Fic TWC de Ladyaradia

11. Love and death (Amor y muerte)

Puedo darte, puedes darme, algo, todo. Estás conmigo, yo estoy contigo siempre, únete a mí en el amor y la muerte, el amor y la muerte, no juegues, no juegues, con mi corazón (…) Piezas frágiles, no lamentes los pesares que hemos presenciado; llévalos con nosotros, que entren a mi mundo, únete a mí en el amor y la muerte (…) Todo el dolor que hemos atravesado, estoy muriendo por salvarte. Siente la sangre fluir en mis venas; he estado muriendo por salvarte. Amor, ¿he estado mirándote nadar o sólo te veo ahogarte?, es una tragedia de comedia… con mi corazón (…)

Después de ir de una ciudad europea a otra —y con el éxito instantáneo de “Scream”, el disco con las versiones de algunos de sus éxitos en inglés—, tendrían un mes de descanso. Y en el caso de Bill y Tom, eso significaba volver a vivir con Charlotte y Gordon en la nueva casa que ella, con el dinero que manejaba de sus hijos famosos, comprara en Hamburgo.

No habían sabido cómo negarse a volver a vivir con su madre, sobre todo porque aún eran menores de edad; así que ahora tenían habitaciones separadas en aquella casa grande, y esperaban su cumpleaños 18 con ansias, tantas como para que Bill decidiera anticiparse a la celebración con un nuevo tatuaje a lo largo de todo su antebrazo izquierdo: Freiheit 89, una frase escrita con letras góticas para recordarles que alcanzaban su mayoría de edad y, de alguna manera, su “libertad”.

Tom estuvo con él esa vez en el estudio de tatuajes, evitando mirar los pinchazos, pero pendiente de su Bill, porque intentaban estar juntos todo el tiempo posible lejos de la mirada de su madre y su padrastro, e incluso de su amigo Andreas, a quien todavía no se atrevían a confesarle lo que ya sabían Gustav y Georg.

Así las cosas, la noche del 31 de agosto se encaminaron a un ice-bar llamado Indochine, un local que se había alquilado solo para celebrar con su familia y amigos, así como todos los que trabajaban con Tokio Hotel. La fiesta tendría por título Casino Night, porque a los 18 años también se puede entrar en un casino y a ellos les pareció una buena idea que metafóricamente hacía juego también con su situación: dependían de su suerte para tener éxito o perderlo todo.

Hubo muchos tragos y muchos cigarrillos, ya que todos habían empezado hacía poco a fumar por diversión, pero Tom y Bill le habían tomado tanto gusto como el que le tenían a los dulces y los caramelos.

Todo parecía ir perfectamente hacia el final de la fiesta, ya casi al amanecer: David había olvidado sus recelos de días atrás y Charlotte parecía muy divertida de estar allí junto a Gordon, aunque ya estaba cansada y quería marcharse, así que fue a buscar a sus hijos para despedirse y dejar que siguieran parrandeando, pero no los encontraba por ninguna parte. David se ofreció a ayudarla a buscar, y fueron preguntando por ellos a sus amigos; nadie los había visto en un buen rato.

Y la razón por la que nadie los había visto era que llevaban más de media hora escondidos en un privado del bar, detrás de unas espesas cortinas, besándose, con sus cuerpos queriendo incrustarse uno en el otro aun con toda la ropa que llevaban puesta: los tragos y la situación que estaban teniendo que soportar en los últimos días los habían hecho sucumbir a unas ansias terribles de sentirse, de tocarse tan íntimamente, en aquel día especial para ellos.

Cuando Charlotte abrió las cortinas (ya sabía que ellos desde niños, eran propensos a esconderse juntos), ya no se estaban besando, pero Bill sostenía a Tom contra su cuerpo y lo estaba mirando con una inmensa ternura mezclada con deseo, una mirada que Tom le devolvía de la misma manera; sin embargo, Charlotte no volvió la vista para ver a Tom, solo enfocó a Bill y le espetó una mirada asesina.

¿Qué es lo que estás haciendo con tu hermano? —los dos miraron sorprendidos, pero el alcohol le dio más alas a Bill para contestar.

¿Qué crees que estoy haciendo, mamá?

Lo que sea, no es correcto; ¡sepárense ya!

No —Bill se quedó agarrando el cuerpo de Tom más fuertemente, y Tom no se lo impidió.

Están borrachos los dos; nos vamos para la casa ahora.

Dije que no —Bill la miraba, serio.

Tom, mi niño, vamos conmigo —Charlotte trató de agarrarlo, pero él se desprendió y continuó allí, junto a su hermano.

No, mamá, siempre quieres separarme de Bill, y no puedo dejarte hacerlo.

Ella lo miró asombrada. ¡Su Tom diciéndole eso! ¡Su niño obediente y amoroso! Bill lo tenía dominado; ¡sí, era eso! Pero intentar razonar con ellos con todo ese alcohol en sus sentidos era una pérdida de tiempo; prefirió esperar. Se dio la vuelta y cerró la cortina, y encontró a David para que no los siguiera buscando.

Ya los vi; están un poco… fuera de control…

¿Fuera de control?

Han bebido demasiado y no quisieron irse conmigo.

¿Por dónde están?

Por allá —le señaló en dirección contraria, esperando que ellos tuvieran la razón necesaria para salir ya de su escondite; la avergonzaba lo que pudiera pensar David si encontraba a sus hijos en esas actitudes a las que ella tal vez estaba algo más acostumbrada, pero sabía que los demás no verían nada normal.

Y sí, solo minutos después que ella saliera, ellos encontraron a David para pedirle que uno de los guardias de su seguridad los llevara a un hotel, porque habían discutido con su madre y no querían terminar por echar a perder la celebración de su cumpleaños.

Todos ganan bastante a costa de Tokio Hotel, así que no será mucho darles un capricho a su cantante y guitarrista —dijo Bill, irónico. A David le sentó mal.

No tienes que ponerte arrogante, Bill; tendrán lo que quieren, si me prometen que lo sea que piensen hacer en ese hotel lo harán con cuidado, y que no saldrán de allí solos, y menos… así como están de borrachos.

No lo haremos, David —Tom sonrió agarrándose de Bill—. Nos portaremos… muy bien —empezaron a reírse juntos, sin que David entendiera el chiste. Él hizo algunas llamadas y arregló todo, y cuando ya se marchaban, Andreas llegó hasta ellos.

Oigan, tengo la impresión de que me están esquivando mis dos mejores amigos en el mundo.

No —Tom le sonrió—, pero ya nos vamos, a una fiesta personal, sin invitados. Lo siento, Andreas.

Ajá —Bill asintió. Andreas los miró a los dos, tomados de la cintura, mirándose de ese modo, y la sospecha volvió a crecer dentro de él, junto con una cierta envidia; envidia de que Tom no lo mirara a él como miraba a Bill.

Sí, hacía un tiempo sabía que Tom le gustaba mucho. Bill siempre había sido quien más lo usara de confidente, en aquellos tiempos en que sufría porque su gemelo prefería andar con otras personas y lo dejaba solo, y Tom empezó a ser para Andreas solo ese amigo de bromas y diversiones, de buenos momentos. Quizás por eso le gustaba más Tom de ese modo, de ese modo que implicaba deseo y atracción, y porque él tenía esa forma de ser que le encantaba: necesitado de amor, pero seductor; tímido, pero sensual. El problema era que hacía tiempo sus amigos ya casi no estaban con él, y cada vez veía más que la relación estrecha entre Tom y Bill, que ya antes lo había hecho creer que se amaban como algo más que hermanos, se había vuelto más y más fuerte, y parecían estar en una burbuja propia donde no cabía nadie más. David llegó hasta ellos para decirles que todo estaba listo para que se marcharan, y ellos se despidieron de Andreas con un gesto gemelo, como si estuvieran sincronizados.

&

El guardia de seguridad de su staff los llevó hasta la puerta de la suite que les habían reservado en aquel hotel lujosísimo, y luego bajó para quedarse esperando en el lobby, como David le había indicado. Ya allí, los dos estallaron en risas incontrolables.

Tom… Tom… ¿te dije ya que me encanta… que nos podamos reír juntos… de este modo?

Sí, lo dijiste.

No te… —jadeaba intentando recuperar el aliento— fuiste con mamá. ¡Mi valiente Tomi! —lo acercó a él para besarlo otra vez, y empezaron a desvestirse entre juegos, corriendo y persiguiéndose por la habitación a pesar de que no tenían mucho equilibrio. Pero sí, era Bill el que tenía más copas en la cabeza, porque Tom logró atraparlo y sostenerlo fuertemente para llevarlo hacia la ducha.

No lo hemos hecho nunca… en la ducha.

¡Por una razón! —protestó Bill—, me parece muy incómodo hacerlo de pie…

No seas quejica, hermanito, ¡te va a gustar!

Cuando el agua empezó a caer sobre ellos se disiparon un poco las brumas del alcohol en sus mentes, pero fueron sustituidas por las brumas del deseo, un deseo rabioso que les encendía la sangre. Se recorrieron con manos y labios, por todas las partes de su anatomía, y Bill se quedó de rodillas para tomar a Tom en su boca mientras él se agarraba a sus hombros y gemía descontrolado, en poco tiempo llegó al orgasmo y Bill saboreó un poco del semen dentro de su boca. Tom lo miró, para ver aquella expresión lujuriosa en su rostro, esa mezcla entre ángel y demonio que era Bill que le fascinaba y que únicamente él conocía por completo. Lo ayudó a levantarse y lo puso de frente a la pared, para poder recorrer a sus anchas cada parte de su espalda, de sus nalgas que le parecían tan hermosas; pronto su erección estaba de vuelta y la de Bill aún no había tenido un desahogo, así que, pegándolo a su cuerpo, Tom la tomó desde atrás con su mano derecha y empezó a masturbarlo sin piedad, mientras daba besos a su cuello y respiraba contra él haciéndole enchinar la piel, sentía que estaba listo para algo más y entonces, de repente, Tom dijo una palabrota y se separó de él: acababa de darse cuenta de que, en su urgencia, no se habían llevado al baño el frasco de lubricante con el que Bill siempre cargaba en su bolso.

Mierda, odio tener que parar; tú quédate así, que ya vengo —Tom corrió fuera del baño mojándolo todo y casi resbalando, para regresar enseguida con su botín en la mano. Bill se había dado vuelta para mirarlo y Tom lo tomó y lo volvió a colocar de frente a la pared—. Te dije que no te movieras; eres un travieso y ahora te voy a castigar —siseó sobre él, mientras lo hacía apoyar las manos en la superficie negra brillante y, tomándolo por la cintura, acercaba sus nalgas, haciéndolo sentir su excitación. Bill onduló y gimió, deseoso. Tom destapó el lubricante con una sola mano, mientras sostenía a Bill con la otra, y como pudo embadurnó su pene, y luego todos sus dedos, que fueron entrando uno a uno en Bill, haciéndolo gritar y pedir más, ya, ya, más, te quiero a ti… ahora. Y lo penetró, haciéndolo sentir primero algo de dolor en aquella posición desacostumbrada, y luego ese placer tremendo que le proporcionaba cada vez que le hacía el amor, haciéndolo llegar a la cumbre del placer entre gritos de “te amo”, “te amo, Tom” y palabras obscenas. Tom también se vació dentro de él cuando llegaron juntos al orgasmo, él ayudando a Bill con su mano derecha.

¡Ah, Bill, esto es tan jodidamente bueno, mierda! —le dio vuelta entonces y se besaron, abrazándose fuertemente, y Bill no pudo evitar llorar de alegría. Tom se lo llevó a la cama; los dos estaban muy cansados, y se durmieron felices, sin imaginar lo que les esperaba al siguiente día, cuando regresaran a su casa.

&

Debían regresar, porque necesitaban empacar para su próximo viaje, al día siguiente, a Riga, en la continuación de su gira europea. Charlotte los estaba esperando, incluso había logrado que Gordon se fuera de la casa a Magdeburg, de visita a su familia, para poder estar a solas con ellos.

Entonces, jovencitos, acá les espero; dejen todo en sus habitaciones y bajen acá.

Mamá, estamos apurados —dijo Bill—, tenemos que empacar para mañana.

Ah, ahora me das excusas, ¿no? Ahora ya te parece bien darme alguna explicación de las cosas que haces.

¿Qué cosas? —se volvió al fin hacia ella, soltando su bolso sobre un mueble, y Tom lo agarró por detrás.

Cálmate, Bill.

Déjame, Tom; quiero que ella deje de insinuar cosas y hable claro de una vez. ¿Qué te pasa conmigo, mamá? ¿Por qué me odias tanto?

¿Crees que te odio, Bill? No, yo te quiero mucho. Lo que pasa es que tú eres muy decepcionante para mí. —Si le hubiera afirmado que en verdad lo odiaba, a Bill no le habrían dolido tanto sus palabras. Ella continuó:— Lo que odio es que manipules de esa forma a tu hermano; porque él no es como tú, él es alguien bueno e inocente, y tú lo obligas a comportarse mal, a desafiarme, a prestarse a esos jueguitos tuyos de dominación —Bill tuvo que respirar profundamente, y a su lado, Tom empezaba a hiperventilar, podía sentir su ansiedad crecer; Charlotte no pensaba detenerse—. ¿A qué estás jugando? ¿Acaso quieres que sigan esos comentarios de que tú y tu hermano… ni siquiera puedo decir eso en voz alta, es demasiado sucio y pervertido…; pero el caso es que hablan de ustedes, y todo porque tú vas a donde está él en el escenario, y te comportas como si le estuvieras coqueteando, y haces a Tom sonrojarse porque él… se avergüenza de lo que haces.

Bill miró a Tom, que tenía una expresión de extrema angustia, y sintió crecer en su interior el deseo de gritarlo todo, de liberarse de una vez y afirmarle a ella que estaba equivocada, que Tom no estaba dominado, que lo amaba libremente del mismo modo en que él le amaba, pero en su mente alguien gritó más fuerte: “¡No! ¡No lo hagas, por favor!”; era la voz de Tom, y Bill calló, así que Charlotte quedó convencida de que lo había logrado intimidar. Miró a Bill, mientras hacía una pausa para continuar, preguntándose por qué había merecido el castigo de tener un hijo como él. A veces pensaba que habría sido preferible tener solo un hijo, a Tom, su adorado, su niño bonito y dulce, la fuente de sus alegrías tal como Bill lo era de sus disgustos. ¿Por qué había nacido de ella otro hijo idéntico a su Tom para arrebatárselo? Lo peor era eso, que sentía a Tom bajo el control de su hermano, mientras ella había quedado a un lado de su mundo. Decidió continuar su ataque.

Y en las entrevistas, igual, tú con tu… comportamiento diabólico, mirándolo de ese modo que asusta —ella no veía las miradas de Tom para Bill; no podía verlas, aunque se las pusieran delante—; y ahora en las fiestas, con gente de confianza sí, pero que pueden comentar, y yo no voy a permitir que tú sigas haciendo eso con tu hermano. No lo vas a pervertir y a volverlo como tú, porque no voy a dejar que lo hagas…

Bill no pudo soportarlo más, las lágrimas empezaron a salir de sus ojos, y Tom, justo en ese momento, se alejó de él y abrazó a su mamá.

No le hables así a Bill, me duele. Él no hace nada de eso, te lo aseguro, son personas enfermas que ven cosas que no existen.

¡Yo veo lo que él hace, Tom! Y no estoy enferma.

¡Eso dices tú! —Bill lloraba, rabioso; subió las escaleras hasta su habitación corriendo, dejando a Tom detrás junto a Charlotte. Tom miró a su mamá dolido, pero no dijo nada, y subió también las escaleras.

No vayas con él —le dijo ella—, eso es lo que quiere. Por eso se comporta así, para que tú vayas tras él.

Bill y yo somos gemelos —dijo Tom, temblando—, y si él sufre, yo sufro, entiéndelo. No debiste hablarle así.

Siguió subiendo, sintiendo que su respiración se acortaba y aquel dolor conocido que no tenía una causa física se instaló en su pecho; necesitaba llegar rápido adonde estaba Bill, así que empezó a correr por las escaleras. Lo encontró tirado sobre la cama, su espalda se agitaba por el llanto y Tom empezó a llorar también. Se acercó e intentó acariciar su cabeza, pero Bill se removió alejándose.

Déjame, vete con tu mamá.

Billy, perdóname, yo no supe cómo… detenerla.

Nunca vas a saber —la cara de Bill denotaba rabia e impotencia, mientras las lágrimas seguían corriendo sin contén por su rostro—; dice que yo te domino, pero es ella la que lo hace, es ella la que no soporta que me quieras.

No importa, yo te amo igual.

A ti te importa, te importa tanto lo que ella piense de ti como para dejar que me dijera todas esas cosas sin decir nada para defenderme. Ella logrará separarnos.

¡No! ¡Nunca! Por favor, Bill; perdóname. Mañana temprano nos vamos, estaremos lejos de ella y cuando regresemos, te prometo que haré lo que sea para que ella no te siga lastimando —Bill se aflojó un poco al fin y dejó que Tom lo abrazara.

¿Sabes que es lo peor de todo, Tomi? Que la quiero, que todavía tengo esperanzas de que un día me acepte como soy. ¡Qué estúpido!

Calla, no nos lastimemos más. Tranquilicémonos y luego vamos a empacar; tienes que ayudarme a empacar porque sabes que soy un desastre para eso, y hoy también voy a dormir aquí, en tu cama.

Ella se molestará contigo si se da cuenta.

No me importa —lo besó en los labios y Bill se dejó llevar al fin, aunque la herida en su alma seguía abierta.

Continúa…

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por ladyaradia

Escritora del Fandom

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