Fic TWC de Ladyaradia

10. Traumer (Soñadores)

(…) Nos hemos entregado todo uno al otro, hemos tomado todo uno del otro, nos hemos perdonado todo uno al otro, para estar aquí (para conseguir estar donde estamos ahora). No nos despierten cuando llegue la mañana; estamos solos, preferimos ser soñadores. Somos soñadores. Tenemos miedo. Iremos hacia ningún lugar. Somos soñadores. Nos tenemos uno al otro. Tenemos miedo. Nos tenemos uno al otro, iremos hacia ningún lugar, somos soñadores.

La vida en el tourbus podía llegar a ser molesta: demasiadas personas casi todo el día y, en la noche, las camas de Tom y Bill parecían estar a kilómetros una de otra aunque estuvieran separadas por un pequeño espacio. Eso poco lo podían soportar antes, cuando eran solo hermanos; ahora que eran una pareja, aquello era sencillamente insoportable. Así que era Bill el que esperaba a que el resto se durmiera para salirr en puntillas, descalzo, y colarse junto a Tom, quien tampoco podía dormirse hasta que sintiera el cuerpo de Bill junto al suyo. No había sexo entonces, solo besos y caricias, en medio de susurros.

¿Nunca irás tú a mi cama, Tomi? —susurró después de lamerle la oreja y Tom se estremeció.

No me atrevo, tú eres más…

—… ¿valiente?

Bueno, sí, lo admito. Además, ya hemos hablado de esto; sabes que Georg tiene el sueño mucho más ligero que Gustav.

Sí, eso es cierto —aceptó Bill mientras Tom se abrazaba a él y se acomodaban para dormir. Por suerte, la fama de dormilones de los Kaulitz era proverbial, así como su mal genio si los despertaban antes de hora, por lo que nadie se atrevía a correr las cortinillas de ninguna de sus dos camas; si lo hubieran hecho, habrían descubierto que la de Bill dormía casi siempre vacía mientras en la de Tom se apretujaban en el mismo espacio dos cuerpos delgados y que encajaban uno en el otro como si fueran dos partes de una sola persona.

Sin embargo, no contaban con que una coincidencia de circunstancias los pusiera en evidencia. El hecho de que Gustav se levantara siempre primero que los otros, un frenazo en la carretera, y la inercia, se juntaron para que fuera a parar, de repente, a la cama de Tom, atravesando las cortinillas con el impulso; y ahí estaba Bill y Tom, abrazados, y despertando los dos asustados por la imprevista intromisión.

¡Hey! ¡Bill! —Gustav se levantó, el bus continuó su avance.

Calla, Gus, por favor, que no se enteren los demás que estoy aquí —susurró.

De acuerdo —Gustav susurró a su vez—; pero necesitaré una explicación de lo que realmente está ocurriendo cuando estemos los cuatro solos.

¿Los cuatro? —seguían susurrando.

Geo y yo los vimos… durmiendo… de modo más indecente… en el 483, y desde entonces hemos visto y callado, pero creo que ya es hora…

Bien, lo haremos —Bill se levantó también de la cama; Tom había pasado todo ese tiempo sin despegar los labios, sobrecogido porque Gustav los hubiera descubierto y, peor aún, porque acababa de decirles que los había visto otras veces, pero al ver que Bill se marchaba, le tomó una mano, reteniéndolo.

No te vayas aún, Bill. Gus, ¿ibas a bajar ahora?

Sí, iba… ¡voy! —entendió la indirecta. Cuando se quedaron solos, Tom atrajo de nuevo a Bill contra sí.

No puedes marcharte sin que nos demos un beso de buenos días —se besaron y Bill olvidó por un instante que estaba molesto con Tom por ser tan cobarde cada vez que había que tomar decisiones en cuanto a su relación; sentía que tenía que dirigir y tripular aquel barco él solo, para que no se hundiera, mientras Tom lo miraba sudar tomando el sol en la cubierta. Cambió su furia por una advertencia.

Voy a necesitar tu apoyo cuando hablemos con ellos, Tom; no te quedes mudo otra vez.

Yo… lo siento… sé que… me pongo nervioso y… se me trancan las palabras, pero te amo, Bill, y estoy dispuesto a enfrentar lo que sea…

Eso espero —Bill le sonrió al fin y se fue. Tom suspiró, y se quedó unos minutos más sobre la cama; con los brazos bajo la cabeza, recordando el rostro de Bill: sí, también era sexy cuando estaba furioso.

&

La oportunidad para hablar se presentó ese mismo día, cuando pararon en el hotel antes de la presentación en Colonia.

No vamos a tocar en el concierto hoy sin aclarar las cosas —dijo Gustav a los gemelos cuando les abrieron la puerta; Georg, a su lado, asintió, apoyando sus palabras.

Siéntense —habló Tom y les trajo una coca-cola a cada uno; ellos aceptaron, como siempre, en la misma confianza que se tenían desde hacía ya varios años. Él y Bill se sentaron muy juntos, enfrente. Entonces fue el turno de Bill.

Ya sabemos que… ustedes han visto… cosas raras entre Tom y yo, y queremos que nos disculpen, no por lo que hayan visto porque eso no nos avergüenza, sino por no haber confiado en ustedes antes.

Eso es, no han confiado en nosotros —intervino Georg y Gustav lo hizo callar con una mirada severa.

Déjalos hablar ahora, Geo.

Tom bajó la vista por un momento, algo intimidado por las palabras de su compinche de siempre; pero luego se irguió de nuevo y fue el mismo quien empezó a contar.

Ustedes nos conocen hace mucho, y saben que somos… inseparables. Eso ha sido así desde que nacimos y luego… hemos descubierto que lo que hay entre nosotros es mucho más que amor de hermanos… que nos amamos como… pareja.

Eso es una relación simbiótica, ya leí sobre eso —Georg no pudo contenerse de intervenir otra vez y ni siquiera la mirada de Gustav pudo callarle la boca—. Después que los vi en España así… como los vi, investigué mucho lo relacionado con los gemelos idénticos como ustedes, y que sepan que hay muchos a los que les ha pasado eso. El yo de los gemelos a veces no logra separarse, siempre a uno le falta el otro. Es lo que llaman “castración simbólica”, uno complementa al otro: es la estructura narcisista instalada y…

Geo, estás hablando en jerigonza. De todo eso solo entendí que… ¿Bill y yo nos complementamos? Eso sí es cierto. No me interesa qué explicación le den los psico-locos a eso, lo que yo sé es que amo a Bill…

Y yo amo a Tom —Bill y él se miraron, hablándose en silencio; por unos segundos olvidaron a sus amigos y se perdieron uno en el otro, luego Bill se dirigió a Georg—. ¿Qué quieres decir Geo?, ¿Que somos narcisistas? ¿Porque amamos nuestro propio reflejo? Esto va mucho más allá.

¿Hasta dónde va? —intervino Gustav, que ya estaba mareándose con tanta psicología.

Tom y yo somos una pareja ahora; lo hemos decidido hace unos días, después de años de intentar y fallar en volver a ser solo hermanos. No podemos ser solo hermanos, ¿entienden? Nos amamos y nos deseamos… de un modo en que no lo hacen los hermanos, y nunca podremos cambiar eso.

Para mí, siempre parecieron casi un matrimonio, con sus peleas y sus celos.

Estaban intentando desmentir su simbiosis… —volvió a aventurar Georg, pero nadie le hizo caso.

Así que ahora son una pareja —siguió Gustav—, como… novios.

Sí —respondió Tom con mucha seguridad.

¿Ustedes… son gays?

¡No, Gus! ¡Claro que no! —Bill reaccionó a la pregunta y miró a Tom, que no se atrevía a negar tan categóricamente, él tenía sus dudas: no que le hubiera interesado otro hombre que no fuera Bill, pero tampoco le habían gustado mucho las mujeres hasta ese momento, así que… tal vez solo era ¿Billsexual?—. No me gustan los hombres, solo Tom.

¡Eso es puro narcisismo, Bill!, amas en Tom a tu imagen.

¿Y a él le pasa lo mismo conmigo? Anda, Geo, la psicología no puede explicar esto; al menos, no por completo. Yo creo que es más un asunto de almas gemelas, de destino y esas cosas.

Lo que me preocupa a mí —volvió a intervenir Gustav— es que ustedes están viendo esto demasiado románticamente, como si vivieran sobre una nube, y están olvidando varias cosas muy importantes. Primero, tienen que tener claro que en Alemania el incesto es ilegal, si alguien los descubre y los acusa pueden ir a parar a la cárcel. Segundo, que todos somos figuras públicas, y que nuestra banda depende de una imagen que se destruiría si se sabe esto. Y, por último, pero no menos importante, es que pocos los van a entender. Georg y yo, porque ya nos hemos adaptado a la idea en todos estos años y porque somos sus amigos, y quizás dos o tres personas más de mente abierta, pero ni David, ni Charlotte, ni mucha otra gente, especialmente nuestros fans, van a aceptar eso: los van a ver como depravados o, peor, simplemente locos.

Sabemos eso, Gus —dijo Tom con un hilo de voz.

Ah, ¿lo saben? Entonces tengan más cuidado, porque se están volviendo muy obvios, se les nota mucho.

Sí, es cierto —lo apoyó Georg.

Lo intentaremos —dijo Bill mientras tomaba la mano de Tom—. La banda es muy importante para nosotros, y no queremos arruinar las cosas; pero tampoco nos vamos a separar, por nada.

Ustedes cuentan con nuestro apoyo de cualquier modo, que quede claro —dijo Georg ofreciendo a Tom un abrazo, que él aceptó. Gustav le dio la mano a Bill y sellaron así su alianza de silencio; sus compañeros de banda serían ahora sus testigos y también, de algún modo, sus cómplices.

Bien, ahora los dejamos, que esta noche hay concierto y… ¡va a ser grandioso! —Georg hizo un gesto como si tocara su bajo.

Esperen —dijo Tom y Bill pudo adivinar lo que quería hacer—. Por favor, déjenme hacer algo que… deseaba hacer hace tiempo, pero… no podía… ¡No se ofendan! —tomó a Bill, lo abrazó, y se enlazaron en un beso; Gustav movió los brazos mientras halaba a Georg.

Eso es más de lo que debíamos ver; por favor, no se lo tomen como costumbre.

Ellos sonrieron a la vez, mientras despedían a sus amigos. Cuando se quedaron solos, Bill hizo caer a Tom sobre el sofá donde habían estado sentados y lo cubrió de más besos.

Me has hecho sentir muy orgulloso de ti hoy. Fuiste el mejor hermano y… el mejor novio.

Tú también —Tom empezó a reírse mientras intentaba acercar más y más el cuerpo de Bill al suyo—. ¿Nos merecemos un premio? Demasiados días en el tourbus, estoy… hambriento de tu cuerpo.

¿Ah, sí? Entonces sírvete, estoy disponible para ti ahora mismo —se colocó sobre él y empezaron a acariciarse.

Continúa…

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por ladyaradia

Escritora del Fandom

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