

Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 19
Las tardes en familia consistían en ir al cine y ver películas ya sean de comedía, animadas, dramáticas o de acción. En esta ocasión habíamos visto una que recomendó Tom.
Era de comedia y acción donde actuaba Salma Hayek, nos reímos mucho al ver las escenas. A ratos sentía la mirada de Tom sobre mí y como respuesta le daba un apretón de mano.
Ahora caminabamos a la feria y paramos a hacer fila, mirabamos todos los juegos que estaban subiendose las personas, algunos con miedo y otros por divertirse.
Nuestro turno llegó y compramos los boletos suficientes para subirnos a los juegos que nos venga en gana.
— Mira ese. — le señalé a Tom el juego de las tijeras.
— ¿Quieres subirte ahí? — nos miramos en forma de complicidad y reimos. — Bien, ese será el primer juego al que subiremos.
— Me uno a ustedes.
— Gordon y yo nos subiremos a la rueda de la fortuna y luego iremos a ganar algunos premios.
Nos distribuimos así: Sam, Tom y yo a los juegos peligrosos y mamá junto a Gordon a la rueda de la fortuna y a las canchas participativas.
— Abróchate el cinturón si no quieres morir. — susurró Tom en mi oido. Tenía una mezcla de sensaciones ahora mismo, abroché el cinturón en mi cuerpo y los tres nos tomamos de las manos.
La máquina empezó a balancearse lento, alzando de poco a poco hasta que subió poniéndonos de cabeza a todos y bajó rápido. No pude evitar gritar por el susto al igual que Sam, teníamos las manos bien sostenidas. Tom gritaba feliz con la adrenalina a mil y yo solo quería vomitar.
El juego duró poco, al bajar sentía las piernas temblorosas y las ganas de vomitar se apoderaron de mí, expulsé las palomitas y la soda que comí en el cine de un solo.
— Billie. — Tom corrió preocupado, me apartó el cabello.
— Tom. — Sam le extendió un pañuelo, me limpió la boca y me obligó a mirarlo. Mi hermana volvió con una botella de agua, la abrió para mí y tomé.
— Si no estás bien bien, solo dilo y volveremos a casa.
— Es por la emoción.
— Hola Sam.
Oh, Nahomy y su novio estaban aquí.
— Adiós. — la vimos salir corriendo con pánico, lejos de nosotros. Nahomy y su novio siguieron su camino y los miré irse también.
— ¿Qué fue eso?
— No lo sé. — me hice el desentendido, sabía muy el por qué de su reacción. — Vámonos. — Lo guié a las canchas participativas y paramos en uno de ellos, como premios habían osos pequeños, medianos y grandes de toda clase.
— ¿Sabes jugar?
— No. — vi como le extendía el boleto al dueño del lugar.
— Voy a ganar ese oso.— señaló al oso blanco de camisa azul que colgaba en el perchero. — Para tí.
— Tienes tres tiros. — le extendió la pistola de agua. Bad Habit de Steve Lacy sonaba de fondo y miraba a Tom. Reventó los tres globos de un solo tiro dejandome con la boca abierta. — Felicidades, ¿cuál quieres?
— El oso blanco con camisa azul. — señaló. El señor se paró en la silla y descolgó el oso, lo enfundó para darselo a Tom. — Gracias. — me miró con un brillo único en sus ojos antes de darmelo. — Ya no dormirás solo en las noches, Teddy te acompañará.
— Es hermoso, Tom. Lo voy a cuidar como a mi vida. — le dí un abrazo y finalmente tomé el oso en mis brazos. — Yo no puedo jugar uno de esos pero te invito a comer manzana envuelta en caramelo.
— Te daría un beso pero tus padres nos pueden ver y no atentaré contra mi vida o la tuya. — caminamos a uno de los puestos donde vendían manzanas con caramelo, manzanas con chocolate y fresas con chocolate blanco.
— También tengo ganas de darte un beso. — hablé para que solo él pudiera oirme, se acercó lo suficiente a mi rostro besandome la comisura de los labios.
— ¿Qué desean?
— Dos manzanas de caramelo, por favor. — la señora guardó las manzanas en una cajita de cartón y le pagué. — Gracias.
— A usted. — nos fuimos a sentar en una banca frente al mismo puesto. Acomodé el oso a mi lado y le di su manzana.
— Está muy deliciosa. — le di un mordisco a mi manzana.
— Le falta más caramelo.
— A ver, déjame probar la tuya. — acerqué la manzana a su boca y le dió un mordisco también. — No, ahí está bien.
— Ahora muerdeme a mi también.
— ¿Qué?
— Nada. — seguí comiendo mi manzana muy concentrado, tan concentrado que me la acabé rápido. Tiré el palito de la manzana en el suelo lejos de mi. Giré mi cabeza para mirar a Tom y me mordió el labio inferior. — ¡Tom!
— ¿¡Qué!? — se rió comiendo nuevamente la manzana. — Tú sabes mejor que la manzana. — lo miré sonriente. Vi a mis padres venir hasta nosotros junto a Sam que comía un algodón de azúcar, me levanté y caminé hasta ella.
— Sammy, te quiero mucho.
— No te voy a dar mi algodón, a si que hazte para allá.
— Sammy. — comenzó a correr y la seguí detrás, tropezó con una piedra y vi el algodón de azúcar caer a un charco de agua perdiendose en el mismo. — Uy…
— Mejor ve buscando un hueco donde metas tu puto trasero, porque de esta noche no pasas.
— ¡Sam cuida tu vocabulario! — le regañó mi padre, esta corrió hecho una fiera detrás de mí y corrí hasta llegar en medio de mis padres.
— ¡Lo voy a matar!
— No, Sam. — mi padre le extendió un billete. — Ve y compra uno para ti y para Tom.
— Estoy bien así, gracias.
— Bueno más para mí. — le saqué la lengua y mi madre emitió un sonido asustada. — ¿Qué?
— ¿Qué es eso que tienes en la lengua, Bill?
— Un chicle, mamá. — rodee los ojos, tomé el oso entre mis brazos y jalé a Tom para que me siguiera. En el regreso a casa no dejó de regañarme ya que mi hermana le había afirmado que era una perforación que ella misma me acompañó a hacérmelo en mi cumpleaños número quince.
Simone decía que solo usaban piercing las personas que no tenían futuro y que yo era un muchachito de bien que a la edad correcta debía casarse, tener hijos y un trabajo estable.
Si supiera que su muchachito nunca le iba a dar nietos.
Continúa…
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