
Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 37
Después de dos largas horas de persecución su ferrari de detuvo en el mirador del Arcangel.
— Tenga, muchas gracias — le extendí al taxista un billete de cincuenta y me bajé del auto cerrando la puerta a mi detrás, vi como el taxi se alejaba en la oscuridad y giré mi vista al ferrari. Le había pedido al taxista que me deje un poco antes para no levantar sospechas. Mi móvil sonó, lo saqué de la bolsa y contesté la llamada. — ¿Aló?
— ¡Bill! — chilló Gustav al otro lado de la línea. — ¿¡Encontraste a Tom!? ¡No me contesta el móvil!
— Si Gustav, estoy con él. — caminé con dificultad por las pierdas, acercandome a paso lento a su auto. — Te hablo luego.
— Muchas gracias, Bill. — colgué la llamada, me asomé por la ventana del conductor pero Tom no estaba, el coche estaba abierto a si que tiré mi bolsa en los asientos de atrás. Caminé dirigiendome a los pies de la estatua con la posibilidad de no encontrarmelo e imaginando algo como Tom se suicidó porque si se llegó a enamorar de Charlotte o algo tipo El ferrari de Kaukitz cobró vida pero no, él estaba sentado fumando, con una botella de whiskey a su lado y una taza transparente llena del contenido de la botella.
Me quité los tacones antes de acercarme a su lado, posé mi mano en su hombro; ladeó su cabeza aprisionando mi mano y le di un beso en la misma para después sentarme a su lado.
— Tom. — y como si fuera un niño pequeño, arrimó su cabeza a mi pecho y lloró. Lloró lo más fuerte que su garganta le permitió. Le quité el cigarro de la mano, lo presioné en el suelo para que se apague y tirarlo por algun lado. Con delicadeza le quité la gorra para ponerla junto a mis zapatos, deposité un beso en su cabeza y apoyé la mía en la suya. — Todo está bien. — le susurré, yo también sentía que iba a llorar pero no me lo permití. Quería ser un apoyo para el este momento. — Yo estoy aquí.
— ¡No está bien! ¡Nada está bien!
— Tom…
— ¡Me siento humillado! ¡Me hizo todo esto para que luego me viera la cara y no me dejara ser feliz! ¿¡Qué le hice yo!?
— Nada… — susurré.
— ¡Su padre me amenazó hasta con mandarme a la cárcel, Bill! ¡Yo no podía permitir eso porque mi padre es un político importante y no quiero que a mi padre le vaya mal, suficiente con lo que ha pasado! — se alejó poniendose de pie para tomar un trago y siguió. — ¡No me dejó ser feliz contigo! ¡Mierda! — tiró la taza al suelo y esta se hizo añicos. — ¡Y ahora tú eres feliz con alguien más!
— No…
— ¡Y ese alguien no soy yo!
— Pero…
— Si ya se lo que me vas a decir. — agarró la botella y se la llevó a la boca, un poco chorreó por la comisura de sus labios. — Me vas a decir que no me amas, que estabas borracho y seguirás rechazandome.
— ¡Basta!
— ¡No! ¡No basta! — se acercó amenazante. — ¡Me muero de celos cada que te veo con alguien! Siento que quiero tomarte y besarte hasta que te quede claro que eres mío y yo soy tuyo. — una sonrisa apareció en mis labios que no pude ocultar. — Quiero oirte decir que me amas, quiero despertar a tu lado y hacer todas esas putas cosas que hacen los novios.
— Déjame explicarte.
— No me expliques nada, vete a la mierda. — se sentó nuevamente donde estaba antes. — Ve con Erik el te necesita más que yo.
— Pero vine por tí.
— No me mientas.
— No te miento. — me hinqué a su lado, con un poco de miedo a su rechazo, le pegué mi pecho a su cabeza y volvió a llorar.
— Es mi culpa. — lo oí decir entre sollózos, alzó su cabeza para mirarme. — Si yo no hubiera empezado con esto… — le puse mi dedo en la boca.
— Shhh, no te culpes. — limpié sus lagrimas, coloqué ahora ambas manos en su rostro obligandole a que me mirara fijamente. Yo ya había perdido la lucha conmigo mismo y las lagrimas me cayeron. — Toda la culpa la tiene Charlotte y tú solo actuaste obligado.
— La odio, ¡la odio por haberme obligado a separarme de ti!
— Estoy aquí, cariño. — planté un suave beso en sus labios y le sonreí. — Ya nadie nos va a volver a separar porque ambos lucharemos, ¿sí? — pegué mi frente con la suya y ambos cerramos los ojos, asintió antes de volver a unir sus labios con los míos.
— Te amo, Billie. — sonreí en medio del beso y después de mucha espera al fin le respondí.
— Yo también te amo a ti. — lo besé otra vez. — Te amo muchísimo. — se alejó de mi sorprendido y se levantó con mucha facilidad, lo miré con una sonrisa y también me levanté.
— Repitemelo otra vez, es que creo que estoy soñando.
— Te amo, Tom.
— Espera aquí. — asentí mirandolo correr hasta el auto, abrió la puerta y entró en el para luego salir y volver a reunirse conmigo. — Cierra los ojos. — obedecí, sentí como su mano tomaba la mía y me sacaba el guante. En el dedo corazón sentí algo redondo apoderarse de mi dedo. — Abrelos.
Era un anillo.
Y no uno cualquiera.
Era de oro de verdad con una bonita piedra de diamante que brillaba a la luz de la luna, sonreí sintiendo mis ojos llenarse de lagrimas.
— Bill. — se guardó mi guante en el bolsillo antes de entrelazar mis manos con las suyas. — Lo compré pensando en ti. Sentí que mis ojos se iluminaron al verlo y sin importarme el precio lo pedí para dartelo… antes de que Charlotte haga de las suyas conmigo.
— Ay…
— En serio te amo, quiero demostrartelo con hechos y detalles, no con palabras porque me parecen poco y tú te mereces el mundo.
— Estoy a punto de llorar, Tom. — ambos nos reimos y el agachó la cabeza, soltó mis manos para colocar las suyas en mi cintura acercandome más a su cuerpo. Me dió un tierno beso en la mejilla y suspiró.
— Billie… — hicimos contacto visual un rato, volvió a hablar y me quedé tieso por su pregunta. — ¿Quieres ser mi novio?
Continúa…
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