2: The mafia man

Fic Toll de ZenTortugaHua

Capítulo 2: The mafia man

El tiempo había seguido avanzando.

Las noches en el club eran las mismas. Los mismos pasillos, las mismas habitaciones y los mismos rostros que olvidaba apenas cerraban la puerta.

Sin embargo, había uno que se negaba a desaparecer de su memoria.

A veces intentaba recordar el color exacto de sus ojos. Otras, la calma con la que había entrado, como si nada pudiera sorprenderlo.

Y, por mucho que quisiera convencerse que solo había sido un encuentro extraño…

Volvía a pensar en él.

—¿Estás bien?— Preguntó el cliente frente a ella.

Kimberly volvió de su trance. Había tardado demasiado en responder.

Forzó una sonrisa.

—S-sí… solo me distraje un momento.

Pero sabía que no era verdad. Su mente había regresado, una vez más, al desconocido que Sara insistía en llamar «el mafioso».

&

El cliente era un hombre de negocios de mediana edad, traje caro pero arrugado, con una polla de unos diecisiete centímetros que Kimberly tenía profundamente en la boca.

La chupaba con habilidad, moviendo la cabeza con ritmo experto, mientras a su tiempo se metía los huevos del cliente.

—Qué boca tienes…— Gruñó el hombre enredando los dedos en el cabello azabache de la mujer.

Ella emitió un sonido bajo de aprobación, pero sus ojos estaban cerrados y su mente muy lejos de ahí.

Pensaba en él, como «normalmente» había echo desde ese día.

En el mafioso de ojos fríos y traje negro impecable. En la forma en la que la había mirado esa noche, con esa intensidad que parecía atravesarla. En cómo había matado al hombre gordo sin pestañear y luego le había tirado un fajo de dinero como si no significara nada.

¿Quién eres?

Se preguntaba mientras tragaba más profundo, dejando que la polla del cliente le rozara la garganta.

El hombre soltó un gemido ronco y empujó sus caderas hacia adelante. Kimberly lo dejó hacer, relajando la garganta, pero en su cabeza era otra polla la que imaginaba.

Una más gruesa, más peligrosa… la del hombre que había salpicado sangre en su pecho y la había dejado confundida y mojada de una forma que no tenía nada que ver con el cadáver.

—Así… chúpamela toda, puta…— Jadeó el cliente.

Kimberly abrió los ojos un segundo. Miró hacia arriba, pero no veía al hombre de negocios. Veía al hombre de trenzas.

Alto, imponente, con esa mirada oscura que parecía decir «eres mía» sin haberla tocado.

Se excitó más de lo que esperaba.

Su coño se humedeció bajo la falda corta que llevaba, y un gemido vibró alrededor de la polla en su boca. El cliente lo tomó como un cumplido y empezó a follarle la boca con más fuerza.

Dejó que la usara. Porque le gustaba. Le gustaba el dinero, el poder que sentía al hacer que los hombres perdieran el control con solo su boca o su cuerpo. Pero esos días… su mente no dejaba de volver a ese mafioso.

¿Cómo se llamará?

Pensó mientras tragaba saliva mezclada con pre—semen.

¿Cómo se sentirá su polla en mi boca? ¿Será más grande que esta? ¿Me agarraría el cabello con más fuerza?

El cliente gimió alto y se corrió de repente, llenándole la boca con su corrida.

Kimberly tragó todo como la profesional que era, limpiando aquella polla con la lengua hasta dejarla brillante.

El hombre se dejó caer hacia atrás en la cama, jadeando.

—Eres increíble…— Murmuró— Te pago el doble la próxima vez.

Ella se limpió la comisura de los labios con el dorso de la mano y sonrió con esa dulzura peligrosa que tenía.

—Cuando quieras, papi.

Pero en cuanto el cliente se fue, la sonrisa desapareció.

Se sentó en el borde de la cama, todavía con el sabor de otro hombre en su boca.

Se miró en el espejo del tocador. Tenía los labios rojos, el cabello revuelto y una mirada que no reconocía.

No podía sacarse al mafioso de la cabeza.

Ese rostro hermoso y cruel.

Kimberly se mordió el labio inferior.

—Idiota…— Murmuró para sí misma, pero sonrió un poco.— ¿Quién te crees que eres para aparecer así y dejarme pensando en ti?

Se levantó, se arregló la ropa y salió de la habitación. El pasillo estaba lleno de luces rojas y gemidos lejanos, pero solo podía pensar en unos ojos oscuros y un traje negro.

En algún lugar de la ciudad, él probablemente ni siquiera recordaba su rostro.

Pero Kimberly…

Kimberly ya estaba obsesionada.

Continúa…

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por ZenTortugaHua

Escritora del Fandom

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