porque Bill iba a estar bien; su ternura natural, la que tanto intentaba esconder, se derramaba incontenible para la única persona ante quien no necesitaba fingir nada.
Charlotte entró y los encontró en la misma posición; se aguantó los impulsos de arrancar la mano de Bill de entre las de Tom o zarandearlo para que se le quitara esa expresión embobada mientras miraba a su hermano dormitar.
—Está soñoliento aún —habló él bajo a su madre cuando la sintió acercarse; ella tomó la mano de Bill de entre las suyas con suavidad, sonriéndole.
—Tú ve a descansar, Tom; yo me quedo con él ahora.
—¡Ni loco! Le prometí a Bill que mientras estuviese en el hospital yo estaría a su lado, y no voy a marcharme de aquí si no es con él.
—Bueno, pero al menos tendrás que dejar la habitación un rato: el doctor dijo que no puede haber mucha gente acá, y si tú te quedas, no nos darás la oportunidad de estar con él a ninguno de los otros que también lo queremos; ¡no puedes acaparar a tu hermano solo para ti! —Tom entendió que Charlotte tenía cierta razón, pero él solo podía escuchar a sus sentimientos.
—Cuando él despierte otra vez y vea que sigo aquí, saldré y dejaremos que entren la abuela, Gordon y papá; luego nuestros amigos, y al resto yo le explicaré como sigue Bill. Lo siento, pero yo soy el que va a estar más tiempo a su lado, empezando porque él necesitará comunicarse con los demás a través de mí.
—¿De verdad pueden leer lo que el otro piensa… todo el tiempo?
—Tú eres nuestra madre, ¿quién mejor que tú para saberlo?
—La verdad, yo siempre pensé que exageraban con eso; pero igual, tampoco es imprescindible que estés todo el tiempo: él puede escribir las cosas que quiere decir.
—No es lo mismo y lo sabes.
Nadie lograría convencerlo de dejar a Bill por más de unos pocos minutos. Intentar alejar a Tom de Bill era una tarea demasiado difícil, pero Charlotte no se iba a dejar vencer: se había convencido a sí misma de que eso era lo mejor para los dos, especialmente para Tom: él debía hacer su propia vida, no depender tanto de la cercanía con su gemelo; se decía que era lo mejor para su futuro, y que ella tenía la responsabilidad de hacer algo ahora ya que no lo había hecho antes para que Tom pudiera un día ser feliz al lado de una mujer que lo amara y a la que él amara; pero ninguna mujer se quedaría con él si tenía que aguantar la presencia constante de su hermano alrededor. Ya estaban dejando de ser unos niños, y esa interdependencia de los dos era algo que la asustaba demasiado. “Paciencia”, se dijo, ya había comprobado que enfrentarlos directamente no era una buena estrategia.
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Bill ahora sí apretaba la mano de su gemelo con fuerza y Tom le sonrió, enternecido. El doctor les daba instrucciones sobre lo que se debía hacer en cuanto le dieran de alta.
—Debe estar en absoluto silencio: no puede hablar, susurrar o hablar en voz baja. La comunicación será solo con papel y lápiz. Solo puede toser en forma silenciosa; y para evitar siquiera hacerlo, es mejor que no salga fuera de donde vive, donde podría tener contacto con personas con gripe. Ah, y muy importante, porque sé que es muy joven y los jóvenes son impulsivos, sobre todo unos rockstars como son ustedes, ¿no?: la cosa es que Bill no puede hacer ningún ejercicio extenuante como correr, nadar, aeróbicas, y, por supuesto, nada de sexo —ellos se miraron, algo sonrojados los dos—: está contraindicado todo lo que implique el mantener la respiración, porque eso crea un cierre forzado de las cuerdas vocales, y tampoco puede gruñir o gemir. Así que, Bill, relájese de otro modo; consiéntase, lea, pero todo sin cansarse físicamente, ¿está claro?
Bill asintió, fastidiado: tres días sin sexo con Tom eran una tortura para él; ¿cómo iba a poder soportar más de 10 días? Luego otra preocupación más ensombreció su rostro. ¿Y cantar? ¿Cuándo iba a poder intentar cantar?
— ¿Cuándo cree que podrá… cantar? —la voz de Tom se elevó, turbada.
—Pues… cuando acaben los días que debe estar en silencio, deberá someterse a terapia de voz. Calculo que no podrá cantar hasta 1 o 2 meses después de la cirugía, y cuando lo haga, no podrá abusar de su voz por un tiempo más. ¿Está claro?
—Está claro —dijo Tom—. Que David adecue nuestra agenda —habló esto último para Bill, a quien sentía inquieto, modulando su voz casi hasta un susurro; algo que, aún en esa incómoda situación en que estaban, a Bill le pareció demasiado sexy; se mordió el labio inferior y Tom solo lo miró severo: “¡no me provoques aquí, loco!”.
Esa noche en el hotel, solo se abrazaron. Entre los dos se cernía el miedo a que al final la voz de Bill nunca volviera a ser lo que era, y él no pudiera cantar más para la banda.
—Si no recupero mi voz, tú tendrás que cantar; sé que puedes hacerlo —le escribió en su blog. Tom negó con la cabeza, se acomodó sobre su pecho y dejó que su brazo derecho rodeara aquel torso donde otra mano esperaba la suya para fundirse en un lazo que siempre les daba la paz necesaria para dormir.
—Tú vas a poder cantar como siempre, estoy seguro —dijo desde allí, y yo no voy a castigar los oídos de nadie.
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Charlotte llegó hasta el hotel donde Bill y Tom se quedaban en Berlín —ahora sí no habría nadie que se extrañara de que se quedaran en una habitación doble, solo una habitación para los dos, porque Tom había dejado muy claro que él necesitaba estar ahí para Bill las 24 horas del día—. La intención era convencerlos de que ella también debía quedarse con ellos: que era su deber y derecho como madre ocuparse de su hijo mientras estaba enfermo.
—Yo cuidaré de él, mamá —Tom negó con la cabeza también ante el ofrecimiento de Charlotte—. Sabes que tengo que hacerlo porque… puedo saber lo que Bill quiere sin necesidad de que hable. Y tú solo lo estresarías más, lo sabes.
—Tom, mi niño, yo quiero arreglar las cosas con Bill; sé que me pasé la última vez que hablamos y que él está dolido conmigo. Me gustaría que él entendiera que lo siento.
—¿De veras? —a Tom se le iluminó el rostro—. Sí, a Bill le gustará mucho eso; y a mí —la abrazó, alborozado—. Puedes venir a visitarnos cuando quieras, pero igual yo cuidaré de Bill, solo; es lo mejor —Charlotte hizo un mohín de disgusto pero se contuvo de dejarlo ver eso; por el contrario, sonrió.
—Está bien. Si ustedes lo han decidido, tendré que aceptarlo. Pero me tendrán mucho por aquí.
Al fin Tom la dejó llegar hasta donde Bill, sentado sobre el sofá del salón de la suite, hacía zapping en el televisor, fastidiado.
—Mamá llegó ya —le anunció Tom, y Bill trató de componer una sonrisa forzada; Charlotte se sentó a su lado y adelantó una mano para acariciarle la cabeza. Él sintió un escalofrío, no sabía si de gusto o de sorpresa.
—Todo va a ir bien, Bill. Tengamos fe —dijo ella y él suspiró, mientras buscaba la mirada de Tom; la sonrisa de Bill comenzó a ser más relajada.
—”Eso espero”, pensó; a Bill esa impotencia de no poder hablar, lo ponía cada vez de peor humor. Y si eso era duro, peor era la perspectiva de no poder saber si volvería a cantar.
—Bill, yo… —comenzó ella— sé que fui muy dura contigo, y no quiero que sigamos igual. Quiero que me disculpes si yo… dije cosas demasiado hirientes para ti; por favor. Tengo un mal genio que me llevan los diablos, y me molesto mucho cuando me contradicen; pero eso lo saben ya, ¿no?, porque soy su mamá con todos mis defectos y virtudes.
Bill la miró, sin hablar. ¿No estaba soñando? ¿Charlotte de verdad le estaba pidiendo disculpas? Sintió una gran emoción, como si el Universo que lo estaba haciendo pasar por esa prueba tan difícil con su voz le compensara tanto dolor con esas frases dichas por su madre. Él le tomó una mano y asintió. Tom se sentó a su lado y le sonrió a Charlotte.
—Bill está feliz con esto, y yo.
—Vengan acá, y déjenme abrazarlos a los dos —lo hizo; y luego pasó toda la tarde con ellos, tratando de dar opiniones sobre todo el asunto de la cirugía sin imponerse, contándoles que la abuela estaba muy ansiosa de verlos y vendría con ella en su próxima visita. Los dejó únicamente a la hora de dormir; en la mañana volvería a Hamburgo. Ellos también pensaban volver a su casa allí en cuanto pudieran.
Cuando quedaron solos, Tom besó a Bill en los labios mientras apretaba sus manos.
—Ella está muy cambiada. —“Sí”, asintió Bill—. Todo va a mejorar ahora, ya verás —él no tenía tan altas las esperanzas: realmente era muy deprimente para él no poder estar en control, depender tanto de circunstancias que no podía cambiar: solo podía resignarse a ellas y desear que se desarrollaran favorablemente—. Todo va a ir bien, porque estamos juntos, y eso nos dará fuerzas para enfrentar todo —lo apretó contra su cuerpo, y Bill se dejó llevar. No podía dejar de ver la ironía de que tantos deseos de gritar su amor por Tom y la contradictoria obligación de guardar silencio acerca de eso, era algo que se había atorado en su garganta durante mucho tiempo, sin poder salir, y ahora esa imposibilidad se manifestaba de una manera física, real, palpable, en sus cuerdas vocales.
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Bill fue tan disciplinado en el proceso para su recuperación como lo era para el trabajo. La presencia constante de Tom alegrando sus momentos depresivos, soportando su mal genio sin ofenderse y dándole cuidados y cariño desmedidos, hizo más fácil todo para él.
Sus amigos los visitaban también cada vez que podían, así como Charlotte, quien los asombraba cada vez más con su cambio de actitud. Georg y Gustav se burlaban de Tom diciéndole “la enfermera de Bill”, porque no lograban arrancarlo con ningún pretexto de al lado de su hermano; y Andreas se quedaba en un apartamento cercano, para poder hacerles mandados y pasar tiempo con ellos.
De ese modo, tras un mes y cuatro días de su cirugía, Bill volvió a cantar en un festival en USA. Fue una presentación corta, y luego de otro descanso de 10 días vinieron 3 conciertos en América del Norte: sus fans comenzaron a tranquilizarse, y el trabajo era tomado con más calma. Desde allí viajaron a Oberhausen, donde estarían presentes en los premios Comet.
—Es agradable quedarnos siempre en el mismo hotel cuando venimos aquí —Bill secaba su cabello que planeaba llevar liso y perfectamente planchado mientras Tom lo miraba—. Oye, ¿por qué me estás mirando así?
—Me gusta mirarte, y me gusta más cuando no estás maquillado, así como ahora…
—¿De veras? Nunca me habías dicho eso —Bill se acercó a él, se sentó en su regazo y, pasándole los brazos tras la nuca, le dio un beso en los labios mientras Tom lo sujetaba de las caderas—. Igual a mí me gusta ir maquillado, así que… —se paró para seguir arreglándose, y Tom suspiró; él no necesitaba tanto tiempo para estar listo, hacía rato tenía puesto su atuendo habitual y solo faltaba la gorra. Bill era el que había decidido que para los premios los dos irían combinados en negro y blanco, como el Ying y el Yang—. A mí me gusta más verte sin gorra, pero igual la vas a usar, ¿no? —Tom asintió; Bill siempre lograba probar su punto. Y sí, lo veía bellísimo, con maquillaje o sin este, pero últimamente lo inquietaba que tantos hombres le coquetearan descaradamente, incluso algunos que ni siquiera eran gays.
David tocó a la puerta y entró.
—Bueno, ¿falta mucho, Bill? Le dije a Natalie que ya viniera.
—Sí, de acuerdo —contestó él.
—Y Tom —David le puso una mano en el hombro—, tal vez hoy sea un buen día para tus conquistas. Todos saben que pasaste todo este tiempo encerrado cuidando de Bill y se van a extrañar si no te llevas alguna groupie a tu habitación ahora que puedes. Creo que sería buena publicidad —le hizo un guiño cómplice y Tom solo sonrió.
—Haré mi mejor esfuerzo —contestó luego a su manager mientras sentía a Bill incomodarse. David salió y Tom tocó el brazo de Bill—. No creo que te sigas molestando por eso.
—Por tu papel de player, ¿por qué debería? —usó un tono irónico.
—Ah, ¿no crees que yo pueda conquistar una groupie si me apetece?
—Conquistarla, sí; jodértela, lo dudo.
—Pues te digo, hermanito, que podría tener a quien quisiera, incluso ahora mismo —Tom lo miró con rabia; a veces le enfurecía demasiado la actitud tan superior de Bill.
—¿De veras? Pues yo también podría hacer lo mismo, si quisiera…
—No me retes. Además, tú simplemente pareces una chica ahora; no creo que le gustes así a nadie más que a puros hombres. Ya estoy harto de que hasta ese idiota del Bushido te ande mirando con deseo y diciendo una cantidad de obscenidades; odio cuando te coquetean delante de mí, no puedo soportarlo.
—Yo no tengo la culpa de eso. Soy como soy y no acepto que me juzguen por mi apariencia, mucho menos tú.
—¡Pues sí que estoy harto de que todos quieran contigo por culpa de esa apariencia! —gritó Tom—. Bah, ¡haz lo que quieras, que yo me largo!
—No te vayas así… —Bill lo agarró del brazo.
—¡Suéltame! ¿Es que disfrutas de que todos te deseen? Eres demasiado seductor y eso me pone mal, ya no lo aguanto.
—Pues jódete, si es que piensas eso —Bill había sentido ese aguijón en su orgullo.
—Ok, si es que quieres seguir pareciendo una puta… —la cara de Tom fue cortada por una bofetada; él se llevó la mano hasta allí y miró a Bill dolido—. Eres un maldito egoísta… ¡te puedes ir al infierno si quieres! —Salió al fin, tirando la puerta.
A partir de ese momento, los dos estuvieron muy callados, evitándose; lo mismo en la van que ya en la premiación. Y sus amigos, los que estaban al tanto de su noviazgo, vieron eso aún más raro de lo que ya lo veía David.
Frente al anuncio de cada uno de los cuatro premios que ganaron, Tom y Bill no se abrazaron ni una sola vez; es más, Bill parecía evitar la mirada de Tom que lo buscaba insistentemente.
Al principio, tras la bofetada recibida, Tom había estado rabioso con Bill, deseando golpearle también, pero luego había recapacitado en que eran sus celos los que habían desencadenado toda esa tormenta, y se sentía culpable de haber echado a perder el día para los dos.
Y ahora Bill en verdad estaba enfadado, Tom podía sentirlo incluso en su pecho, como un dolor tenue. Prácticamente no lo miraba, ni respondía a ninguno de sus intentos de acercarse o llamar su atención. “¡Qué cagada!, no debí llamarle puta”, se dijo, deseando más aún poder hablar con Bill y arreglar todo lo ocurrido.
Allí lo veía, posando sonriente a su lado para las cámaras, con esa sonrisa que Tom podía sentir era compuesta y falsa esta vez, pero aún así demasiado bella. Una vez más se lo decía a sí mismo: podían ser gemelos idénticos, pero Bill había nacido con una gracia especial para brillar, para gustar a todos. Le llegaban los gritos de las fans: ¡Te amo, Bill!, y los ¡Te amo, Tom! o ¡Fuck me, Tom!, dejaban de ser relevantes.
Claro que sabía que Bill podría tener a quien quisiera, fuese humano o extraterrestre —sonrió internamente ante su chiste personal—, pero no lo hacía, ¿y no lo hacía por qué? “Porque me ama a mí, y ahí fui yo a cagarla diciéndole tantas cosas feas”. Sí, le podían sus celos por Bill, pero ahora sentía más tristeza que celos, y creía merecer no una bofetada sino toda una andanada de golpes, por lastimarlo.
Tom recogió un balón amarillo a su lado y lo lanzó en dirección a Bill, pero él no se dio por enterado, siguió hablando con David, y luego, cuando llegó Natalie a comentarle alguna cosa, la acercó a sí y la apretó más de lo necesario; Tom se levantó, tratando de disimular su incomodidad, acercándose a otro grupo de personas.
Bill entonces lo miró de lejos, asegurándose de que Tom no lo notara; creía que golpearlo quizás había sido excesivo, pero la verdad era que de él era de quien último esperaba le pudiera juzgar tan mal. ¡Llamarle puta!, eso había sido demasiado para aguantar. Aun así, le dolía que estuvieran de ese modo, y estaba pensando seriamente pedirle que hablaran cuando vio a una chica acercarse, hablarle al oído, y a Tom darle a ella su mejor sonrisa seductora. ¿De verdad Tom iba a seguir el consejo de David esa noche? La cólera volvió a crecer dentro de él, así que fue junto a su guardaespaldas, con cara de pocos amigos.
—Necesito ir al baño, Tobi; acompáñame. Y luego me voy de aquí, que se moleste quien quiera —Tom, que no había dejado de verlo de reojo, fue hacia él en ese momento y Bill lo esquivó; llegó hasta donde estaba Natalie, sintiendo las pisadas de Tom tras él. Ella supo por su rostro que Bill estaba molesto.
—¿Problemas? ¿Estás peleando con Tom? —dijo, mientras el de rastas llegaba hasta ellos.
—Pues sí, porque es un hijo de puta estúpido; y como él anda coqueteando con groupies y esto está demasiado aburrido para mí, creo que me marcharé.
—Pero, Bill, David dijo que…
—¡No me importa! —la interrumpió.
—Espera, Bill… —Tom intentó hablar, pero Bill no escuchó; se unió al guardaespaldas, que caminaba tras él hacia el baño. Tom fue detrás y, antes de que entrara, alcanzó a Tobi—. Voy a entrar con él, a ayudarlo porque… se le extravió su anillo de diamantes y tenemos que buscarlo. Necesito que no dejen entrar a nadie hasta que salgamos, ¿de acuerdo?, trae más guardaespaldas —entró al baño justo tras él—. Bill…
—Vine a orinar, déjame en paz —se encerró en uno de los cubículos y Tom esperó afuera, inquieto. Cuando Bill salió y fue a lavarse las manos, Tom se paró a su lado intentando que lo mirara.
—De veras lo siento, Bill; no debí decirte eso. Yo no creo que tú…
—No crees que yo… ¿qué? ¿No crees que yo puedo tener sexo con quien quiera cuando quiera? ¿No crees que yo puedo hacértelo ahora mismo y hacerte rogar por más? —Lo lanzó hacia una pared y lo hizo sentir su pene duro; Tom parecía desarmado por la fuerza de Bill y solo gimió sintiendo como su cuerpo reaccionaba igual: aquella actitud dominante de Bill le parecía más sexy y caliente que nunca. Intentó besarlo y Bill solo puso sus manos en los hombros de Tom obligándolo a ponerse de rodillas, abrió las complicadas cerraduras de sus pantalones, que solo él entendía, y dejó libre su pene erecto ante los ojos de Tom, quien no necesitó más para tomarlo en su boca y comenzar aquel acto en que las habilidades de los dos ya se habían pulido: si Bill quería actuar rudamente, le quedaba muy bien; Tom sentía la excitación crecer dentro de él a pasos de gigante. Poco después, Bill casi se sentía al borde del orgasmo, así que detuvo a Tom y lo hizo pararse, y él mismo zafó los jeans de Tom que cayeron al suelo enseguida; lo volvió de espaldas y restregó parte del líquido pre-seminal que ya le escurría entre sus nalgas, y Tom sintió crecer en su interior tanto el ansia como el miedo. ¿Acaso Bill estaba planeando hacer aquello ahí, en ese rol que nunca habían practicado? Se tensó, y Bill pudo sentirlo; así que le dio un beso en la nuca y se rió—. Podría haberlo hecho, y tú habrías aceptado, te habría gustado y gritarías como una niña virgen por más, pero… estamos en un baño público y ya nos hemos demorado mucho aquí dentro. Vamos.
—¿Así?
—Recordemos viejos tiempos, Tomi; ¿recuerdas cuando hicimos esto por primera vez? —dijo Bill tocándose, mirando a Tom; y Tom hacía lo mismo; los dos sonreían, dejando marcharse las nubes negras de tormenta que los habían atormentado, mientras llegaban al orgasmo casi a la misma vez.
Luego vino limpiarse cuidadosamente, lavarse las manos, acomodarse la ropa, y salir afuera, con menos maquillaje para Bill, el anillo de diamantes brillando en su mano, y piernas temblorosas para Tom. Cuando fueron por más tragos, entre tanta gente, y con David justo a su lado, Bill se las arregló para ponerse tras Tom y rozarlo de nuevo; Tom se volvió ansioso, miró a Bill por un instante, y le habló con la conexión: “Agh, Bill, estás siendo cruel”. ¿Desde cuándo le resultaba tan excitante sentirlo así?
El resto de la fiesta estuvieron felices, compartiendo y sonriendo juntos, con la sensación de que algo había cambiado ahí entre ellos, ¿para bien?
Continúa…
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