
Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 18
— Bill, ¿dónde estás?
— En casa de Tom, Sam. ¿Qué sucede?
— Nuestros padres están aquí, es domingo de familia, ¿lo olvidaste? — tenía a Tom abrazandome por la espalda, dándome besos en el hombro izquierdo desnudo y oyendo la conversación.
— Lo olvidé completamente. — me mordí la uña preocupado. — Diles que voy en seguida.
— Espera idiota, no puedes venir a casa con la ropa que estás puesto. — me miré la ropa, solo traía otra camisa grande negra que usaba Tom porque me había bañado y los mismos boxers. Para el maquillaje me había prestado la paleta de sombras originales de su mamá y todo porque no quería que me viera sin ella. — ¿Hay alguna manera de que Tom te preste ropa?
— Su ropa no me queda, Samanta.
— Dile que te traiga ropa y que yo le pago el taxi.
— ¡Te escuché Kaulitz! — Tom sonrió al oir su apellido. — Bien, llevaré lo primero que encuentre, ¿cuál es la dirección?
— Solo dile que te traiga al jardín de paz y pasando una casa está la mía.
— Bien. Adiós.
Tom se apartó de mi para tomar mi mano y salir de la casa para esperar a Sam, estaba usando sus zapatillas de baño que me quedaban igual de grandes. El móvil volvió a sonar y contesté.
— Estoy mirando a dos tipos que tienen pinta de ser casados, el uno está vestido con una camisa grande negra y el otro parece ser parte de las plantas que están en la pared de la casa.
— Somos nosotros. — solté una carcajada y colgué al verla llegar en el taxi con una maleta de ropa. Al bajarse Tom pagó al señor del taxi y yo le di un abrazo a Sam.
— Hola Kaulitz. — chocó la mano de Tom y al final con un puño, se adelantó hasta entrar a la casa. — Toma, ahí están todas las cosas que necesitas.
— Gracias Sam, te debo una.
— ¿Dónde se metió Kaulitz? — miró de un lado a otro. — Seguramente su casa tiene la pinta que el trae y recién la fue a arreglar. — arquee la ceja y me crucé de brazos molesto. — ¿Cuál es su casa? — señalé la mansión y su boca se abrió sin disimulo. — ¡Mentira! Lo dices solo para que no lo putee. — me empujó mirándome con una sonrisa. — Ya en serio, ¿cuál es su casa?
— Vamos. — jalé su mano y caminamos hasta la puerta principal de la mansión, entramos y cerré la puerta a mi espalda.
— Tom me dijo que le sirva una bebida a la señorita y que espere en la sala en lo que usted se cambia de ropa.
— Gracias Ana.
— Carajo. — susurró Sam mirando todo lo que pasaba por sus ojos, Ana le pasó un vaso de jugo con unas galletas. — Gracias.
— Tome asiento.
— Sí, está bien. — caminó hasta el sofá sentándose con cuidado, la nana se retiró y yo me puse frente a ella.
— Compórtate Sam, por favor. Iré a cambiarme y en seguida Tom nos irá a dejar a casa ¿está bien? — no me respondió. — ¿Sam?
— S-sí… — corrí por las escaleras hasta la habitación de Tom para alistarme, estaba acostado mirando la tele y al verme entrar la apagó de inmediato.
— Hola otra vez. — saludé poniendo la mochila en la cama, de ella saqué un pantalón jean, una camisa simple y una chompa adidas gris. Una cadena simple, las muñequeras, un par de medias y zapatos cómodos.
— Te conoce muy bien. — se cruzó de brazos mirándome divertido.
— Voy a cambiarme, Tom.
— Ah, me voy entonces. — se dirigió hasta la puerta de la habitación, le lancé un beso volado, lo atrapó en su mano e hizo como si se lo hubiera comido y salió con una sonrisa.
Me quité su camisa grande y comencé primero por las medias, los jeans, los zapatos, luego la camisa y por ultimo la chompa la cuál la subí hasta mis codos; me puse la cadena y finalicé con las muñequeras.
Busqué el vestido y todo lo que me había quitado, lo guardé en la misma maleta que trajo mi hermana y salí de la habitación. Sam no paraba de alagar la bonita casa de Tom quién le había ofrecido un tour la próxima ves que venga pero en forma de burla.
— Estoy listo, vámonos. — Tom me miró con una sonrisa que expresaba un «que guapo estás», me ruboricé un poco y bajé la mirada.
— Pues vamos. — caminamos hasta el garage, subimos al ferrari y este salió corriendo en su máxima velocidad.
— No estamos apurados, Tom.
— ¡A mi me gusta! — gritó mi hermana desde los asientos de atrás dejándose llevar por la adrenalina que sentía en ese momento.
En menos de cinco minutos el auto se estacionó en la puerta de mi casa. — Que putada de auto, ¡corre como una bestia! — la miré al bajar del auto junto a Tom, su cabello estaba despeinado y sonreía acariciando el auto.
— Señoritas, las dejo. Una tarde larga para flojear me espera. — sentí una extraña sensación, un hueco en mi pecho.
— Quédate. — coloqué mi mano izquierda en mi antebrazo derecho.
— Sí cuñado, quédate.
El funeral de Sam estaba a la vuelta de la esquina.
— Es domingo de familia y no pertenezco.
— Por el momento.
Ahora solo estaba en la esquina.
— No lo sé… — puso ambas manos en mis mejillas. — ¿Y si les molesta a tus padres?
— Si les molesta nos vamos a cualquier lugar y ya.
— Que tiernos. — entrelazó sus manos y miró la escena como cuando doña Florinda miraba al profesor Jirafales.
— Está bien. — Sam corrió a la casa chillando como loca, Tom acercó sus labios a los míos dándome un beso corto. — Vamos.
Entramos a la casa juntos, mis padres estaban abrazados mirando la tele y al vernos entrar madre corrió a darme un abrazo asfixiante.
— ¡Bill! — se separó de mi y me llenó la cara de besos.
— Basta mamá. — la alejé de mi. — Te presento a Tom, un amigo que cursa conmigo.
— Hola, buenas. — fue lo único que dijo Tom, me burlé por lo nervioso que se había puesto.
— Soy Simone. — también le dió un abrazo a Tom. — Los amigos de Bill siempre son bienvenidos, sientete como en tu casa.
— Oh, gracias. — solté un suspiro y me dirigí a abrazar a Gordon que miraba la escena igual de feliz.
Continúa…
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