Fic Toll de ZenTortugaHua

Capítulo 4: Bill

Kimberly pasó de la emoción a la sorpresa.

Ante la insistencia con ese nombre, sus ojos avellana se abrieron aún más, llenos de desconcierto.

Se apartó bruscamente de la mano que sostenía su mentón y se levantó del brazo del sillón.

—¿Cómo sabes mi nombre?

Tom Kaulitz no dejó de observarla. La leve sonrisa seguía dibujada en sus labios, aunque sus ojos se desviaron hacia la copa de whisky entre sus dedos. Estos parecían haberse perdido en un recuerdo muy lejano.

—Hace muchos años… yo era solo un niño de la calle. Uno desconfiado y violento. Estaba convencido que todo el mundo era malo— Soltó una risa baja.— Entonces, de la nada, apareció un niño rubio, flacucho, con un pedazo de pan en la mano.

Sus ojos volvieron a encontrarse con los de ella.

—Lo rechacé e insulté para que se fuera. Pero nunca se fue. Al día siguiente regresó, y al otro también. A veces me llevaba un pedazo de fruta, otras veces un pan, incluso llegó a darme un abrigo que ya no usaba. Su familia tampoco tenía mucho, pero siempre encontraba algo para compartir conmigo.

Bajó la mirada un instante hacia la copa.

—Fue la primera y única persona que me hizo sentir que valía la pena.

Kimberly sintió un vuelco en el pecho.

Un recuerdo cruzó su mente. Las imágenes comenzaron a regresar una tras otra.

Un niño de cabello en rastas en un callejón.

Aquellos ojos… esos ojos…

Su respiración se volvió inestable. Porque ya no veía igual al hombre que tenía delante. No veía a ese mafioso; veía al niño con el que había compartido parte de su comida.

Los recuerdos comenzaron a agolparse en su mente.

Ambos riendo bajo la lluvia. Las sonrisas, las miradas que hablaban por sí solas… y la promesa de volver verse al día siguiente.

Y después…

Nada.

Un día simplemente no lo volvió a ver.

Lo buscó durante semanas. Volvió una y otra vez al callejón con la esperanza de encontrarlo en el mismo lugar.

Pero él nunca apareció.

Había llegado a pensar que le había ocurrido algo terrible.

Los ojos de Kimberly se abrieron de golpe.

—Tom…— Susurró.

El de trenzas dejó el vaso de whisky sobre la mesa. Se puso de pie con lentitud y acortó la distancia entre ambos.

—¿Tom…?

El mafioso no respondió. En cambio, la miró con una calma que decía más que cualquier palabra.

Bill sintió que el pecho le dolía.

—¿Tommie…?

Esa fue la primera vez que la expresión del hombre cambió.

Una sonrisa apenas visible apareció en la comisura de sus labios.

—Pensé que no me recordarías.

El pelinegro ya no pudo contenerse.

Dio un paso al frente y lo abrazó con fuerza.

—¡Tommie…!

Su voz se quebró.

—Creí que te había pasado algo…

Durante un instante, Tom permaneció inmóvil entre esos brazos cálidos y frágiles.

Luego, muy despacio, levantó los brazos y correspondió al abrazo.

Cerró los ojos.

Habían pasado demasiados años.

Pero nunca olvidó al niño que compartió con él la poca comida que tenía.

Bill se apartó apenas lo suficiente para poder verlo bien.

Llevó ambas manos hasta sus mejillas.

—Déjame verte…

Tom no dijo nada. Simplemente se inclinó un poco para quedar a su altura.

El azabache sonrió con los ojos ligeramente humedecidos.

—Sí eres tú…

Durante unos segundos permanecieron así, observándose en silencio, como si intentaran recuperar todos los años que el tiempo les había robado.

El de trenzas cerró lentamente los ojos. Y con una delicadeza inesperada, rozó su nariz contra la de Bill.

El gesto arrancó una pequeña risa en el azabache.

—Sigues siendo igual de callado, Tommie.

Sonrió con ternura e imitó el movimiento, frotando suavemente su nariz contra la de él.

Cuando volvió a abrir los ojos, ambos seguían tan cerca que apenas había unos centímetros entre sus rostros.

Bill sostuvo su mirada unos instantes más.

Entonces, incapaz de contener la felicidad del reencuentro, se inclinó y dejó un beso breve en la comisura de sus labios.

Al separarse, sonrió.

—Regresaste…

&

Los días comenzaron a transcurrir de una forma distinta.

Tom aparecía en el club todas las tardes.

Recorría los pasillos y, casi siempre, Bill caminaba a su lado.

Hablaban durante horas, recordaban pequeños momentos de cuando eran niños,

comentaban cómo había cambiado la ciudad.

Reían por tonterías que solo ellos entendían. El pelinegro hablaba sin parar. Y Tom lo escuchaba.

Y de vez en cuando… sonreía.

Las chicas comenzaron a notarlo enseguida.

—¿Otra vez está con el jefe?

—Llevan toda la tarde juntos.

—¿No se supone que Kimberly debía atender clientes?

Sara soltó una pequeña risa.

—Hace días que casi no trabaja.

Las chicas no dejaban de observarlos.

—¿Y David no dice nada?

—¿Qué va a decir?— Respondió Sara con una sonrisa orgullosa.— Es el propio jefe quien la busca.

Días después, los rumores no tardaron en extenderse por todo el club.

—¿Lo viste?

—¿Qué cosa?

—El jefe…

—¿Qué pasa con él?

—Sonrió.

El silencio se instaló entre ellas.

—Imposible.

—Te lo juro.

—Llevo años trabajando aquí y jamás lo había visto sonreír.

Mientras tanto, Bill seguía caminando junto a Tom completamente ajeno a los comentarios.

Sara los observó desde el otro extremo del salón.

Sonrió con satisfacción.

—Sabía que terminarían encontrándose otra vez.

Continúa…

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por ZenTortugaHua

Escritora del Fandom

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