Fic TWC de Ladyaradia

1. Gegen meine willen (Contra mi voluntad)

¿Cómo me sentiré bien? Ya no me miras más y crees que no me doy cuenta. ¿A dónde iré ahora? ¿Qué pensaste con esto? Dímelo a la cara, dime porqué este alejamiento me deprime tanto… Está contra mi voluntad. Está en contra de todo sentido. ¿Por qué tienes que alejarte ahora? ¿Cambiar tu nombre? Nuestro final está aquí y no me lo dices y te odio por ello (…) Contra mi voluntad, en contra mía. ¿Ya has olvidado cómo fue una vez? ¿Ya has quemado nuestras fotos? (…)

A los 6 años ves la vida como un juego eterno, y lo malo es algo que siempre está más allá, que sabes que existe, pero de una forma vaga, intangible, tal como sabes que existen el cielo y las nubes.

Bill y Tom habían pasado seis años en su propio mundo, siempre juntos para todo. Pero en la escuela primaria empezaron a chocar con una realidad que no conocían, la de las personas inseguras, las envidias, el temor irracional a lo diferente.

Y ellos eran muy diferentes. Siempre uno al lado del otro, apartaban de sí a los compañeros de clase; les costaba mucho trabajo comunicarse con los demás de una forma “normal”, cuando llevaban toda su vida comunicándose más a nivel de sensaciones e instintos; así, nunca podían ser ellos mismos frente a otras personas. Y los demás niños lo notaban, que ellos los dejaban fuera de su burbuja, y les correspondían con un rechazo paralelo. Tampoco les gustaban los deportes, y preferían quedarse juntos en los recesos, compartiendo algún nuevo descubrimiento o simplemente planeando una broma.

Seguían tan unidos que asustaban a los demás, especialmente a su padre, quien no podía entender que la madre tomara a la ligera todas las veces que los encontraba durmiendo abrazados, con las manos apretadas una en la otra; o que pudieran pelearse entre ellos por cualquier tontería y luego unirse contra cualquiera que intentara siquiera reprender a uno de los dos, al siguiente segundo.

Para los gemelos, la noticia de que, de un momento a otro, dejaban la casa donde vivían con su papá, fue difícil de asimilar, sobre todo para Tom. No podían entender por qué les había caído ese castigo, por qué todo su mundo se derrumbaba de repente. La actitud de su mamá —más la de una adolescente tardía que la de una mujer madura— acentuaba su sensación de desamparo. Ella dejaba mucho a los niños con sus abuelos para salir de fiesta con sus amigos, para disfrutar de ese mundillo artístico que le encantaba y que nunca pudo compartir con Jörg, y ellos no pudieron hacer otra cosa que refugiarse aún más uno en el otro, inconscientemente asustados de perder a todas las personas que amaban. La abuela, sobre todo, veía todo eso, e intentaba hacer entrar en razón a su hija.

A mí me encanta cuidarlos, pero ellos te necesitan.

¿Estás insinuando que te no cuido bien a mis hijos? —replicó Charlotte, molesta.

¿Ves? Siempre reaccionas con ira. Así tratas a Bill siempre, con mucha ira, en cambio a Tom…

No estoy entendiendo para dónde vas, mamá. No tengo preferencias con mis hijos, eso no es verdad. Bill es más… rebelde, ese es el problema; por eso peleo más con él. Pero lo quiero igual que a Tom.

Pues haz que él perciba eso; porque no lo estás logrando ahora, te lo aseguro. Él cree que lo rechazas, que quieres más a Tom. Y Tom… está muy unido a su hermano. Así que si no haces algo… vas a perderlos a los dos.

De verdad no entiendo de qué hablas. Yo soy su madre, ¿sí? Yo veré cómo los educo.

¿Cierto? ¿Por eso están tanto tiempo con sus abuelos? ¿Así es como los educas?

De acuerdo; no los traeré tanto a su casa si eso es lo que molesta.

¡No; no es eso! ¡De veras no quieres entender!

¿Qué hay que entender? Ya está todo claro.

Y la abuela tenía razón. Cada vez Bill y Tom se sentían más aislados del resto del mundo, aliados contra todo lo que pudiera dañarlos; así que, durante su segundo año en la escuela, los antes pequeños introvertidos se fueron convirtiendo en la peor pesadilla de sus profesores, siempre haciendo alguna travesura que solo a ellos les resultaba divertida. Su mamá tuvo que ir a la escuela y hablar con la directora.

Señora, ellos se aprovechan de ser gemelos idénticos para hacer bromas, confundiendo a todos. Se están volviendo demasiado insoportables en clase; algo está ocurriendo porque están más rebeldes que nunca.

Ya sé; es que su padre y yo nos separamos hace unos meses, y los niños estaban muy apegados a él. Lo siento; hablaré con ellos y los reprenderé.

Hágalo, o me veré obligada a pedirle que los traslade a otra escuela.

Charlotte no contestó nada más; si lo hacía, tal vez la expulsión de sus hijos de la escuela sería inminente después de las palabras ofensivas que se le ocurría decirle a aquella señora empalagosa y estirada. Se levantó y se llevó a Tom y Bill, que la esperaban afuera de la oficina, sentados uno junto al otro, no demasiado nerviosos, no cuando se tomaban de la mano.

Ya en la casa, se sentó frente a ellos.

¿Por qué se están comportando así? Esto está pasando los límites.

Ellos guardaban silencio.

¿Bill?

¿Qué? —él levantó el rostro y miró a su mamá.

Así es mejor, me gusta que me mires cuando te hablo.

Bill miró a su lado; Tom sí estaba atendiendo a Charlotte y él se sintió un poco traicionado.

Sí, mamá —Bill se le quedó mirando fijamente.

¿Sí qué? No te he preguntado nada que puedas responder con “sí”.

Sí, yo fui quien planeó la broma.

¡No es cierto! —protestó Tom—. Lo hicimos juntos.

Pero mamá piensa que yo soy el culpable, Tomi. Ella siempre me culpa a mí.

¡No! ¡No digas eso, Bill! ¡No es cierto! —Charlotte lo abrazó primero; luego extendió su brazo a Tom—. Ya sé que ustedes extrañan mucho a su papá, y quizás piensan que hice mal con sacarlos aprisa de allí, pero… cuando crezcan quizás puedan entenderme. Ahora yo… necesito que se porten bien en la escuela, no más rebeldía, por favor, o tendré que buscarles una nueva.

Entonces hazlo —Bill había hablado de nuevo—. Son abusivos en esa escuela, nos maltratan y nos quieren mal.

¿Quién los maltrata? ¿Algún profesor?

Y otros niños.

No importa, Bill; podemos defendernos, juntos —sus miradas coincidieron y Bill sonrió solo un poco.

Ya sé, pero… me hace sentir horrible tanta… maldad a mi alrededor —bajó la mirada.

De acuerdo; los sacaré de esa escuela. Es más, nos mudaremos del barrio también —Charlotte se levantó decidida.

Ah, eso es bueno —habló Bill.

Gracias, mamá —Tom la abrazó fuerte esta vez.

Ahora vayan a su habitación; se portaron mal, sea como sea, así que… hoy no verán TV ni saldrán a jugar. Les llamaré a comer más tarde.

Sí, mamá —volvió a decir Tom y haló a su hermano hacia las escaleras—. Vamos, Billy.

Ya en la habitación, cada uno se sentó en su cama; en silencio. Tom miró a Bill, serio.

Oye, no necesitas protegerme de mamá, echándote todas las culpas. ¿No ves que así solo logras que ella te siga regañando más a ti?

No me importa que ella no me quiera; si tú me quieres —dijo Bill, con expresión triste—. ¿Tú nunca me dejarás de querer?

¡Claro que no! —Tom se paró airado, como si la pregunta de Bill lo hubiera ofendido un poco.

Entonces todo está bien para mí —su expresión se relajó—. Uf, esto va a ser muy aburrido —luego sonrió de una forma muy maliciosa—. Tengo una idea.

Ya sé —Tom se sentó junto a Bill, y lo abrazó; no necesitaban hablar para entenderse—. ¿Cómo lo hacemos?

Ella está en la cocina ahora, no nos verá.

Fue Tom quien se escabulló en el cuarto de Charlotte, abrió el closet y sacó dos vestidos cualesquiera, los primeros que vio. Sigiloso volvió al cuarto y Bill, quien había quedado vigilando, cerró la puerta tras él.

Aquí están.

A ver. Ja, son bonitos.

Mamá se viste bien.

Sí —Bill se rió, alborozado—. Dame acá eso.

Le arrebató uno de los vestidos y se lo pasó por la cabeza, se lo arregló como pudo sobre el cuerpo, pero le colgaba por todas partes, a pesar de que era muy alto para su edad.

Ja, pareces la abuela —Tom rió con ganas.

Ah. Sí, pues a ver cómo te ves tú con ese —le señaló el otro vestido que había quedado sobre la cama de Tom, él aceptó el reto y se puso también la prenda de ropa. A él le quedaba peor que a Bill.

Los dos se carcajearon con ganas, luego se tomaron las manos y fueron juntos ante el espejo.

No, Tomi, no nos queda bien la ropa de niña.

¡No!

Se miraron risueños, y empezaron a jugar uno de esos juegos de palmadas que hacían las niñas de su salón en los recesos y que Bill había memorizado —se sentía fascinado por cosas que incluyeran sincronizarse en algo y luego repetirlo perfecto, como cuando filmaron, más pequeños, algunas escenas en una película, pero además la cancioncita del juego era muy pegajosa y Bill disfrutaba mucho cantar… cualquier cosa… hasta una tonta cancioncilla infantil.

Cuando Tom perdió la concentración y se equivocó un par de veces, dejaron ese juego y comenzaron otro, uno de imitar a los adultos: Tom imitaba a Charlotte y Bill a la directora del colegio.

Señora, si esos diablitos no mejoran, los boto de aquí.

Ah, sí, ya puede intentarlo, vieja estúpida; métase su escuela por donde mejor le parezca.

No, no, Tomi; mamá no sería tan malhablada.

Hey, Bill, estamos actuando, ¿no? Y yo digo lo que quiera —Tom se puso las manos en las caderas y Bill volvió a reírse descontrolado.

Está bien; está bien —se calmó al fin—. Sigamos.

Ah, ya me aburrí de esto también —Tom se quitó el vestido de un tirón sacándoselo por la cabeza y lo tiró lejos—. No, Billy, hay que inventar algo más. No soporto el aburrimiento.

Si te enseño algo que escribí… ¿no te burlas?

¿Escribiste algo? —Tom se acercó interesado—. ¿Para alguna niña de la escuela?

No, para ninguna niña. Solo hay niñas tontas en esa escuela. Es… una canción. La melodía está en mi cabeza.

Pero… ¿sobre qué es?

Sobre un sueño.

¿Ese…sueño?

Sí, ese en que nos perdemos en la oscuridad, está lloviendo mucho, y no podemos encontrar a nadie. Pero estamos tomados de la mano, por un rato, y luego…

—… nos separan, y no podemos encontrarnos de nuevo. Sí, es horrible cuando soñamos eso, Bill; me da mucho miedo.

Por eso lo escribí.

Enséñame.

Bueno, son solo unas pocas líneas, no lo he terminado —Bill fue a por su cuaderno personal y se sentaron de nuevo muy juntos — Tom leyó en silencio y Bill vio cómo se asomaba una lágrima a sus ojos—. Billy, es… lindo—dijo al fin, suspirando—. Si yo supiera tocar algún instrumento, la terminarías y la podríamos montar… los dos.

Sí, pero no sé cómo seguir, Tomi. Y no atendiste suficiente en las clases de música…

Pero quiero hacerlo; ahora quiero aprender.

¿Sí? Luego se lo dices a mamá… A lo mejor ella sabe cómo puedes hacerlo.

Tom miró a Bill entusiasmado y cayó en cuenta de que él todavía tenía puesto el vestido.

Sácate eso, Billy. De veras pareces la abuela —lo molestó.

Bill se paró de un tirón.

De acuerdo; ya me lo quito, ¿eh?

Te lo quito yo —se le fue encima y empezaron a luchar, jugando, como otras tantas veces, tratando de superarse uno al otro, hasta que Tom se golpeó contra algo duro, y soltó a Bill para llevarse la mano a la cabeza.

Ouch.

¿Estás bien? —Bill olvidó que había ganado cuando vio a su hermano adolorido—. ¿Te duele mucho?

Tom parpadeó varias veces, algo aturdido.

No; no mucho. Pero… —se miró la mano embarrada de sangre y palideció. Bill lo agarró entre sus brazos antes de que se desvaneciera.

No, no, Tom, no es nada; ponte fuerte —lo apremiaba Bill gritando. Tom abrió lentamente los ojos, cuando entró Charlotte a la habitación; corrió junto a Tom y se lo quitó a Bill.

¿Qué pasó? ¿Se estaban peleando otra vez? —miró a Bill que aún llevaba su vestido, todo sucio y arrugado—. ¿Qué haces… vestido así? —Vio el otro vestido tirado en el suelo—. ¡¿Estaban jugando con mis vestidos?! —Tom se quejó y ella miró su herida—. No es nada; vamos para curarte. —Se lo llevó de la mano y Bill fue tras ellos, pero Charlotte lo detuvo—. No sé cómo se me ocurrió castigarlos juntos en la misma habitación. Tú te quedas aquí, Bill; y Tom va a estar en mi cuarto; va a dormir ahí.

¡No! —Bill sintió un dolor físico en alguna parte de su pecho—. ¡No lo separes de mí, mamá!

Estará a unos metros de ti; no hay por qué dramatizar tanto por eso.

Tom alargó su brazo para agarrar la mano de Bill, y lo logró, pero Charlotte casi lo arrastró fuera, y cerró la puerta de la habitación de los gemelos con llave. Bill se lanzó a su cama, jadeante, de rabia y de ansiedad, y pudo sentir las mismas reacciones en Tom. Se quitó al fin aquel vestido y lo dobló bien; recogió el otro e hizo la misma operación. Parecía que le habían quitado la energía, así que se metió a su cama y se tapó, ¿por qué sentía tanto frío? No pudo contener un llanto silencioso.

Una hora después Charlotte abrió la puerta.

Puedes bajar a cenar ahora.

Bill se levantó rápido.

¿Está Tom abajo?

Sí. Dijo que comería cuando estuvieras ahí.

Bill salió corriendo. Charlotte tomó los dos vestidos doblados sobre la cama de Bill y se preguntó qué estaban haciendo ellos con su ropa. ¡Bill estaba vestido con su ropa! Suspiró; sólo 7 años y sus hijos la hacían hacerse preguntas como esa. Fue junto a ellos al fin. Los dos comían en silencio, pero mirándose de vez en vez. Ella se sentó en una de las sillas de la mesa.

Entonces, ¿qué hacían con mis vestidos?

Estábamos jugando—dijo Tom sin terminar de tragar su bocado—. Jugando a las películas.

Al terminar la comida, fueron a lavarse los dientes al baño. Al salir, Charlotte los esperaba con los brazos cruzados.

Vamos, Tom.

Ay, no, mamá, por favor. Déjame ir a dormir en la habitación con Bill; esta vez nos portaremos bien; te lo prometo.

Bill asintió a esas palabras; los dos miraron a Charlotte ansiosos, ella se rindió.

Está bien.

¡Gracias!

Los dos fueron a abrazar su cintura, y ella les acarició suavemente.

Ahora tranquilitos, ¿sí? Tom, recuerda que mañana te presentaré a Gordon. Él da clases de música y a lo mejor accede a enseñarte a tocar guitarra, si realmente es lo que quieres.

Sí quiero.

Ella los acompañó hasta la habitación y los dejó a cada uno acostado y arropado en su cama. Pero en cuanto ella salió, Bill se sacó las mantas y llamó a Tom.

Ven.

Tom hizo lo que tantas veces: salió de su cama y se acostó en la de Bill. Su hermano le habló con suavidad.

¿Ya no te duele el golpe?

No; ya no. Me dolió más pensar que dormiría lejos de ti.

Ahora mamá sabe cómo castigarnos de verdad, Tomi. Tendremos que portarnos mejor.

Sí.

Tom se acomodó más junto a Bill, quien le besó la mejilla: “Y ahora nos damos un besito de buenos hermanos, como dice mamá, y a dormir”, dijo mediante la conexión psíquica de los dos, sin mover los labios. Se apretaron un poco más e intentaron dormirse.

Continúa…

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por ladyaradia

Escritora del Fandom

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